El quinto jinete

Es la típica sala de espera de un consultorio médico, varias sillas alrededor de la sala, una mesita al centro con viejas revistas desechadas hace un buen rato por la esposa del doctor y en una esquina un escritorio en donde una recepcionista mira al icaco mientras sale el paciente en turno.  De pronto se abre la puerta de la sala y entra una mujer.  Es joven, de unos 28 años, mide aproximadamente 5´8´´ y su cuerpo guarda una medidas no del todo mal:  87-63-91.  Viste elegantemente un traje sastre con una minifalda que resalta sus bien torneadas piernas y sus zapatos con un tacón intermedio, le añaden elegancia a su atuendo.   Trae consigo un maletín enganchado en una carriola que desluce con su vestimenta.  Saluda efusivamente a la recepcionista, cual si fuera una amiga de la infancia y disimuladamente le entrega un paquetito, diciendo: -Tu encargo.  La recepcionista sonríe y le pide que se siente, mientras busca la primera oportunidad para ingresarla con el médico.  Sin volver a ver al resto de pacientes, que valga la redundancia, pacientemente esperan su turno, la joven se sienta y saca de su maletín una Tableta Android, en donde comienza a realizar malabarismos, fingiendo que revisa su agenda.

Para los que no han adivinado todavía, a pesar que haciendo a un lado el maletín cualquiera pudiera confundirla con una Pussycat Doll, se trata de una promotora farmacéutica a nivel cuerpo médico, oficio que tradicionalmente se ha conocido como “visitador médico”, título que no revela los alcances del mismo y que en el caso de mujeres, admitidas en las últimas décadas en ese oficio, plantea un dilema en cuanto a manejar “visitadora médica” o “visitadora médico”.  Se trata de médicos, farmacéuticos, químicos e incluso egresados de turismo que han pasado un riguroso proceso de selección y entrenamiento, con sueldos y beneficios que algunos profesionales envidian.

El tiempo pasa y la visitadora sigue tranquilamente traveseando su tableta, hasta que la recepcionista la llama para que ingrese al consultorio.  El doctor abre la puerta y recibe a la joven, quien siguiendo el protocolo le extiende la mano y le saluda con un apretón que denota firmeza pero que permite adivinar la suavidad de la bien manicurada mano.  El médico la invita a sentarse y ella disimuladamente retira unos centímetros hacia atrás el sillón hasta calcular que el campo de visión del doctor sea el correcto para sus propósitos.  Se sienta suavemente y cruza sus piernas de tal suerte que la minifalda se contrae unos centímetros hacia arriba.  El médico le lanza una furtiva mirada y en su interior se produce un imperceptible quejido tirándole a ronroneo.  Su extensa carrera de cardiólogo le señala que su frecuencia cardiaca ha aumentado de 65 a77, pero no le da importancia.  La visitadora, le clava la mirada mientras recita de memoria el saludo que el laboratorio para el cual trabaja ha preparado de antemano y con la entonación de un vendedor de seguros le informa al galeno que trae una excelente noticia para él y sus pacientes hipertensos.  Como si anunciara la cura para el cáncer, introduce el nuevo medicamento de los laboratorios fulanitos, producto de largas, profundas y costosas investigaciones de los más renombrados científicos en la materia y que se convertirá en el mejor coadyuvante para el control de la hipertensión arterial, con resultados asombrosos y mínimos, casi inexistentes, efectos secundarios.  No menciona para nada el producto predecesor que en breve perderá su licencia de exclusividad para los laboratorios y que significa una reducción de millones de dólares en ventas.  La visitadora continúa con su perorata que incluye la fórmula del nuevo producto y que a fuerza de varias noches de estudio ha logrado memorizar, al igual que la farmocinética y la farmodinamia, además de toda la información pertinente del nuevo medicamento.

Al finalizar su cátedra, le extiende al médico un folleto en papel couché con la literatura del medicamento y una buena dotación de muestras que él guarda inmediatamente en una gaveta de su escritorio.  Por su parte, la joven guarda su circunspección y se relaja en el sillón y comienza a juguetear con sus piernas al estilo Sharon Stone en Basic Instinct, mientras le pregunta al médico qué le parece el producto.  El doctor, que para ese momento siente que la frecuencia le ha subido a 83 y en su mente empieza a sonar aquella canción: “Azúcar y pimienta, clavitos de olor, se muere Micaela, que llamen al doctor”, sin embargo se aclara la garganta y le dice que le parece fabuloso y que la clave de todo está en probarlo.  La visitadora se relaja aún más y comienza a hablarle de música al galeno, quien entusiasmado, pero preocupado por los pacientes que esperan, le manifiesta su gran gusto y afición por la música y entonces la joven como un prestidigitador que saca un conejo de la chistera, de su maletín extrae una cajita y taraaaán, se la entrega al doctor quien presurosamente la abre y se da cuenta que es un Apple Ipod-nano, en su estuche original, obsequio de los laboratorios en cuestión.  El doctor emocionado le agradece a la muchacha, quien se levanta del sillón y le extiende la mano acompañada de una amplia sonrisa.  Cual si estuviera en una pasarela atraviesa la sala de espera, se despide rápidamente de la recepcionista que se prepara a ingresar a un paciente al consultorio y sale a la calle.

Este podría ser uno de los capítulos escondidos del drama que viven los nicaragüenses que desafortunadamente están en manos de los laboratorios farmacéuticos, quienes con la ayuda y complicidad de algunos galenos, le exprimen el bolsillo a un considerable segmento de la población.  Aquí los visitadores médicos, ahora en una gran proporción pertenecientes al sexo femenino, constituyen la influencia básica en el cuerpo médico para orientar sus hábitos de prescripción.  De esta forma los laboratorios se aseguran que sus ventas alcancen cifras estratosféricas.  Uno solo de estos laboratorios alcanza ventas en un año, cuyo valor es el doble del Producto Interno Bruto de Nicaragua.  Los laboratorios en total gastan la nada despreciable suma de 19,000 millones de dólares en promoción de sus productos, así pues se dan el lujo de repartir cerca de 9,000 millones de dólares en muestras médicas y sus visitadores médicos obsequian a los galenos con regalitos por un valor total de 65 millones de dólares anuales.  Mientras las grandes corporaciones, por ejemplo la industria automotriz, tienen márgenes de ganancia de un 5%, las industrias farmacéuticas arañan el 19%.  El salario anual real de los presidentes y ejecutivos de estas grandes corporaciones farmacéuticas tiene más ceros que un examen de admisión parala UNI, de tal forma que el salario del Presidente del Banco Central o del Grupo Pellas, frente a estos gigasalarios pareciera una limosna y no se trata de científicos connotados, sino de estrategas comerciales al servicio de los intereses de los accionistas.  Muchos dirán que todo esto lo resalto de pura envidia, pero no, el problema serio es que todo ese dinero sale del bolsillo de los consumidores, léase enfermos, de todo el mundo.

Horas más tarde, regresando al doctor de Micaela, una señora entra a consulta y lo primero que hace el galeno después de revisar someramente los resultados de los exámenes de laboratorio es tomarle la presión y mientras el baumanómetro registra las cifras sistólica y diastólica, arruga la cara, para demostrar que hay algo preocupante.  No le dice el resultado a la señora, sino que chasquea repetidamente con la lengua y le dice que tendrá que cambiarle el tratamiento para su hipertensión.  Toma un recetario y mirando de reojo la literatura que le entregó la visitadora, copia el nombre de la nueva medicina para la hipertensión, disimuladamente mira la posología recomendada, la plasma en la receta, advirtiéndole a la señora que la revisará de nuevo en un mes, para observar la acción del medicamento.  La señora le agradece al médico, sale del consultorio y se dirige al escritorio de la recepcionista en donde entera el equivalente a 40 dólares, haciéndolo en una mezcla de billetes de 500 y de 100 córdobas, en su mayoría arrugaditos, que revelan el gran esfuerzo de la señora para juntarlos.

Cuando la señora va a la farmacia para adquirir el nuevo medicamento, la dependiente le espeta el precio de un blister para 14 días y la señora siente que se le aflojan las piernas, se le pega un dolor de cabeza en la parte anteroposterior del cráneo y los oídos perciben un fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, sostenido, como de olla express, todo ello indicativo que la presión arterial se le fue, como la deuda con Venezuela, a la estratosfera.  Treinta dólares para el tratamiento de dos semanas, es decir que en un mes, tan solo de esa medicina se le irían un poco más de sesenta dólares.  Si suma el tratamiento para la diabetes y otras más que le había endosado el médico como ipegüe, es probable que no podría costearlo.

En Nicaragua, cerca de 533,218 personas como precisaría acertadamente El Firuliche, padecen algún tipo de diabetes y más de 1.25 millones de personas, tienen algún desorden de la presión arterial.  Una gran parte de esta población fallecerá como consecuencia de estos padecimientos.  En este caso, la investigación de los laboratorios farmacéuticos nunca ha estada orientada a la cura de estas enfermedades, sino al desarrollo de medicamentos para controlarlas hasta cierto punto, es decir que tienen que tomarlos de por vida.  Todas esas empresas están enfrascadas en una carrera hacia descubrir nuevas moléculas, como les llaman, que superen en algo a las actuales, toda vez que en algún momento perderán la patente de exclusividad y el mercado estará abierto a la producción de genéricos, con un precio muy inferior al que actualmente manejan.  Por otra parte, un ingreso per cápita de 2,700 dólares anuales, es decir, 225 lolos mensuales, nos da un panorama de la capacidad real de los nicaragüenses para atender sus necesidades de salud.

Ante esta situación, los médicos deberían jugar un papel diferente ante sus pacientes, considerándolos como seres humanos que tienen una situación de salud y por otra parte tienen una capacidad financiera limitada.  Así pues, el médico debería estudiar a fondo la enfermedad del paciente y de acuerdo a sus posibilidades, presentarle una alternativa de tratamiento que sea costo efectiva, es decir que logre el mayor beneficio al menor precio y discutirla con él.  Hay casos en que un simple diurético podría controlar una hipertensión o una buena dieta bajar los niveles de glucosa en el organismo. Sin embargo, aquí intervienen algunas asociaciones de médicos, de seguro financiadas por estas corporaciones farmacéuticas, que se han dedicado a bajar los índices de normalidad en estas enfermedades, reduciendo por ejemplo de 116 a 100 el nivel de glucosa normal, con el fin de etiquetar al mayor número posible de ciudadanos como diabéticos y del mismo modo las cifras normales de presión arterial con el mismo fin.  Asimismo, los médicos deberían de abandonar esa actitud de rechazo hacia los medicamentos genéricos, ofreciendo a sus pacientes esta alternativa, sin pensar lo que dirán los laboratorios que fueron dueños de la patente.  Aún en el mito de que las medicinas que han sobrepasado su fecha de caducidad, deberían dejar de ser tratadas como veneno, pues se ha comprobado que ciertas medicinas ha mantenido su principio activo 15 años después de su fecha de caducidad.

Deben pensar los médicos que al etiquetar a un determinado paciente como hipertenso o como diabético, de entrada le produce un stress que provocará un círculo vicioso que irremediablemente redundará en una mayor propensión a las enfermedades, agregándole el stress producido por el costo de controlar esas dolencias.  Los médicos deben de dejar de ser agentes de esos laboratorios y recordar aquella parte del juramento hipocrático que dice: “En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos”.

Nos ha tocado vivir tiempos aciagos, en donde una catástrofe mundial nos amenaza a cada instante y penden sobre nuestras cabezas negras predicciones, profecías mayas y soplan vientos apocalípticos, que traen el eco del galopar de los cuatro jinetes y cada quien, de acuerdo a la concentración de THC en su organismo le dará el significado que quiera. Sin embargo, en medio de todos, un quinto jinete, en un hermoso caballo, así como los que tiene Ismael Reyes, en una montura con adornos de plata y alforjas Gucci, vestido de Armani, destaca entre los otros.  Se trata de la industria farmacéutica quien lanzando una sonora carcajada nos dice: “Es la economía, estúpido”.

12 comentarios

Archivado bajo farmacias, Nicaragüense

12 Respuestas a “El quinto jinete

  1. Kenneth Urbina

    Orlando el articulo es certero, mi hijo Kenneth Alberto tiene una distribuidora de productos genericos en Managua recien acaba de regresar de la India y me decia que ya los margenes de los medicamentos genericos han bajado su margen para poder seguir con el incremento de sus ventas ya que las transnacionales ( como se les llama) a los pfizer, merck, novartis, etc han comprado empresas en la India y en China para poder competir con las genericas mismas de la India y al mismo tiempo sus productos son maquilados por ellos mismo en India diferente como antes que solo en Puerto Rico los fabricaban, en USA las empresas gigantescas como Novartis Merck y otros se han dedicado a comprar empresas dentro de los mismos USA fabricantes de genericos para disminuir el gap entre el margen de los eticos ( con marca) y los genericos ya que el diferencial era tran grande que estaban disminuyendo sus margenes, ahroa el gap es tan minimo que cuando llegas a una farmacia enn la union americana por ley te pregunta el farmaceutico Lipitor pero como ya perdio la patente le dice pero tenemos el generico atorvastatina pero el paciente si tiene recursos por el margen minimo decide comprar el de marca, pero en general de todas maneras las farmaceuticas tradicionales no han podido con evitar que sus ventas se bajen por los genericos, es mas ahora tenes merck genericos y tambien tenes los que se llaman genericos de marca para tambien las empresas de genericos de esa forma tambien hacen visita al medico e incrementan su margen, en el caso de pfizer sus productos estrellas de las ultimas decadas, han sido Lipitor, Viagra entre otros asi como medicamentos antisicoticos para otros, este tema es para nunca acabar pero para terminar J&J compro la marca Ethicon de suturas para ellos representa un mercado de 17 mil millones de dolares y actualmente se han dedicado a comprar empresas fabricantes de suturas en brasil las que producen catgut, en china las que producen seda en India las que producen acido poliglicolico etc , saludos y muy buen articulo el tuyo kenneth

  2. Eduardo Ortega

    Cuando quedó al descubierto en México el monopolio que operaba el el señor Saba, dejó claro un margen de utilidad favorable de más del 150% , que se embuchacaba este traficante de etiqueta, a costa de la salud de los mexicanos. Pero este negocio desmedido y poca madre opera cobijado en una legalidad que otorga licencia para lucrarse uno de los derechos mas elementales, como es las salud;negocio que deja a los narcos como simples vendedores de tianguis. Excelente crítica y una predicción que queda para la reflexión, Saludos mi bro.

  3. A. L. Matus

    Como que le echó aceleración al blog. Muy bueno el de la canción de Roberto Carlos. Parece mentira que hay tanta historia alrededor de una sola canción, con varias encrucijadas en el camino. En este de las farmacéuticas combinó un tema serio y alarmante, con el humor que le pone al asunto, de manera balanceada. Me gustó lo de Sharon Stone y lo del THC. Yo opino que al Gobierno le corresponde informar a los pacientes sobre las alternativas más baratas para determinadas enfermedades para que no sean embaucados por estos agentes de las trasnacionales.


  4. Te felicito y te rindo el sombrero por este excelente ¿y por qué no? valiente artículo. Estoy clara de la bandidencia a la enésima potencia de los mercaderes de la salud. Los hay desde los médicos que le dicen a uno que requiere una operación sin necesitarla y si uno cae en la trampa hipoteca o vende la casa y resulta que lo que le extraen es el apéndice que no tenía problemas.

    Es increíble todo lo que ocurre alrededor de los medicamentos. Cuando mi hija estaba pequeña-requirió medicamentos desde sus quince días- yo no acostumbraba fijarme en los componentes. Sin encontrar alivio recurría a distintos médicos que me recetaban ‘distintas’ cosas hasta que por fin llegué al conocimiento que estaba coleccionando medicamentos con la misma sustancia, lo distinto era la marca. El colmo, como mi hija dormía muy poco, un día se me ocurrió al verlo en el super y además haber visto tantas el anuncio me parece que de Nervessa , el asunto es que después de comprada voy viendo que se trataba de difenhidramina, UN ANTIALÉRGICO, que, como la mayoría de estos, produce somnolencia y la anunciaban no como antialérgico sino como sustancia para inducir el sueño.. Otro problema que tuve es el siguiente: a mi hija le habían recetado que cada día se tomara una tabcin para niños. Un día no disponía de una para niños pero sí para adultos. Inventé darle la mitad de una. Y se me puso cianótica. ¿Qué ocurría? Que la tabcin para niños tenía acetaminofén y la tabcin para adultos ASPIRINA, el ácido acetil salicílico es muy malo para los asmáticos. Ahora bien, me pregunto cuántos asmáticos habrán fallecido por tomar AlkaSeltzer cuya letra menuda dice que contiene esta sustancia y se vende tan libremente y es de consumo popular.

    Felicitaciones y gracias por compartir.

    Saludos.

  5. Alfredo Romero

    Me pasaron el enlace para este blog y después de revisar la presente entrada encuentro que esta carece de fundamento documental y no cita a las fuentes de donde tomó la información, lo que pone en duda la veracidad de las cifras que utiliza. Se burla usted además del gremio farmacéutico que por mucho tiempo ha trabajado incansablemente en beneficio de la salud de los nicaragüenses. También trata sin el debido respeto al personal femenino que trabaja en la visita médica. En conclusión no creo que usted tenga elementos para tratar un tema como este.

    • ortegareyes

      Agradezco los comentarios que he recibido al presente post. En realidad esta es solo una de las puntas de un inmenso iceberg en donde choca la salud de tanta gente y que amplió de manera muy ilustrada Kenneth. No incluí lo relativo a la comercialización farmacéutica que es motivo de otro post, incluso más extenso y en donde acertadamente mi estimado hermano Eduardo hace mención de los amplios márgenes que se obtienen en esta parte de la cadena. Tampoco se mencionó lo relativo a la mala práctica de la medicina de parte de algunos médicos, afortunadamente no todos, que también tiene a la población en zozobra, tal como lo expuso claramente Melba en su comentario.

      Respecto al comentario del Sr. Romero, debo aclararle que la ventaja de un blog es que no tiene el rigor de una investigación científica, ni las cadenas que arrastra un artículo periodístico. No obstante, le puedo asegurar que las cifras son ciertas y puede consultar los estudios de IMS Health, del National Institute for Health Care Management, o de Scott Levin Consulting. En lo particular, yo realicé un estudio para la Asociación pro Niño Enfermo Renal, de México, en donde se analizó la incidencia del inmunosupresor Ciclosporina A, de Sandoz, y la correlación que guardaba con la dramática caída de los índices de sobrevida a medida que se los protocolos de trasplante renal aumentaban su uso. Protocolos que extrañamente parecían inducidos por la farmacéutica.

      Respeto mucho al gremio farmacéutico al haber pertenecido al mismo mi abuelo y de quien aprendí la compasión por los semejantes, en particular de quienes padecen una enfermedad. En cuanto al personal femenino, me tomé la libertad de caricaturizar un poco su actuación dentro de la visita médica y agregarle un poco de humor a la entrada, sin embargo, la misión que les imponen las farmacéuticas está muy lejos de la de aquellos visitadores médicos de antaño, quienes se limitaban a aconsejar a los médicos de los productos farmacéuticos que salían al mercado.

    • Señor Romero, ¿es usted el señor Alfredo Romero? Si lo es, discúlpeme la desconfianza. Mi nombre es Melba Reyes y mi cédula nicaragüense es 327 100951 0000Q.

      Estoy segura que el señor Orlando Ortega y la mayoría de las personas conoce medicos honorables, de hecho, si no existieran mi hija estaría muerta desde hace varios años. Yo le podría dar el nombre de la médica ‘reconocida’ que le afectó todos los órganos a mi hija con sobredosis de Rimactane incluso mayores para un adulto teniendo ella apenas once meses; me la trató como a tuberculosa cuando el radiólogo en la lectura de la placa dijo que el problema era de etiología alérgica . Ocurrió cuando yo creía a pie juntillas lo que todos los médicos me decían. Le podría dar el nombre del especialista que durante dos años le recetó Tegretol a mi hermana con la recomendación de que llegara cada tres meses a ‘controlarse’ pagando 50 dólares para volver a recetarle lo mismo. Al no encontrar mejoría recurrimos al Dr. Vanzetti -ya falleció-que con solo los síntomas dijo que se trataba de neurocisticercosis. El cisticerco estaba vivo ¡! y bastó albendazol por un mes para secarlo. Este médico no cobró un centavo.

      Nunca daré los nombres de esos profesionales por un medio público, ¿es menos cierto lo que digo, por eso? No, señor, no es necesario que el señor Ortega nos dé cifras y fuentes porque no es la primera vez que leemos sus escritos, su enlace no es una novedad para quienes estamos acostumbrados a leer sus artículos de profesional serio. Además, no es un secreto de estado lo que acontece con las farmacéuticas.

      Le saludo cordialmente aunque me quedo con el pesar de que quizás no me lea.

  6. Fabiana Arauz

    Con todo mi respeto Sr. Alfredo, usted dice:

    “Se burla usted además del gremio farmacéutico que por mucho tiempo ha trabajado incansablemente en beneficio de la salud de los nicaragüenses”.

    ¿Que el gremio farmacéutico trabaja por el beneficio de la salud de………?
    En verdad prefiero pensar que existe gente inocente todavía en este mundo.

    Excelente investigación Don Orlando “auque no sea científica” es mucho más que asertiva, describe la realidad tal cual es.

    Salud,

  7. Eduardo Ortega

    Sr Alfredo Romero: Como decía Domier:” Mis ilustraciones para muchos pueden resultar exageradas, pero le confieso que es muy difícil intentar plasmar el alma de un corrupto, sin caer en lo grotesco”. Me parece que su intento de crítica es el que carece de elementos inidispensables, sobre todo si se es partidario de que la salud de ser humano, en este siglo, esté en manos de los grandes monopolios y aprendices de padrinos. Este tema , aunque no lo crea, tien siglos de estar en la mira de la gente progresista, le recuerdo que notables científicos como Freud, Reich, Templentohn, por nombrar algunos, fueron vívtimas de la misma industria farmaceútica, los dos últimos fallecieron en la cárcel y sus investigaciones murieron con ellos. Podría seguir con una lista interminable de las grandes causas que esta misma industria ha combatido en defensa de sus centavos, que si pudiera asomarse a las arcas del Señor Sabá en México quedaría deslumbrado por el brillo del oro. Todo cobijado bajo el manto de la salud de los mas necesitados. Usted sabía que en México por instrucciones del mismo señor, no puede usted comprar el medicamento por unidad, tiene obligadamente que comprar la caja con un margen intermediario de utilidad de mas del 300%. No pretendo abusar del espacio de Orlando, si usted necesita bases, lo invito a recorrer el despale indiscriminado de árboles de Guanábana en el estado de Veracruz, por parte de los mismos que temerosos de que las propiedades que se le atribuyen en la prevención y combate del cáncer, afectaran sus ventas proyectadas para los próximos treinta años.
    Y señor Romero, usted sería capaz de ver el agua convetida en vino y pedir al mimísimo Señor la denominación de origen. Saludos.

  8. Charlie

    Es lo mismo en todo el llamado tercer mundo, los grandes industriales se aprovechan de la necesidad del pobre, si no no hay enfermedad la inventan para recetar los medicamentos que no curan,pero son necesarios de por vida…
    Saludos desde Honduras y siempre pendiente de sus artículos mi estimado

  9. Oswaldo Ortega Reyes

    El título de este blog “El Quinto Jinete” no podria ser más apropiado para esta plaga que ha cobrado más víctimas que la I y II Guerra Mundial juntas. Muchos desórdenes que pueden regularse con un regimen alimenticio apropiado son elevados a la categoría de enfermedades que de entrada son etiquetadas como crónicas que determinan tratamientos de por vida que en muchos casos dejan al paciente ” en la calle” . Muchos fármacos no pueden dejar de consumirse de golpe cuando menguan los recursos ya que el organismo ha comenzado a generar una dependencia que pondría a cualquier paciente en una condición similar a la de un bazuquerito en la mañana de un lunes. Este artículo debe tomarse como una advertencia seria de como la salud ha llegado a convertirse en un lucrativo negocio con abundantes victimas ya que el control estatal poco puede hacer para proteger la integridad física de sus ciudadanos y los galenos ya no pueden resistirse a los cantos de sirena que escuchan en su Ipod de cortesia o en los congresos médicos en lujosos centros turísticos que son invitados por algun conocido “laboratorio” . Aunque éste me dejó preocupado no puede desprenderse el placer que me causa leer tus excelentes artículos.

  10. Y. Arróliga

    Lo que usted plantea es en realidad la punta del iceberg. Esas enormes compañías farmacéuticas con la complicidad de algunos médicos, están exprimiendo a la población mundial. Como ejemplo la casa Novartis empezó un “programa” de Vive la vida, en donde hicieron creer a los enfermos que se habían compadecido de ellos y les rebajaban el 10% del costo de las medicinas. Cuando lograron eliminar la competencia de los genéricos que los amenazaban, desaparecieron al “programa” y obviamente el descuento y le subieron además el 15% al costo de las medicinas. Estas son acciones dignas de los grupos gangsteriles. Lo peor del caso es que ni los médicos, ni sus asociaciones, ni las instituciones gubernamentales ha hecho nada para parar estas atrocidades.

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