Barquito de papel

Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento,
era una sonrisa a tiempo…

Serrat

Las lluvias que han azotado recientemente a la región centroamericana de manera tan pertinaz, me han traído a la mente aquellos días de mi niñez, en donde sobre el techo de tejas de barro de la casa de mis abuelos, el cielo parecía caerse, así como el afán de mi abuelo por tener listos todos los canales que recogieran el agua para conducirla a la pila o aljibe que estaba en la parte posterior del patio y que proveía de agua para algunos menesteres de la casa.  Algunas veces el torrente de la corriente que venía del patio, más alto que la casa, provocaba que se introdujera un alud de agua y lodo, lo que provocaba las carreras de todas las mujeres que escoba en mano se dedicaban a achicar.  Yo me sentaba por horas en la puerta de la casa a observar las figuras que formaban las gotas de agua al chocar contra el suelo, sin embargo, lo que más me emocionaba era la posibilidad de fabricar un barquito de papel y depositarlo en la corriente que velozmente pasaba por la cuneta, sueño que en aquella casa nunca logré cumplir, pues la sobreprotección de la abuela tenía miles de pretextos para no permitir que bajara a la acera a dejar mi barquito, desde una pulmonía a un resbalón que pudiera provocar la ruptura inevitable de un hueso o ni quiera Dios, de la columna vertebral.    Sin embargo mi abuela era tan benevolente que comisionaba a una muchacha para que en mi representación bajara a la acera y lo depositara en la corriente en mi nombre.   Como diría el Cinco Estrellas cuando estando en el mar de paseo se dio cuenta que se habían olvidado llevar la botella de licor: “Entonces, ¿cuál es la alegría?”.

Cuando dejamos la casa de los abuelos para ir a nuestra casa propia, la lluvia dejó de ser tan misteriosa como antes, ya no me entretenía mirando las figuras de la lluvia al caer en el pavimento y en una ocasión hice una barquito de papel y sin mayor problema salí a la calle, lo deposité en la corriente que rauda se dirigía hacia El Calvario y me quedé observando cómo se alejaba, sintiendo la lluvia caer sobre mi cabeza y sin imaginarme que en aquel barquito se iba mi infancia.

Desde entonces me gusta caminar bajo la lluvia, sin llegar a los extremos de Gene Kelly, será tal vez un diferido acto de rebeldía ante aquellas severas restricciones de mi niñez, de tal manera que cuando Armando Manzanero compuso a finales de los sesenta Esta tarde vi llover, sentía que yo era de esos que no corrían con la lluvia.  Cuando descubrimos a Serrat, obviamente su composición Barquito de papel ocupó un lugar especial en mi ánimo, pues retrataba todo lo que representaba para un niño aquel aventurero audaz, jinete de papel cuadriculado.

A mis hijos ya no les entusiasmaron ni los barcos ni los aviones de papel, pues sus iniciativas de construcción las resolvían con sus Legos, así que nunca supieron de aquel significado especial de las lluvias y de la emoción de colocar un barquito de papel en la corriente pluvial.

Hoy en día, ya la meteorología ha avanzado tanto que se pueden predecir muchos de los fenómenos naturales que antes nos sorprendían, manejando en su terminología centros de baja presión, ejes de vaguada o depresiones tropicales, dejando en el olvido aquella sabrosa palabra que era vendaval.  El cambio climático ha provocado una mayor intensidad en las lluvias y al asomarme ahora a ver la corriente que pasa por mi calle, no deja de causar temor, por el tremendo caudal que corre a una velocidad tal que es capaz de levantar completamente un tramo entero de adoquinado, que si la viera mi abuela regresaba de inmediato al sueño de los justos.

De cualquier manera sigo añorando aquellos días en donde la simplicidad de la vida me hacía ver tan misteriosa a la lluvia y me emocionaba al máximo la idea de hacer un barquito de papel para ponerlo en la corriente, pues ahora siento que en esta vida estoy frente del timón de un barco, que cada día se me hace de mayor calado, en donde debo mantener el rumbo en un vendaval que a veces pareciera empeñarse en llevarme a pique.

Imagen tomada de http://usuarios.multimania.es/jnaraim/imagenes/Barquitode%20papel.jpg

6 comentarios

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6 Respuestas a “Barquito de papel


  1. No sabíamos para cuando, pero mi abuela siempre estaba preparada con palmas, agua y candelas benditas, además de ceniza con la que formaba unas cruces en el patio. Diciendo Santo Dios, Santo fuerte…corría a formarlas en cuanto empezaban los grandes vientos que al final dejaban árboles tumbados. Era la hora de rezar porque el día del Juicio Final podía ser ése. Son imágenes vivas en mi memoria,.

    Estos fenómenos climatólogicos me hacen reflexionar sobre la fragilidad humana. Viajes y satélites explorando el espacio pero la humanidad se encuentra desprotegida ante los peligros provocados por las fuerzas de la naturaleza.

    Mi hermano murió el sábado ocho y Eneas Pallavicini murió el lunes diez en un hospital de Miami😦

    Saludos

  2. Eduardo Ortega

    Ruego a Dios sin confesarme, que mas temprano que tarde llegue la ansiada calma después de la tempestad, aquella con que soñaban los antiguos navegantes.” Guárdete tu oración amigo viejo, llama a peralejo, que nos viene mejor”:Lo que un simple barco de papel hacía con nuestros sueños. Esto te quedó sublime mi bro.

  3. Maria Isabel C.

    Siento en lo profundo del relato que tiene un sentimiento de anoranza, provocado por la realidad de la edad madura y con ello los sufrimientos inevitables; cuanto dieramos porque el tiempo se parara cuando todo es color de rosa, pero eso es utopia; el tiempo sigue con pasos agigantados su camino y solo nos queda los gratos recuerdos y un suspiro de vez en cuando como diciendo: esto no volvera, que tiempos aquellos!!!!

  4. A. L. Matus

    Por aquí de regreso. Me ha gustado mucho el artículo, pues yo también disfruté de aquel enorme gusto de hacer un barco de papel y lanzarlo a la corriente de lluvia. Pero como decía Serrat: después el tiempo pasa y te olvidas de aquel barquito de papel. Gracias por traerlo de nuevo a la memoria.

  5. Marcio Berríos E

    Muy lindo el articulo: lanzar nuestros barquitos de papel que floten sin rumbo cierto pero su destino es navegar, asi nosotros tratamos mantener una direccion a diferentes velocidades con destino incierto por los elementos que van cambiado nuestro rumbo, los vientos del sur , corrientes del norte y las piedras del este y nuestro barquito de papel que navega hacia el oeste buscado el mar. Que Dios nuestro Señor te bendiga.

    M Berríos

  6. Mario Arguello Urtecho

    Animo querido Poeta pues la tormenta amainara y la calma regresera difrasada de verano. No dejes que el vendaval dobles tus velas. Saludos

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