Me purgué con sal de fruta

Cancionero Picot.  Imagen tomada de Mercado Libre

 

Ya han aparecido en el horizonte los Magos de Oriente y es la fecha y todavía muchos se debaten entre los legados del año viejo y los propósitos para el nuevo. Lo crítico es que más que una chiva, una burra negra, una yegua blanca o una buena suegra, como cantaba Tony Camargo, lo que perdura son los estragos en los sistemas digestivos de la gente, que sin medir consecuencias cometieron considerables excesos, principalmente en la comida y en la bebida, así que antes que otros propósitos prioritarios en el arranque del año, incluso el de perder algunas libras resultantes tanto del carácter sibarita en el mes de diciembre, más lo acumulado a lo largo de todo un año de incumplimiento de las metas propuestas en enero del año pasado, se encuentra el propósito de traer la paz y la calma al aparato digestivo, región hepática, biliar y anexos.

Muchos conciudadanos que sobrepasan el medio siglo recordarán que la panacea para estos malestares fue por mucho tiempo la sal de fruta. Este producto fue inventado a mediados del siglo XIX por el farmacéutico inglés James Crossley Eno. El principio de este producto es la combinación del bicarbonato de sodio con el ácido cítrico y en algunos casos ácido tartárico, que actúa neutralizando el ácido clorhídrico en el estómago. Estas sales de fruta fueron el antiácido más popular de fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Desde luego, la primera marca conocida y que dominó el mercado por muchos años fue la sal de fruta ENO, que tenía ventas importantes en el mercado nicaragüense, hasta los años setenta. A la fecha, la sal de fruta ENO sigue en el mercado, ahora producida por la transnacional GlaxoSmithKline (GSK) y está compuesta básicamente por el bicarbonato de sodio y el ácido cítrico.

Tal vez, la marca de sales más popular en América Latina fue sin duda alguna la sal de uvas Picot. Este producto fue lanzado en México por el empresario puertorriqueño radicado en aquel país, Joaquín Villafañe. Se llamaba sal de uvas porque inicialmente, al igual que otras sales contenía ácido tartárico que se deriva de la uva. Lo que hizo popular este producto en el período entre los años treinta y sesenta fue, parece mentira un cancionero. En aquella época en donde no se tenía la facilidad de teclear en Google el título o algunas palabras de cualquier canción para que aparecieran cientos de páginas ofreciendo la letra de dicho tema, la forma en que los aficionados al canto tenían a la mano la letra de sus canciones preferidas era un cancionero. Los laboratorios de Villafañe tuvieron el gran tino de promover la sal de uvas a través del Cancionero Picot, que combinaba la letra de las canciones de moda con las historias de una familia “típica” del campo mexicano compuesta por Chema Tamales, un charro que vivía de exceso en exceso en la comida y la bebida y era consolado sistemáticamente por su esposa, quien se llamaba, obviamente, Juana. Chema encontraba el alivio de las más fieras gomas en un vaso burbujeante de sal de uvas Picot, ofrecido por su fiel y complaciente esposa Juana. Era de observar, que quien cometía todos los excesos era Chema y por lo tanto el único que tomaba el producto, limitándose Juana a comprender el carácter sibarita de su esposo y ayudarle a superar sus malestares. Recuerdo que a la botica de mi abuelo llegaba regularmente un camioncito, si mal no recuerdo, el mismo de la Mejoral, a dejar el codiciado cancionero que era esperado como el agua de mayo por la población. A finales de los años ochenta, el gigante farmacéutico Bristol Myers-Squibb de México adquirió los derechos de la sal de uvas Picot y continúa fabricándola, ahora sin incluir el ácido tartárico, así que de uvas sólo le quedó el nombre y el cancionero sólo permanece como artículo de colección, alcanzando precios interesantes en el mercado de internet.

Otro producto similar que tenía mucha demanda a nivel nacional era la sal de Andrews, producida en el Perú y que era una mezcla de bicarbonato de sodio con sulfato de magnesio. Gracias a campañas sostenidas en la floreciente televisión nacional, llegó a incrementar considerablemente sus ventas y alcanzar un sitio cimero en el mercado nacional, muchos recordarán el slogan: “Lista al instante para actuar al instante”. Este producto continúa produciéndose por los laboratorios Medifarma de Perú.

Así pues, en los tiempos en que la medicina y la farmacología eran cosas sencillas, los malestares sencillos tenían su cura en productos también sencillos. Las agruras, tal como se conocía a los distintos tipos de acidez estomacal encontraban en la sal de fruta una respuesta satisfactoria, así como las acostumbradas purgas en los cambios de estación, siempre que no se quisiera recurrir ni al aceite de ricino que le sacaba a uno hasta al angelito de la guarda o bien la hígado sanil que era para valientes, la sal de fruta tenía una aplicación de lo más socorrida. Aquellos que tuvieron contacto con el folklore popular recordarán la parodia que con base en la sal de fruta se hizo de la canción infantil Tengo una vaca lechera.

Hay que aclarar que la sal de fruta tenía su rival en el mercado y era la Alka Seltzer. Inicialmente producido por laboratorios Miles y luego absorbido por Bayer, originalmente era una mezcla de aspirina con los componentes de la sal de fruta, de tal manera que actuaba como un analgésico moderado y como un antiácido a la vez, lo que lo hacía ideal para las gomas. Su permanencia en el mercado se debió a las costosas campañas publicitarias que por muchos años manejaron, muy eficientemente sus distribuidores.

En estos dorados tiempos, pareciera que conviven dos mundos completamente diferentes. Uno de ellos, en donde prevalece la automedicación como la única alternativa para hacer sostenible el mantenimiento de la salud. Aquí todavía la sal de fruta es una salida para los problemas estomacales y muy inteligentemente las trasnacionales mantienen esa línea “popular” ofreciendo los sobrecitos de Picot, Andrews o Eno, a precios al alcance de las mayorías. Tienen que competir con los antiácidos un poco más modernos como las tabletas a base de hidróxido de aluminio e hidróxido de magnesio, así como la hidrotalcita, mismos que todavía podrían estar al alcance de muchos bolsillos. Por otra parte, están las clases de mayores ingresos que no corren el menor riesgo con su salud y para estos trastornos tan cotidianos acuden a un médico que receta de buena farmacia y ahí entran los antiácidos de tercera generación y protectores del sistema digestivo, como la ranitidina, omeprazol o la pantoprazol, que llegan a costar un ojo de la cara. Así pues hay gomas que se curan con Pantecta 40 que cuesta cada tableta el equivalente a dos dólares. De la misma forma, es espeluznante ver que los procedimientos estándares de hospitales supuestamente con “responsabilidad social” incluyen administrar vía intravenosa el famoso Pantecta para “prevenir” cualquier efecto de parte del tratamiento de cualquier ingresado, independientemente de su padecimiento. Es inconcebible que los enormes equipos de investigación de las gigantes farmacéuticas, en vez de desarrollar medicamentos inocuos para el sistema digestivo, desarrollen en forma paralela un medicamento para paliar los efectos del resto de sus fórmulas.

Así pues, estimados lectores, como decían antes: “Al averno los pastores, que la Pascua terminó”, hay que arrancar el año nuevo con un renovado ímpetu y es menester hacerlo en el mejor estado de salud, así que con el medicamento de su preferencia, lleve la armonía a su estómago y sistemas anexos. Un último brindis por todos aquellos que después de tanto tiempo han aprendido la virtud de la templanza.

 

8 comentarios

Archivado bajo cultura, farmacias

8 Respuestas a “Me purgué con sal de fruta

  1. Marcos Sandoval Brenes

    Como siempre atinado y trayendo al presente recuerdos de la vida cotidiana de antaño, de ese lugar mágico que nos toco compartir como lugar de nacimiento, felicidades Orlando, Dios te bendiga

  2. Purgado pero contento

    Gracias por no mencionar la sal de Epson.

    • ortegareyes

      Gracias por los comentarios. Para mi estimado y contento amigo le aclaro que la sal de Epson no la mencioné porque merece todo un post entero, pues el sulfato de magnesio tenía y creo sigue teniendo una gama extraordinaria de usos, tanto en su uso externo como interno. Aunque algunos la usaban como sales de baño, cuando la gente se bañaba a fondo, otros la usaban como broncodilatador e incluso todavía se usa para la eclampsia. Saludos

      • Purgado pero contento

        Yo solo me acuerdo de su amargura, cuando me purgaban por problemas de estómago. Todavía me da escalofríos–50 años después–al recordar su sabor intensamente amargo, a pesar de la naranja que me daban a chupar para compensarlo.

        Un abrazo.

  3. AZA CHAVEZ

    Eso me recuerda de las píldoras de Brander, píldoras de Ross, píldoras rosadas, el aceite de hjígado de bacalao, el famoso anuncio de “Ole con Ole, con Wampole”, y ya no se diga del bicarbonato de sodio (“bálsamo para el estómago” y para aliviar las molestias de la chistata y las flatulencias de los niños en las escuelas de primaria -olor inconfundible entre virutas de lápiz y peditos inocentes, pero no por ello invasivos). ¿Y la Leche de Magnesia Phillips? Tiempos aquellos en que la química no se nos metía en la comida. ¡Esas purgadas al entrar y salir las lluvias! ¡Cuán sabias eran las bisabuelas y las abuelas!

  4. Chepeleón Argüello U

    Hermano, yo sufría cuando me toca ir de “vacaciones”, donde mi madrina, pues apenas llegaba y comenzabas las torturas de la inquisición para mi pequeño estómago, para ella nada mejor que el aceite de castor seguido el chupar una naranja. Uff, que tortura. A la vuelta de la esquina, confió esos padecimientos a la omeprazole, sin la necesidad del sufrimiento y cuidadito lo vomitabas, pues después del fajazo te recetaban una segunda tanda. Era especialistas en torturarnos.
    Y como olvidar los cancioneros, hace poco le contaba a mi hija los pormenores de dicha herramienta, que fue tan útil y disfrutamos en nuestra pre adolescencia, ella, mi hija, solo me quedo viendo, como si estuviera loco. Buen escrito, lo disfrute mucho.

  5. Buenos días, me pareció muy informativo su publicación pero me gustaría saber como se prepara y toma la purga de la sal de frutas ya que e escuchado que es muy buena para que los niños boten parásitos que tienen embolsados

    • ortegareyes

      No estoy seguro de que tenga muchos beneficios o que pueda incluso coadyuvar a expulsar parásitos. Me imagino que en altas dosis debe fungir como laxante, pero con riesgos de irritar el sistema digestivo.

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