Los hombres no deben llorar por el amor de una mujer

Clave y Daniel

 

Para nosotros la década de los setenta fue una completa vorágine.  Es difícil imaginarnos que en ese corto período pudieran caber tantos sucesos y tan transcendentales, a tal punto que algunos de ellos cambiaron drásticamente el rumbo de nuestras vidas.   No obstante, a mediados de esa década, a manera de tregua, la vida transcurrió un tanto plácidamente.  Recuerdo especialmente 1975, que las Naciones Unidas declararon como el Año Internacional de la Mujer y que a nivel nacional fue motivo para que se emitiera un decreto refrendando tal denominación y con el mandato que toda la comunicación oficial debía llevar la alusión a dicha celebración, aunque en la práctica no se observó ningún cambio en la situación de las mujeres.

Managua ya se había recuperado en gran medida de los efectos del terremoto de 1972 y  en el ánimo de los capitalinos, el trauma iba desapareciendo casi por completo, aunque todavía los días 22 de diciembre, la gente salía a dormir a la calle.  La infraestructura había crecido vertiginosamente y la ciudad lucía un nuevo rostro, que a veces parecía ser una mueca, pero que al fin y al cabo, todo era mejor que la zona cercada.

Para ese tiempo, había música para todos los gustos.  Julio Iglesias se iba adueñando de las listas de popularidad con cada tema que sacaba al mercado, aunque empezaban a emerger algunos compatriotas suyos que competirían con él, como Camilo Sesto, Miguel Gallardo y José Luis Perales.   En inglés florecían varios géneros, resaltando Barry White con You´re the first, the last, my everything, Elton John, Eagles, Frankie Valli, entre otros.  No obstante, a finales de ese año, más o menos cuando al fin murió el Generalísimo Francisco Franco (nunca entendí el por qué del superlativo de un grado militar), llegaron al país, dos temas que en mi mente me parecían como hermanados.  No recuerdo a ciencia cierta cuál de los dos llegó primero, pero apostaría que fue Los hombres no deben llorar, del compositor y cantante argentino King Clave, por cierto amigo de Sandro.  Era un tema de desamor, cabanga como diríamos en buen nica, que hablaba de una mujer que había abandonado a un hombre y éste, no resistió el golpe y a pesar de que dicen que los hombres no deben llorar por una mujer que ha pagado mal, el no pudo contener el llanto y cerrando los ojos se puso a llorar.  La balada estaba bien estructurada, era pegajosa y pronto se adueñó del gusto local.  El tema del abandono, del rompimiento, del tabú de que los hombres no lloran tenía un atractivo especial en esta canción.  Lo interesante es que la gente puso todos sus sentidos en la canción en sí, sin ocuparse casi del autor e intérprete, pues muy pocas personas saben quién es King Clave y algunos pocos lo recordarán también con la versión en español de El teléfono llora, del francés Claude François, autor de A mi manera (no es Paul Anka).   Así fue que por el resto de 1975 y el año siguiente, este tema estuvo muy arraigado en el gusto de los nicaragüenses.

Un poco más tarde ese año, llegó otro tema con una historia casi igual que la anterior y que con el título de Por el amor de una mujer, exponía el cantante que jugó con fuego sin saber que era él quien se quemaba, aunque al final abría la puerta al olvido y afirmaba que aunque se sentía triste, pronto iba a cantar y prometía no acordarse nunca del ayer.  El autor y cantante original de este tema era el español Danny Daniels, que era también un tanto desconocido, aunque ya contaba con un tema que había tenido un gran impacto en otros países, llamado El vals de las mariposas.  Su melodía y letra pegajosas también pusieron en los primeros lugares de audiencia el tema y por muchos meses se mantuvo ahí.  Lo interesante es que al poco tiempo, Julio Iglesias, quien estaba atento a los temas que prometían tener éxito para lanzar un cover del mismo, la atrapó sacando su propia versión, la cual tuvo una gran acogida por los fanáticos del cantante.

Estas dos canciones, con una temática muy parecida y una melodía también en el mismo tenor, fueron los más grandes exponentes de las canciones de cabanga en esa época.  Recuerdo que en esos días, un compañero de trabajo tuvo un revés amoroso que lo dejó devastado.  A regañadientes fue a una fiesta que la oficina organizó en la Cuesta Country Club, en donde como era de esperarse se puso hasta el sereguete.   Al finalizar el evento, un grupo de amigos nos fuimos si mal no recuerdo  a El Arroyito, en donde continuamos departiendo un buen rato.  El compañero acabangado, cuyo nombre omitiré por aquello de las delicadas susceptibilidades, se unió al grupo y desde luego continuó ingiriendo licor.  De pronto se acercó un trío y empezaron a solicitarle canciones.  Cabe señalar que en aquel tiempo, el costo de una interpretación de parte de un trío o un mariachi no era algo oneroso.  Ahora, le quieren cobrar a uno el equivalente a comprar un CD original, pero con todo y el equipo de sonido.  Con la mejor intención del mundo, solicité que interpretaran Por el amor de una mujer, más que nada por darle ánimos al compañero aquel con la frase de: “pero pronto cantaré y prometo no acordarme nunca del ayer”.  Mala elección, pues a mitad de la canción, el amigo aquel, como dicen en los pueblos: “dice a llorar”.  Los demás nos quedamos anonadados y no tuvimos otra que hacer las de Jorge Negrete, echarnos al coleto el trago entero que teníamos enfrente.  Otro amigo tuvo otra mala elección y solicitó al trío que se echaran Los hombres no deben llorar. Ay mamita.  El compañero aquel no pudo más y salió corriendo del local.   El más viejo del grupo nos conminó a no seguirlo y solicitó un pacto de caballeros de no repetir en la oficina lo que había ocurrido.

Ya han pasado 37 años y mucha agua ha pasado por el puente.  El esfuerzo de las Naciones Unidas por mejorar las condiciones de las mujeres a través de la designación de 1975 como Año Internacional de la Mujer no fue nada efectivo, pues a estas alturas del partido todavía se sigue luchando por lograr, no tanto la igualdad, sino el respeto y disminución de la violencia de género.  Por otra parte, todavía algunos hombres siguen llorando por el amor de una mujer.   Muchos nicaragüenses que vivieron a plenitud esa época todavía recuerdan estas dos canciones, aunque ocurre un fenómeno curioso y es que de vez en cuando una de ellas se esconde detrás de la otra y en la memoria aparece solo una de ellas.  Otros incluso recuerdan la versión en “malespín” de Por el epir de una pufar.   Otra cosa interesante es que casi nadie recuerda a sus cantautores.    King Clave, cuyo nombre verdadero es Jorge Ayala, oriundo de Formosa, Argentina,  reside ahora en Hollywood, EE.UU. y todavía realiza giras y conciertos por toda la Unión Americana y Latinoamérica.      Por su parte, Danny Daniel, bautizado como Daniel Candón de la Campa, en Gijón, Asturias, España, también sigue con su carrera artística, reside en Miami y acaba de producir un álbum con música cubana de inicios del siglo XX y realiza giras por España y Latinoamérica.

Hace un par de años, andaba yo por Metrocentro cuando de pronto se me acercó alguien y me saludó afectuosamente, muy apenado admití que no lo reconocía y me aclaró que era fulanito aquel, el compañero de la lacrimosa historia.  Se miraba muy bien y con orgullo me presentó a su esposa, informándome que se había jubilado pero que trabajaba de asesor en una microfinanciera.   Tuve por un instante la tentación de preguntarle si todavía se emocionaba al escuchar aquellas canciones, pero estimé que no sería prudente y asumí que lo más probable es que al fin se había acogido a la promesa de no acordarse nunca del ayer.  Quedamos en reunirnos en un futuro cercano.  Al seguir cada quien su camino me pereció escuchar los acordes del piano acompañados por la guitarra eléctrica que daban entrada al tema Por el amor de una mujer.  Sonreí como el Pájaro Loco, cuando me percaté que consciente o inconscientemente no intercambiamos ni teléfonos ni correos electrónicos.

 

3 comentarios

Archivado bajo Mùsica, Nicaragüense

3 Respuestas a “Los hombres no deben llorar por el amor de una mujer


  1. Gracias por esta lección de historia musical.

    Lamentablemente muchas mujeres -quizás la mayoría- no interpretan el llanto de un hombre como parte de su gran sensiblidad, no asumen que un hombre sensible es solidario y más comprensivo con el mundo femenino. Lo toman como cobardía y no quieren cobardes en sus vidas sino fuertes que las protejan, lo que al final suele derivar en “protección”, machismo a ultranza. Es común escuchar que a un niño que llore se le diga :”los hombres no lloran, parecés mujercita” Creo que algunos hombres esconden su naturaleza bondadosa y cariñosa con formas violentas para “no parecer mujer” Este status quo me entrsitece porque de ota manera el mundo caminaría mejor.

    Saludos

  2. Sonia Cruz Siles

    Interesante historia.

  3. Marco Antonio

    Qué bueno. yo aun escucho esta música que a mi parecer es la mejor… creo que el llorar para un hombre no es acto de cobardia, sino de sensibilidad y sentimentalismo.

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