Pegados

Frecuentemente veo las ediciones en línea de los principales periódicos internacionales y en especial los de México y España.  Me parece muy interesante conocer la cotidianidad de otros lugares, ver las noticias del mundo desde otra perspectiva y más que nada disfrutar de un periodismo de altura.

El caso es que recientemente me encontré con algunos artículos en España con la reseña de una obra de teatro, del género musical, que está causando furor en ese país.  La obra cuyo nombre, Pegados, no provoca en primera instancia mayor suspicacia, se trata de un encuentro casual de una pareja que al calor de las hormonas, llegan a tener sexo en el baño de una cafetería. Un tanto prosaico, pero así va la historia.  La suerte no estuvo de su parte pues ocurre que se quedan literalmente pegados y al no poder desembarazarse de esa situación deben acudir a un hospital para que clínicamente arreglen el problema.  Resulta que la atención en el hospital no es inmediata, de tal forma que da tiempo para que en medio de sus tribulaciones puedan cantar y bailar y lo mejor de todo, conocerse.  Aparentemente el tema de la obra es tratado con la delicadeza que amerita, de tal forma que una situación tan difícil y que para algunos llegaría a ser grotesca, puede ser asimilada por la audiencia y aceptarla con el humorismo y frescura con que se desarrolla la puesta en escena.

Indudablemente las causas y consecuencias del entuerto se mencionan de manera tangencial y en medio de la chacota con que se aborda el asunto.  Me imagino que la situación parte de un principio que debe de pertenecer a la neumática, algo así como la fuerza inversa de una botella de champaña o bien a la mecánica newtoniana y por lo tanto la situación no es inverosímil.  Lo que resulta una exageración es el ánimo de los protagonistas para cantar y bailar en medio de su calvario y tal vez no sólo el ánimo, sino la capacidad gimnástica para hacerlo.  Sólo me imagino que podrían cantar La Hiedra y bailar un palo de mayo o una lambada, pero en fin, son artistas y pueden llegar a dominar cualquier situación escénica.

Para darle cierto marco de realismo a la historia, los autores o más bien los relacionistas públicos de la obra señalan que la misma se basa en un hecho real que fue consignado en uno que otro periódico español.

Lo insólito del asunto y que me ha motivado a escribir sobre este tema, es que en Nicaragua sucedió algo extrañamente similar a la historia del musical.  Fue a finales de los años setenta cuando la tranquilidad del Hospital Regional de Jinotepe fue interrumpida por susurros que fueron esparciéndonos a lo largo y ancho del nosocomio. Luego se observaron rostros con los ojos desorbitados, quijadas desencajadas, jesuses, risitas, cachetes ruborizados, escozores, en fin una amplia gama de reacciones a la noticia de que una pareja había sido llevada de emergencia porque se había quedado pegada mientras practicaban el acto sexual.  Para complicar el cuadro, la sala de operaciones estaba ocupada con una intervención que parecía iba para largo; no habían consultorios desocupados, así que ante las protestas y ruegos de la pareja, la misma fue dejada en una camilla en un corredor, cubierta tan solo con una delgada sábana.  Está por demás narrar los viajecitos emprendidos por gran parte del personal y uno que otro paciente curioso para ver de quién se trataba el caso, utilizando los pretextos más inverosímiles.

Mi padre que en esa época trabajaba en ese hospital conoció de cerca el caso, sin embargo, al ser requerido para atenderlo y conocer el nombre de los protagonistas, solicitó que le apartaran ese cáliz, pues resulta que la pareja era de San Marcos y más aún, la muchacha era hija de una amiga cercana de él.  Un tanto a regañadientes tuvo que dirigirse a auscultar a un paciente y pasar irremediablemente por donde estaba la infortunada pareja, tratando de no volver a verlos, sin embargo, el protagonista al reconocerlo, con la impasibilidad de alguien se encuentra la playa tomando el sol exclamó: -Ideay doctor.  La muchacha se arrebujó en el pedazo de sábana.  Mi padre no supo que contestar, pues un: -¿Cómo están? hubiera sido una obviedad y –¿Cómo va la cosa ahí?, una perogrullada. Así que se limitó a saludar con la mano y fingir que atendía una emergencia para pasar de largo.  Cabe aclarar que esto lo supe por terceras personas, pues mi padre tenía un enorme sentido de la confidencialidad y la discreción y a pesar de no ser sus pacientes, no quiso comentar nada al respecto.  Años más tarde, en una reunión familiar, al calor de los tragos salió el cuento a relucir y mi padre se limitó a sonreír.

Ignoro el procedimiento mediante el cual lograron volver las cosas a la normalidad, por lo menos en lo relativo a las partes, que al saber por qué ostentan un título nobiliario, pues sentimentalmente la pareja tomó cada quien su camino.  La muchacha, que en realidad no se consideraba de ningún modo como casquivana, ni siquiera ojo alegre, es más, creo que militó en las filas de las Hijas de María, al final, tuvo que emigrar fuera del país con su familia para nunca regresar.  El varón siguió con su vida normal, como si hubiera completado un episodio de Survivor.

En la obra musical, mientras cantan y bailan su infortunio, la pareja va conociéndose y al final parece que se enamoran y colorín colorado.  El éxito del musical ha sido tan sonoro, que en México ya compraron los derechos y la han estrenado en una versión un tanto más timorata, propia para el público de estas latitudes.  Colijo yo, sin haber visto la obra, que la peculiar situación no conduce a ninguna moraleja, pues este accidente, que es una verdadera serendipia, podría ocurrir aunque la relación se lleve a cabo en la cama king size de un palacio o en el lavatorio de un avión, si se realiza por dos desconocidos o por una pareja enamorada, por dos pecadores o por dos santos.  Es simplemente un capricho de la física.

No creo que ningún grupo de teatro nacional, por muy experimental que pretenda ser, se atrevería a montar esta obra en Nicaragua.  Como cantaba Alvaro Carrillo: Pasarán más de mil años, muchos más.  La gente tal vez lo resista en la vida real, buscando algún pretexto para observar a la infortunada pareja, pero verlo en escena y aplaudirlo, ya son otros cinco pesos.

Como decía Don Fabio: “…auténtico, ahí nos vemos Güicho.”

1 comentario

Archivado bajo cultura, Mùsica

Una respuesta a “Pegados

  1. A.L. Matus

    Muy buen artículo, especialmente por lo bien abordado que está, tratándose de un tema escabroso. Muy discreto de su parte de no proporcionar nombres, ni elementos para que los curiosos adivinaran de quienes se trató la historia en la vida real, aunque pueblo pequeño, infierno grande y serán muchos los que recuerdan a los protagonistas. A mí me parece que la moraleja de la historia en el musical es que no hay que invertir los procesos en esas cosas del amor.

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