El Relicario

Sara Montiel.  Foto tomada de Internet

Casi al final de la década de los años cincuenta del siglo pasado, sería tal vez en 1958, cuando de pronto, una canción comenzó a sonar insistentemente en todas las emisoras del país.  Para ese tiempo, ocupaban los primeros lugares de audiencia los éxitos de la Sonora Matancera, en especial el bolero Total en la voz de Celio González y los primeros cañonazos de Julio Jaramillo encabezados por Nuestro Juramento.  La canción en cuestión era un pasodoble, ritmo español muy socorrido entonces en todas las fiestas, pues era una oportunidad enorme para lucirse con elegancia en el baile.    Su título era El Relicario y estaba a cargo de Sarita Montiel, intérprete hasta ese entonces completamente desconocida en el mundo musical.  Luego poco a poco fueron colándose otras interpretaciones de la española y que al final resultaron ser parte de la banda sonora de una película que se anunciaba y que según algunos estaba causando furor en el mundo, o por lo menos en el de habla española y que llevaba por título El último cuplé.

A mediados de 1959 al fin llegó la tan esperada película a Managua y fue el Salazar quien la proyectó y duró en cartelera un tiempo record.  En esas ocasiones era obligado que viniéramos del pueblo a la capital para ver el estreno y no esperar unos meses a que llegara al Teatro Julia, ya con más cortes que una camioneta de turco.  Así que con una buena dotación de palomitas de maíz, nos deleitamos con la película en la cual una hermosa mujer desbordaba sensualidad en toda la cinta.  Cabe aclarar que a los diez años, ya el organismo entero iba distinguiendo esas manifestaciones y a pesar de que la cinta no estaba restringida a menores de edad, pues no había nada explícito, no cabe duda que la diva aquella provocaba ciertos arrebatos en el público, además de su exuberante figura, sus ojos color aceituna y su sensual sonrisa, su voz, acomodada de manera inteligente en un registro en donde no había riesgos de una pifia, porque hay que reconocerlo, era tan sólo una actriz que pretendía cantar, sin embargo, a la postre, su voz en el tono tan bajo, le daba un atractivo adicional.   En esa película escuchamos, directamente desde la pantalla, los grandes éxitos, Ven y ven, La Madelón, Nena, el tango Fumando espero y desde luego El Relicario, en donde la protagonista, después de presenciar la muerte en el ruedo de un torero, su novio en turno, aparece en el teatro de luto riguroso interpretando el pasodoble.  La interpretación fue única y dramática, pues al final, no pudiendo con el peso de la emoción “se ataca” y no puede finalizar su interpretación, causando el desborde de sentimientos en toda la audiencia, que disimuladamente buscaba sus pañuelos para secarse una furtiva lágrima.

Tal vez sería pertinente aclarar que El Relicario es un pasodoble clásico español, escrito en 1914 por José Padilla, quien encargó la letra a dos afamados periodistas de esa época José María Castellví y Armando Oliveros.  La letra está íntimamente ligada a la tauromaquia y a esa fama de seductores que siempre han tenido los toreros.   Fue mucho tiempo después de haber escuchado ese tema que me percaté del significado de la letra en toda su extensión, en donde en un exagerado piropo, el torero exclama: “pisa morena, pisa con garbo, que un relicario me voy a hacer, con el trocito de mi capote, que haya pisado tan lindo pie”.   Involucrando en el mismo, al relicario, estuche en donde tradicionalmente se guardan las reliquias de algún santo, equiparándolas en ese caso, con la parte de su capote por donde había puesto el zapato, pues es muy difícil que anduviera descalza, la dama que tanta admiración le provocó.  Luego al momento de estar en trance de muerte, se saca del pecho el relicario, que en efecto se elaboró, lo que le otorga una carga dramática al pasodoble.  El tema había sido propiedad, por así decirlo, de la cantante Raquel Meller, sin embargo, fue a partir de su interpretación en la mencionada cinta que Sarita Montiel se convirtió en la dueña de dicho tema. Dicen que en gustos se rompen sacos, así pues, hay quienes opinan que la mejor interpretación es la de Rocío Jurado y pueden tener razón, pues la recordada Rocío sí tenía voz y jugaban con ella de manera magistral, luciéndola en la ejecución del pasodoble, agregándole además un conato de “ataque” al final, sin embargo, muy inteligentemente se recupera y finaliza el tema.

Otro tema, que también causó gran revuelo fue Fumando espero, un tango argentino compuesto en el año 1922 por Juan  Viladomat Masanas, con letra de Félix Garzo y que en su momento fue interpretado por varios tangueros, entre ellos, Argentino Ledesma y desde luego por la infaltable Libertad Lamarque.  Mucho se comentó que a pesar del atrevimiento de los productores de la cinta de incluir el tango en la banda sonora de la película, una estrofa completa fue eliminada, la cual se refería a la “sana” costumbre de otros tiempos de lanzarse un cigarrillo después de “la batalla en que el amor estalla”, lo cual no hubiera sido tolerado por la hipócrita censura del franquismo.

Después del éxito obtenido por la Montiel con El último cuplé, le siguieron varios más, La Violetera, Carmen la de Ronda, Pecado de amor, La bella Lola, La reina del Chantecler, entre otras, en donde combinaba la actuación con el canto.

Mucho tiempo después me di cuenta que Sarita Montiel no había nacido con El último cuplé, aunque así fue para muchos conciudadanos, pues su carrera en la actuación había iniciado en los años cuarenta en su natal España, de donde saltó a México en donde con su belleza cautivó a los cineastas locales y actuó en algunos films importantes al lado de Pedro Infante, Dolores del Río, María Félix, Arturo de Córdoba, entre otros.  Es muy posible que la hubiésemos visto en alguna de estas películas, pero no al punto de recordarla por su nombre.  Luego, con esas credenciales se atrevió a incursionar en Hollywood, en donde también logró algunos papeles al lado de Burt Lancaster, Gary Cooper, Charles Bronson, Mario Lanzas, entre otros, lográndose integrar con suceso en el mundo artístico de ese entonces, reforzando lo anterior, al casarse con el director Anthony Mann.  A pesar de la aceptación que tuvo en Hollywood, de manera inteligente Sarita sintió que estaba siendo encasillada en papeles de latina o indígena, de tal forma que se jugó el todo por el todo y regresó a España, en donde en 1957 Juan Orduña le ofrece el papel estelar de El último cuplé, que marcó el rumbo de su vida.

Al llegar a la adolescencia, fue inevitable que me inclinara por la música juvenil, que con el rock hizo furor, más aún con la aparición de The Beatles, lo cual hizo que esta nueva corriente sepultara para efecto nuestro, la trayectoria que siguió Sarita.  No obstante, la española continuó con su carrera, especialmente la musical, por muchos años, realizando giras artísticas por todo  el mundo, en especial por América Latina.  Recuerdo que a finales de los años setenta, Sarita se presentó en Managua, hospedándose en el Hotel Intercontinental.  Ya para ese entonces, la diva española estaba muy aplaudida y no tuve el ánimo para ir a verla.

Su vida sentimental se caracterizó por un buen número de relaciones, como que si hubiese tomado al pie de la letra lo que le exclamó al inicio del piropo el torero de El Relicario. Es importante señalar que a partir de que algunos seudo periodistas encontraron en la nota rosa, un medio para allegarse los helequemes, Sarita Montiel y su vida privada se convirtieron en un blanco fácil para las tertulias que guardaban estos mercenarios, manteniéndola en la picota en virtud de sus últimas relaciones sentimentales, arrebatándole la tranquilidad que en su tercera edad merecía la artista.

Tal como decía El Relicario, un lunes abrileño, el día 8 para ser más precisos en el presente año, María Antonia Aurelia Isidora Vicenta Josefa Abad Fernández, conocida como Sarita Montiel, la gran Saritísima, dejó este mundo de manera plácida en su apartamento de Madrid a la edad de 85 años.  Una enorme muchedumbre la acompañó en su sepelio y todos los diarios de habla hispana deploraron su muerte.  Para todos aquellos que vivimos su época dorada, siempre mantendremos en el pecho un relicario, elaborado con el trocito de recuerdos de aquellos dorados tiempos en donde su belleza y sensualidad nos anunciaba que el meteorito del erotismo estaba pronto a alcanzarnos.

5 comentarios

Archivado bajo cine, cultura, Mùsica

5 Respuestas a “El Relicario

  1. Me sorprendió leer que murió de ochenticinco años, creí que era mayor.

    Recuerdo esa efervescencia🙂

    Excelente articulo, como siempre. Saludos

  2. Como le pasó a usted mi estimado, mis abducciones a esos años no se topan con esta bella mujer, pero no por ello evito que al momento de su muerte la recordara tambien por su belleza

  3. Orlando,
    Cuando escribes lo haces de una manera muy detallada y con un ‘wit’ formidable. Yo también pensaba que ella era mayor.
    Continua deleitándonos con tu narrativa.

  4. A. L. Matus

    Dijo Sarita Montiel que quería en su epitafio: Aquí yace una mujer que hizo feliz a todo el mundo. Interesante artículo y un merecido homenaje a Sarita. Saludos

  5. Alejandro Durán y Moritan

    Lamento la muerte de esa preciosa mujer que fue Sara Montiel. Me gustó mucho el relato, que me recordó que efectivamente en 1959 vi “El último cuplé” en el Salazar en Managua cuando yo tenía apenas trece años y quedé enamorado de la Montiel. Lo que no recordaba es que la película se mantuvo tiempo récord en cartelera. Gracias por los recuerdos.

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