All that Jazz Carazo

Don Joaquin Portocarrero.  Foto Celeste González

Para una gran mayoría de capitalinos, fuera de Managua todos son pueblos y se ha convertido en  una costumbre salir los fines de semana a “pueblear”, ya sea para almorzar o bien adquirir artesanías, pan casero, dulces, frutas o cualquier otra delicia local, regresando por la tarde a sus hogares con el espíritu enaltecido por el aire puro, la frescura del clima y la tranquilidad que por esa región se respira.  Muy pocos se percatan de la riqueza cultural que por ahí ha anidado, más allá de las manifestaciones folklóricas de cada fiesta patronal.

Así pues el Departamento de Carazo es mucho más que el Macho Ratón y el picadillo de Diriamba, los sorbetes Herrera o las bocas del Rancho Amalia en Jinotepe, los fritos de los Besos Brujos y las cajetas de San Marcos o bien las rosquillas y los pajaritos de dulce de Santa Teresa.   Las manifestaciones culturales que en esa región florecieron han sido importantes y la música podría ser una muestra significativa de ellas.  Muchos nicaragüenses recuerdan todavía a la Jazz Carazo, orquesta que surgió en Jinotepe en los años cuarenta del siglo pasado y que marcó un hito en nuestra historia musical y que ha motivado decenas de crónicas relatando cómo logró captar el gusto de toda la población que bailó al ritmo de sus bien ensambladas interpretaciones, de tal suerte que en su época ninguna otra orquesta logró superar sus actuaciones.

Pues bien, la Jazz Carazo podría decirse que es la punta de un iceberg que representa al importante movimiento musical que se desarrolló en esa región y que obedeció al trabajo incansable de muchas personas que encontraron en la música la pasión que condujo sus vidas.  Creo, sin temor a equivocarme que una de los exponentes que podría representarlas es el recordado Profesor Joaquín Portocarrero Salinas, jinotepino que dedicó su vida, como él mismo decía, al divino arte de Mozart.

A inicios del siglo XX, en el año 1908 para ser más precisos, doña Nemesia Salinas de Portocarrero está esperando un hijo y mientras borda las sábanas del anhelado fruto, su esposo, el notable músico y compositor don Nicolás Portocarrero González interpreta ya sea un minuet de Mozart, una sonata de Beethoven, un vals de Chopin o una fantasía de Schubert.   Cuando nace el bebé, a quien llaman Joaquín, lleva la música en sus venas, de tal forma que a la edad de seis años, cuando su padre adivina esa vocación, inicia su formación musical y cuando el niño cumple diez años, ya domina el solfeo.  Es el momento en que su padre lo inicia en la interpretación con un cornetín, mismo que llega a dominar con maestría a los catorce años.

Cuando Joaquín termina sus estudios primarios, sus padres deciden enviarlo a estudiar interno al Colegio Salesiano de Granada.  Cuando el joven Portocarrero se da cuenta que el Colegio tiene una banda musical se entusiasma, no obstante, luego se decepciona cuando se da cuenta que en ella sólo participan quienes estudian en la otra sección, la de artesanos y el Colegio tiene una norma, un tanto al estilo de doña Florinda, pues no podían mezclarse los estudiantes de la secundaria con los artesanos.  Joaquín insiste, pero el director Padre Bottari es inflexible y no fue sino hasta que el director de la banda, Don Francisco Pavón que había escuchado al joven interpretar el cornetín, intercede y al final logra un permiso especial y de esta forma Joaquín forma parte de la banda en donde escala posiciones vertiginosamente.

Cuando Joaquín se bachillera regresa a Jinotepe y se integra a la orquesta de su padre don Nicolás e inicia estudios de armonía y violín, así como contrabajo.  Al ser muy inquieto, va probando todos los instrumentos de la orquesta, la mayoría de los cuales logra dominar.   En 1928 ingresa a la afamada orquesta Vega Matus, dirigida por el compositor Alejandro Vega Matus, luego en 1931 se traslada a Managua en donde es aceptado en la orquesta del también compositor Gilberto Vega; sin embargo, enferma y tiene que regresar a Jinotepe.  Una vez restablecido, Joaquín conoce a don Tomás Urroz, gran pianista, violinista y director de orquesta egresado del Conservatorio Real de Bruselas, que había fundado una banda musical en Jinotepe.  Con el Profesor Urroz, el joven Portocarrero ingresa como ejecutor del barítono y aprovecha para tomar con don Tomás clases de dirección.  En virtud de que esos grandes músicos gustaban de trabajar en varias vertientes, don Tomás organiza una orquesta de jazz de nombre Totumbla, en donde Joaquín ejecuta el trombón de vara.

Cuando Don Tomás decide regresar a Managua, deja como director de la banda a Joaquín quien la dirige por varios años, ganándose el cariño y respeto de los integrantes.

En el año 1939, durante unos tragos platicados, tres ciudadanos jinotepinos amantes de la música, Don Joaquín Portocarrero, don César Acevedo y Don Gilberto González, el legendario Caremacho, gestan la idea de conformar una orquesta con los mejores elementos musicales de la ciudad, sin embargo, se dan cuenta de la limitante de los recursos económicos pues se trata de una inversión considerable en instrumentos.  En aquellos tiempos, las gentes con una holgada situación económica eran aficionadas a la buena música y además altruistas, pues apoyaban todas las causas nobles de la localidad.  Fue de esa manera que los organizadores se pusieron en contacto con los ciudadanos mejor acomodados de la ciudad y les plantearon sus inquietudes de formar una orquesta de música bailable, obteniendo una respuesta positiva.  Cabe señalar que uno de los ciudadanos más entusiastas con la idea y quien aportó mayores recursos fue don Alejandro del Carmen Calderón, asimismo facilitó su casa para los primeros ensayos de la orquesta.

Inicialmente se organizó como un conjunto modesto que estaba bajo la dirección musical de don Joaquín Portocarrero quien además tocaba el trombón y en donde participaban los otros dos organizadores, Don César Acevedo Quiroz quien interpretaba la batería y don Gilberto González el clarinete.  Participaban además Arturo Tapia trompetista, Orlando Gutiérrez y Francisco Acevedo, saxofonistas, Ramón Sánchez en la guitarra, José María Aguilar en el contrabajo.  La agrupación tomó el nombre de Jazz Carazo, por ser el jazz el ritmo de moda y que en esa época agrupaba de manera genérica a ritmos como el swing, el  fox trot, el blues, el boogie woogie, entre otros.

Al empezar a cobrar fama fue necesario ampliar la orquesta, integrándose más instrumentos como el violín y el piano, así como nuevos miembros.  Muy pronto la orquesta logra situarse en un lugar cimero dentro de la música nicaragüense y se convierte en el elemento indispensable para la elegancia de cualquier fiesta en los principales clubes de Nicaragua.  Hay que destacar que en los años cuarenta y cincuenta, cuando todavía los aparatos de sonido no tenían la capacidad para cubrir grandes auditorios, era obligada la presencia de una orquesta o grupo musical en vivo, que entre más conformada estuviera, más categoría adquiría la fiesta.

Cabe destacar que los más connotados músicos de la época desfilaron por la Jazz Carazo, entre los que pueden destacarse los hermanos Calderón Guadamuz de Niquinohomo, en especial el gran Jaime quien posteriormente tocó trompeta con la orquesta de Pérez Prado y es el responsable del famoso solo de Cerezo Rosa.  Se recuerda también a los pianistas Tránsito Gutiérrez y Raúl Obregón, así como al saxofonista y clarinetista Profesor Manuel Hernández.

Aquí deseo abrir un paréntesis para comentar que tuve la oportunidad de conocer al Profesor Manuel Hernández cuando estudié en el Instituto Juan XXIII de San Marcos y el director Padre Estanislao García le pidió que impartiera clases de canto.  Inició el Profesor Hernández enseñándonos una canción simple llamada La arañita del silencio, para pasar luego a una versión en español del clásico irlandés Danny Boy.  Luego, en ocasión de una importante misa a la que asistiría el nuncio apostólico a la iglesia de San Marcos, el Profesor Hernández nos preparó para cantar una misa gregoriana y ahí estábamos todos muy aplicados cantando en latín y griego.  El día de la misa, la iglesia estaba al reventar y los alumnos en primera fila nos arrancamos con la misa gregoriana haciendo vibrar al templo y causando el embeleso de todos los fieles, culminando la función con el Himno del Papa.  Huelga decir lo feliz que se mostró el nuncio, felicitando ampliamente al alumnado.  Hace algunos años, estaba viendo por la televisión un oficio en el Vaticano y sentí una gran emoción al escuchar la misma misa gregoriana que interpretamos bajo la batuta de aquel gran maestro.

Durante la década de los cuarenta, la Jazz Carazo emprendió su ascenso mediante el trabajo incasable de sus miembros, en especial de la dupla conformada por el Profesor Portocarrero y Don César Acevedo.  El primero encaminó musicalmente a la orquesta, dirigiéndola de tal suerte que sus interpretaciones eran impecables en todo su amplio repertorio que abarcaba todos los ritmos que se escuchaban en esa época.  Don César por su parte se ocupaba de los aspectos administrativos de la organización, cuidaba responsablemente de los aspectos financieros y en los momentos en que surgía alguna necesidad que los fondos no podían cubrir, de su propio peculio Don César los solventaba.

En 1948 don Joaquín se retira de la Jazz Carazo y se dedica por entero a la docencia y a su cargo de Maestro de Capilla de la Parroquia de Jinotepe.  Asume la dirección musical de la orquesta don Rómulo Acevedo Carrión, magnífico trombonista originario de Masaya.  La agrupación se mantiene como líder en el gusto de los nicaragüenses y la única orquesta que le pisa los talones es la recordada Orquesta de Julio Max Blanco.  La Jazz Carazo se dio el lujo de amenizar las fiestas más elegantes del Club Terraza en Managua, así como las fiestas oficiales de los clubes sociales de las principales ciudades de Nicaragua.  Tenía la capacidad de interpretar desde un bolero, hasta un pasodoble, pasando por el merengue, cha cha cha, son montuno o mambo y todos con una nitidez impresionante.

La única vez que tuve la oportunidad de escuchar a la Jazz Carazo fue allá por el año 1955 cuando se celebró la boda de doña Gloria Pérez Bendaña con Don César Lucas, misma que se llevó a cabo con la más delicada elegancia debido a que el padrino era nada menos que Anastasio Somoza García.  Salí a la puerta de la casa de los abuelos a ver el cortejo que venía de la iglesia hacia la casa de habitación de la familia Pérez Bendaña, ubicada casi contigua a nuestra casa y posteriormente desde mi cama escuchaba las impresionantes interpretaciones de la Jazz Carazo, en especial recuerdo la de Las Bodas de Luis Alonso, con una maestría que hubieran hecho palidecer de envidia al propio Juan Legido.

En el año 1958, don Rómulo Acevedo deja la dirección de la orquesta y la asume don Carlos Armando González Dávila, saxofonista y clarinetista que había ingresado a la organización en 1951; para ese entonces, de los fundadores sólo persistía don César Acevedo.

Es importante señalar que los integrantes de la orquesta eran polifacéticos, debido en parte a que debían buscar el sustento por todos los medios, así pues cuando era menester se convertían en un ensamble clásico principalmente para participar en oficios religiosos que en aquellos tiempos requerían de música de viento para darles solemnidad.  De la misma forma, cuando era preciso, se convertían en “chicheros” apelativo no muy de su agrado, pues preferían el nombre de “banda de calle” o bien como ahora que los llaman “filarmónicos”.

Don Joaquín por su parte, deja una tremenda huella en la Escuela Normal Franklin Delano Roosevelt de Jinotepe en donde forma una banda musical, banda de guerra y un coro a cuatro voces.  Asimismo, forma parte de la Orquesta Sinfónica de Nicaragua como violoncelista.    En 1966 se traslada a Estelí para impartir clases de música en la Escuela Normal de esa ciudad, conformando un coro de sesenta alumnos.   En 1968 trabaja en el Instituto Nacional de Estelí y en el Colegio San Luis de Matagalpa en donde también organiza coros.

En 1970 el maestro Portocarrero regresa a Jinotepe en donde continua su labor de enseñanza.  Don Joaquín falleció en Jinotepe en 1996 a los 88 años, contando con un funeral en donde sus compañeros, amigos y alumnos ejecutaron las más solemnes marchas fúnebres.   Además de su extensa labor de docencia, don Joaquín dejó un legado de composiciones que incluye misas, himnos, marchas, sones de pascua y cantos escolares.

La orquesta Jazz Carazo por su parte, al llegar la década de los sesenta y proliferar la cantidad de orquestas, conjuntos y otros grupos musicales, además de aparatos de sonido que sustituían a la música en vivo, comienza a agonizar y se disuelve en 1964, dejando una huella que perdura hasta la fecha.

En la actualidad, es impresionante la cantidad de talentos musicales que existe en el departamento de Carazo y que lamentablemente se están desaprovechando ante la falta de recursos económicos.  Se observa que en las alcaldías se destinan migajas al presupuesto de cultura, sin embargo, se derrochan millones en la “promoción” deportiva.  Los acaudalados de la región por su parte, en estos dorados tiempos no dan ni sal para un jocote.  Es absurdo que un jugador de beisbol local gane quince salarios mínimos, mientras que un músico no tenga ni para el pasaje del bus.

El Profesor Horacio Portocarrero, hijo de don Joaquín, quien siguió sus pasos en la docencia musical con grandes logros, ha tenido que abandonar sus esfuerzos y emigrar de Carazo para buscar mejores horizontes.

Sería una verdadera lástima que todo el potencial cultural del departamento se perdiera y que los caraceños tengan que resignarse a brillar tan sólo por sus artesanías, sus antojitos o por las glorias de algún esporádico toletero.

Agradezco sobremanera la fineza del Prof. Horacio Portocarrero por la información proporcionada sobre la vida de su padre el Prof. Joaquín Portocarrero, así como haberme facilitado los apuntes de don Carlos Armando González Dávila sobre la Jazz Carazo.  Gracias a mi hermano Ovidio y a mi cuñada Celeste, por hacer posible la entrevista, así como la magnífica foto de don Joaquín.

6 comentarios

Archivado bajo cultura, Mùsica, Nicaragüense, Uncategorized

6 Respuestas a “All that Jazz Carazo

  1. A. L. Matus

    Muy buena reseña de una de las grandes orquestas de Nicaragua. Ciertamente es una lástima el abandono, tanto del sector público como del privado, de las manifestaciones culturales de los nicaragüenses. Saludos

  2. Si algo hay que decir es que en Nicaragua antes del triunfo había otro tipo de visión, más progresista, y si bien es cierto que la revolución trajo con sigo torrentes culturales, sepultaron para siempre buenos ejemplos de musica como el que nos trae usted en esta publicación, y si es muy cierto, le digo con desilución que en mi Pueblo y muchos de acá la biblioteca esta cerrada, y el puesto de bibliotecario solo es un maquillaje, muy triste…

  3. Pingback: Breve Biografía del Profesor Joaquín Portocarrero | Biblioteca Digital de Música Nicaragüense (BDMN)

  4. Excelente trabajo Orlando! Esa foto de don Joaquin Portocarrero es una maravilla! Aparte del libro del libro del Profesor Carlos Armando Gonzalez Davila, existe muy poco en Internet sobre la Jazz Carazo. A traves de tu escrito, las nuevas generaciones podran documentarse sobre la historia de la orquesta Jazz Carazo. Muchisimas gracias!

  5. osca d castillo

    muy agradable el articulo con datos historicos interesantes sobre el desarrollo musical de Jinotepe, la familia Portocarrero creo que es la que ha dado mas miembros estudiosos del pentagrama y con virtudes geneticas hasta 4 generaciones destacan con gran calidad, recordamos tambien Nicolas Portocarrero Salina Pianista a Don Arturo Portocarrero dominaba varios instrumentos Tuba baritonoy bajo su hijo Arturo Tulinga gran trompetista,Don Pencho guitarra y mandolina, Mincho Uriarte portocarrero Trombonista de vara y su primo hijo de doña Rosa Portocarrero,Santiago Salmeron Portocarrero Guitarra,Alvaro Portocarrero. El pianista de diriamba Cesar Portocarrero el hijo de Noel Portocarrero, al hijo de Horacio Portocarrero Saxofonista y Clarinetista estos son de la 4ta generacion y mas
    y son tantos los que no puedo mencionarlos

  6. A veces se HABLA POR HABLAR, pero ni modo hay que respetar el pensamiento ajeno, pero en la revolución uno de los aspectos que más crecieron fue la cultura y dentro de ella la música…Pero si estoy de acuerdo que Nicaragua ha sido y sigue teniendo mucho talento musical y si no trasciende es por la poca difusión Y PROMOCIÓN que se le da a lo nacional.En cambio se le da muchísimo espacio a música que es una basura y lo peor que algunos nacional la tratan de copiar.Yo no vi ni escuche a la Jazz Carazo,pero si los músicos y cantantes de antaño, tocaban ,
    cantaban y desarrollaban su talento en vivo, hoy en día todo es playback o mímica y eso no tienen chiste.
    saludos.
    EVERT BALTODANO UREÑA.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s