Les cayó pan de rosa

Pluma atomica

 

Cuando finalicé el preescolar, que en aquella época se llamaba “infantil”, mis abuelos me premiaron con un obsequio realmente sorprendente.  Era un bolígrafo, que en estos lados se conoce con el nombre de lapicero, pero que cuando salió tuvo el impactante nombre de “pluma atómica”.  Para las nuevas generaciones este artículo es de lo más normal del mundo y ni siquiera las versiones de gel asombran a nadie, pero aquel artículo era impactante en un mundo en donde aparte del lápiz de grafito, sólo existía la pluma fuente, para quienes tenían ciertos recursos o bien el artilugio compuesto por un “empatador”, su respectiva plumilla, un tintero y un secante, para el resto de los mortales.  En la pluma atómica llamaba la atención que un cilindro, metálico en aquel entonces, de radio milimétrico pudiera contener tinta y que en su extremo, una diminuta esfera rodara para esparcir la tinta y permitir la escritura. Me llevó algunos años comprender su funcionamiento, sin embargo, lo que nunca entendí fue el por qué la llamaron pluma atómica.  Sería porque tenía una esfera diminuta que exagerando sería como un átomo, o simplemente porque el vocablo que se puso en boga después de 1945, obligaba a ponérselo a todo lo que se dejara.  Hasta Cantinflas tuvo una película llamada: El bombero atómico y un paquín llevaba por nombre El ratón atómico.  De esa manera había autos atómicos, aviones atómicos, lámparas atómicas, revólveres atómicos, aunque la energía nuclear que supuestamente los hacía funcionar sólo existía en la mente de quienes así los designaban.

Lo mismo había ocurrido cuando a inicios del siglo XX se extendió la electricidad por todo el mundo, como el  gran invento del siglo y todo empezó a ser “eléctrico”, de tal forma que ese vocablo se le adosaba a todo, aunque no funcionara con esa energía y es la fecha y todavía a cualquier personal hiperactiva se le agrega la  etiqueta de “eléctrica”.

Así ha sido, así es y parece que así será, que cuando un vocablo le cae “pan de rosa” a la gente, lo utiliza indiscriminadamente, hasta en situaciones en donde no tiene nada que ver. Muchos de estos neologismos han sido aportados por la tecnología y en virtud de que en la segunda mitad del siglo XX la misma creció vertiginosamente, también iban apareciendo estos vocablos, en su mayoría adjetivos, que iban siendo adoptados con entusiasmo por el pueblo.

Con la aparición del radio de transistores, alimentado por energía proveniente de baterías, que tenía la facilidad de llevarse a todas partes, comenzó a promocionarse agregando el adjetivo “portátil” que sonaba interesante y entonces con la misma fiebre, todo era calificado con dicho vocablo.  Surgieron las camas portátiles, los inodoros portátiles, los rifles portátiles y muchos artículos que siempre lo habían sido pero que se redescubrieron al tenor de esa sonora palabra, e incluso, al grupo de simpatizantes del partido en el poder, pertenecientes a la perenne familia de los bufonidae y que asistían a todas las concentraciones del dictador en turno, se le bautizó como “la portátil”, así pues el adjetivo convertido en sustantivo indicaba la presencia de aquellos que siempre eran los mismos bufos y que se desplazaban a capricho de los organizadores.

A finales de la década de los sesenta, apareció el vocablo “a go go”, derivado del francés y que quería decir: abundantemente, sin restricción.  En Europa se pusieron de moda los antros con barra libre que llevaban el remoquete de “a go go” adosado y de ahí surgió también el ritmo que se tocaba en dichos locales y que en algunos casos era bailado por chicas que se contorsionaban en una jaula.  Nicaragua no se quedó atrás y comenzó a bautizar todo con ese pegajoso vocablo.  Había ropa, anillos, aretes, calzado e incluso los chicos y chicas que anteriormente se auto denominaban ye-ye, comenzaron a promocionarse como “a go-go”.  Cuando llegaba algo nuevo que impresionaba a la población inmediatamente se le agregaba el “a go-go”.

En cierto momento, apareció el adjetivo “modular” relativo a módulo, resultante de descomponer lo que antes era un todo en diferentes módulos separados, pero interrelacionados entre sí.  En los reproductores de sonido vino a revolucionar el concepto de una unidad que tenía todas las funciones, como lo tenían las consolas y en esta nueva modalidad, el tocadiscos era una unidad, el amplificador otra, la grabadora otra y los parlantes otra.  Así pues, todo lo que se requería elevar a la categoría de interesante era modular, como era el caso de los cursos de capacitación  que se volvieron modulares.

Después del terremoto de 1972, apareció el vocablo “terremoteado” que se aplicaba tanto a los damnificados por el sismo que emigraron a las ciudades circunvecinas, así como a todo lo que tuviera que ver con ellos, incluso se  llegó a utilizar como sinónimo de “saqueado” para denominar a los bienes que resultaron del pillaje y que luego se vendían a precio de guate mojado.  Se hablaba de televisores, radios, espejos, roperos, camas, sillas, en fin todo aquello sujeto a comercio, incluso todos aquellos alimentos que llegaron con la ayuda de países amigos, se adjudicaron el sello de terremoteados.  Con un ligero toque de xenofobia, ciertos sectores de los departamentos adoptaron ese vocablo ad nauseam, para referirse a todo aquello que había provocado aquel drástico cambio en la vida de la provincia.

En los años ochenta, junto con la tendencia mundial por llevar una vida más sana, a través del ejercicio constante y una alimentación sana, se acuñó el término “light” procedente del inglés que significa “ligero” y que inicialmente se aplicó a los alimentos que habían sido reducidos en algún  ingrediente de altas calorías.  Así comenzó el término light a aplicarse a todo tipo de alimentos, fueran hipocalóricos o no, como fue el caso de los nacatamales y la chicha light, para quienes guardaban dieta.  Hasta se llegó a etiquetar también a personas, incluso cualquier actividad que carecía de profundidad en sus alcances tenía la clasificación de “versión light”.

A finales de los ochenta, salieron a la luz los reproductores de video, los recordados Betamax o VHS, e irremediablemente llegaron los videos “pirata”, llamados así por la copia y reproducción de los originales, sin autorización y más que nada sin el pago de los derechos de autor.  Ya habían abierto camino en este sentido los casetes de música.  Luego, con la aparición de los discos compactos, la piratería ni corta ni perezosa alcanzó a la música producida en este formato. Ni se diga con el software, en donde según un estimado de corte firulichesco, el 83.726% del total instalado en el país, se utiliza sin ninguna licencia.  Luego llegaron los DVD pirata, al igual que una serie de productos provenientes generalmente del oriente, que copiaban sin el menor escrúpulo cualquier marca reconocida.  Muchos famosos que se lanzaron a combatir la piratería se cansaron y desistieron de sus campañas, debido a que pareciera que esta práctica se institucionalizó en el país. Mientras tanto,  todo lo anterior llevó con una alta dosis de tolerancia el adjetivo “pirata”, incluyendo los comerciantes que de pronto se sienten con una pata de palo, un ojo parchado y un  loro en el hombro.

En los noventa aparecieron varios de estos vocablos, sin embargo, parece que nada logró alcanzar al prefijo: Mega, que proveniente del griego y significa “grande” y se utiliza en el sistema métrico decimal para designar a un millón.  Todo aquello que por su tamaño impactaba a la población, e incluso a los técnicos, llevaba irremediablemente dicho prefijo.  Así escuchábamos sobre mega obras, mega proyectos, mega presupuestos, mega borrachera.   Pero lo que más le cayó pan de rosa a la población fue mega salarios, que era la calificación empleada para los sueldos de algunos funcionarios públicos y que fueron atacados frontalmente por la población encabezada por miembros de la oposición de aquel entonces.  Si es cierto,  estos salarios eran ofensivos comparados con las percepciones de la mayoría de los nicaragüenses, no lo eran tanto comparados con las percepciones de muchos ejecutivos de la empresa privada.  Lo interesante es que ahora pareciera que una nube de amnesia ha caído sobre aquellos enardecidos ciudadanos que exigían la desaparición de los mega salarios, algunos de los cuales ahora maman la teta del erario y tienen percepciones que dejan a aquellos astronómicos sueldos como escuálidos salarios mínimos.

Indudablemente uno de los avances tecnológicos que ha producido más neologismo ha sido la computación y todo lo que gira alrededor de ella.  Inicialmente se comenzó a utilizar indiscriminadamente el vocablo “computarizado” para imprimirle a cualquier cosa un toque de modernidad, así habían empresas computarizadas, algunas por tener uno o dos equipos de cómputo, otras por llevar una rudimentaria base de datos, de la misma manera había documentos, listas, gráficos, presentaciones, diagnósticos, tomografías y demás, todos computarizados.  Así también el prefijo “cíber”,   que es el apócope de cibernético encontró un terreno fértil para su utilización indiscriminada y empezó a escucharse sobre el ciber espacio, los cibernautas, cibernético, ciber acoso, cibercultura  y especial los ciber cafés, locales que con tres computadoras conectadas a internet se hacían acreedoras al nombre, aunque de café nanay, ni siquiera un vaso de agua podía obtenerse ahí.

Parece que todavía tendremos muchas sorpresas en cuanto a esta clase de neologismos que atraparán la atención y afecto de nuestros conciudadanos.  Podrán ser aportados por la tecnología, la medicina, la psicología, la informática, la política, vaya usted a saber, el caso es que cuando uno de estos le caiga pan de rosa a la población, de seguro nos estará saliendo hasta en la sopa.

 

 

 

 

 

9 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

9 Respuestas a “Les cayó pan de rosa

  1. Indiana

    Como siempre mi estimado Orlandito.. son buenos tus blog.. me encanta la capacidad que tienes para escribirlos…

  2. Marcos Sandoval B.

    Excelente Orlando, tengo un amigo nonagenario que dice que por que se cree que la arroba es moderna ya que se ocupa en los email, siendo que esa palabra es tan antigua en la tabla de medida y cierto tiene razón, esa palabra era desconocida sobre todo para los que llevan la medida de kilogramos

  3. Reblogueó esto en Software para todos y para unoy comentado:
    Una vez más, Orlando Ortega, de una manera muy amena y sencilla, sin perder el hilo conductor del tratamiento satírico que tan magistralmente utiliza para criticar el comportamiento social de los nicas, nos hace una interesante reseña sobre el uso de los prefijos y cómo estos se vuelven moda entre la población.
    De manera especial resaltamos aquellos prefijos traídos por la era informática, declarándonos además mega sospechosos y ciber culpables de ese tipo de comportamiento. Gracias, Orlando.

  4. Excelente artículo, Orlando (mega artículo,😀 ) A mí me encantaba el pan de rosa, ahora no he vuelto a verlo y creo que muy pocos lo conocemos. Me llama la atención el cómo y cuando surgió la expresión, te dejo el reto😉

  5. ramon mejia campos

    Los tiempos corren a la velocidad de la luz y los vocablos tecnología de punta, transgenicos u organismos modificados geneticamente y celulas madres nos llevan a pensar que son cosas de primera e inalcanzables para los mortales cuya base de alimentacion es arroz, firjoles y maiz

  6. Marco Antonio

    Excelente su articulo Dr. como todo lo que usted escribe, quisiera que escribiera algo sobre el fallecido Hospital “Dr Fernado Velez Paiz”, cuanta nostalgia trae ver su demolicion, Saludos.

  7. Manuel Gurdián Cabrera

    Hay dos vocablos que bien caben en esta lista: digital y virtual. Todo el mundo aprovecha el menor espacio para enchufarlos hasta en la plática más insulsa, o lo que es lo mismo, pendeja.

  8. El Economista Atómico

    Genial. Sos un lingüista excepcional (sin llegar más allá de la definición formal de la palabra). Me parece que has logrado captar muy bien las palabras claves que resumían en forma sutil pero certera nuestros rebotes con la vida moderna. Yo tuve un lápiz atómico una vez. A la siguiente ya era un lapicero. La versión atómica era “más mejor”.

  9. Oswaldo Ortega Reyes

    Una expresión muy socorrida cuando se trata de vender algo de poca utilidad o a un precio no corresponde a su calidad es “diseño aero-dinámico”,no importa si se anuncian sostenes o abrelatas ; muchos caen con la facilidad de aquellos que en los 60’s se dejaban marear por productos anunciados en un barata que apelaban a la palabra “psicodélico” para afectar la percepción sensorial de los incautos. Muy buen artículo, cada dia salen más disparatados conceptos para enganchar al consumidor.

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