No hay cochón torcido

Camiseta gay. Foto tomada de Internet

Hace algunos días miré en Facebook un estado que me hizo reír porque contenía un refrán muy nicaragüense, que tenía un buen rato de no escuchar.  Decía: “No hay cochón torcido.  La selección nacional de X país, va al mundial de futbol”.  No voy a mencionar el nombre del país porque además de homófobo me tacharían de xenófobo.

Lo más interesante de este refrán, si es posible catalogarlo en esta categoría, lo cual sería competencia de la paremiología, es que desde mi punto de vista no tiene, para nada, un sentido homofóbico.

Para todos aquellos que no están familiarizados con el vocabulario del siglo XX, “cochón” era el vocablo que popularmente se utilizaba para designar a un homosexual, de manera general, sin entrar en consideraciones específicas respecto a si era “activo”, “pasivo” o cualquier rango entre esos dos extremos, que son temas para profundos análisis antropológicos. Para mayores detalles del origen de este vocablo, pueden consultar el post El nicaragüense y el diminutivo.  Por otra parte, “torcido” en el habla nicaragüese tiene la acepción de tener mala suerte.  De esta forma, el refrán significaba, en un tiempo en que las ciencias estadísticas no tenían el peso que ahora tienen y tratando de ser un poco políticamente correcto, que la suerte sonreía a los miembros de la comunidad gay o más bien, que los hombres que tenían preferencias sexuales no ortodoxas, no tenían mala suerte.

Aquí podría suscitarse una seria y prolongada discusión acerca del significado o alcances de la suerte, no obstante, podría interpretarse como que si los miembros de esa comunidad no se enfrentaban a eventos negativos cuya probabilidad estadística de ocurrencia era relativamente baja.  Aunque su verdadero sentido era que estos sujetos, eran favorecidos por eventos positivos con la misma baja probabilidad de ocurrencia.  Desde luego, estos eventos se mueven en un rango por demás amplio que puede ir desde sacarse la lotería, obtener un empleo muy bien remunerado, ser exitoso en los negocios o en la política, hasta no llegar a ser discriminado por sus preferencias.

Tal vez, al momento de ser inventado, sería tal vez a finales del siglo XIX o en los albores del siglo XX,  el refrán se basó en la repetida ocurrencia de eventos en donde esta comunidad salió favorecida y por lo tanto, la expresión refleja la condición de no ser torcidos.  Sin embargo, con el tiempo, el refrán comenzó a utilizarse como una expresión de envidia ante la buena suerte de algún individuo no necesariamente homosexual.  Así pues, si cierto amigo, conocido o compañero de trabajo, con el cual hubiera cierta familiaridad como para jugarle una broma, ante la ocurrencia de un evento de suerte, era muy usual que se exclamara: “No hay cochón torcido”.  Algunos se enojaban, otros lo tomaban por el lado amable y apechugaban y otros más ingeniosos se apegaban a la condición de que la excepción confirma la regla.

Cabe aclarar que el refrán era aplicado exclusivamente a los varones y nunca se hacía extensivo a una fémina.  No era ningún tipo de discriminación de género, sino que la homosexualidad entre mujeres era tratada de manera diferente y la etiqueta no se endosaba de gratis como ocurría en muchos casos entre los varones.  Sin embargo, en ciertos ámbitos, el refrán se complementa de esta manera: “No hay cochón torcido, ni puta que se vista mal”, aunque pareciera que este agregado obedecía a un intento por reforzar al refrán y no necesariamente que tuviera sentido.

Con una visión un tanto objetiva sobre el asunto, podría afirmarse que la mayoría de los integrantes de la comunidad gay guardan ciertas características que pudieran constituir un factor determinante en el éxito que pueden alcanzar en diferentes ámbitos.  Se decía en esa época que un homosexual tenía la fuerza de un hombre y la maldad de una mujer, afirmación, obviamente, con una alta dosis de sexismo.  Sin embargo, podría afirmarse que esa dualidad de características masculinas y femeninas en los gay, constituye un elemento que indudablemente les otorga ciertas ventajas competitivas.  Al asignarle una enorme importancia a su presentación personal, desde la pulcritud, el buen gusto para vestir y su impecable arreglo personal, cubren uno de los principales requerimientos en los puestos que tienen que ver con la interacción con el público.  De la misma forma pueden manejar un trato exquisito, lo que los hace ideales en el manejo de las relacionas públicas.  La dimensión de su lado femenino hace que tengan una mayor sensibilidad para el manejo de ciertas situaciones, lo cual los empuja hacia funciones de carácter gerencial.  Por otra parte, muestran una increíble sagacidad que les permite contonearse en los pantanosos terrenos de las intrigas.

La década de los ochenta, definitivamente vino a trastocar la validez que pudo haber tenido este refrán, con la aparición del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), que vino a diezmar a la comunidad gay, en un inicio debido a la ignorancia sobre este virus y sus efectos y luego sobre el extremo optimismo al no aceptar que era algo que podía sucederles y aunque los sobrevivientes se volvieron más suertudos, en el ánimo popular, el refrán cayó en el desencanto.

Para acabarla de rematar, en los noventa empezó a campear por todos los medios de comunicación el movimiento de lo políticamente correcto, tratando de quitarle al lenguaje su función descriptiva y endosándole la culpabilidad de generador de realidades.  En mi caso particular, en donde a pesar de lo guapo que soy, mi nariz está diseñada para la época del Imperio Romano, en donde era una característica de los poderosos, sin embargo, en los tiempos actuales se antoja un tanto sobre dimensionada, lo cual siempre me ha provocado el endoso del mote de “narizón” o “narigón” en el caso de los castizos.  En un inicio, lo anterior me molestaba mucho, sin embargo, con el tiempo aprendí de los ortopedistas y me llegó a valer vértebra.  Sin embargo, cuando llegó lo de lo políticamente correcto le pedí “raid” al movimiento y empecé a describir mi nariz como “aguileña imperial” y de esta manera, la incluía en las señas personales o afiliación que me requerían en ciertos trámites.  Pero pensándolo bien, la forma en que describa mi nariz, por más eufemismos que pueda usar, no va a cambiar su tamaño, a menos que me la recorte (la nariz).  Así pues, lo más recomendable en estos casos, es seguir las indicaciones de los ortopedistas.

Ahora que vivimos los nuevos tiempos del siglo XXI, las cosas han cambiado mucho.  El mundo ha cambiado de manera vertiginosa y la tolerancia es la divisa más generalizada y en el caso de la homosexualidad, el propio Papa Francisco expresó claramente: ¿Quién soy yo para juzgarlos?

En general, la sociedad nicaragüense ha evolucionado hacia una posición relativamente tolerante sobre el tema que nos ocupa y esa práctica u orientación ya no es un estigma, tal como en alguna ocasión pudieron haberla calificado y parece privar la máxima de que cada quien puede hacer de su fondillo un barrilete o un membranófono ( tambor, tamboril, bombo o redoble).  No existe discriminación marcada hacia esta comunidad, aunque todavía hace falta mucho para que puedan adoptarse libertades ya practicadas en muchos países como lo es el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Este nuevo entorno social ha hecho que el citado refrán se encuentre en la categoría de amenazado o en peligro de extinción, aunque la validez del mismo, sería objeto de un serio análisis para determinar la propensión al éxito o a ser favorecidos por el destino, de parte de la comunidad gay.  Pareciera ser que en términos generales, la sonrisa de la fortuna se inclina más hacia ciertas afiliaciones, no necesariamente relacionadas con la orientación sexual.  Y a propósito de camisetas, están muy de moda unas que tienen la leyenda:  “Yo no escogí ser gay, simplemente tuve suerte”.

Así pues, si serán torcidos o no, vaya usted a saber, lo cierto es que son felices.

 

 

 

 

 

 

5 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

5 Respuestas a “No hay cochón torcido

  1. A. L. Matus

    Muy interesante análisis y en especial objetivo. Me parece que después de todos los logros alcanzados por esa comunidad, merecen ser considerados como afortunados. También creo que la forma como tradicionalmente se nombra a algo, no cambia la esencia de su significado, así que lo políticamente correcto no es más que una moda engorrosa.

  2. A ver si con las declaraciones del papa Francisco los más retrógrados suavizan la actitud agresiva que aún se observa en contra de los homosexuales.

    Personalmente, siento tristeza cuando un hombre hace tremendos esfuerzos por lucir como mujer, atiplando la voz, exagerando los gestos y, a veces, luciendo señales de barba cerrada que no logra disimular el maquillaje. Me lucen bien las parejas masculinas o parejas femeninas elegantes.

    Saludos, gracias por compartir tus escritos.

  3. Marco Antonio Cortez

    Muy exelente su análisis y muy objetivo… La verdad si creo que son felices.

  4. FERNANDO

    nada de homofóbico es aca en Nicaragua es muy comun escuchar esa dicho nica, mas bien causa risa hahaha. Salud a los gay

  5. Oscar Martinez A.

    El Jefe mio, persona de edad y de mucho respeto decia: ¨No hay torcido torcido¨. Con eso evitaba decir la palabra ¨cochon¨ y se referia en broma cuando a algunos de los compañeros de trabajo, se sacaba algo en una rifa o la terminacion en la loteria, o bien le favorecia con algo la buena suerte. Y en relacion a su nariz, Don Orlando, yo diria que es ¨aguileña imperial hitleriana¨ . Y tomelo por el lado amable. …Es broma…..No vaya ser que ¨tire la gorra¨

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s