Amor del bueno

Amour

Esa tarde había muerto Hugo Chávez, ¿o fue acaso esa madrugada?, lo cierto es que como era de esperarse, por la noche, el Gobierno encadenó a todas las televisoras nacionales para emitir su llanto oficial, dejando el crujir de dientes para otra ocasión y apegándose a la Ley de Herodes, con la complicidad del proveedor de cable, propiedad de Carlos Slim (por algo el hombre más rico del universo), el resto de canales fue suspendido.  Como en ocasiones similares, a fin de no ser cómplice en este asunto, apagué el televisor y me disponía a escuchar música y continuar mi lectura de “La región más transparente”, cuando recordé que mi hermano Ovidio me había enviado un DVD con la película “Amour”, de Michael Hanake, ganadora de la Palma de Oro del festival de Cannes y del Oscar como mejor película extranjera, entre otros importantes premios.

“Amour” es una película en donde Hanake, con una singular maestría realiza una disección de la vejez y del alma humana en estas circunstancias, de tal forma que a todos aquellos que ya no vemos a los protagonistas, dos ancianos octogenarios, como los abuelos, ni siquiera como nuestros padres, pues ellos ya nos cedieron la primera fila, sino como a nosotros mismos en un breve plazo.  De esta forma, la película nos sacude hasta los huesos y nos saca la cabeza de la tierra en donde como avestruces nos sumergimos ante una inminente realidad.

La primera impresión en la película me la llevé al ver a Jean-Luis Trintignant, aquel jovenzuelo lleno de vitalidad que protagonizó en “Un hombre y una mujer” en 1966 a un apuesto corredor de autos, convertido ahora en un venerable y frágil anciano.  Como decía Alejandro Dumas, no es lo mismo “Los tres mosqueteros” que “Veinte años después”, mucho menos cuarenta y siete.  Con esa dramática impresión se adentra uno en una película que bordea los límites más dramáticos de la ancianidad, cuando de manera súbita, la enfermedad hace de las suyas, convirtiendo la dignidad de los seres humanos en algo menos que una piltrafa.

La historia narra como una pareja de octogenarios, músicos retirados que viven su ancianidad en plenitud, gozando de un cómodo retiro en París, cosechando lo que una fructífera carrera les proporcionó, el ingrato destino de la noche a la mañana hace que la protagonista, interpretada de manera sublime por Emmanuelle Riva, sufra una serie de accidentes cerebrales que le arrebatan poco a poco todo, desde su vitalidad e independencia, hasta la última gota de dignidad.  Su esposo, quien  la venera, de pronto encara uno de los papeles más difíciles para un ser humano, como es el de apoyo a una pareja enferma y le toca enfrentar, en medio del terror que esto significa, todas las aristas que llega a representar el amor.

El desenlace, anticipado al inicio de la película es espeluznante, de tal forma que el espectador queda con el alma en vilo.  La película es de esas joyas, que no obstante el arte que las engalana, toca las fibras más profundas del alma humana.  Es una película para admirar una filigrana de dirección, una actuación insuperable y un guión que nos hace reflexionar sobre lo inevitable de la muerte y más aún, lo ignoto de los caminos en que llegaremos a ella, pero sobre todo, es una lección de amor, como diría José Alfredo amor del bueno.

En fin, Amor es una película que hay que ver, pero hay que asistir a la función con la mente abierta, desligada de tantas ataduras que la envuelven.  No se la pierdan.

2 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia

2 Respuestas a “Amor del bueno

  1. Muchas gracias, por la ilustración y por el consejo. De veras, creo, que aún sin proponértelo podrías desbancar a Ampié, y eso que le reconozco capacidad y calidad.

    Saludos.
    .

  2. Amigo, hasta ahora leo tu post desde mi correo. Podes creer que todavía la están presentando en los cines aquí en Francia. Y la última vez q fui miré otra, también, francesa, pero con otra temática. gracias x la sugerencia la iré aver lo más pronto. / Una vez conocí una pareja – ella de 84 y el de 90 – tenían 10 años juntos. Lindos vieras. Samudos. bye

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