Los oficios perdidos

Telegrafista.  Foto tomada de Internet

 

Para quienes nacimos y crecimos en el siglo XX y tenemos la suerte de estar contando el cuento en este arranque del tercer milenio, nos ha tocado observar cómo una serie de oficios se han extinguido de la noche a la mañana y a la fecha están, tristemente, casi olvidados y muchos de los jóvenes de hoy, si no tienen la curiosidad de navegar en la historia, nunca sabrán de que se trataron.

Sin temor a equivocarme, creo que uno de los oficios desaparecidos más representativos es el de telegrafista.  Pocos oficios motivan tanta melancolía y por qué no, romanticismo, como aquellos maestros de la clave Morse que jugaron un papel relevante dentro de la historia de muchos países.  Desde que apareció el telégrafo a mediados del siglo XIX, a pesar de sus restricciones, vino a revolucionar las comunicaciones y los hombres y mujeres que aprendieron el oficio de operadores del nuevo aparato, se convirtieron en personajes clave en todas las comunidades que iba cubriendo este invento.   En Nicaragua no fue sino hasta 1879 que el telégrafo hizo su aparición en la escena nacional, cubriendo paso a paso la mayoría de las poblaciones de las regiones Pacífico y Central del país.

Cabe señalar que la inmediatez proporcionada por el telégrafo fue un factor clave durante las innumerables guerras que asolaron el país a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX y los telegrafistas, por lo tanto, eran personas imprescindibles y estratégicas, a tal punto que durante el régimen somocista la mayoría pertenecía el ejército.  Dentro de los personajes que resaltaron en este oficio está, sin duda alguna, Blanca Stella Aráuz, la telegrafista de San Rafael del Norte, quien ejerciendo su oficio conoció al General  Augusto C. Sandino con quien contrajo nupcias, falleciendo años después al dar a luz a una niña.  La historia de amor entre el general y la telegrafista, con la música de fondo que le pusiera Carlos Mejía Godoy con Flor de Pino, todavía provoca suspiros.

En lo más recóndito de mi memoria aparece en unos pequeños locales ubicados junto al Comando  de la Guardia Nacional de San Marcos, las oficinas de teléfonos y telégrafos, en donde eventualmente se escuchaba tartamudear aquel mágico aparato y un individuo con pantalón caqui, parecía tener la consigna de no separarse de él.  Cuando a inicios de los años sesenta, la Parca se llevó en staccato a una buena parte de mi familia, recuerdo que la casa se inundó de telegramas con mensajes de condolencias escritos en el difícil arte de la condensación al mínimo de palabras y en donde después de mucho tiempo me di cuenta que Afmo. era la abreviatura de afectísimo y no de afeminado.

La revolución tecnológica el siglo XX vino a relegar poco a poco el uso del telégrafo y fue la aparición del internet acompañado con el correo electrónico que vino a dar el tiro de gracia al poco uso que le podía quedar a este medio de comunicación y los pocos telegrafistas que quedan se limitan a recordar aquellos gloriosos días.

Otro oficio que se esfumó con la aparición de la informática fue el de dibujante.  Aquellos que trabajaron en una oficina en los años setenta recordarán la figura del dibujante, en un cubículo privilegiado, con aire acondicionado y rodeados de su equipo Leroy y demás parafernalia, en donde había que realizar reverencias para entrar a una lista de espera, con el fin de que aquel se compadeciera y se dignara a confeccionar o bien un mapa, un rotafolio, una presentación en filminas o cualquier ilustración para un documento.  Había que invitarlos de vez en cuando a unos tragos y en las fiestas de la institución ocupaban las mesas mejor atendidas.  No obstante, al momento de aparecer los primeros programas de elaboración de presentaciones, como el Harvard Graphics, se escuchó en aquellos cubículos:  ¡Oh-Oh!  Con la inclusión del Power Point en Windows Office, el oficio se fue al traste y sigilosamente se miró a aquellas vacas sagradas desfilar sigilosamente con sus Leroy y demás equipo hacia el olvido, aunque algunos con cierta visión ingresaron a estudiar diseño gráfico por computadora.

Por muchos años, las taquimecanógrafas ejercieron un oficio muy demandado, pues su velocidad al teclear frente a una máquina de escribir y tomar notas a una velocidad increíble, hacían el trabajo de cualquier ejecutivo más fácil, sin embargo, al aparecer las computadoras personales, cada ejecutivo se lanzó al reto de dominarlas y al desarrollarse los procesadores de palabras, la tarea de redactar memorandos, informes y demás documentos se hizo más fácil pasándolos directamente de la mente al computador y de esta forma el oficio de las mecanógrafas se fue haciendo menos requerido, además de que con la aparición de las grabadoras compactas, se hacía menos necesario el uso de la taquigrafía.  Sin embargo, el jefe no es el jefe si no tiene alguien que le asista en tareas mundanas como contestar el teléfono, prepararse un café, manejar una agenda, así que las taquimecanógrafas se convirtieron en asistentes que además de esas tareas, le cubren las espaldas a sus jefes.

Así pues, hemos visto desfilar un buen número de oficios que fueron desplazados por el progreso, como es también el caso de los “piperos”, que ante la falta de agua potable corriente en cada casa, llevaban el vital líquido a domicilio en unos carromatos con un enorme tonel y tirados por un equino.  Con la llegada de los sistemas de agua potable, fue desapareciendo este oficio, aunque ante la ineficiencia de estos modernos sistemas en algunas poblaciones, existe la posibilidad de que regresen aquellos piperos, aunque ahora montando el tonel en alguna potente camioneta.

Cuando la mayoría de los cafetales del país eran de sombra, existían unos individuos que machete en mano subían a los enormes árboles para podarlos de tal manera que la sombra fuera más eficiente.  Se les llamaba “miqueros”, me imagino porque también subían con pericia a los árboles persiguiendo monos.  Cuando los iluminati decidieron emprender el programa de “renovación” de cafetales introduciendo variedades que no necesitaban la sombra de aquellos enormes árboles, el oficio desapareció, aunque milagrosamente apareció una buena cantidad de billetes en la bolsa de los nuevos emprendedores madereros.

En la mayoría de los pueblos se encontraban rótulos que anunciaban: “Se forran hebillas y botones” en donde alguna señora con algunos adminículos se dedicaban a complementar el trabajo de las modistas, ajustando las fajas o cintos, así como los botones a la tela del vestido.  No obstante, con la aparición de la ropa fabricada industrialmente y mayormente la ropa de segunda mano, de “paca” o de “Paquistán” como se le conoce, este oficio, al igual que el de las modistas, prácticamente desapareció del mapa, aunque estas últimas encontraron en las maquiladoras un importante reducto.

Muchos recordarán a unos sujetos que recorrían las calles de las ciudades, con un brasero y un pedazo de metal calentado al rojo vivo y que a todo pulmón preguntaba a diestra y siniestra: ¿Vaaaa a soldaaaaaaaaaaar? Y sentado a plena calle se ponía a reparar ollas y demás utensilios metálicos.  Con la aparición del plástico y lo económico de algunos utensilios metálicos, el oficio lentamente desapareció y de vez en cuando se mira a algunos de ellos en una camioneta destartalada comprando objetos metálicos inservibles para su reciclaje.

Algunos lectores tal vez tuvieron algún accidente que provocó una torcedura, luxación o desgarre en alguno de sus miembros (anteriores o posteriores) entonces fueron llevados a donde algún “sobador”.  Estos técnicos conocían todos los huesos del ser humano y sus secretos, así como cada articulación y los músculos implicados, de tal manera que con singular maestría aliviaban los tremendos dolores que provocaban aquellos accidentes.  Con el tiempo, los quiroprácticos, acupunturistas, médicos alternativos, fisioterapeutas, ortopedistas, traumatólogos y demás profesionales que acceden a algún título o licencia, desplazaron a aquellos “sobadores”, de tal suerte que solo sobreviven en algunas zonas de tierra adentro.

Muchas anécdotas y chistes se basan en un oficio que está prácticamente extinto y tal vez en pequeñas comunidades rurales pueda subsistir es el de lechero.  En el pasado se acostumbraba que los productores de leche ya fueran industriales o artesanales, enviaban sobre pedido la leche a domicilio, cobrando el importe algunas veces semanalmente.  Los modernos sistemas de comercialización y las ansias insatisfechas del margen de utilidad, hicieron que este oficio desapareciera y actualmente cada cristiano tiene que ir con sus pasos contados hasta la pulpería o el supermercado a abastecerse del lácteo y especialmente fijarse en la fecha de caducidad, pues parece que es un negocio redondo de parte de las grandes cadenas, comercializar productos caducos.

La fotografía también está atravesando una importante crisis con la aparición de los sistemas digitales que mandaron a volar a todo lo que era el revelado e impresión de las antiguas películas de rollo, así pues los laboratoristas e impresores se fueron al olvido.  Es más con la proliferación de cámaras digitales que hoy están presente hasta en los teléfonos celulares y las ahora populares tabletas, muchos fotógrafos se encuentran en serios problemas de mercado para sus servicios.

Otros oficios a pesar de haber nacido a partir de la revolución tecnológica de fines del siglo XX, también han sufrido ese vertiginoso cambio que los ha dejado rápidamente en el olvido.  Cuando surgieron las reproductoras de video, BETAMAX o VHS, el oficio relacionado con el alquiler de películas en estos formatos se volvió un trabajo con buenos ingresos e incluso sobrevivió al DVD, adaptándose rápidamente al cambio.  No obstante, la piratería creció a un ritmo mayor y de pronto muchos de los que se dedicaban a este oficio se encontraron desplazados completamente.

De la misma manera, los ciber cafés, se convirtieron en la mejor alternativa para acceder al internet de parte de la población que no tenía acceso al servicio doméstico del mismo, de tal manera que se convirtió en una actividad hasta cierto punto lucrativa, sin embargo, el incremento en el acceso a equipos más baratos y la facilidad para el acceso al internet y expansión del wi fi libre, está poniendo en peligro de extinción a este tipo de servicio.

Los sorprendente es que el ritmo de avance de la tecnología no se detiene y a esos pasos, no es remoto que en un futuro próximo muchos oficios irán camino a la extinción.  No solo la informática está revolucionando el comercio y otras actividades, sino que también la robótica mostrará más temprano que tarde, resultados realmente anonadantes.  Así pues, estimado lector, es necesario aprender a aprovechar las oportunidades que nos va dando la vida, encontrar el camino correcto y no quedarnos colgados de la brocha.

 

 

 

 

 

 

 

 

7 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

7 Respuestas a “Los oficios perdidos

  1. Mi padre cuenta con ochenticuatro años. Desde jovencito fue telegrafista, afortunadamente no perteneció a la Guardia. Tiene una ortografía como para concursar. En los últimos años de su desempeño no eran telegramas, sino telefonemas. Un oficio desaparecido es el de los “corteros”, desaparición relacionada con lo que señalás de las pacas y las costureras.

    Este es un tema que estaba extrañando, añoro mis tiempos de niña en que los zapatos eran de cuero natural y me los hacían a mi gusto y a la medida
    🙂

    Un gran artículo, Orlando. Gracias y feliz semana.

  2. Marcos A. Sandoval Brenes

    Como siempre Orlando tema neurálgico, bastante tiempo de mi niñez viví en Nandaime y bueno era una vida de pueblo y no había una ley escrita pero si existente, se estrena en las fechas importantes y pues estaba el sastre, donde ya estaban las medidas, que se iban rectificando a medida que uno crecía y fíjate que uno de mis tíos paternos era el Zapatero, pero no sólo eso, diseñaba, cortaba, montaba y daba el terminado al calzado, así que mi papa, Q. E. P. D. Con todos sus hijos, mis hermanos, se convertía en la cadena de clientes con los cuales circulaba el efectivo, lo que ahora me doy cuenta que era parte del movimiento económico a nivel local. Ahí conocí precisamente al que soldaba las ollas, jarros y demás utensilios de cocina que pasaba de repente por las calles y que vi más de una vez en el patio de mi casa desarrollar aquel trabajo que en ese momento creí que era para toda la vida, al igual que el cortero que llegaba en una mula a cobrar el domingo en la tarde, también el del periódico pasaba cada tarde en un caballo a entregar La Prensa, El Centroamericano y La Novedades. Otro de mis tíos por parte materna tenía un oficio que ya quedo también en el olvido, hacia ollas y sartenes de aluminio, esto en Jinotepe, es decir tenía una fundidora y su equipo era famoso en Carazo y Granada.
    En México ya no existe el ropavejero, el soldador de ollasy el lechero pero existe el carnicero, el pollero y sobre todo el camotero, que cuando lo escuche por primera vez, saqué mi cámara y le pedí sacarle una fotografía, me dijo que sí y se quedo con cara de extrañado a de ver dicho ¿de donde será este cuate?

  3. Hector Octavio Arguello

    Muy acertado tema, con un transcurrir de los escenarios de tantas cosas, personas y oficios, que bien sabe escribir o relatar mi amigo Orlando, indudable que solo la pluma cronista los desempolva, y la mente trae otros pormenores, tuve la oportunidad de conocer y ver en su desempeño, a lo que llamo, los últimos pregoneros, que anunciaban a voces de gritos los anuncios que le encargaban algunos negocios. Así como también los bandos que sacaban las autoridades locales cuando no habían parlantes. TE FELICITO ORLANDO.

  4. Oswaldo Ortega Reyes

    No hay duda que el avance de la tecnología ha enviado al desempleo a muchas personas desde un chairman of the board de la prestigiosa Kodak hasta un amanuense del Registro Público de la Propiedad formando una interminable lista de oficios en peligro de extinción . Paradójicamente no deja de llamar la atención la obstinada permanencia de ciertos oficios distanciados de la tecnología reacios a sacar bandera blanca como son los organilleros que todavia se ven en ciudad México y si no me equivoco datan de la época del porfiriato.
    Hoy en día hay menos personas que compran periódicos, libros, discos o requieren de la asistencia de un agente de viaje y sin pretender ser visionario me atrevo aventurar que el concepto de la televisión tradicional muy pronto llegará a su fin ya que existe una gran audiencia que escoge el momento de ver una serie y en forma individual, es decir, si la televisión aún reune a la familia no es por su contenido sino porque el avance tecnológico no ha llegado al barrio. ¿Qué pasará con los “gentiles patrocinadores” cuando todos podamos ver un programa en la internet sin tener que aguantar esos “creativos” comerciales?
    Como siempre muy ilustrativo el tema que nos dejaste, un gran abrazo

  5. Rosario

    Excelente!!!!!!!!!

  6. Maria Alejandra

    Muy buen articulo, hay oficios de los que Usted menciona que en los pueblos todavía se dan, este es el caso de mi mamá que todavía forra hebillas y botones para las costureras que ocupan para los vestidos, también por aquí diario pasa la leche que la trae una carreta jalada por caballo, me encanta que mis hijos todavía vean estas cosas, por eso nos encanta la vida de los pueblos y le estoy hablando de Masatepe.

  7. Oscar Martinez

    Hoy en dia venden una especie de pasta en los centro comerciales donde venden zapatos. Esta pasta se pasa en el zapato con una especie de esponja que trae y listo! El zapato queda brillante y no hay necesidad de cepillo ni de paño. Traigo esto a colación porque los lustradores ambulantes han desaparecido por completo en Managua. Es posible que se miren en los pueblos, especialmente en los parques. La mayoría eran chavalos menores de edad, por lo que creo que la tendencia de algunas organizaciones por eliminar el trabajo infantil haya influido en este fenómeno. Este oficio esta en vías de extinción, por lo menos en lo que se refiere a los ambulantes. No se si estaré equivocado pero el bordado y confección como que no no se promueve últimamente. Habían mujeres con excelentes cualidades para hacer bordados y hacer iniciales en “cruceta” en los pañuelos. Ya no se miran, creo están en vías de extinción también. Pero aun hay algunos oficios que el tiempo no ha podido con ellos. Por mi casa pasa por la tardes una señora con un carretón que pregona: “El atooool” El mismo pregon de oia por la tardes cuando era un niño. Saludes Don Orlando!

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