Via Air Mail

 

Hace unos días tuve que ir al Palacio de Comunicaciones para enviar una tarjeta por correo.  Llegué y ese martirio de encontrar un lugar de estacionamiento que ocurre en tantos lugares de la capital, ahí no tenía cabida, pues todos los espacios estaban disponibles para mí.  Entré en el edificio y me encontré un ambiente lóbrego, como si se tratase de uno de aquellos inmuebles que aparecen en Ciudad Gótica.  Mis pasos resonaron en el recinto como si la soledad amplificara los sonidos.  Sin hacer ninguna fila llegué a la ventanilla del correo aéreo y entregué el sobre a una muchacha con una cara de marmota aburrida quien me indicó que eran diez córdobas, los cuales entregué al instante y procedió a extenderme un recibo y a darme de regreso el sobre, el recibo y dos estampillas, una de siete córdobas y otra de tres.  En otra época hubiera examinado al revés y al derecho cada estampilla, sin embargo, no les puse atención.  Pasé a un espacio del mostrador en donde había una esponja redonda de hule humedecida, con la ayuda de la cual pegué las estampillas y procedí a lanzar el sobre en un depósito que reza: Correo Aéreo.  Me dio la sensación de que el sobre caía en un profundo pozo.   Salí rápidamente del local en medio del ruido de mis pasos, subí al automóvil y tomé haciala Calledel Triunfo rumbo al poniente.  Mientras salía miré aquel edificio y recordé los momentos de gloria del servicio postal.

El Palacio de Comunicaciones fue construido en la primera mitad de los años cuarenta,  e inaugurado bajo la administración de Anastasio Somoza García, siendo entonces el edificio más importante de la ciudad capital.   Según los especialistas en diseño es un claro exponente del Art Deco y el mismo fue obra del Ingeniero Pablo Dambach, de origen suizo, diseñador dela Catedral de Managua, así como del Arquitecto Julio Cardenal.  En 1950 fue el local destinado a la recepción de la boda de Anastasio Somoza Debayle y Hope Portocarrero Debayle.

Mis recuerdos de ese edificio se remontan a finales de los años cincuenta, cuando no era extraño observar un hervidero de gente.  Había en ese entonces, tres o cuatro ventanillas para el correo aéreo, otro tanto para el correo nacional, otras dos ventanillas para el correo certificado y otras más para diversas gestiones, además de las oficinas que se esparcían a lo largo de todo el edificio.  Había que hacer fila para ser atendido en cualquiera de las ventanillas y el movimiento era notoriamente dinámico a cualquier hora del día, pues ahí ocurría casi la totalidad de las operaciones de comunicaciones del país.

Cuando tenía yo unos siete años, estaba muy de moda el uso de las tarjetas postales.  Era la forma más apropiada para enviar un saludo corto, sin emplear sobre y que además llevaba una foto o ilustración de cualquier tema que pudiera considerarse de interés.  Un laboratorio farmacéutico, Squibb si mal no recuerdo, tomó la iniciativa de enviar a los médicos tarjetas postales con fotografías de los lugares más recónditos del mundo, remitidas desde ese mismo lugar con un mensaje que anunciaba que cierta medicina también era empleada en ese lejano país.  Algo mucho más barato que un I Pod.  A mi padre le pareció una buena idea darme esas postales para que yo iniciara una colección, pues en esos tiempos se creía que un pasatiempo elegante era ser coleccionista, de lo que fuera.  En sus viajes mi padre siempre me enviaba postales y mi abuela en México al darse cuenta de mi afición, también empezó a remitir postales de ese país.  Otros amigos de mi padre se sumaron al esfuerzo y así me fui haciendo de una interesante colección.  Años más tarde, cuando mi padre notó que me interesaba en las estampillas y su origen, me animó en que ampliara mi afición a la filatelia.  Para ello me regaló su álbum de estampillas que él había improvisado en sus años mozos en un vademécum de mi abuelo.  Mi padre era un soñador y en su juventud sus libros de cabecera eran “Corazón” de Edmundo de Amicis y “Miguel Strogoff” de Julio Verne.  Luego en una tiendita de oportunidades ubicada en la calle 15 de septiembre, llamada Carmen y Fanny, me compró un álbum filatélico, que tenía impresas en sus páginas las estampillas más representativas de cada país.

En un inicio trabajé con mucho ánimo en mi colección de estampillas, buscando en los lugares más recónditos de la farmacia de mi abuelo todos los sobres que en alguna ocasión contuvieron documentos de las transacciones comerciales que realizaba con diversos países.  Por lo menos tenía una pequeña muestra representativa de cada país.  Con esa afición aprendí mucho más geografía e historia que en los libros de texto.  Me llamaba mucho la atención las estampillas nicaragüenses conmemorativas del viaje del cowboy, artista y viajero Will Rogers que en ocasión del terremoto de 1931, tomó su aeroplano y llegó a Nicaragua con cinco mil dólares de donativo.  Asimismo, por las estampillas llegué a saber que Helvetia era Suiza, Norge, Noruega, Sverige, Suecia, Magyar, Hungría, Polska, Polonia, Suomi, Finlandia, Nederland, Holanda, Belgie/Belgique, Bélgica, Osterreik, Austria, etc.

En una ocasión, siendo ya universitario, buscaba yo recursos financieros para comprar el regalo de cumpleaños de mi novia y decidí, sin dudarlo ni un instante, vender mi colección de estampillas y ahí iba yo como la lechera, distribuyendo los miles de córdobas que me darían: un buen regalo de donde Carlos Cardenal, algo de ropa, discos, etc.  Fui a una esquina frente a donde estaba la agencia de viajes de los hermanos Cuadra en la calle 15 de septiembre y ahí después de observar la colección me ofrecieron algo así como doce córdobas.  En estos dorados tiempos los hubiera mandado al averno, pero yo era muy comedido y les dije que lo iba a pensar y que regresaría.  Supongo que no me siguen esperando.

Cansado y sin ilusiones, como decía la canción, regresé a mi casa y le comenté a mi padre sobre el avalúo de mi álbum y él en un arranque de comprensión me regaló una jaula que guardaba unos pajaritos que parecían de verdad y que en la base tenía una caja musical que tocaba: What the world needs now is love (Lo que necesita el mundo es amor), de Burt Bacharach, que un paciente recién le había traído de los Estados Unidos.   Con eso resolví lo del regalo, pero perdí para siempre la afición por la filatelia.  Poco tiempo después salió aquel chiste de la señora que comentaba con sus amigas: – Mi esposo no sale de la casa, desde que es sifilítico.  –Filatélico, mujer, FILATEEEELICO.   Así pues me desentendí de cualquier colección.

Cuando en 1979 emigré a México, dejé todo, incluyendo mi álbum de estampillas, de tal forma que junto con otras cosas le gustaron a alguien y se lo “recuperó” como decían en esa época.  –Ahí que se queme, como dijo el cura, expresé para mis adentros.

Actualmente,  el sistema postal agoniza entre cada vez más fuertes estertores, pues la tecnología le asestó una estocada mortal.  Nadie encuentra atractivo enviar una misiva por correo que será recibida, en el caso más rápido al día siguiente, o dentro de una semana o dos si es fuera del país, cuando a través de un e-mail, puede lograr que se reciba al instante en cualquier parte del mundo.  El Palacio de Comunicaciones es el último baluarte y amenaza con convertirse en breve en un museo.

Los famosos pajaritos, quién sabe qué fin tuvieron, sin embargo, la canción de Bacharach, con letra de David, pareciera que sigue vigente, pues lo que el mundo sigue necesitando es amor.  Lo único que queda de aquello es el improvisado álbum de mi padre, pues mi hermano Orestes logró rescatarlo de la piñata.  Ese álbum lo guardo con especial cariño, no con fines especulativos, sino como el recuerdo de mi padre, de su cariño y de sus enseñanzas, entre ellas aquella salida del tema de James Bond: “Solo se vive dos veces, una vida para ti y otra para tus sueños”.

5 comentarios

Archivado bajo Familia, Nicaragüense

5 Respuestas a “Via Air Mail

  1. Junta Vecinal Valle Santa Rosa

    Que bello y nostálgico relato por una época dorada ida, por su respetable padre y por su arte sifilítico, perdón filatelico. Saludos. Edwing Salvatore Obando


  2. He vivido lo que vos, en las solitarias oficinas del Correo. Un día quise comprar una postal en una oficina que está allí mismo, pero la empleada no había llegado ese día.

    Yo tuve ese afán de coleccionista y me desmoralicé completamente. Primero, quise coleccionar las de Nicaragua, con catálogos, álbumes, lupas y todo. Cuando me dí cuenta que mi sueño era utópico, requería una verdadera fortuna, opté por las estampillas con imágenes de animales y flores de cualquier parte del mundo ¡! Hasta para el terremoto, aún tenía la idea de que podría lograr algo. Entonces, em el aeropuerto se localizaba a un chino, Víctor, me parece que Fong, no recuerdo bien, vendía los sobres de estampillas surtidas. Después, desistí, definitivamente viendo que se trataba de una tarea titánica $.

    Fue un buen ejercicio, especialmente las alegrías cuando conseguía un ejemplar que me faltaba. Lo bueno de ser joven es que uno puede dejar un entusiasmo sin dificultad cuando surge otro🙂

    Interesante artículo, como todos los tuyos

    Saludos.

  3. A. L. Matus

    La burocracia y la ineficiencia sentaron las bases para que con la nueva tecnología, el fax inicialmente y luego el correo electrónico, le dieran el requiem al servicio postal. La desaparición de este servicio hará que todas las estampillas adquieran un gran valor, así que cuide ese álbum.

  4. Marco Antonio

    La nueva tecnología y la mala administración de Correos mataron al que fuera el todo poderoso servicio postal, aunque no niego que era romántico recibir una bella carta de amor muy bien escrita.
    Saludos Dr. Ortega

  5. Carlos Alberto Campos Vílchez

    Yo soy de San Marcos, el pueblo del padre de mi tatarabuelo y de mi tía abuela Emérita Mercedes Campos Briceño algunas veces ella se firmaba de Escobar por cierto personaje de mi pueblo, que mi padre lo quería mucho y lo recuerda con cariño. Le digo que soy coleccionista de estampillas y le informo que el servicio postal a como le llaman aquí no esta muerto, tal vez se utilizará poco en este país pero fuera de aquí, es pujante, principalmente por el envío de compras por internet, y las estampillas de Nicaragua son muy cotizadas en sitios de venta de artículos por internet. asi que si tiene guárdelas pues hay algunos set que se cotizan por mas de 120 dolares. Yo no le conozco pero he leido algunos artículos de usted en su blog, yo trabaje con Emilio Reyes Roa con algunas iniciativas del museo que esta en la Casa de Cultura, espero conocerle algún día y pueda regalarle otras estampillas.

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