Si me han de matar mañana…

El pasado 22 de agosto a la edad de 58 años falleció en su casa de Wiltshire, Inglaterra, Tony Nicklinson; según el acta de defunción correspondiente, de causas naturales.  Para usted apreciado lector, es probable que este nombre no sea nada familiar y su caso le sea tal vez completamente desconocido.

Tony Nicklinson, ciudadano británico, jugador de rugby en su juventud e ingeniero de profesión, era gerente corporativo de una importante empresa de construcción con sede en Dubai.  En 2005 se encontraba en gira de trabajo en Atenas cuando sufrió un accidente cerebrovascular que lo dejó prácticamente atrapado en su cuerpo, sin poder moverse, ni hablar; estado que se conoce como el “Síndrome del encierro”.  Aprendió a comunicarse a través de sus ojos, con la ayuda de un tablero y una computadora que mediante un software especializado, emulaba su voz con las frases que trasladaba desde el tablero.  Desde 2007 se negó a tomar medicamentos para alargar su vida, tan solo recibía aquellos que mitigaban su dolor.

Los últimos meses de su vida, luchó para que el Tribunal Superior de Londres autorizara que alguien, su esposa o un médico, le ayudara a morir, sin enfrentar posteriormente un proceso con cargos por asesinato.  En esa lucha, con la ayuda de su hija abrió una cuenta en Twiter, que alcanzó miles de seguidores y en la cual consignó expresamente que quería acabar con su miserable e intolerable existencia.

A mediados del pasado agosto, el Tribunal Superior de Londres se pronunció respecto al caso, negándole el derecho a una muerte digna, alegando que autorizar a alguien más para que le ayudara a morir supondría un cambio drástico en la legislación británica sobre el asesinato.  La noticia del fallo devastó a Tony y después de algunos días falleció.  La policía declaró que estaba de acuerdo con el dictamen de muerte natural y no realizaría investigaciones al respecto.

En diciembre de 2006 la muerte asistida del italiano Piergiorgio Welby, con la ayuda del doctor Mario Riccio, también puso en la palestra el debate mundial sobre la eutanasia.   Welby estaba conectado a un respirador artificial desde 1997, pues padecía distrofia muscular y no podía mover ningún músculo de su cuerpo a excepción de sus ojos.   Riccio declaró que había aceptado la voluntad del paciente de morir, sin embargo, los sectores más radicales italianos presionaron para que enfrentara cargos ante la justicia italiana.   Posteriormente se supo que una jueza determinó que el doctor Riccio no cometió delito al desconectar el respirador de Welby, pues rechazar una terapia sanitaria no deseada era un derecho reconocido en la constitución italiana, así pues no se trataba de un caso de eutanasia, sino de un paciente que rechaza una terapia.

Así como estos dos casos, existen cientos en los cuales enfermos con padecimientos que le producen una calidad de vida más que precaria, luchan, más que por salir de su condición, por una muerte asistida, sin embargo, se enfrentan a un muro que disfrazado de apreciaciones éticas los condenan a existencias miserables e intolerantes como lo calificó el propio Nicklinson.

El tema de la eutanasia provoca tremendas contradicciones en una sociedad que clama por libertad y el derecho a alcanzar la felicidad y que por otra parte impone barreras a ese derecho, a través de legislaciones que no precisamente responden a ese clamor de la sociedad.   La clave en este asunto, es definir de manera objetiva cuáles son las fronteras en la cual debe moverse un ser humano en el ejercicio de su libertad y el derecho a ser feliz.   Una de las manifestaciones primordiales de este derecho es la dignidad tanto en la vida como en la muerte.

A pesar de los avances en la medicina y mayores posibilidades para pacientes con enfermedades que antes se consideraban incurables, el hecho es que todavía existen padecimientos que provocan situaciones extremadamente dolorosas para quienes las padecen y flagelan a los pacientes y a sus familiares, con estados vegetativos o agónicos extremadamente largos o dolorosos y no se diga onerosos.

Si bien es cierto, algunos pacientes aceptan de manera estoica el dolor o en su defecto, en casos de estados vegetativos de los mismos, sus familiares asumen de manera egoísta que el dolor que éste padece es irrelevante ante el hecho de tenerlo todavía “vivo”, también existen enfermos que anteponen su dignidad ante esta situación y prefieren poner fin a su vida antes que continuar en una situación lamentable o bien sus familiares, con esta misma visión deciden por él que esta es la mejor salida.

Lo triste del caso es que la sociedad proscribe la práctica de la eutanasia por consideraciones más religiosas que éticas, en un tema en donde, con todo respeto, la religión no tiene nada que ver.  Lo anterior, con el agravante de que en muchas religiones, los intermediarios han desvirtuado la filosofía que dio origen a las mismas, en las que debería prevalecer el amor y la libertad y las han transformado en prácticas basadas en el masoquismo, en donde a mayores dosis de dolor en esta vida, existe una mayor recompensa de placer en la otra vida.

Desde mi punto de vista, es necesario continuar un debate serio y responsable sobre el tema de la eutanasia, a fin de que cada legislación permita que todo individuo pueda ejercer su derecho a elegir, en caso de llegar a una situación de salud que no le permita llevar una vida digna.  Ya sea que quiera aceptar esa situación y esperar pacientemente su muerte o quiera solicitar ayuda para morir dignamente, o en los casos en que su estado no permita al individuo expresar su deseo, que los familiares más cercanos ejerzan dicho deseo.

Actualmente, existe dentro de la práctica médica lo que se conoce como declaración de voluntades anticipadas, que consisten en instrucciones precisas, elaboradas con anticipación por parte de una persona y que le permite dar instrucciones con relación a sus preferencia en cuanto a los cuidados que les gustaría recibir o no, si padecen de una enfermedad o lesión de carácter mortal y en ese momento no estarían en condiciones de expresar su voluntad.  Esta declaración abarca la voluntad respecto a procedimientos de resucitación o reanimación (RCP), alimentación vía artificial, transfusiones, etc.  Este procedimiento podría ser ampliado a prácticas que permitan a una persona dejar claramente establecido en qué condiciones no tendría ninguna voluntad de seguir viviendo y dejar la puerta abierta para obtener asistencia para lograr una muerte digna y que la persona que lleve a cabo su voluntad no tenga que enfrentarse a la hipocresía de un sistema, tal como se maneja ahora.

Muchas personas no piensan en la muerte, es más, en su soberbia llegan a creer que son inmortales y que se trata de un evento remoto en el cual no hay que pensar.  Otras personas sueñan con tener una muerte apacible, en donde después de tener la oportunidad de despedirse de sus seres queridos, se le cierren los ojitos y te fuiste Marcelino.  Yo tal vez soñaría en morir de aburrimiento de tener tanto dinero y no saber en qué gastarlo.  Sin embargo, la vida es traicionera y no nos deja ni un asomo de cómo será nuestro fin.  Puede ser que de este enjambre de sismos se desprenda una catástrofe que no nos deje decir ni pío; no obstante tampoco hay que descartar que un día, sin más ni más, como en el caso de Tony, un accidente cerebrovascular, una caída, una colisión, un virus o cualquier otra eventualidad, lo puede mandar a uno a un estado de coma y ahí se inicia un calvario que nunca termina de manera feliz.   Por eso, insisto que el debate sobre la eutanasia debe ser un tema que hay que tomarse con seriedad y premura, para llegar a situaciones que garanticen el bienestar de los seres humanos ante ese desenlace tan inevitable que es la muerte.   Después de todo, como dijo alguien por ahí: El derecho a la muerte no es la antítesis del derecho a la vida, sino su corolario.

1 comentario

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Una respuesta a “Si me han de matar mañana…

  1. Edwing Obando

    Bárbaro, excelente ensayo maestro. Un asunto serio siempre abordado con un fino hilo de humor. En lo personal, mi esposa y yo ya hemos hablado de esas instrucciones precisas por escrito en caso de condiciones de discapacidad y dolor extremo. Incluso, a la par de este debate, vale la pena discutir todos los pro y contras de la donación de órganos. Quisiera que hubiese una legislación en Nicaragua para así con nuestras muertes poder darles una esperanza de vida a alguien que necesite nuestros organos. Felicidades y saludos. Edwing Salvatore Obando.

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