El llanero solitario

El llanero solitario.  Imagen tomada de internet

En un pequeño local en la entrada del mercado de San Marcos, Roberto y Augusto Useda, nietos de doña Manuela, antigua vivandera en ese mismo centro de comercio, tenían una pulpería que además de los productos tradicionales de consumo básico contaba con la distribución exclusiva de paquines y digo exclusiva no por concesión, sino por ausencia de otro emprendedor.

En los años cincuenta del siglo pasado, cuando para nosotros todavía no existía la  televisión y la oferta de literatura infantil era más que escasa; fuera de los cuentos de camino trasmitidos de boca en boca, los paquines era la única fuente en donde podíamos saciar nuestra sed de ficción.

Cuando había un excedente de la raquítica mesada que recibíamos, corríamos a donde los Useda a comprar un paquín y dentro de la regular variedad ofrecida era todo un dilema seleccionar cuál compraríamos.  Sabíamos que con cierto retraso encontraríamos la mayoría de ellos en la barbería del amigo Chalo Vásquez en donde los devorábamos mientras esperábamos turno.

De esta forma el paquín por adquirir debía ser uno que realmente llenara al máximo nuestras expectativas y en ese sentido uno de ellos era el más demandado y que por consiguiente se terminaba pronto y era El llanero solitario.

El género que posteriormente adquirió el elegante nombre “western” y que en español no sonaría nada exótico: “occidental”, para nosotros se llamaba simplemente “de vaqueros” y por alguna razón era de los preferidos tanto en paquines como en películas.  Sería tal vez por la mezcla de sencillez y acción de sus tramas.

En aquellos tiempos era muy difícil conseguir los primeros episodios de cada personaje, así que en el caso de El  llanero solitario no sabíamos de dónde había salido aquel enmascarado que buscaba procurar justicia en unión de un indio llamado Toro (Tonto en inglés) y que a su vez llamaba Kemo Sabi a su compañero de aventuras.   Lo elegante de su “outfit” y su máscara estilo “antifaz domino”, como dirían ahora los exquisitos cronistas juveniles de la televisión, su deslumbrante caballo llamado Plata y lo mejor de todo, las balas de plata de su revólver, eran características que hacían de este personaje el preferido de la muchachada.

Ayudaba tal vez a nuestra ignorancia respecto a la historia de El llanero solitario, la mala traducción del nombre original en inglés “The lone ranger” cuyo equivalente en español es muy difícil, pues “ranger” en este caso corresponde a un patrullero, comando o explorador en último caso, así pues “Texas Rangers” era un cuerpo armado que imponía la ley en ese estado norteamericano.   En otro programa de televisión de la época traducían el término como “Rurales de Texas”.

Con mucho interés leíamos una y otra vez las aventuras, tal vez muy simples, pero que nos transportaban a otro mundo en donde no habían muertos, sino que muy elegantemente El llanero solitario dirigía sus balas de plata a las manos de los forajidos, quienes simplemente dejaban  caer sus armas y emitían un leve quejido, sin mostrar las mutilaciones que puede producir una bala calibre 45 en cualquier miembro que hiciera impacto, sin mencionar la cantidad de sangre que genera la herida.

Para finales de la década de los cincuenta, llegó una película llamada El llanero solitario y la ciudad perdida de oro y después de recorrer todo el territorio nacional, llegó al pueblo en donde el público la esperaba ansiosamente.  Ese día el cine estaba al reventar, con un público infantil y juvenil en su mayoría, que aplaudía y gritaba cuando aparecía el enmascarado cabalgando en su blanco corcel, acompañado de su fiel compañero Toro.  Recuerdo que en las escenas finales cuando aparece la valiente pareja cabalgando a todo galope, pistola en mano el paroxismo en el cine llegó a su límite, además de los aplausos y gritos de la muchachada, los que estaban en gayola, empezaron a golpear el piso de madera con los pies, de tal manera que el cine parecía caerse en pedazos.  En ese momento me emocioné y tomé con  las dos manos el asiento delantero que estaba vacío y comencé a zarandearlo hasta que me quedé con la parte superior entre las manos.  A la salida, puse disimuladamente el pedazo de asiento en el suelo y mientras empezaban a salir los créditos de la película, con el fondo musical de la obertura de Gullermo Tell de Rossini, todavía en la oscuridad, salí con mis hermanos del cine y no regresé en varios días.   Cuando volví al cine buscaba una localidad lejos de donde usualmente nos sentábamos, hasta que al tiempo regresamos a nuestro antiguo lugar en donde habían remendado el asiento de madera.

Cuando en la década de los sesenta llegó la televisión, no recuerdo qué canal llevó la serie de El llanero solitario que se había filmado en los años cuarenta y que al desarrollarse en el siglo XIX no podía adivinarse el año de su producción.  Los actores principales eran los mismos de la película: Clayton Moore en el papel del llanero y Jaye Silverhills en el papel de Toro.   Las historias no eran tan atractivas como las que leíamos en los paquines, sin embargo, siempre era emocionante la entrada al galope de la pareja con el fondo musical de Guillermo Tell.

Años más tarde, Sergio Leone revolucionó el género con el spaguetti western, con una nueva dimensión de la violencia, en donde se abandonaron los tímidos disparos a la mano del rival por certeros balazos al corazón o entre ceja y ceja como decía don Marcial Lafuente Estefanía y además, con la rapidez de un rayo.    Así pues junto con nuestra niñez, quedaron atrás los paquines y sus cándidas historias.

Allá por los años ochenta salió un chiste que vino a minar seriamente la lealtad de Toro para con El llanero solitario.  Decía el chascarrillo que en cierta ocasión la pareja en cuestión cabalga por un cañón, cuando de pronto observan que de todos los montes alrededor surgen indios en pie de guerra, a lo que el enmascarado le dice a su pareja: -Estamos rodeados, Toro.  A lo que el indio se aparta y le dice :-¿Cómo que “estamos” Kemo Sabi?  Desde entonces en muchos países se usa esta última frase cuando se quiere decir el equivalente a:  “estamos me huele a procesión”, “estamos suena a manada” o bien “estamos es mucha gente”.

Ahora en el siglo XXI, cuando la capacidad para crear nuevos héroes y aventuras, parece ir en declive, no podían faltar el reciclaje de aquellas historias de los paquines, con la ayuda de todos los recursos de la cinematografía moderna y la inventiva de una tropa de escritores que compiten por traernos las “verdaderas” historias de nuestros antiguos héroes con pelos y señales.

No podía faltar pues, una nueva versión de El llanero solitario y esta semana se está estrenando en los cines de Managua, la película del mismo nombre, en donde Gore Verbinski, el director de Piratas del Caribe, ofrece su particular punto de vista sobre la historia del enmascarado, utilizando a un casi desconocido Armie Hammer como el Llanero y al versátil Johnny Deppp como Toro.

Desde luego no me perdí esta película y después de más de cincuenta años, llegué a saber cuál era la historia de aquel justiciero que motivó tantas emociones en la niñez.  Sin pretender pedalearle la bicicleta a Ampié, me parece que con todos los elementos con que se contaba, además del respaldo de Disney (financiero, pues de otro tipo quién sabe) pudieron realizar una mejor película.

Además de lo extenso del film, el director juega de manera misteriosa con ciertos contrastes que no dejan de causar estupor en la audiencia.  Por un lado presentan a un Llanero solitario que mantiene la figura ingenua de los paquines, para quien la justicia está primero y que la violencia no es la respuesta al mal de este mundo, a veces con actitudes un tanto infantiles, por otra parte la figura del villano, muy bien actuada por cierto, se muestra de una maldad que raya en lo desalmado, al abrirle las entrañas y comérsele el corazón a su enemigo, superando en barbarie al propio Hannibal Lecter.   Por otra parte, presenta a Plata (Silver) como un caballo místico que representa a un espíritu y que es capaz de subirse a un granero, a un árbol o cabalgar encima de un ferrocarril desbocado y por otra parte, que se emborracha empinándose varias botellas de licor sin ayuda alguna.    De la misma forma, el director presenta a villanos muertos por el azar, algunos por efecto indirecto de los disparos del Llanero o de Toro y en el otro extremo, presenta una verdadera masacre que extermina una tribu indígena completa.

Si yo hubiese estado al cargo del casting de la película no hubiese utilizado a Hammer como El llanero solitario y mucho menos a Johnny Depp en el papel de Toro.   Tal vez las dos selecciones más acertadas fueron las de Fichtner en el papel del villano Cavendish y la de Helena Bonham Carter como Red.

Lo cierto es que no se observó en la sala la extrema emoción que presentó el Teatro Julia cuando exhibieron El llanero solitario y la ciudad perdida de oro.  Yo por mi parte, seguí interesado la historia del legendario enmascarado justiciero y al igual que la mayoría de los personajes en el film, me quedé con la interrogante: ¿y por qué la máscara?  Dejo muy claro que en esta ocasión no hubo emoción que me impulsara a zarandear el asiento delantero de la sala de cine.

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9 comentarios

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9 Respuestas a “El llanero solitario

  1. Increible, muchas gracias por esta publicación, la verdad es que conocer esa etapa de la historia es algo increible, siempre he creido que en mi vida pasada fui Hippie, y para serlo tuve que leer paquines primero.
    Aún tengo por ahi una novela que se llama Sabrina Kane y que es parte del género que usted define como “de vaqueros”, mi hermano mayor las tenia por montones y mi mama me decia que eran novelas de paquines, aunque los paquines según se tenian ilustraciones no es cierto…?
    El llanero solitario, quien no lo conoce aún hoy… personajes que dificilmente han podido crear de nuevo… la mayoría de los personajes de ficcion que hoy conocemos viene de los cincuenta y cuarenta.
    Aunque algunos como Wall-e cread por Pixar me ha ganado muchísimo, es un robot come basura tan tierno como un cachorrito…

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  2. Entre los montones de paquines que lei en mi niñez esta El Llanero Solitario. No tuve el gozo de ver la pelicula que mencionás y pretendia ir en momentos a ver la que están dando en los cines, gracias por ahorrarme el disgusto.

    Gracias por los recuerdos. Saludos

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  3. Ramon Mejia Campos

    Me parece muy atinado el comentario, en este mundo donde la tecnologia hace posible lo irreal ya no es muy emocionante cuando se espera que tenes que imprimirle al guion escenas de alta violencia para despertar interes, el personaje de esa epoca era mas real y mucho cercano al hombre y a la naturaleza

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  4. Ramon Mejia Campos

    ademas con solo entrar al cine y estar en esa algarabia ya era superemocionante

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  5. Marcos Sandoval Brenes

    Que recuerdos aquellos, yo leía los paquines por que había quien los alquilaba en el parque de las madres en Managua, mientras muchos adultos disfrutaban de gaseosas y hamburguesas compradas en el Drive-Inn y degustadas en la comodidad de su automóvil, yo desde una banca de cemento pintada de rojo, me maravillaba de las acciones del Llanero Solitario y me inundaba la vida de aquel clima y ambiente que ahora es pasado, pero esencia de mi existencia en mi auto exilio.
    Marcos Sandoval B.

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  6. A. L. Matus

    Muy buena reseña. Felicidades.

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  7. luis villavicencio

    Gracias por recordarme esos tiempos ya olvidados!!! Fui fanatico de los paquines, competia con mi hermana mayor, a los 10 años todos los sabados conseguia 5 pesos y me instalaba por el cine Trebol, ( pegado a un hotel) 10 cts., costaba el alquiler…..desde las 8am, hasta las 3pm….no me daba hambre ni sed., una vez compre uno del Llanero Solitario y se lo preste a mi hermana…..
    Luego le pregunte si el Llanero y Toro se cepillaban los dientes

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  8. luis villavicencio

    Gracias por recordarme esos tiempos ya olvidados!!! Fui fanatico de los paquines, competia con mi hermana mayor, a los 10 años todos los sabados conseguia 5 pesos y me instalaba por el cine Trebol, ( pegado a un hotel) 10 cts., costaba el alquiler…..desde las 8am, hasta las 3pm….no me daba hambre ni sed. A los quince los cambie por Marcial Lafuente Estefania y otros., leia dos diarios…por ultimo cambie esos hobbies por las novias.

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  9. Oscar Martinez

    No fui tan fan de “El Llanero Solitario” o de Hopalong Cassidy. Sin embargo me apasione mucho por Superman, El Halcón Negro, Mandrake El Mago y su fiel servidor Lotario. El vaquero predilecto de toda la muchachada de mi barrio era Raldolph Scott en las películas de vaquero. Y John Wayne que combinaba peliculas de vaqueros y peliculas de guerra. Oh! Cuantos recuerdos!!

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