La Virgen de El Arenal. Parte I

El ensueño frente a una laguna y un volcán.

He venido a estar triste, me aflijo.
Ya no estás aquí, ya no,
En la región donde de algún modo se existe,
Nos dejaste sin provisión en la tierra,
Por esto, a mí mismo me desgarro.

Nezahualcoyotl.

El águila extendió ligeramente sus alas para dejarse llevar por la corriente de aire que a gran altura le permitió planear suavemente sobre el territorio.  Con su aguda visión observó el espectáculo de singular belleza que ofrecía el límpido paisaje que se tendía abajo.  Era una cristalina laguna que daba la apariencia de una enorme lágrima y en su lado poniente un desafiante volcán.

El imponente ave inclinó sus alas para empezar a describir círculos alrededor de aquel paraje para que el contingente de peregrinos que desde abajo observaba su vuelo, atendiera aquella señal, de tal forma que cuando el cacique de la tribu levantó sus ojos y miró su trayectoria, se dirigió a su gente y exclamó: -Hemos llegado.    Eran dirianes, una rama de los chorotegas provenientes del norte y que junto con los nagrandanos poblaron el Pacífico de lo que se convertiría en Nicaragua.

A pesar de que el nombre de dirianes quiere decir “hombres de las montañas” en ese caso no pudieron resistir el encanto de la laguna y poblaron sus alrededores, formando lo que sería Nindirí al norte, Masaya al oriente y lo que sería la cuna de Masatepe en el sur.   De esta forma tendrían una fuente inagotable de agua y aunque los bordes de la laguna eran altos farallones, los pobladores tuvieron la paciencia de labrar en plena roca los peldaños que se convertirían en los “bajaderos” por donde se desplazarían hacia el cuerpo de agua.

Así fue que se pobló una de las regiones más enigmáticas del país, pues se formó un enclave en torno a la extraña conjunción de dos elementos singulares, una laguna cratérica y un volcán activo.  Esta laguna hace cientos de años tenía la forma regular de este tipo de accidentes que es la circular, sin embargo, uno de los derrames de lava de parte del volcán, coladas como les llama, fue tan fuerte que la redujo significativamente, dejándole la forma de media luna que ahora tiene.   Para nuestros ancestros, los accidentes geográficos y en especial las lagunas y los volcanes han tenido un fuerte impacto en su cultura, provocando además de liturgias religiosas, una serie de mitos y leyendas alrededor de estos lugares.  La región de la laguna de Masaya no fue la excepción y se encuentran en la zona muchas leyendas como la de la princesa Xalí, hija del cacique Tenderí, quien protagonizó una dramática historia en donde perecieron todos sus protagonistas, incluyendo la princesa, quien todavía en las noches de plenilunio, según algunos, puede verse flotar por las mansas aguas de la laguna.  Otra leyenda habla de una princesa, que se vio involucrada en una historia de amor con el hijo de un cacique y el encantamiento de éste a través de una serpiente amarrada al tronco de un árbol y que del llanto del cautivo reptil se formó la laguna.  Otra leyenda habla de una enorme serpiente, a lo mejor la misma de la leyenda anterior, que habita en el fondo de la laguna y que algunos elegidos han tenido la suerte de observar.

El volcán por su parte, también tenía su significado un tanto sagrado para los indígenas, que lo llamaron Popogatepe, que conforme a las raíces náhuatl quiere decir “monte que arde”, igual que el volcán Popocatepetl en México que guarda la misma etimología.   El volcán reflejaba para los ancestros la furia de los dioses y para calmarla, en sus alrededores se realizaban ceremonias que incluían el sacrificio de vírgenes y mancebos que eran arrojados vivos al cráter del volcán.

El Popogatepe también tuvo sus leyendas y la más importante fue la de la mujer que supuestamente habitaba en su cráter y que tenía facultades de pitonisa por lo que los caciques de la región se reunían con ella antes de tomar las decisiones importantes relacionadas con los cultivos, las guerras y demás temas relacionados con sus comunidades.  Se dice que esta pitonisa vaticinó la llegada de los españoles.

Cuando llegaron los españoles indudablemente el volcán de Masaya fue uno de los lugares que más los impresionó, al punto que inmediatamente le llamaron El Infierno de Masaya o bien La Boca del Infierno, por el espectáculo que ofrecía el volcán en plena actividad que iluminaba el cielo por las noches a tal punto que podía leerse una carta con su luminosidad.  El cronista español y Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés narra con lujo de detalles todo lo relativo al volcán en su obra: “Historia General y Natural de Indias” incluyendo los dislates cometidos por algunos de sus conciudadanos, como el Fraile Blas del Castillo que determinó con extrema convicción que la lava hirviendo en el fondo del volcán no era otra cosa que oro líquido, por lo que hizo que mediante poleas lo bajaran lo más profundo posible y de su empresa lo más que se logró fue capturar un poco de lava en una porra, sin embargo, amarga fue su desilusión al descubrir que al tocar el aire exterior, la lava se convirtió en piedra porosa y quemada, por lo que determinó que se trató de una obra de El Maligno.

Es interesante el hecho de que Fernández de Oviedo realiza en su obra una exhaustiva descripción de la mujer que supuestamente habitaba en el cráter del volcán, según lo que le confió el cacique de Nindirí.  El cronista dice que se trataba de una vieja fea, arrugada, que andaba desnuda, con las tetas que le llegaban al ombligo, cabello escaso y alzado hacia arriba, piel más que oscura, ojos hundidos y encendidos.  Manifiesta en su crónica que el cacique le había confiado que la mujer había expresado que los cristianos eran gente mala y que debían echarlos de esas tierras.  Con la anterior calificación de los conquistadores y con la descripción que consignó en su crónica Fernández de Oviedo llegó a la conclusión de que aquel ser no era otra cosa que el mismo Satanás.

Al analizar desapasionadamente la crónica de Fernández de Oviedo, podría colegirse que es muy posible que los indígenas no realizaran descripción alguna de la pitonisa, pues por su carácter estratégico en cuanto a sus consejos, en especial de carácter militar, no era conveniente que se supiera cómo era y más aún dónde habitaba, así que el cráter del volcán bien pudo haber sido un camelo.  Por lo tanto al conocer el cronista de la calificación de los conquistadores de parte de la pitonisa, como gente mala, es posible que lo hubiese motivado para crear una descripción macabra y que desembocara en la conclusión de que se trataba de El Enemigo Malo.

A final de cuentas, los conquistadores lograron dominar y someter a los indígenas, apoderándose de sus tierras e imponiendo su religión a sangre y a fuego.  Como dice una placa conmemorativa a la conquista de Tlatelolco en México: “…no fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo…”  Así pues, los conquistadores, mestizos e indígenas iniciaron un largo proceso en donde se fusionaron creencias y culturas y en donde bajo el sabio adagio: “Las gallinas de arriba siempre cagan a las de abajo” se definió una sociedad clasista, en donde los verdaderos dueños de la tierra pasaron a ser simples vasallos, cuando no esclavos.

A pesar de que en la cima del volcán se impuso una cruz para conjurar al demonio, llamada La Cruz de Bobadilla, en honor al fraile que mandó a colocarla, el volcán a través de sus diferentes cráteres continuó su actividad.  En el año 1670 ocurrió un desbordamiento de lava del cráter Nindirí y cien años después en 1772 ocurrió una erupción a través del cono Masaya, originando un enorme desbordamiento de lava que por el norte cubrió lo que ahora se conoce como Piedra Quemada.  Por el oriente el flujo de lava amenazó en llegar a ciertas zonas pobladas de Masaya que no estaban protegidas por la laguna y en el sur, las tierras sufrieron el embate de la lluvia de rocas volcánicas, cenizas y demás material volcánico que provocaron las erupciones.

En esta ocasión ya no hubieron rituales o ceremonias de desagravio para los dioses, ni sacrificios humanos, sino que salieron procesiones con imágenes de vírgenes y mártires que ya habían sido previamente sacrificados y subidos a los altares, para conjurar aquellos castigos por los pecados cometidos, en especial el de la desobediencia.

A raíz de las erupciones del volcán, la tierra cultivable fue reduciéndose debido a los efectos de las coladas, el material volcánico arrojado o bien los gases emanados del mismo.  La zona sur fue bastante afectada obligando a los pobladores a realizar grandes esfuerzos por arrancarle a la tierra el sustento, además de luchar contra las pretensiones de los ahora dueños de las tierra de imponer la ganadería en la zona.  La región fue bautizada como El Arenal, debido a las grandes zonas cubiertas de arena, además de rocas volcánicas dispersas por todo el territorio.  Como consecuencia de las erupciones la población fue replegándose hacia las zonas altas del sur, consolidando lo que ahora es Masatepe.  No obstante, el arraigo a su tierra de parte de la población, especialmente indígena era tan grande, que aún con todas las limitaciones regresaron a El Arenal.  Las condiciones económicas para esta población fueron difíciles en extremo, tanto por la estructura de la tenencia de la tierra, como por la baja productividad de los terrenos que apenas producían cultivos para el auto consumo y ciertas materias primas para su comercio fuera de la zona.

En la segunda mitad del siglo XIX se inicia en Nicaragua el cultivo del café y El Arenal se ve rodeado de zonas que se van incorporando a esta actividad, observándose que sólo las partes muy altas colindantes con Masatepe, San Marcos y La Concepción se integran al cultivo del grano de oro, el cual es acaparado por terratenientes de Masatepe, principalmente y a la población sólo le queda la alternativa de participación en las actividades de recolección y escogido del café, iniciando una tradición familiar en la época de noviembre a febrero.    Ya en el siglo XX se observa el intento de introducir en El Arenal el cultivo de la caña de azúcar para suplir a trapiches propiedad de empresarios de Masatepe.

Un fenómeno muy interesante ocurre en el siglo XX, cuando el florecimiento del sistema agroexportador de Nicaragua va abriendo oportunidades para los emprendedores locales y de pronto personas que se iniciaron en condiciones de pobreza lograron en poco tiempo ampliar sus ingresos y empresas y volverse acaudalados terratenientes.  Surgió entonces la leyenda de que el Volcán Masaya, en su carácter de Puerta del Infierno era el sitio en donde personas inescrupulosas llegaban para hacer un pacto con el diablo, mediante la entrega de sus almas a cambio de un gran capital.  Se empieza entonces a nombrar a personas de los alrededores, principalmente de La Concepción, San Marcos y Masatepe de quienes se decía que habían realizado el pacto con el Contrario y esa era la única explicación de sus fortunas.  Se tejieron toda suerte de cuentos que incluía la facultad de convertir a personas en animales o de entregar la vida de miembros de su familia en honor al pacto.

En 1936, con motivo de las elecciones para la Presidencia de la República a realizarse a finales de dicho año, Anastasio Somoza García a pesar de que su candidatura era constitucional, realizó toda una serie de manejos a fin imponer su voluntad de ser Presidente, entre ellos, cambios en la estructura geopolítica nacional.  De esta forma, la zona conocida como El Arenal se subdividió en cinco comarcas:  El Arenal, El Guarumo, Las Sabanitas, El Pochote y Cruz de Mayo.

Para mediados del siglo XX El Arenal era una zona tranquila, desapercibida prácticamente para el resto del país, sin embargo, un suceso vino a conmover la vida nacional y ocurrió precisamente en esa región y se conoció como el caso de La Virgen de El Arenal, cuya historia perdida casi entre los solitarios parajes de esa zona, trataremos de recrear para nuestros lectores.

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4 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

4 Respuestas a “La Virgen de El Arenal. Parte I


  1. Encantada de leerte. Quedo en espera ) Saludos♥

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  2. Junta Vecinal Valle Santa Rosa

    Bravo, formosa introduccion, ora le procedereis ala crónica

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  3. Buenos días, queria una ayuda de su parte, yo recuerdo una cancion que tarareaba mi m adre en la guerra del 79; que decia algo así como; yo soy el amigo sincero…que trae un mensaje especial…a todos mis hermanos los nicas que quieren la paz nacional…y el coro algo asi; yo quiero que haya paz que termine la violencia…no se como se llama ni quien la cantaba pero talvez alguien de este excelente blog lo sepa. Gracias,

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  4. A.L. Matus

    Muy buena introducción para algo que promete ser más que interesante, en especial para quienes no conocemos del caso. Esperamos impacientemente la siguiente parte. Feliz año.

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