La Virgen de El Arenal. Parte II

Sofía y la virgen

 
Cada cosa que existe,
es una virgen que ha de ser amada,
para hacerse fecunda
 
José Ortega y Gasset 
 
 
Al finalizar la primera mitad del siglo XX, Nicaragua vivía una enorme efervescencia política.  Anastasio Somoza García finalizaba en 1947 su período presidencial y después de probar las mieles del poder no quería abandonarlo, sin embargo, un poco de vergüenza le quedaba en el costal de la conciencia y en vez de reelegirse, decidió que llevaría a la presidencia a un títere que fuera una figura de adorno, mientras él ejercía el control total del Estado como Director dela GuardiaNacional.  Escogió a Leonardo Argüello Barreto, anteriormente su adversario político y para este fin hizo que ganara las elecciones mediante un enorme fraude en contra del opositor Enoc Aguado que había superado por muchos votos a Argüello, pero al fin y al cabo, la gente de Somoza contaba los votos.   Sin embargo, Leonardo Argüello una vez en la presidencia, se hizo gato bravo y comenzó a irse por la libre, lo que motivó que Somoza le diera el golpe de estado a través del Congreso, también bajo su control, así que de manera inconstitucional declararon inhábil a Argüello para ocupar la presidencia, destituyéndolo y nombrando en su lugar a Benjamín Lacayo Sacasa, incondicional de Somoza.   Los Estados Unidos y varios países más, desconocieron a Lacayo y obligaron a Somoza a buscar otra salida.  Acorralado, Somoza convocó a la elección de una Asamblea Constituyente, en la cual se registró un abstencionismo del 90 por ciento y al instalarse este órgano, aceptó la renuncia de Lacayo y eligió presidente, para un período de cuatro años, al tío de Somoza y obviamente merecedor de todas sus confianzas, Víctor Román y Reyes, de 75 años.  De esta forma, en dicho año Nicaragua tuvo cuatro presidentes, un tanto al estilo de la canción de Muchilanga.  
 

Masatepe por su parte, también fue alcanzado por la convulsión que se vivía en el país, al registrarse actos de repudio en contra de las aspiraciones de Somoza, de parte de un grupo de ciudadanos entre los que destacó del Dr. Benicio Gutiérrez, quien fue perseguido y castigado brutalmente por el régimen, siendo vapuleado y encarcelado en varias ocasiones y finalmente, a partir de un molote en una esquina en donde alguien lanzó una piedra al tejado de una casa, se le acusó de dirigir una asonada por lo cual se giró orden de aprensión.  Después de una serie de peripecias en donde el Dr. Gutiérrez llegó hasta asilarse en una embajada, el aparato de justicia nacional, todavía con un poco de pudor, se dio cuenta que estaba participando en un sainete y desistió de su empeño dictando el sobreseimiento definitivo del Dr. Gutiérrez.

En cambio, El Arenal, vivía una plácida tranquilidad, interrumpida solo por algunos retumbos del Volcán Masaya, que además de provocar sismos de regular intensidad, lanzaba cenizas y otros materiales a sus alrededores.  Esta situación sembró un poco de inquietud en la zona, pues se temía que en algún momento pudiera registrarse una fuerte erupción.

En el sector suroeste de El Arenal en la comarca que se conoce como El Guarumo, una jovencita llamada Sofía transitaba por un paraje que colinda con El Guasimito, ya en las cercanías de San Marcos, en donde unas escarpadas pendientes señalan el inicio de los cafetales.   Tenía unos diecisiete años,  estatura regular, menuda, morena y con unos ojos profundamente negros que junto a una fina nariz resaltaban en su rostro.  Al pasar por el sitio conocido como La Peña, de pronto sintió que una intensa luz provocó en su cuerpo un gran estremecimiento y cayó al suelo.   Cuando volvió en sí, sintió un frío insoportable que provocaba un fuerte temblor en su cuerpo y se dirigió a toda prisa a su casa.

En una rústica casa de madera, sus ocupantes vieron llegar a Sofía, lívida como una sábana, temblando de pies a cabeza y con una alta fiebre.  La recostaron en un tapesco y le prepararon una tisana.  Cuando Sofía pudo hablar, comentó que en La Peña sintió que una gran luz la envolvía y una voz de mujer le decía que no temiera, que tenía un mensaje para su gente, que estuvieran tranquilos porque el volcán no haría erupción y que quería estar más cerca de ellos.  Le dijo que a ella la conocerían por otro nombre y la verían hacer grandes prodigios.  La familia inicialmente creyó que se trataba de algún ataque de nervios y que todo era producto de su imaginación, sin embargo, cuando creían que todo había pasado, volvió a caer en trance y quedó por varias horas en una especie de estado cataléptico.  Mandaron entonces a traer a la tía Aurora, madrina de Sofía y que había sido miembro de una cofradía en Veracruz, quien escuchó atentamente el relato y después de cavilar un rato concluyó categóricamente, con el aplomo que un día tuvo Pío Nono: -Es la virgen quien te ha hablado.

Sofía y su familia no se habían recuperado del shock cuando extrañamente apareció en el patio de la casa una medalla con la imagen de una mujer y una inscripción que decía: Santa Catalina, sin precisar cuál, aunque en el santoral católico hay más de una docena.  Con el corazón a tambor batiente, Sofía tomó una decisión con la determinación de un torero al momento de aceptar la alternativa: -A partir de hoy ya no me llamo Sofía, me llamo Catalina.

En la comunidad, la noticia se fue regando, un tanto a sotto voce, pues no se quería que trascendiera fuera de El Arenal.  Las visitas a la muchacha no se hicieron esperar y todos llegaron a coincidir en que después de estar con ella y conversar brevemente sobre lo sucedido y el mensaje recibido, salían con una paz interior nunca antes experimentada y más de alguno con alguna vieja dolencia, sintió que de pronto se calmaban sus padecimientos.

Así como la ley Omerta no es cien por ciento efectiva, algún ladino llegó con el chisme a Masatepe en donde con cierta incredulidad se manejó el asunto.  No obstante, algunos curiosos de esa localidad llegaron a El Arenal y a pesar de encontrar una fuerte resistencia para permitir el ingreso de los foráneos al local en donde permanecía la muchacha, al final Doña Aurora determinó que al igual que Juan Diego, Bernardette, Lucía, Jacinta y Francisco mostraron sus prodigios al mundo, Catalina tendría que ser conocida por todos.  Procedió a nombrar guardianes de la joven a dos muchachas de la comunidad y a un primo de Catalina llamado Juan.  Solicitó que la vistieran toda de blanco y que en su tapesco recibiera a todos los que peregrinarían hacia aquel lugar.  Y así fue como la muchacha, vestida con un traje blanco de primera comunión arreglado para ella, un velo que cubría su rostro y velas alumbrando la penumbra del lugar, se enfrentó al mundo.

Los primeros curiosos foráneos que llegaron a El Guarumo, no sin muchos esfuerzos, pues al final debieron de subir un terraplén de arena que hacía que sus piernas casi se clavaran en el suelo, se admiraron al ver a la muchacha en estado cataléptico y acostada en el tapesco.  Catalina no presentó conciencia alguna, sin embargo, al salir de ahí, todos sentían un extrema paz en su interior y un niño que acompañaba a la troupe, que a sus siete años no había pronunciado palabra alguna en su vida, en el camino de regreso comenzó a hablar como la calavera de San Basilio.

Los padres del niño, apenas llegaron a Masatepe se dirigieron a la Iglesia de San Juan, en donde expusieron el caso al párroco, quien a pesar del junco de su silla, se quedó anonadado y con toda la prudencia del mundo solicitó calma y esperar a manifestaciones más concretas antes de concluir algo.  Otros de los curiosos se dirigieron donde el corresponsal de La Noticia y le comentaron lo ocurrido.  Al día siguiente, el párroco solicitó prestado un caballo a un rico hacendado y partió hacia El Arenal.   Al presentarse en la casa de Catalina, la encontró sentada y conversando con algunos ancianos de la comunidad.  El cura solicitó a la muchacha que le contara lo sucedido en La Peña y ella le repitió todo, además del episodio de la medalla.   Con un rostro circunspecto, el párroco le expresó que toda manifestación en donde estuviera involucrada la aparición de la Virgen María debía ser aprobada oficialmente por la Iglesia Católica, según las normas dictadas por el Papa Benedicto XV.  La muchacha de manera muy inocente le dijo que la voz que escuchó en ningún momento se había identificado y que en realidad no vio a nadie en particular, más que una gran luminosidad y la voz femenina.   El cura le manifestó que mientras la Santa Madre Iglesia analizaba a fondo el caso, debía ella dejar de recibir visitas o relatar su visión y si era posible que se fuera un rato de la zona.  Los ancianos de la comunidad que hasta el momento se mostraban cautos e inexpresivos, fueron muy claros con el párroco manifestándole que la muchacha seguiría recibiendo visitas y que bajo ningún punto se iría de su hogar.  Al cura no le hizo mucha gracia la posición de los ancianos de la comunidad y con el rostro grave y compungido, emprendió su regreso a Masatepe.

Al día siguiente, el párroco tomó el tren hacia Managua y se dirigió al Palacio Arzobispal, ubicado en aquel entonces en el costado oriental del Palacio Nacional.  Ahí solicitó hablar con el Arzobispo, pero Monseñor Antonio Lezcano y Ortega se encontraba delicado de salud y lo recibió Monseñor Alejandro González y Robleto, Obispo Auxiliar Coadjutor de Managua, quien le mostró la edición de La Noticia en donde se resaltaba la aparición de la Virgen María en El Arenal.   Hablaron en latín, por aquello de que las paredes oían y al final de la conversación, el párroco de Masatepe salió circunspecto de regreso a su parroquia.   Luego, en sus sermones dominicales desde el púlpito el párroco dejó muy claro que existían falsos profetas, falsas señales en el cielo y manifestaciones engañosas en donde podían estar presentes las Fuerzas del Mal.

No se sabe si por la difusión en la prensa nacional o por llevarle la contra a la posición de la iglesia, lo cierto es que el flujo de peregrinos hacia El Arenal fue creciendo considerablemente.  La comunidad al observar las necesidades de los peregrinos vieron una oportunidad de mejorar su situación económica y empezaron a ofrecer alimentos y bebidas y posteriormente hasta juegos de azar se observaron en los alrededores, dándole una apariencia de feria a la zona.  En general, los peregrinos se sentían bien después de ver a la muchacha y ciertos prodigios fueron difundiéndose, como sanación de enfermedades, aparición de objetos perdidos, cumplimiento de algunos vaticinios, así que Catalina empezó a recibir “milagros” o ex votos, en metal o en oro, con figuras alusivas al favor recibido y de pronto alguien inició con las limosnas y poco a poco fueron incrementándose significativamente.  Doña Aurora dispuso que se pusiera un cofre de madera junto a Catalina para que ahí se colocaran las ofrendas en metálico, de donde se trasladaban a unos costales de manta que celosamente guardaba la familia.

Una situación muy interesante ocurrió respecto a la forma en que los peregrinos se referían a Catalina.  En un inicio se manejó que la Virgen María se le había aparecido a una jovencita y de esta forma se empezó a mencionar a la Virgen de El Arenal como una advocación más dentro del fenómeno de la mariofanía.  Sin embargo, debido a la figura de Catalina, su atuendo y su estado cataléptico, la gente comenzó a manejar que la muchacha era la Virgen de El Arenal. Como un ejemplo de esta confusión, puede citarse el caso del monstruo creado por el Dr. Frankenstein en la novela de Mary Shelley, que con el tiempo asume el nombre de su creador al punto que muchos creen a pie juntillas que Frankestein es la criatura y no el científico.

La Iglesia Católica muy a su disgusto se había hecho a un lado en el caso de la Virgen de El Arenal y se había limitado a recomendar cautela, sin embargo, el hecho de que la confusión originada y que situaba a Catalina como la Virgen del Arenal, planteaba un serio problema, pues no habían antecedentes de que la madre del Redentor hubiese ocupado el cuerpo de algún mortal.  De esta forma la cosa se ponía color de formicinae.  Por otra parte estaba el asunto de los diezmos, pues como aseveró San Juan Casiano de Mosna: “Jugar con el santo, menos con la limosna” y de todo lo que entraba al famoso cofrecito de Catalina, no iba nada hacia San Juan.

Todo lo anterior tenía muy incómodo a Monseñor González y Robleto pues temía que las cosas tomaran un rumbo que podría poner en una posición más que incómoda a la Iglesia.   Así que recordando la frase de Benjamín Franklin: ”If you would have a faithful servant, and one that you likeserve yourself” (Si quieres un siervo fiel y a tu agrado, sírvete a ti mismo), así que decidió ver las cosas personalmente y emprendió su viaje a El Arenal.  Ya a solas con Catalina, el obispo empezó a conversar tranquilamente con ella, tratando, como dicen en México, de medirle el agua a los camotes.  Después de un buen rato en que el prelado no conseguía colegir nada en concreto, decidió, como el dermatólogo, ir al grano y le pidió que si tenía para él, un mensaje de la voz que escuchaba.  Catalina le pidió que se acercara y al oído le susurró unas palabras.   El Obispo perdió el color y como dice Mejía Godoy:  -Se le fueron los pulsosmmm.

Monseñor emprendió su viaje de regreso a Managua, sin embargo, fue necesario hacer una escala técnica en Masatepe, en donde fue atendido en el hogar de las Hijas de María Auxiliadora, en donde tomó un refrigerio y escuchó de boca de las religiosas una noticia muchos más inquietante.  Aprovechando que una novicia era originaria de El Arenal, las hermanas la enviaron para infiltrarse y mantenerlas informadas de todo lo que ahí ocurría y en el último reporte se observaba que aparentemente había algo entre la muchacha que se hacía llamar Catalina y su primo Juan, que era su guardián.   El prelado de cecereque pasó a zurumbo y sólo alcanzó a exclamar: -Vae bovis, que es como Recórcholis en latín.  Inmediatamente su mente se puso imaginar los más intrincados sucesos por venir y uno de ellos desembocaba en una muchacha que todo el país conocía como la Virgen de El Arenal, embarazada sin estar desposada con nadie.  Las consecuencias, ni siquiera la fértil imaginación de Don Brown podría visualizar.

Ya en Managua, lo primero que hizo Monseñor González y Robleto fue solicitar una reunión urgente con Monseñor Lezcano y Ortega y el recién nombrado nuncio apostólico para Nicaragua y Honduras, Monseñor Liberato Tosti.  Ante las dos máximas autoridades eclesiásticas en el país, Monseñor González y Robleto detalló el resultado de su visita y los tres llegaron a la conclusión de que era menester detener de manera definitiva lo que ocurría en El Arenal, sin embargo, la Santa Iglesia Católica no debía aparecer involucrada en ninguna acción al respecto.  Necesitaban la mano de un gato, para sacar las castañas del fuego y como por inspiración del Espíritu Santo surgió al unísono un nombre:  Anastasio Somoza García.

Continuará

6 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

6 Respuestas a “La Virgen de El Arenal. Parte II


  1. Hola, Orlando, muy interesante. Felicidades.

    Saludos

  2. eso fue una realidad yo conoci a una persona que fue la persona que ignotizo a esa muchacha y que la estubo todo ese tiempo en ese estado aprobechandose de la ignorancia de nuestros pueblos no pongo su nombre por no delatarlo .ok

  3. Fabiana Arauz

    Interesante espero la tercera parte…..saludos

  4. A.L. Matus

    Muy buen relato y sobretodo, bien documentado. Sabias palabras de Don Quijote: Con la iglesia hemos topado, Sancho.

  5. candida calderon

    Sus historias basadas en hechos reales, son fascinantes, con esta estoy quedando maravilladas, el “”arenal” es un lugar muy bonito lleno de naturaleza, y encanto.

    • Elizabeth Pasquier

      Sr. Ortega, más que fascinate. Tema para una novela histórica. Anímese, talento le sobra. Hay cienes años de soledad que no sé por qué no se han escrito. Salud!

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