Plática de presos

Hay una expresión muy nicaragüense, un tanto caída en desuso tal vez, pero que es muy ilustrativa.  Cuando una conversación entre dos o varias personas cae en el ámbito de la intranscendencia o se eleva al terreno onírico de la fantasía, se dice que es una “plática de presos”.  Debe ser que cuando las personas se encuentran en prisión, purgando una sentencia o sirviendo tiempo como dicen los agringados, son proclives a sostener pláticas que al darse en una atmósfera en donde el tiempo y el espacio adquieren otra dimensión, tienden a disiparse y apartarse de la realidad.  De esta manera, los privados de libertad, como señala lo políticamente correcto nombrar a estos desafortunados conciudadanos, inician conversaciones que de repente pareciera una interpretación de jazz en donde alguien empieza a improvisar y el resto se dedica a seguirlo.

Hace algunas décadas era muy frecuente su uso para denominar una conversación que había perdido el rumbo y divagaba en lo etéreo de la levedad.  Asimismo, cuando se conversaba en torno a planes que de antemano se conocía su imposibilidad de realizarse y cuando alguien se percataba de la situación y reclamaba, el otro tranquilamente le respondía: -Estamos platicando, ¿o no?

Tal vez la expresión equivalente en el resto del mundo, aunque con un cariz un tanto diferente es aquella de “discusión bizantina”, que se utiliza para nombrar a una discusión larga y que no conduce a nada, por el carácter del tema de la discusión o por los argumentos que se utilizan y se llama así por las famosas discusiones que se originaban en Bizancio, en el imperio romano de oriente, en donde a todos los niveles se originaban este tipo de discusiones que casi siempre finalizaban con actos violentos.  Un ejemplo clásico de lo anterior eran las discusiones en torno al sexo de los ángeles, en donde los partidarios de que los emisarios divinos eran varones, se enfrascaban en agrias disputas con quienes porfiaban de manera acérrima que eran mujercitas o incluso con quienes sostenían que eran hermafroditas.

La diferencia entre la discusión bizantina y la plática de presos radica en que en esta última aquellos que intervienen, de antemano tienen la conciencia que no tienen la razón o que sus planteamientos carecen completamente de veracidad o realidad, entonces el desarrollo de la plática ocurre en una atmósfera de plena aceptación de estar divagando y el único propósito es matar el tiempo.

Esta expresión a nivel de acusación ocurre frecuentemente en política, en los casos en que alguien quiere descalificar a sus adversarios y considera que los planteamientos utilizados en un diálogo están tan desapegados de la realidad, que no merece más que llamarla una plática de presos.

Traigo a colación esta original expresión debido a que en los últimos años pareciera que la televisión ha buscado diversidad en su oferta a través de programas que padecen del síndrome de la plática de presos.  En su concepto original el Talk Show se basaba en la interacción de un presentador con invitados, generalmente celebridades del mundo del espectáculo, la política, los deportes, la literatura, entre otros.  En dichas entrevistas, bajo el estilo de cada presentador, se profundizaba sobre la carrera o la vida personal del invitado, dentro de los límites que este último imponía.  También estaba el formato de debates, en donde varios invitados, expertos cada quien en determinado tema, planteaban su punto de vista y dependía de la astucia del presentador/moderador para conducirlos hacia conclusiones enriquecedoras.

Luego, estos programas dieron un vuelco al introducir como tema de un debate a riñas familiares, historias de infidelidades, paternidades irresponsables, acosos y demás temas que en un tiempo las buenas costumbres recomendaban, al igual que la ropa sucia, lavarlas en casa.  En algunos casos los debates se tornaban violentos de tal forma que se introdujeron guardas de seguridad para apartar a los contendientes.  Al final se dieron declaraciones alrededor de supuestos pagos a personas para llegar a fingir los casos.  – ¡Que pase la desgraciada!

Cuando todos estos formatos se fueron abarrotando y agotando, surgió la idea de sentar a un grupo de celebridades a conversar, de manera desenfadada, sobre diferentes tópicos.  En Estados Unidos que fue donde se inició, el programa contó con gentes de la talla de Barbara Walters, Whoopie Goldberg, Rosie O´Donnell, todas ellas multipremiadas y con una clara visión de la realidad norteamericana, de tal forma que “The View”, se ha mantenido en un buen lugar de preferencias en la televisión norteamericana por catorce años, no sin haber caído en algún momento en situaciones que se salieron fuera de control.

Como dice el dicho: “Lo que hace el mono, hace el mico”, así que la televisión mexicana, quien ha padecido de una extrema falta de originalidad, vio en este formato una veta para explotar por más tiempo este tipo de programas y sumó a su interminable lista de bodrios, programas en donde cantantes, conductores, actores y similares, se sentaron a platicar ante las cámaras, cayendo indefectiblemente en la plática de presos.  Lo anterior, a pesar de que con el propósito de no balconear a los participantes, se escogen temas de lo más intrascendente y así se observa a un grupo de barbajanes hablar por una hora de sus aventuras en un inodoro o de las categorías de flatulencias que pueden identificarse.

Retornando otra vez al planeta de los simios, el afán de imitación ha llegado a nuestro país y ya pueden observarse este tipo de programas con insufribles pláticas que no conducen a nada.

Aquí podría interrumpir alguien esgrimiendo el argumento de que existe un control remoto y diferentes opciones, hasta 98 para quienes tienen la suerte de contar con cable.  Sin embargo, en términos reales, esos 60 minutos que se gastan en tiempo de un canal, podrían dedicarlo a retransmitir un programa educativo o algo verdaderamente edificante.

Creo que todo el mundo está consciente que en cualquier momento, algunos tragos platicados pueden devenir en una plática de presos, sin embargo, es algo íntimo en donde los participantes conocen el camino que están tomando y no tienen ningún interés en compartir con nadie sus desvaríos.

Así pues, cuando tengan frente a ustedes un programa de estos en la televisión, recuerden que el control remoto tiene un botoncito, generalmente rojo, que dice Power y que pueden proceder a apretarlo y entablar una amena conversación con su pareja, no importa que entre ustedes lleguen al nivel de plática de presos. O bien, poner un poco de música y disfrutar de un buen libro o de perdida, de algún blog interesante.

4 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

4 Respuestas a “Plática de presos

  1. Oswaldo Ortega

    Hay una frase de Groucho Marx:”La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro.” se refería evidentemente a la programación de aquel entonces nada comparable con el compendio de sandeces que sin rubor ni recato exhiben muchos conductores de programas destinados a confundir a la audiencia.
    Al público no le vendría mal el debate inteligente, la opinión autorizada y formatos que rescaten los valores culturales anquilosados por décadas de adulteraciones y remedos burdos sin otras miras que elevar sus “ratings” de audiencias.
    Muy buen tema y como siempre expuesto en forma inteligente y elegante


  2. Excelente artículo, interesante crítica. Además,magníficos consejos para aprovechar el tiempo:)

    Saludos

  3. A.L. Matus

    Original idea de combinar una reseña de un dicho autóctono con la plaga de esa basura de programas que inundan la programación de la televisión. Felicidades

  4. Eduardo Ortega

    Una forma muy educada de llamar al circo de las sandeces que desde muy de mañana, con el adefesio de Stalin Vladimir, contaminan los espacios de la comunicación. Por si fuera poco todos los canales nacionales, como si fuera una cadena , se esmeran en llevarse el premio a la mejor verborrea. Todo esto es el reflejo vivo de la mediocridad de la comunicación en nuestro país y de la urgente necesidad de nuevas ideas. Excelente.

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