Gravity

Gravity.  Imagen tomada de Internet

Para los pueblerinos que bajábamos a la capital, eran muchas las cosas que nos causaban un extremo asombro, desde las escaleras eléctricas del almacén Carlos Cardenal, la iluminación del comercio, los taxis llamados “gatos”, hasta los timbres de las casas y el agua corriente en todo el inmueble.    De la misma manera, los capitalinos encontraban en los pueblos el sabor que daba la quietud y el cercano contacto con la naturaleza.  Sin embargo, no había nada que los sorprendiera más que aquella pequeña caseta, ubicada en el lugar más recóndito del patio trasero de las casas y que era el obligado lugar para la cotidiana peregrinación reclamada por el cuerpo y sus necesidades básicas.

Para los lugares que no contaban con agua corriente, la única alternativa para depositar los desechos del cuerpo humano era una letrina, es decir, pozo de suficiente profundidad en cuya parte superior se instalaba un banco, generalmente de madera, con una apertura circular en el centro y recubierta, para darle privacidad a la operación, mediante una caseta elaborada de conformidad con las posibilidades del propietario, la mayoría de las veces de madera, aunque también se llegaba al extremo de estar recubiertas de cartón.  Muchas eran unipersonales, aunque también las había alargadas, con dos aperturas y llegué a conocer una que era como una flauta dulce, con varias aperturas de diversos tamaños.  Me imagino que no era para uso simultáneo, sino para aprovechar el espacio, o bien para actividades de entrenamiento para niños, pues después de dejar el bacín, tenían que hacer uso de ese lugar y debían ser entrenados para estar plenamente conscientes del extremo peligro que representaba, pues fueron innumerables los accidentes en que niños cayeron en el interior, la gran mayoría de las veces con resultados fatales.

Las personas que utilizaban un lenguaje refinado le llamaban excusado, no obstante, el nombre popular era pon-pon, supongo que por la onomatopeya derivada del sonido producido por los desechos al caer; otros lo llamaban interior, nombre un tanto contradictorio pues estaba ubicado en el exterior del inmueble.  Casi nadie les llamaba letrinas.   Además de la extrema quietud que se vivía en ese recinto, el sonido ahí producido era como el eco de la existencia del emisor y motivaba a profundas reflexiones metafísicas e incluso físicas pues estoy seguro que si Isaac Newton hubiese utilizado uno de estos lugares, hubiese descubierto la ley de la gravedad a partir de su propio cuerpo y no de una manzana, aunque le hubiera quitado todo el romanticismo a la historia.  Para el resto de los mortales, era inquietante el tiempo en que transcurría entre la emisión y el sonido, pues sin realizar la aplicación de ninguna fórmula newtoniana, ese lapso indicaba la profundidad del pozo, pues algunos eran tan profundos que de pronto se percibía cierto olor a azufre.

La casa de mis abuelos paternos en San Marcos obviamente contaba con uno de estos recintos y a pesar que mi abuelo siempre buscando la modernidad había instalado un baño completo con inodoro incluido dentro de la casa, utilizando el agua recolectada en la pila, sin embargo, su ubicación no ofrecía la completa privacidad que requerían ciertas operaciones, de tal manera que se utilizaba solo para emergencias nocturnas.   Estaba yo muy pequeño cuando por alguna razón, no sé de qué naturaleza, el pon-pon fue clausurado, procediéndose a instalar uno nuevo de cuya construcción fui testigo, desde las labores de excavación, hasta la elaboración de una caseta, bastante amplia y bien estructurada, con piso de cemento en la parte frontal de la banca que tenía dos orificios iguales.  Lo que nunca comprendí es cómo siendo mi abuelo tan detallista, dejó que en la parte externa posterior de la caseta en donde quedaba un pasillo de cerca de un metro de ancho, ya colindante con el muro del vecino, en donde el pozo sobresalía unos 30 centímetros de la estructura de madera, de tal suerte que colocaron dos tablas superpuestas para cubrir esa pequeña parte del pozo.  Traigo esto a colación debido a que esa rendija fue objeto de varias diabluras que realizamos en confabulación con los primos.  Inicialmente nos escondíamos como comandos especiales, esperando que alguien fuera a utilizar el pon-pon y muy sigilosamente nos acercábamos a la parte posterior de la caseta y cuando la persona, siempre que no fueran las autoridades, se instalaba a realizar su operación, empezábamos a dejar caer pesadas piedras que indudablemente causaban un gran estupor.   Muchos años más tarde, cuando miré una película de Indiana Jones, quien aprovechando que un tipo está sellando documentos en una oficina, para romper el piso en la planta inferior, al mismo ritmo que el oficinista al dejar caer el sello, provocando un ruido que coincidía con el producido por el sello, me acordé inmediatamente de aquellos episodios.  Llegamos al punto de investigar la ley de la gravedad dejando caer en el propio agujero del excusado, una batería inservible de automóvil, la cual obviamente causó un ruido impresionante y a partir de esa vez, al primo que se asomó como parte de la investigación, le quedó el remoquete de “pecosito”.  En otra ocasión, echábamos al pozo cantidades de papeles encendidos, los cuales se apagaban antes de llegar al fondo, sin embargo, cuando alguien llegaba pegaba el mate cuando observaba que del otro agujero (del pon-pon) salía una considerable cantidad de humo.

En fin, este recinto es escenario obligado de un sinfín de anécdotas, cuentos y leyendas que por mucho tiempo poblaron la imaginación de los pueblos.  Recuerdo que mi tía Leticia comentaba que mis tíos eran tan audaces que realizaban flexiones gimnásticas con los brazos, introduciendo el cuerpo en el agujero del banco del pon-pon.  Una amiga mía, me contaba recientemente, que cuando era niña su madre le compró unos zapatos que además de feos, eran duros y era un martirio para ella caminar con ellos hasta la escuela, hasta que un día decidió deshacerse de ellos y los lanzó al pon-pon.  Después de diversas tácticas de interrogatorio tuvo que soltar la sopa y confesó su acción, organizándose entonces de parte de sus hermanos, una patrulla que con trapos encendidos se alumbraron y con cuerdas y ganchos lograron sacar los famosos zapatos, así que su castigo fue volvérselos a poner, entonces no sólo feos y duros, sino también hediondos.

Cuando el progreso llegó a la mayoría de estas localidades y el agua corriente llegó acompañada de los sistemas de aguas negras, la gente poco a poco comenzó a sustituir a los excusados por los modernos inodoros.  No obstante, debido a la inconsistencia en el suministro del vital líquido, siempre quedaron como suplentes cuando no era posible hacer llegar el agua a los servicios higiénicos.

En la actualidad, la letrina es la única alternativa en comunidades rurales en donde no hay un suministro frecuente de agua o bien esta es muy escasa y se han realizado estudios para que el diseño ofrezca seguridad a los usuarios y sean amigables con el ambiente.

Ya son pocos los citadinos que recuerdan la singular experiencia de haber utilizado aquel recinto, participando de una obligada puesta en común, mientras el ambiente invitaba a serias y profundas meditaciones filosóficas, mientras la gravedad se convertía en cómplice de una sostenida percusión que acompañaba aquellas cavilaciones.

8 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

8 Respuestas a “Gravity

  1. Chepeleon Arguello U

    Hermano, ahora sí que me hiciste reír, y me transportarme a las vacaciones de verano a La Virgen, en el lago Cocibolca; la Semana Santa, era toda una aventura, además de los primos que venían de Managua, y Rivas, se dejaban acompañar por sus amigos y vecinos, para hacer el cuento más corto, anualmente era una veintena de chavalos, ya te podes imaginas la concurrencia de los “inodoros o Pon Pon”. En la casa había un baño con inodoro, pero no nos permitían usarlo, eso, era para los adultos y las mujeres, el resto de la población; el chavalero, hacíamos nuestra necesidades en el pon, pon, y este pon, pon, era peculiar, pues contaba con cuatro hoyos, tres para adultos y uno para niños, y como nunca fuimos inhibidos en mostrarnos como Dios, nos trajo al mundo, mucho menos tener la delicadeza de asustarnos por ruido ensordecedor de un pedito, cada año, notamos los cambios; al principio, era una competencia a ver cuál lograba el efecto más potente, o sincronizarnos para hacer valer el nombre del santuario, o tratar de cazar sentados en el pon pon, con las tiradoras un escorpión o una cucaracha, al correr de los años, nos escondíamos para fumar un cigarrillo; Belmont, Delta, Esfinge o si habían reales Windsor, al pasar de los años el contenido del cigarrillo fue reemplazado por la yerba mala, haciendo nuestra estadía en dicho Pon, Pon, toda una aventura, donde la imaginación nos robaba combinada por la marihuana, más de una carcajada. Por lo de la edad, ya en mis tiempos habían inodoros en la casa, pero al final del patio, aún estaba estoico el viejo pon, pon… Gracias Orlando, la magia de tu pluma, despierta la imaginación. Celebro tu talento hermano.

  2. Marcos Sandoval Brenes

    A tiempos aquellos, a mi me toco usarlos en Nandaime, en nuestra casa y en la casa de mi abuela.
    Tenes un talento especial hermano, Dios te bendiga, saludos desde México
    Marcos Sandoval Brenes

  3. Giovanny Flores Mejía.

    Recuerdo en la casa de mi Papá Chendo el famoso pon pon, algunas veses para referirse que alguien estaba allí decian ” está afuera” o ” voy afuera” era el indicativo de ir al pon pon, recuerdo que alli fueron las primeras manuelas y mis primeros cigarrillos.Lo felicito don Orlando siempre leo sus articulos y me hacen recordar mucho miinfancia, su libro es exelente tambien, espero que no se le termine la tinta de la pluma, saludos.

  4. A. L. Matus

    Muy buen artículo. Además de cuentos y leyendas, los pon pones guardaban toda clase de secretos, no solo en el fondo del mismo, sino entre sus cuatro paredes, que en algunas ocasiones ni techo alcanzaban. Felicidades

  5. Luis Villavicencio

    Estaban dos soldados en un pompom dividido por una pared de tabla….por mas esfuerzo que hacian no podian defecar….en eso se oyo el famoso pon al fondo del excusado….compadre, le dice el otro al fin pudo…..yo nada todavia…..no joda!!! Compañero….corra que lo que cayo fue mi granada de fragmentacion.

  6. Luis Villavicencio

    Gracias Orlando…..un tema interesante!!! Dicen que de noche era comun oir los gritos de los usuarios del pompom…..cuando las cucarachas o alacranes les picaban las nalgas y en el peor caso los testiculos.

  7. Luis Villavicencio

    Estando en el servicio militar de reserva en 1987; en una montaña cerca de San Benito… mi champa quedaba cerca del pompom (no tan cerca)….no teniamos electrecidad, una noche lluviosa, una de las cocineras una señora gorda, se metio al pompom…uno de los reservistas se puso detras del pompom y aullo como lobo (se los juro!!!!….igualito igualito)…..silencio por unos segundos…. de pronto se abre la puerta y sale la vieja gritando a todo pulmon pidiendo auxilio….se caia se levantaba y volvia a caer, se arrastraba y gateo un rato claro …del apuro se le olvido subir el calzon que lo tenia abajo de las rodillas. Al dia siguiente fuimos castigados..pero fue chile para rato.

  8. Harley Ocon

    Que divertida forma de describir y relatar lo que una gran mayoría tenemos como experiencia de los eventos relacionados al sencillo pero misterioso artefacto que creo que no hubo quien se interesara por asomarse dentro de aquella cárcava depositaria de nuestros secretos mas íntimos.

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