Pidiendo raid

Raid.  Imagen tomada de internet

En esta jungla de asfalto y lata en que se ha transformado la novia del Xolotlán, cada cierta distancia y especialmente a las horas pico, es común ver contingentes de personas que esperan paciente y a veces impacientemente un medio de transporte colectivo.  En sus rostros se dibuja el hastío y sus manos se presentan en actitud defensiva, cuidando sus pertenencias de los amigos de lo ajeno.  Salvo cuando aparece una ruta, alguien designado por la urgencia levanta desganadamente la mano para hacerle parada al autobús en nombre del resto del contingente.  Alguien más desesperado aún, levanta su mano con más energía y autoridad hacia un taxi.

Para aquellos conductores que rozan los sesenta abriles, de vez en cuando, da la impresión que aparece una figura fantasmal que levanta su mano hasta la altura del pecho, empuñada hacia arriba, dejando libre al pulgar que extendido señala hacia el sentido de la circulación, agitando suavemente el brazo en la misma dirección.  Le devuelve la sonrisa y de pronto se transporta a finales de los años sesenta, inicio de los setenta, cuando esa era la señal para pedir raid, práctica importada que nos llegó un poco tarde.

Por muchos años, la práctica del autoestop, como se le conocía principalmente en Europa, permitió a la juventud conocer muchos lugares sin tener que invertir dinero en transporte.  En Nicaragua, había esta práctica, pero no extendida ni de la manera institucionalizada de otros países y se daba principalmente entre conocidos.  Cuando estudiaba en Diriamba, después de los exámenes quedábamos libres y para no esperar hasta las cuatro de la tarde por el bus del colegio, nos salíamos a la carretera, esperando a algún paisano para viajar de “piche falso” como le decíamos a esta práctica.

Antes de 1972 Managua era una ciudad relativamente pequeña, de los principales enclaves habitacionales a los centros de trabajo, oficinas y comercio había a lo sumo y exagerando un poco, unas setenta cuadras y en esos tiempos la gente estaba habituada a caminar, así que no le tenía pavor a una buena “camellada” como se le llamaba a una hora o más de caminata.  No obstante, cuando en 1969 se fundó el Recinto Universitario Rubén Darío en Jocote Dulce, en donde fueron ubicadas todas las facultades de la UNAN de la capital, la ruta de buses a veces no daba abasto o terminaba operaciones antes que finalizara la última clase de la noche.  Entonces empezó a generalizarse la práctica de pedir raid a los alumnos o profesores que tenían la suerte de tener vehículo.  Generalmente las muchachas y algún amigo que la acompañaba eran las principales favorecidas en esta práctica, de tal manera que más de alguna vez me tocó pegar una camellada de más de una hora desde el recinto hasta mi casa en el callejón de Alí Babá, cuando lo que es ahora la Avenida Universitaria era un infame cauce de tierra.   Fue entonces que mi madre le insistió a mi padre que me comprara un vehículo y así fue que cambié mi papel de suplicante de raid por el de otorgante.

Mi vehículo era una combi Volkswagen, tipo pick up de doble cabina que ya había tenido mejores ayeres, pero que al igual que esas divas de la farándula, ya estaba bastante traqueteada, motivo por el cual en mi casa la bautizaron como la “peoresnada”.  Aun así, vino a levantar mi perfil (aquileño imperial) de manera significativa.  Ya casi me decían Don Orlando.  Los que alcanzaban en la tina tenían raid hasta el ByPass.  Los de la cabina podían llegar hasta el Estadio, con la advertencia de que no podían fumar, pues les metía el mono de que había una fuga de gasolina y podíamos volar como el Apolo XIII.

Después del terremoto de 1972 la mayoría de la población capitalina se desperdigó por todas las ciudades circunvecinas y al  quedar las fuentes de trabajo en lugares improvisados de Managua, era obligado el viaje diario desde dichas ciudades, lo cual generalizó la práctica de pedir raid.  Por otra parte, se despertó un espíritu de solidaridad entre los conductores, de tal manera que había una anuencia a levantar a todos aquellos que con una sonrisa levantaban su mano y con el pulgar hacían la señal de pedir raid.

De todo el trajín que se dio después del terremoto, pues mi familia regresó al pueblo, la “peroesnada” dio la queda y tuve que volver a mis días de suplicante de raid.  Generalmente siempre me encontraba con alguien anuente a llevarme, sin embargo, en algunas ocasiones tenía que hacer uso del Cantillano, que era el último autobús que llegaba al pueblo.

Cuando las cosas se calmaron y muchas familias regresaron a la capital y otras se enamoraron de la quietud de los pueblos y ahí se quedaron, la práctica del raid quedó más que nada como una alternativa de muchos jóvenes para sus paseos en una época que todavía mantenía el romanticismo del movimiento hippie.

En el año 1974, salió una canción, con un ritmo bastante pegajoso llamada Pidiendo raid cuya interpretación estaba a cargo del grupo Sonido 74, que agrupaba a miembros de Los Atomos, que antes fueron Los Elca.  El tema decía: “Pidiendo raid, por la carretera voy, con mi costal y un mundo lleno de ilusiones; me voy al mar, a sus olas disfrutar, quiero encontrar, una chica a quien amar”.  A pesar de que el tema tal vez no tendría la profundidad de Good bye yellow brick road, que salió al mismo tiempo, era tal la fiebre de la juventud por pasear al raid, que la canción se colocó entre las preferidas por la audiencia.

Para finales de los setenta las cosas empezaron a ponerse color de hormiga.  Trabajaba en ese entonces en el Ministerio de Agricultura y unos compañeros de la unidad de planificación andaban en el campo realizando unas encuestas y se les hizo fácil darles raid a unos muchachos que se encontraron en el camino.  Al llegar a un paraje donde estaba un retén de la genocida, se pusieron nerviosos y quisieron sacar unas armas que escondían en sus mochilas, pero los efectivos reaccionaron antes y los barrieron.  Los compañeros del ministerio fueron detenidos y sometidos a duros interrogatorios hasta que con la intervención del ministro lograron aclarar las cosas y salieron.  Desde esa fecha se normó la prohibición total de subir a los vehículos del ministerio a personas ajenas a la institución y por su parte los empleados en sus vehículos particulares empezaron a desconfiar de la práctica de ofrecer raid a desconocidos.

Luego, con la expansión de la actividad delictiva, empezó a desaparecer la práctica del raid, pues tanto quien solicitaba raid tenía temor del desconocido que conducía un auto, como de este último respecto a quien levantaba la mano con el pulgar extendido.  Fue de esta manera que poco a poco se fue extinguiendo esta práctica, de tal manera que en la actualidad ya no se mira a personas haciendo aquella famosa señal y las nuevas generaciones no tienen la menor idea de qué se trata.  Quienes tuvimos la suerte de viajar al raid, difícilmente se borrarán de nuestra memoria aquellos tiempos, aunque en la actualidad ni se nos ocurre volver a pedir raid, salvo tal vez que se trate de una ambulancia o a la larga, de una carroza, de esas que tienen volutas grabadas en los cristales laterales.

9 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

9 Respuestas a “Pidiendo raid

  1. Elizabeth Pasquier

    ¿Con la pijama de palo puesta? Jajaja!

  2. Gracias por el artículo,por las sonrisas y las risas:) Saludos

  3. Reblogueó esto en En la Makenzin-Boly comentado:
    Los ayeres y el presente de la práctica de pedir “raid” son descritos magistralmente por Orlando Ortega Reyes en este interesante artículo tomado del blog Los Hijos de Septiembre.

  4. Leonel Cerda Garcia

    Muchas gracias por esos recuerdos de los anos pasados y a mi como estudiante de Leon me salvo muchas veces el raid tanto debla noche como la bolsa

  5. Manuel Gurdián Cabrera

    !Que tiempones!
    Pidiendo Raid fue compuesta por Humberto Hernández Cárcamo (El Gordo Beto), legendario exponente de la música electrónica nicaragüense que encabezó y militó en distintos grupos, fallecido hace pocos meses. Descanse en Paz.

  6. Marco Antonio

    Excelente su escrito acerca de la costumbre de pedir raid, he de decir que en la carretera nueva a León a la altura de Ciudad Sandino mucho se mira pedir raid solo que la mayoría son militares, y pocos civiles se atreven a pedir raid. Saludos Dr.

  7. Buen post. Muy interesante eso de pedir raid y cómo se instaló y desapareció en Managua. Tengo una amiga francesa que es trotamundos e incluso en estos tiempos pide raid por donde va. Es increible las anécdotas que te cuenta. Además que no le tiene miedo a esta práctica. No sé cómo sigue viva. / Anduvo por México, Chiapas, Guate y Belize. El colmo anduvo en Israel, Palestina y Jordania. Lo útimo fue que andaba del lado de la comunidad kurda. En Egipto anduvo en ese plan y en el lado de Asia del Sur. Mejor paro, es increible.

  8. Edwing Salvatore Obando

    Excelete tema y excelentes anécdotas. Tiempos ídos y llorados. Acá dejo el enlace de la canción.http://www.youtube.com/watch?v=u0yBEur3bJM&index=20&list=RDg1aZ2jAZWCo. Saludos maestro

  9. AZA

    Era más rápido al raid que en bus.
    Recuerdo una vez Alexis Argüello nos dio raid de León a Chinandega, trayecto del que disfrutamos en su Mercedes último modelo y oyendo lo último de El Gran Combo. Alexis encantado de que le recitáramos los títulos de los ¨numeritos¨de Ithier, uno a uno.

    Para la presentación de Santana en 1973, el que se fuera en bus a Managua al concierto, era ¨balurde¨. El raid era el factor común de esa inolvidable presentación.

    ¡Cuántas veces el carro se paraba delante de uno, y cuando ya estábamos cerca de subirnos, arrancaba!

    ¡Tiempos idos, para qué los quiero!

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