El Pío Quinto

Pio Quinto

El siglo XVI fue un tiempo doloroso para Nicaragua.  Era todavía un pueblo en busca de una identidad.  La población indígena, sometida, castigada e impuesta a la voluntad de los conquistadores debía aguantar, con resignación, todos los vejámenes que llegaban a la mente enferma de Pedrarias Dávila.  La población española, soñando con su tierra, con sus falsos blasones y sintiendo en sus conciencias el triste papel de cómplices en todas las atrocidades cometidas en contra de los indígenas.   Aunque Pedrarias “El Furor Domine” murió en 1531, todavía la historia de violencia y traiciones todavía no terminaba, pues años después sus nietos, los hermanos Hernando y Pedro Contreras, se alzaron contra la Corona y en su intento asesinaron al obispo Valdivieso.  Para la población nicaragüense de ese entonces, este hecho fue algo inconcebible, abominable.

Fue hasta la segunda mitad del siglo XVI que una relativa calma se estableció en el territorio nacional.  El gobierno del país estuvo un tanto a la deriva, de acuerdo a los cambios que de acuerdo a cierta bipolaridad de la Corona pasaban a depender de la Audiencia de los Confines (lugar que nos hace imaginar algo relativo a Macondo) hasta el Gobierno de Veragua, Castilla de Oro, Costa Rica o de Panamá.

En el año 1566 fue nombrado Gobernador de Nicaragua don Alonso de Casaos, en sustitución de don Juan Vázquez de Coronado quien no pudo ocupar su cargo debido a su súbita muerte.  Este nombramiento vino a calmar los ánimos en el territorio.  Para diciembre de ese año, la comunidad de León, decidió realizar un festejo para recibir formalmente y presentar sus respetos a don Alonso.  Algunas damas españolas fueron encargadas de preparar el menú, con los pocos ingredientes que pudiesen conseguirse localmente.  Alguien con ciertos conocimientos de los gustos de don Alonso recomendó a las damas que tendrían que poner todo su empeño en el postre, pues el Gobernador era un amante de los dulces.  Así fue que encargaron a doña Juana Lazo de Figueroa que preparara un postre digno de la ocasión.   Doña Juana fue una de las pioneras de la nouvelle cuisine criolla, pues se especializó en adaptar ingredientes nativos a las recetas del viejo mundo.  Uno de los experimentos que más habían tenido suceso fue una variante de las natillas españolas y que por su vaga similitud con el atol de los indígenas fue bautizada posteriormente como atolillo.   Otro de los postres que habían tenido éxito fue la versión local de los pasteles envinados españoles.  En este caso, en virtud de que para ese entonces la harina de trigo era un bien suntuario y por demás escaso, había experimentado con pinol de maíz, de tal forma que llegó a hornear un remedo de la torta de pastel, con una consistencia un tanto más áspera y un sabor también diferente, al cual llamaron marquesote.  Con una miel combinada con aguardiente se bañó el marquesote formando lo que luego se llamaría sopa borracha.

Doña Juana pensó que sería un postre de gala la combinación de la sopa borracha con una capa externa de atolillo.  Puso manos a la obra, consiguiendo primero todos los ingredientes, con la tremenda suerte que una de las damas cooperó con una botella de brandy de Jerez.  Así fue que con  toda una troupe a su servicio empezó la preparación del nuevo postre.

La noche de la cena, se reunió lo más selecto de la ciudad de León y después de los saludos y conversaciones intrascendentes se pasó a la cena.  El Gobernador se mostró frugal con los platos de la entrada consistentes en puchero, carnes de venado, gallinas y demás delicatesen de la época y lugar.  Cuando se sirvió el postre, el Gobernador se mostró con cierta curiosidad pues había sido advertido que tenían un platillo que sería inolvidable.  Cuando le llevaron el postre, impacientemente lo probó y suspiró profundamente entornando los ojos y exclamó un largo: Mmmmmmmm.  Luego expresó:  -Delicioso, -quisiera conocer a la agraciada dama que lo preparó.  Fueron por doña Juana quien con una reverencia se presentó ante el Gobernador.  -Señora mía, dijo don Alonso, -la felicito, desde que dejé la Madre Patria no había probado manjar alguno con un sabor tan delicioso. -No obstante, tengo una curiosidad, ¿cómo se llama esta obra de arte?  Doña Juana sonrojó y quedó pensativa un instante y luego sin vacilar le dijo: Pío Quinto, Su Excelencia.  Ah, dijo el Gobernador, como el nuevo Papa, interesante.

En enero de ese año, después de la muerte de Pío IV, fue nombrado para la silla papal Antonio Michele Ghiselieri, quien para no quebrarse la cabeza buscando un nombre novedoso, se decidió por tomar el de su predecesor y de esa manera se llamó Pío V.   Este papa era un hombre lleno de contradicciones.  Por un lado, previo a su papado ocupó el cargo de Gran Inquisidor, sin embargo, dicen que prohibió el banquete que se ofrecía en honor al nuevo papa, debido a que había mucha pobreza en la ciudad de Roma en ese entonces.  Durante su papado luchó denodadamente contra la Reforma Protestante que había iniciado en Alemania Martín Lutero.  Mediante una bula, decretó la supremacía de la iglesia romana y la figura papal, sobre todos los poderes civiles de la tierra.  Por otra parte, a través de otra bula, prohibió la tauromaquia, declarándola un espectáculo vergonzoso y sangriento, digno de demonios y no de hombres.  Era un tanto contradictorio que se lanzara con tanto empeño contra las corridas de toros, cosa que estaba bien, sin embargo, no tuviese un concepto igual sobre la santa inquisición, tal vez más sangrienta y vergonzosa, en donde mediante las más crueles torturas hacían que un hereje saliera declarando que creía hasta en Santa Claus.

Sin embargo, lo interesante es que después de observar estos eventos, no se encuentra ningún conectivo lógico entre el postre de doña Juana y el papa Pío Quinto.  Lo cierto es que a mediados de ese año, llegó al nuevo mundo la noticia del nuevo papa, ya ven que en esa época las noticias viajaban con una lentitud anonadante, no como ahora que el propio papa tiene Twiter y sus reflexiones son obtenidas en tiempo real por sus seguidores.

El caso es que al escuchar el nombre del nuevo papa, doña Juana quedó embelesada.  Le cayó como se diría después: pan de rosa.  De esa forma, el nombre de Pío Quinto quedó revoloteando en su mente, asociado con una dulzura especial, más por lo de Pío que por lo de Quinto, nombre que tal vez no tendría la misma asociación en la Nueva España.

Por eso cuando el Gobernador agarró a doña Juana fuera de base con el nombre del postre, no le fue difícil hacer un bautizo express y llamarlo Pío Quinto, nombre que quedó para la posteridad, pues este es uno de los postres más representativos de la gastronomía nicaragüense y tradicionalmente se sirve en la cena de Navidad.

Lo cierto es que en todo Mesoamérica se encuentran postres similares, sin embargo, no guardan esa extraña fusión entre las cocinas española e indígena, al no elaborarse el marquesote con pinol, sino con harina de trigo.

Dicen por ahí que en gustos se rompen géneros, de tal forma no existe una receta que pueda considerarse original.  En cuanto al marquesote, circulaba a mediados del siglo XX, la creencia que las mujeres afrodescendientes tenían una mano única para elaborar un marquesote de sabor inigualable.  Hay personas con un paladar tan sensible que pueden distinguir la calidad y procedencia de esta torta.  Sobre el almíbar o miel que se vierte sobre el marquesote, también depende del gusto y presupuesto, desde quienes utilizan el democrático alcohol puro o guarón, hasta quienes se ufanan de emplear un ron añejo e incluso whisky.  Habrá desde luego alguna dadora a creer que afirme que utiliza Coñac XO.   El atolillo es dijéramos la puerta a la calidad del Pío Quinto pues al estar en la capa de encima, vaticina la calidad del postre en su totalidad.  Aquí también la tradición marca ciertas variantes, desde quienes utilizan solo arroz en su elaboración, hasta quienes utilizan harina de maíz o maicena.  Lo cierto es que el arte de espesar el atolillo no es para cualquiera.  Algunas viejas malbozaleadas afirmaban que se espesa a punta de huevo, pero no es que el postre lleve postura alguna de gallina, sino que a través de constantes y firmes movimientos del brazo de quien lo prepara.  Los conocedores del postre saben al primer golpe de paladar si ha sido espesado con un exceso de maicena o a punta de huevo.

Muchos nicaragüenses tienen arraigado muy en el fondo de sus paladares el sabor inigualable del Pío Quinto y cuando han pasado un buen tiempo en el exilio, cuando lo vuelven a probar es inevitable que una lágrima ruede por sus mejillas.  Sin embargo, lo cierto es que es un postre para gente con una salud de hierro, en especial en lo relativo al páncreas, pues su índice glucémico se eleva al cielo.

Si usted tiene la oportunidad y puede darse el lujo, no omita en su cena de Navidad este singular postre y al saborearlo,  siéntase, sin ninguna aprensión, como si fuera el propio Gobernador don Alonso de Casaos cuando saboreó por primera vez este extraordinario postre y repita con la dulzura con que lo hacía doña Juana Lazo de Figueroa:  Pío Quinto.

6 comentarios

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6 Respuestas a “El Pío Quinto

  1. ¡Bienvenido, que sigás mejorando! Muchas gracias por esta excelente lección de historia🙂

    Saludos ♥

  2. Deliciosa y muy interesante lectura Orlando! Hasta se me hace agua la boca! El sabor del Pio Quinto es unico, y me recuerda a mi amada Nicaragua, tan dulce como este delicioso postre. Tambien me recuerda a mi abuelita Panchita, la mama de mi papa, que era experta en preparar el marquesote y tambien “la tortilla dulce”. Me has traido a la mente lindas memorias que se quedaron grabadas en mi mente per secula seculorum. Muchas gracias! Keep it up!

  3. A. L. Matus

    Muy bonito reportaje sobre este postre clásico tan nicaragüense. Está muy bien ubicada la historia, así como los orígenes del postre. Felicidades y cuídese mucho.

  4. Gustavo

    Excelente nota. Divertida e instructiva; como debe ser. Me recuerda el chiste del campesino de Moyogalpa que fue a bautizar a su niño y cuando el cura le preguntó que como le iba a poner dijo:”Yuca Tigre 28.” El cura sorprendido le dice, “pero eso es una locura!” y el campesino le responde, “No padre, yo se de alguien que se llama Papa León 13!”

  5. Salvador

    Como siempre profe…Tanto el Pio V, como su relato estan llenos de miel, de exquisita dulzura para pasar un buen rato degustandolos y pensando que en Nicaragua tenemos excelentes postres y buenisimos escritores….

  6. Martha Lorena Rivas

    Primero que nada agradecerle lo interesante de la historia, y como influye en la cocina cirolla, porque nos hace ver la creatividad de una persona que responde a una necesidad. Luego felicitarlo por generar interés y curiosidad. Bendiciones.

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