El chelineado

Hace un par de años, una millonaria rusa pagó la bicoca de treinta mil dólares por bailar una pieza con el actor norteamericano Ashton Kutcher.  Un atenuante de semejante dispendio es que se trataba de un baile benéfico en Moscú, a favor de los niños pobres camboyanos.

Es inevitable que esto nos traiga a la mente, aquellos tiempos en que se acostumbraba el “chelineado”, que consistía en una pista de baile improvisada, en donde al ritmo de la música de una vitrola o una roconola, algunas muchachas estaban disponibles para que cualquiera que pagara la módica cantidad de veinticinco centavos de córdoba, bailara con ellas una pieza del repertorio.

El nombre de “chelineado” viene de “chelín” vocablo que se le adjudicaba a la moneda de veinticinco centavos de córdoba, nombre prestado del shilling inglés que equivalía a la vigésima parte de una libra esterlina.  Era un término popular que los puristas del lenguaje no llegaron a aceptar nunca, corrigiendo a todos aquellos que se empecinaban en utilizarlo de manera natural.

Cabe la aclaración que la modalidad de pago por baile no es autóctona nicaragüense, pues desde los Estados Unidos hasta Argentina se encuentran mecanismos muy similares, con la diferencia de que en estos lugares se acostumbraba aún con la música de orquestas que tocaban en vivo, mientras que en Nicaragua, surgió con la ampliación de la música de vitrola o bien de roconola.   En México esta modalidad dio origen a las famosas “ficheras” quienes eran muchachas contratadas por los bares o salones para que además de bailar, acompañaran a los clientes, les hicieran consumir e invitarlas a tragos carísimos, pues supuestamente ellas bebían whisky de malta única y de más de 8 años de envejecido, aunque les servían un vulgar ron que luego, al descuido del acompañante, vertían en una macetera.

El chelineado más antiguo del que se tiene registro en Nicaragua, es tal vez el del legendario “Cuchara” un individuo apodado así por la forma de su boca que semejaba a alguien que está tomando de una cuchara y que vivía en el barrio conocido como Las Latas, junto al Barrio Santa Ana en Managua, quien organizaba bailes en un solar vacío, amenizados por una vitrola y en donde el varón que deseaba bailar compraba un papelito por la cantidad de veinticinco centavos, mismo que era cobrado al iniciar la pieza musical por un colector que recorría el “salón” e iba de pareja en pareja.  Años después cuando don Luis Miranda organizó sus famosos bailongos, bajo otra mecánica, un poco más al estilo de un club obrero, el chelineado de “Cuchara” desapareció, sin embargo, la idea fue replicada en el interior del país.

Es probable aquellos mayores del medio siglo recuerden en sus respectivas ciudades algún chelineado.  En San Marcos, Carazo, era una actividad eventual que se daba para las fiestas patronales de abril y en donde se improvisaba una “pista de baile” ya fuera junto a la barrera de toros o bien en El Retén, en la salida hacia Jinotepe.  Ahí muchos conciudadanos aprendieron sus primeros pasos de danza, al ritmo de alguna canción de Peñaranda.  En La Concha, era una actividad de todo el año y con grupos considerables de muchachas, de tal manera que de vez en cuando se organizaban en San Marcos excursiones hacia esa ciudad vecina para darle rienda suelta al espíritu danzarín.  Cuentan también que en Rivas una señora que además de dedicarse a destazar cerdos, tenía los fines de semana un local en donde funcionaba un chelineado.

En este fenómeno cultural que se dio en todo el país, es importante aclarar que el espíritu del emprendimiento estaba dirigido a satisfacer la demanda de solaz de un sector que de otra manera no tenía la oportunidad realizar esa expresión tan arraigada en el ser humano como es la danza.  Las muchachas que ahí asistían, lo único que alquilaban era su tiempo y su destreza en la danza, ganando un porcentaje de aquel chelín que cargaba el organizador, por bailar con un desconocido, le agradara o no.  También hay que advertir que en algunos casos, los organizadores estaban involucrados en el negocio de la prostitución y algunas de las bailarinas, no todas, eran de “todo tiro a home”, es decir, si alguien le llegaba al precio, podían realizar otros arreglos fuera de la pista.  Algo parecido a lo que manejan como su espíritu los “escort services”, en que se ofrece la compañía de una mujer culta, para algún caballero solitario que guste de la buena mesa, una conversación de altura y desee sacar pecho al lado de una beldad y que en raras ocasiones pueden llegar a otros arreglos.

Una vez llegó a mi casa en San Marcos una señora para ayudar en el lavado y el planchado de la ropa.  Todos le decían Doña Josefina, porque creían que así era su nombre, hasta que un día descubrimos que ese no era su nombre, sino que en su juventud había trabajado en un chelineado y se destacaba bailando aquel famoso Twist de la gallina, que hablaba de una gallinita llamada Josefina que se volvió loca por el twist; así pues, la bailarina desde entonces se hizo acreedora de ese sobrenombre.  Se había retirado del baile, se casó, tuvo varios hijos y para ayudar a la economía familiar, lavaba y planchaba ropa a domicilio.  Al conocer lo anterior, se le pidió disculpas y se le empezó a llamar por su verdadero nombre, aunque cuando en el equipó de sonido de la casa sonaba alguna canción guapachosa, todos disimuladamente se asomaban al lavandero para ver si la señora seguía el ritmo, pero nada de eso trajo el barco, la señora como si no escuchara la música seguía en su afán.

Actualmente, el chelineado desapareció casi por completo del territorio nacional, salvo tal vez alguna excepción muy tierra adentro y seguramente debe costar cinco córdobas o algo así.  Al momento de extenderse el uso de aparatos de sonido en cada hogar y que los bailes dejaron de ser manifestaciones clasistas, fue más fácil que todos tuvieran acceso a lugares en donde pudieran encontrar una pareja para bailar, sin necesidad de pagar, salvo tal vez un cover o un consumo mínimo.  Como dicen, nunca falta un roto para un descosido.  Sin embargo, si en una fiesta observa a un individuo que ya libró el medio siglo y su estilo está entre el sobaqueado y el arrancamonte, no cabe duda que aprendió a bailar en un chelineado.

2 comentarios

Archivado bajo Mùsica, Nicaragüense

2 Respuestas a “El chelineado

  1. Eduardo Ortega

    Por ahí en alguna fiesta patronal se instalan , muy retirados de las actividades religiosas , los famosos “tarantines” con su chelineado , guaro y cerveza barata. El destino final de muchos adoradores de las noches perdidas. Tenés razón , ahora son de cinco a diez pesitos y ya no huele a siete machos con Palm Beach; ahora las bailarinas recien y retiraron su cédula. La música de fondo ha cambiado, ya no se baila aquel “pescado nadador” y “candela verde” es cosa del pasado.
    Excelente , como siempre. Saludos.

  2. A. L. Matus

    Como dicen, de todo hay en la viña del Señor. En el caso de las bailarinas, había de todo, al igual que lo relativo a los masajes, que existen profesionales que se limitan a un servicio determinado y hay otras que aprovechan para ofrecer otros servicios. Muy buen artículo.

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