Sin final

Es inevitable que la nostalgia que brota del fondo de nuestro ser al recordar la vieja Managua, sea una constante en la vida de todos aquellos que el destino nos ubicó en los años maravillosos en que la capital vivía los últimos suspiros de una dorada etapa.

Hay colores, sabores, aromas que inmediatamente nos remontan a un momento, alguna calle, a ciertas personas, a una que otra casa o bien, al ardiente asfalto que hacía resbalar nuestros pasos.  Sin embargo, lo que más fácilmente nos lleva a ese mundo es sin duda alguna la música.  Fueron tantas melodías las que sirvieron de marco a singulares episodios en nuestras vidas, que al escucharlas de nuevo, nos llevan de la mano a un mundo que se antoja ahora casi fantasmagórico.

Si tuviera que hacer una selección de melodías que invariablemente están arraigadas a las circunstancias de aquella incomparable ciudad, no dudaría en incluir un tema que resonó innumerables ocasiones en el ambiente citadino y es la canción italiana Sin final (Senza fine).

Cuando me trasladé a Managua a inicios de 1967, presentaron en el Ruiz, si mal no recuerdo, la película El vuelo del Fénix, una de las últimas de James Stewart, en donde además actuaban Ernest Borgnine, Hardy Kruger, Peter Finch,  George Kennedy, entre otros y cuyo argumento se refería a un avión que cae por un desperfecto en el desierto del Sahara y en medio de un turbulento drama, se las ingenian para construir otro con las partes del avión original y al final logran despegar los sobrevivientes y llegar a un lugar seguro.  El tema musical de la película, en ese momento no impactó en toda su dimensión.  Se había encargado al grupo The Brass Ring (Los Anillos de Bronce) realizar una adaptación al tema Senza fine del italiano Gino Paoli, con el estilo que en esa época se conocía como el Sonido Tijuana Brass, desarrollado por el trompetista norteamericano Herb Albert.    Asimismo, en un pasaje aparece la voz de Connie Francis resonando desde un radio de transistores, interpretando la misma canción bajo otro ritmo, más parecido al original italiano, mientras uno de los tripulantes que agoniza se deleita con la suavidad de la melodía.    Salí del cine sudando como un beduino, pero con el sabor de una buena película y para ser sincero, no me quedó grabado el tema musical.

Poco tiempo después, llegó a las radiodifusoras el tema Sin Final de Los Anillos de Bronce y se apoderó por un buen tiempo de las preferencias de la audiencia nacional, junto con otros éxitos como El Tema de Lara.  Es curioso que en el mismo álbum de Los Anillos de Bronce, la canción se conoce con el nombre Tema de amor de El vuelo del Fénix, aunque en la película no aparece ninguna mujer y no hay por lo tanto ninguna escena romántica, más que el moribundo abrazando el radio mientras canta Connie Francis.  A propósito la versión de Connie Francis nunca llegó a escucharse en las ondas hertzianas nacionales, sin embargo, llegó de México una versión cantada en español interpretada por un grupo llamado Los Dominic´s.  Este grupo había interpretado el tema Dominique de Sor Sonrisa y obtuvo cierto impacto en México y luego se coló en los hit parade con el tema Sin Final, sin embargo, al poco tiempo se separó el grupo.  Lo único bueno del tema de los Dominic´s fue que la audiencia conoció una letra en español del tema, aunque no tan fiel a su original en italiano.  De la misma forma, llegó otra versión, un poco más guapachosa que la de los Anillos de Bronce a cargo del músico tico Solón Sirias y su grupo Los Tinajas Brass.    Un par de años más tarde, el maestro Juan Torres incluyó en uno de sus álbumes su versión para órgano, muy bien lograda, de ese mismo tema.

El caso es que la versión original de Gino Paoli, nunca llegó a los oídos del auditorio nacional, mucho menos la historia involucrada con ese precioso tema.  Paoli era un compositor italiano que a inicios de los años sesenta logró imponer algunos temas en las preferencias del público de ese país, entre ellos Senza fine, que apareció con buen suceso en 1961.   A estas alturas del partido la historia de la canción se ha convertido una leyenda pues algunos afirman que la escribió pensando en Ornella Vanoni, actriz y cantante, muy sexy por cierto, que empezaba a cobrar fama en Italia.  Otros aseguran que la canción fue escrita por los dos y que había surgido un romance entre ellos.  No obstante, está documentado que la Vanoni se había casado en 1960 con el empresario Lucio Ardenzi y en 1962 nació el hijo de ambos, Cristiano.    Por otra parte, en 1962 Paoli tuvo una relación con la actriz Stefania Sandrelli, producto de la cual nace su hija Amanda.  En 1963 Paoli lanzó su tema Sappore di sale (sabor a sal) que algún tiempo después llegamos a escuchar en Nicaragua y que según allegados al artista se la dedicó a la Sandrelli.

No se conocen muchos detalles sobre los motivos que orillaron a Gino Paoli a intentar quitarse la vida, disparándose una bala en el corazón, la cual que erró y permitió salvarle la vida, sin embargo, fue imposible sacarle la bala, misma que le quedó alojada en el pecho para toda la vida.  Más romántico no pudo haber estado el asunto.  Paoli se desapareció por una década, reapareciendo luego y retomando su carrera musical, con bastante éxito, incluyendo trabajos con su hija Amanda.  Descubrió y lanzó al estrellato nada más y nada menos que al recordado Lucio Dalla.   Entre 1987 y 1992 participó en política llegando a ser diputado por el partido comunista italiano.

Lo más interesante es que en el 2004 regresa Paoli a trabajar con Ornella Vanoni para grabar un disco de temas inéditos y coincide con la publicación de un libro escrito por Enrico De Angelis llamado “Nosotros dos, una larga historia”.  Luego, ambos artistas salen en una gira por toda Italia la cual es considerada como todo un éxito al lograr llenar todos los auditorios en donde se presentaron.  De rigor, el tema que predomina en la gira es desde luego Senza fine, en un dueto bastante bien logrado y en donde mientras la Vanoni mantiene su melodiosa voz de siempre, se nota que Paoli mejora sensiblemente el tono de su voz respecto a su versión original. Es impresionante el video, pues la pareja, septuagenaria entonces, irradia un gran romanticismo al interpretarla.

Para finalizar confieso que yo prefiero la versión de los Anillos de Bronce, por todo lo que representa en mis recuerdos de la vieja Managua.  Así pues, de vez en cuando en la madrugada, al ejercitarme con un poco de spinning, en la penumbra del improvisado cuarto de ejercicios, en el reproductor de MP3 de manera aleatoria aparece ese tema, cierro los ojos y me parece pedalear por las calles de aquella ciudad y al igual que Paoli, siento algo que está alojado en el pecho.

2 comentarios

Archivado bajo cine, cultura, Mùsica, Nicaragüense

2 Respuestas a “Sin final

  1. A. L. Matus

    Muy bonito artículo, aunque en mi experiencia personal hubiera escogido “Ciudad solitaria”. Fue una lástima que la segunda versión de El vuelo del Fénix, no alcanzara el nivel de la original. Bien hubieran realizado una adaptación moderna del mismo tema musical. Hasta el Dr. House aparece ahí. Saludos


  2. Muy interesante artículo.

    Saludos, feliz fin de semana.

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