Un matrimonio feliz

Quienes ya tenían uso de razón a finales de los años cincuenta seguro recordarán un programa radial que se trasmitía a medio día a través dela Radio Mundialy que llevaba por título “Un matrimonio feliz”.  Se trataba de las aventuras de un viejo coscolino que en aquellos dorados tiempos calificaban como “rabo verde” y ahora simplemente “maduro interesante”, llamado Cándido Suave, quien era casado con una mujer de un recio carácter llamada Doña Robustiana Roncafuerte.  Don Cándido tenía como amigo y compañero de aventuras a Don Terencio Canales y Doña Robustiana tenía como confidente a Doña Tencha Nacatamales.  La interpretación de la serie estaba a cargo del cuadro de actores de Radio Mundial, llevando el papel estelar José María Morales quien tenía como nombre artístico “Pascual Tibio”, en el papel de don Cándido; Carmen Martínez como doña Robustiana; Aura María Ruiz en el papel de Doña Tencha y no estoy seguro si don Terencio era interpretado por Hugo Hernández Oviedo.

En cada capítulo se presentaba una historia en donde Don Cándido trataba de conquistar a una jovencita a escondidas de Doña Robustiana, misma que al final por angas o por mangas se enteraba de las andanzas de su marido y lo descubría in franganti e indefectiblemente terminaba el capítulo cuando ella lo agarraba a garrotazos, lanzándole toda clase de improperios.

Lo interesante del caso es que la serie tuvo un éxito inusitado en una sociedad que en ese tiempo era extremadamente machista.  Era una época en donde la mujer, en la mayoría de los casos, era un objeto propiedad de su marido, situación que era aceptada por ambos cónyuges, así como por todo el círculo social que los rodeaba.  Eran los tiempos en que no era extraño escuchar a una madre advertirle a su hija: “Cuando el hombre pega, pega en lo suyo, pues el hombre manda en la calle y en su casa”.

De esta manera, el programa presentaba lo que era la excepción de la regla, o por lo menos, un fenómeno extraño pero que no obstante ocurría y que es el del marido oprimido por la mujer.  Esta situación permanecía un tanto oculta, debido a que el orgullo del varón obligaba a callar los atropellos que sufría, al contrario de algunas señoras que lucían las huellas de la violencia intrafamiliar como trofeos de guerra.  La serie radial presentaba pues lo que provocaba humorismo y que de ninguna manera sería considerado como una violación a los derechos humanos.

La moraleja, un tanto cuanto subliminal, es que no importaba cuántas apaleadas le propinaba Doña Robustiana a Don Cándido, este último siempre regresaba a las andadas, por lo tanto, nada detenía a su espíritu conquistador.

Con el auge de la televisión en los años sesenta, muchos programas radiales perdieron audiencia y poco a poco se fueron apagando.  Unos pocos incursionaron en la televisión como es el caso de “Un matrimonio feliz”, pero no tuvo el éxito ni duración del programa radial.  Luego los actores buscaron otras vetas dentro del gran abanico que ofrecía la televisión y así fue que el programa y sus personajes se fueron esfumando dentro del olvido.

Ahora en el siglo XXI, nuestra sociedad presenta un variopinto de correlaciones de fuerzas en los matrimonios, algunos de los cuales son felices, otros dicen que lo son aunque no es cierto, otros admiten abiertamente que no lo son y otros manifiestan que no lo son y no saben que lo son o no quieren admitirlo.  Desafortunadamente el machismo todavía está muy arraigado en nuestra sociedad y se manifiesta de diversas maneras, resaltando la violencia intrafamiliar que es una lacra que flagela a los miembros más débiles de esta célula, en cuyos hogares el pan nuestro de cada día es la “sopa de muñeca”.

No se puede negar que ha habido avances en este sentido y son cada vez más las parejas que logran establecer un equilibrio en donde existe respeto y una plena participación de ambos en las decisiones y responsabilidades de la sociedad conyugal.  Sin embargo, las estadísticas en materia de violencia contra las mujeres es alarmante y lo más dramático es que todavía pervive en parejas que tienen un nivel cultural y económico elevado.  El femicidio todavía consume considerables espacios en los medios de comunicación.

En lo referente a los maridos oprimidos por sus cónyuges, es un fenómeno que todavía sigue ocurriendo en el país, aunque bajo diferentes facetas.  Existen aquellos que en realidad son víctimas del recio carácter de una esposa dominante que tiene a su cargo casi todas las decisiones del hogar y en algunos casos llega a la violencia física y/o psicológica en contra de su pareja.  Lo anterior, de manera independiente si el varón es el que aporta todo el sustento económico a la familia, una parte o peor aún cuando tiene la mala suerte de estar desempleado y ella es quien mantiene a la familia.

También existen aquellos varones que le dan la “con dulce” a sus parejas, haciéndoles creer que ellas tienen el control de la familia, solo para tener un espacio para cometer sus tropelías con mayor tranquilidad.

En los casos en que los varones oprimidos llegan a ostentar alguna forma de poder, se llega a extremos patéticos.  Tuve la oportunidad de conocer el caso de un par de ministros cuyas parejas tenían una presencia sostenida en sus respectivos despachos, ya fuera determinando el largo de las faldas de las colaboradoras de la entidad, hasta el caso de obligar al domado ministro a despedir a una funcionaria eficiente por el único pecado de ser atractiva.  Cosas veredes amigo Sancho.

En enero pasado fue aprobada la Ley Integral en contra de la violencia hacia las mujeres, que se espera logre acabar, o por lo menos reducir drásticamente este problema, siempre y cuando exista la voluntad política de destinar recursos para aplicarla o para erradicar los vicios de inventar “arrebatos” como atenuantes para este tipo de delitos.  Asimismo, las funcionarias gubernamentales deberán tener la entereza de aceptar las críticas que la opinión pública realice sobre su desempeño y no escudarse en la vacilada de la violencia mediática.

En cuanto a los varones que sufren del síndrome de Cándido Suave, es decir que les dan para “sus puros”, pues no les queda otra que exclamar: -Oh, y ahora ¿quién podrá defendernos?; pues esa ley no aplica para hombres, no existe la defensa propia y todo lo que digan puede ser utilizado en su contra.  Así pues como decían las viejas de mi pueblo, perdón, las adultas mayores: -Sóbese.

 

 

 

5 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

5 Respuestas a “Un matrimonio feliz

  1. Sonia Cruz Siles

    ¡A riesgo de parecer sádica!
    Pero este post me recordo una canción Guns Roses de los 80 que a la letra dice:

    YO SOLÍA AMARLA
    PERO TUVE QUE MATARLA
    YO SOLÍA AMARLA, MM, SÍ
    PERO TUVE QUE MATARLA
    ELLA MALDECÍA TANTO, ELLA ME VOLVIÓ LOCO
    Y AHORA SOY MÁS FELIZ DE ESTA MANERA, SÍ
    ¡WHOA!, AH SÍ

    YO SOLÍA AMARLA
    PERO TUVE QUE MATARLA
    YO SOLÍA AMARLA, MM, SÍ
    PERO TUVE QUE MATARLA
    TUVE QUE PONERLA, OO, SEIS PIES BAJO TIERRA
    Y TODAVÍA PUEDO OÍRLA QUEJARSE…………………………..

    No estoy deacuerdo con la violencia de ningún tipo ….pero hay hombres malos y mujeres malas también.

  2. A. L. Matus

    Muy creativa la forma en que expone las contradicciones que plantea esta nueva ley de protección en contra de la violencia hacia las mujeres. Me parece que esta ley debió estudiarse más profundamente a la luz de la situación actual y de los requerimientos, especialmente en educación, que vive nuestro país. Esta nueva ley es tan miope que si un Cándido Suave esquiva un golpe de doña Robustiana y esta se golpea, el que va a la cárcel es el primero. Absurdo.

  3. F. Molina

    Con esa nueva ley, no es remoto que en breve que el crimen organizado o no, envíe a mujeres a cometer delitos, al igual que lo están haciendo con menores de edad, de esta forma son intocables por la justicia.

  4. Luis Manuel Silva

    La verdad, estimado Orlando, es que actualmente existen muchos “Cándidos Suaves y Dulces” que sufren, además de las apaleadas, violencia psicológica, expresada a través de insultos que duelen más que un golpe en el tronco de la oreja, y muchas “Robustianas Roncafuertes” que gozan de una impunidad digna de un diputado porcino.

  5. Oswaldo Ortega

    En muchas legislaciones cuando se habla de violencia de género la víctima obligada es la mujer aún cuando en la práctica la violencia puede generarse tanto del uno como del otro. Sospecho que la mayoria de los hombres no interprondrian una denuncia por malos tratos aunque la mujer practique en su humanidad el manejo de combinaciones y el lenguaje soez que envidiaría el propio Ricardo Mayorga.
    La historia de los ministros es pasmosa pero hasta no conocer la potencia del gancho de izquierda de sus consortes no entenderemos lo que es la cohersión en la función pública.

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