Los marchantes

Los marchantes.  Foto: Orlando Ortega Reyes

Todavía hay quienes disfrutan de la experiencia que constituye el comprar en el mercado.  El contacto con la gente, el aroma que proviene de la mezcla de hierbas, frutas, verduras, plantas, fritangas, además del colorido que ofrece cada una de sus escenas, es algo que para muchos vale la pena sentir.  A pesar de los afanes expansionistas de las cadenas de supermercados que pretenden arrasar con los mercados y pulperías instalando un nuevo centro en cada barrio de las ciudades, la cultura del tiangue de los antepasados indígenas, todavía ofrece una valiente resistencia.  No importa que estos gigantes del comercio ofrezcan un colorido artificial, una fingida asepsia, una sugerente música y atractivas campañas publicitarias, es muy difícil que puedan sustituir el significado del tiangue.

Un elemento sobresale en la cultura del mercado y es el del marchante.  Se trata de un concepto que provoca no pocas polémicas, comenzando por su origen.  Son muchos los que creen que el vocablo marchante viene del verbo marchar (no marchen, dirían en México) no obstante, la verdad es que se deriva del francés marchand  que significa comerciante, vendedor, traficante (en el buen sentido de la palabra).  En este caso, el vocablo tendría que aplicarse al vendedor, sin embargo, en algún momento su aplicación se extendió tanto al vendedor como al comprador.  Esta ambivalencia podría tener su explicación en el verbo amarchantarse, que significa establecer un acuerdo tácito mediante el cual un comprador se “compromete” a cierta exclusividad o preferencia, respecto a la adquisición de bienes que ofrece determinado vendedor.  En reciprocidad, el vendedor dará un trato especial, mejores precios y/o productos o por lo menos hará creer lo anterior al comprador.  En sus pregones, el vendedor hará una invitación al posible comprador, llamándole marchante, marchantito (a) y en ciertos casos agregándole un sustantivo supuestamente para halagar al posible cliente, como chelito (a), reycito, amorcito, entre otros.

Las personas que acuden a determinado mercado de manera sistemática seguramente están amarchantados con determinado vendedor y dependiendo del carácter de cada quien y del tiempo transcurrido, se llega a desarrollar un variopinto de relaciones, por demás interesantes.

Llevo cerca de dieciocho años yendo regularmente, una vez por semana al Mercado de Mayoreo y en un inicio saltábamos de un vendedor a otro, luego procurábamos mantener la mayor parte de las transacciones donde un solo proveedor, sin embargo, con el tiempo, por diversas razones, de la noche a la mañana los vendedores desaparecían, debido, aparentemente a que se dedicaban a otros menesteres o a vender en algún otro mercado.  Desde hace unos cinco años, establecimos un marchantazgo con una vendedora que además de ofrecer productos de calidad, difícil tarea al tener todos los mismos proveedores mayoristas, mantiene precios flexibles, sin embargo, tuvo algo que ver el trato y su carácter.  En un inicio había cierta distancia y el tratamiento se limitaba a marchante en ambas vías, guardando siempre una prudente distancia en la relación, sin embargo, con el tiempo ha nacido una confianza como para ir conociendo un poco más sobre los actores de esta relación.  Ella se llama Blanca, pero todos sus colegas la llaman Blanquita.  Es Concheña, es decir, originaria de La Concepción, Masaya, desde donde viaja diario a su local y le ayudan en el local su madre y una hermana, además de manera eventual le apoya un individuo a quien solo conocemos por su remoquete: Pichirilo.

A estas alturas del partido, yo la llamo Blanquita y ella me llama Don Orlando y nos tratamos de usted.  Ella conoce muy bien mis gustos y preferencias, así como la elasticidad de mi demanda, de tal suerte que sabe en qué momento exacto debe de bajar un precio a fin de lograr que compre determinado producto que no tengo en mi lista de prioridades.  Tiene un gran sentido del humor, no al punto de llegar a contarme un chiste, pero sí de tomar con filosofía los amargos comentarios que puedo hacer sobre determinado producto o la relación calidad/precio.  Sabe el momento exacto en el que debe de dejar de insistir cuando ofrece determinado producto y conoce cuando tiene algo que puede interesarme al exaltar determinada cualidad.  Cuando eventualmente recibe guanábanas, de manera automática me reserva una o dos.

Tiene una enorme paciencia para venderle algo a mi hijo Orlando, que muestra una interesante incomodidad a la hora de comprar y simplemente se pone a reír cuando después de mostrarle cinco variedades de mango llega a la conclusión de que ninguna le gustará o tiene que aceptar que con una simple ojeada determina que conoce la calidad de un melón.

Sabe de antemano qué productos he comprado previamente y a dónde, no habiendo problema cuando se trata de cítricos que vende una tía suya, también concheña, que ofrece un mejor precio.  Sin embargo, en una ocasión cuando supo que había adquirido un producto con una competidora suya, medio en broma, medio en serio me acusó de que la estaba “engañando”.  Me puse a reír y le lancé uno de esos clichés que salen en las películas cuando alguien tiene un ataque de celos y su pareja trata de calmarla.  No llegué al extremo de decirle que yo soy como Las Mañanitas (Del Dominio Público).  Por otra parte, sabe muy bien que los plátanos los compro después a otra marchanta, especialista en el ramo, de tal manera que cuando ella consigue buen plátano y a buen precio, llega a convencerme que los lleve de una vez y sin remordimientos.  Cuando necesito algo que no tiene, más pronta que veloz lo manda a traer donde algún pariente para evitar que me descarríe.

Es joven, pudiendo rondar los treinta años, pero el sol ha hecho estragos sobre su piel.  En cierta ocasión, estando cerca el día de la madre le pregunté si tenía hijos y me confesó que el único hijo que había tenido, murió al nacer.  Poco tiempo después resultó embarazada y afortunadamente el muchacho nació sano y va creciendo.  Muestra una gran dedicación a su trabajo y es muy difícil que falte a su puesto.  Al igual que todos los que trabajan en esos menesteres, tienen una sorprendente facilidad para sumar cantidades al aire.  Muchas veces al calcular el total de la cuenta, redondea hacia abajo para favorecer a su marchante.

Hay una gran diferencia entre aquellos dependientes de algún comercio, que después de observar la tarjeta de crédito con que realizo una compra, se quieren lucir diciendo: -Gracias por su compra, Don Orlando, que llegar al puesto de Blanquita y saludarnos afectuosamente, preguntar por la familia y empezar el estira y afloja con las compras de la semana.

 

7 comentarios

Archivado bajo cultura

7 Respuestas a “Los marchantes

  1. No sabia el origen de la palabra marchante. Otra excelente historia. Hasta el “olorcito” del mercado percibi! Saludes!

  2. Y tambien dichas marchantas llegan a algunos repartos, que cuando viene dando la vuelta a la esquina, uno sabe que que es la “MARCHANTA” QUIEN VIENE. Gracias Orlando por recordánoslas. Recordándote.

  3. Edwing Salvatore Obando

    No soy de la época pero recuerdo vagamente que en el billete de 5 córdobas del tiempo de Somoza salían un grupo de mercaderas. Siempre pensé que era un justo retrato de nuestra realidad y un homenaje a ese pilar que es madre/padre, mujer, esposa, engranaje fundamental de las economías locales. Uno de sus artícuos más cortos, pero muy sustancioso. La relación siempre se ve coronada cuando con satisfacción mutua recibimos el “ipegüe”

    • Oscar Martinez

      Casi no se escucha esta palabra “ipegue” que es sinónimo de “vendaje”…. creo. Desconozco el origen de las mismas, su etimología.

  4. A. L. Matus

    Ya nos parece que don Chale Mántica va a pasar por las cajas del supermercado, saludando a los clientes y preguntándoles si todo les parece bien. Muy buen artículo. Felicidades.

  5. Buen post. La verdad es que los mercados en todas las culturas tienen ese ambiente diferente de los grandes supermercados. Aquí en Francia la mayoría de los mercados son itinerantes. El mercado del miercoles en tal plaza, el mercado del viernes en tal otra. Y los precios están ya puestos, se negocia poco. Lo q si hay es fidelidad de la clientela hacía un cierto mercader. Saludos.

  6. Beno

    Solo recuerdo en las películas a don Joaquín Pardavé (actor de cine de la época de oro en México) cuando caracterizaba a un vendedor (de origen Árabe) en las películas él repetía la frase ¨ marchante que busca asted¨ (por su acento ¨Árabe¨) ahora gracias a don Orlando sé a quienes se referia y quienes son los marchantes.

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