El trueno entre las hojas

Cuando llegué a Managua en 1967, el cine era todavía una de las principales distracciones de los capitalinos.  La televisión todavía no se generalizaba por el alto costo de los aparatos, sin embargo había salas de cine para todos los gustos y presupuestos, desde 50 centavos de córdoba en la gayola del Luciérnaga, el Trébol, el América o el Alameda hasta de 7 córdobas (un dólar) en el Margot, el González o el Salazar, con sus butacas acolchonadas de velour y el confort del aire acondicionado.  Después de las funciones, incluso las más tardías, se podía caminar por la vieja Managua hasta cualquier punto de la misma, sin el temor de ser asaltado.

Coincidió mi llegada a la capital con el enorme revuelo que causaba en todos los estratos de la población, especialmente la masculina, la presentación en todos los cines de la ciudad de las películas de Isaber Sarli “La Coca”, actriz argentina quien bajo la dirección de Armando Bó, participó en cerca de 28 películas en donde la constante era la voluptuosa desnudez de la actriz, de quien se llegó a sospechar si era nicaragüense por la insistencia en bañarse un par de veces en cada película.  Por todos los cines de Managua desfiló la mayoría de estas películas, en donde provocaron tremendos tumultos en las taquillas ante la gran demanda de parte de los capitalinos deseosos de admirar el sensual cuerpo de la argentina.  Muchos conciudadanos mayores de sesenta años, recordarán películas como La mujer del zapatero, Fuego, Carne, La mujer de mi padre, Sabaleros, La insaciable, entre otras, en donde Armando Bó se quebraba la cabeza tratando de explotar cada veta de la voluptuosidad dela Sarli, dentro de los límites que le permitía la censura de aquella época, que a golpe y porrazo dejaba abierta una rendija cada vez mayor en la pesada puerta.

Cuando en cierto momento dejaron de llegar películas nuevas de la Sarli, los distribuidores locales consiguieron la primera película de esta actriz y la exhibieron como un estreno, lo cual era cierto pues en Nicaragua nunca se había presentado.  La película era El trueno entre las hojas, filmada en 1956, poco tiempo después que Isabel Sarli, Miss Argentina, hubiera participado en el concurso de Miss Universo llegando a finalista.  Se cuenta que Isabel Sarli fue engañada para poder realizar el primer desnudo frontal del cine argentino que aparece en esa cinta, al asegurarle Armando Bó, después de darle un mecatazo de whisky, que la escena del desnudo se filmaría en un plano en el que ella se miraría lejana, cuando en realidad utilizó una lente que acercó la escena.

Cuando presentaron la citada película, fui a hacer fila al Cine Ruiz, una sala bastante decente y que costaba 1.50 córdobas, ubicada en el barrio Los Angeles, cerca de la cervecería.  El cine estaba de bote en bote, con un público en su mayoría varones y unas escasas parejas, pues señoras solas ni pensarlo.   Había una efervescencia que se sentía en el ambiente pues todo el mundo esperaba con cierto nerviosismo el inicio de la película.  Debo aclarar que mi presencia en esa película era con fines exclusivamente investigativos pues en ese momento estaba realizando un trabajo en la facultad de economía sobre la elasticidad de la demanda y los gustos y preferencias de los consumidores y se me hizo pertinente ampliar mi investigación con mi observación de esa función.

Cuando inició la proyección se escuchó un murmullo que parecía ir en crescendo y daba la impresión de que la lujuria flotaba sobre toda la sala, mezclada con el humo de los cigarrillos encendidos en la sala, resaltando la brillantez del blanco y negro de la cinta.

Un arpa y su acompañamiento interpretando una guarania, música folclórica paraguaya, dio entrada a los títulos de la cinta, que iniciaban con una cita que dejó patitiesos a los espectadores: “El trueno cae y se queda entre las hojas. Los animales comen las hojas y se ponen violentos. Los hombres comen los animales y se ponen violentos. La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno”. (De una leyenda aborigen).  Al no ser nada relacionado con el erotismo que se esperaba, los espectadores empezaron a murmurar, mientras el arpa seguía conduciéndolos por los caminos de la tristeza y ambientando la cinta en una hacienda en mitad de la selva.

La frustración del público fue mayor al empezar a desarrollarse el argumento del film, mismo que giraba en torno a la explotación de los trabajadores de la hacienda, en su mayoría indígenas, de parte de un gringo que la administraba de manera férrea y que con la mayor naturalidad del mundo le metía un balazo a quien se atrevía a protestar.  Después de un rato, aparece Isabel Sarli haciendo el papel de la mujer del gringo quien llega a la hacienda provocando un verdadero revuelo.  En primer lugar porque monta a caballo a horcajadas, como hombre, cosa que hasta hace unas décadas estaba totalmente fuera de lugar para una mujer, quien debía montar al estilo de la Reina Isabel, es decir, de ladeque.  En segundo lugar por la insistente insinuación de la fémina quien en un arranque de impudicia se desnuda y realiza el famoso baño en el estanque, con el primer desnudo total que se vio de parte de una latinoamericana, ante la mirada entre atónita y de lascivia de un campisto, acompañado por los 427 espectadores, como precisaría El Firuliche.  La escena vino a calmar la ansiedad del público que en su mayoría empezaba a sentir un nudo en la garganta ante las escenas de las condiciones infrahumanas de los trabajadores.  El desenlace del film llega hasta el desarrollo de una revuelta de parte de los trabajadores que al final ajustician al gringo.

Cuando apareció el letrero de “Fin” en la pantalla, el público se quedó anonadado y el desalojo de la sala tomó más tiempo que el normal, pues la gente parecía que buscaba ánimos para levantarse de la butaca y encontrar la salida.  Ya en la calle se escuchaban reproches en voz baja y aquella actitud que prevalecía a la salida de las otras cintas de la Sarli no se miraba por ningún lado.  Generalmente se observaba a los asiduos espectadores de las películas de La Coca, salir con una mirada de fauno  e incluso la suave brisa que lanzaba el Xolotlán sobre su novia, parecía que provocaba repelos en su humanidad.  En esta ocasión, daba la impresión que los espectadores venían de una vela y sus rostros largos se abrigaban en la oscura noche.

Y es que Armando Bó escogió el relato “El trueno entre las hojas” del renombrado escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, quien también realizó la adaptación y el guión para la película, habiendo realizado cambios significativos respecto a su relato original a fin de adaptarse a los recursos disponibles y a la explotación de la figura de la Sarli a solicitud de Bó.  No obstante, la película mantuvo su crudeza y carácter testimonial que prevalece en el cuento de Roa Bastos.  Para la música de la película consiguió a los grandes músicos, también paraguayos, Eladio Martínez y Emigdio Ayala Báez, este último autor de la formidable canción Mi dicha lejana que constituyó el tema principal de la película y que le imprimió ese toque de profunda tristeza al ser interpretada de manera instrumental y resaltando un arpa.  El citado tema constituye en la actualidad una de las guaranias más representativas del Paraguay y ha sido interpretada por Los Panchos, Leo Marini y la Sonora Matancera, Neil Sedaka, Ramona Galarza, Los Paraguayos, Genaro Salinas, Paul Mauriat, Bibian Rojas, Marcos de Brix, Antonio Rubens, Jorge Cafrune, Lorenzo Pérez, entre otros.

Al inicio la película no fue recibida con el beneplácito de la crítica, pues fue superada por la agria actitud de la censura de una timorata e hipócrita sociedad, sin embargo, con el tiempo, el film es considerado como una joya por su carácter de drama social y algunos críticos la han etiquetado como representante del cine contestatario, término que en aquel tiempo tan solo hubiese traído a la mente algún título como: La tuya o Aquella vieja.

En los años siguientes con la aparición del cine picaresco italiano y sus desnudos al por mayor, con un nuevo modelo para la belleza femenina en donde predominaba la esbeltez, Isabel Sarli poco a poco fue esfumándose de la mente de los capitalinos.  Armando Bó falleció en 1981 y es recordado más que nada por el género erótico-popular que cultivó con la Sarli, quien después de algunos intentos de regresar al cine, se resignó a vivir tranquilamente su tercera edad.   Se le miró públicamente hace un par de años en un festival de cine en Guadalajara, México.  A pesar de la imagen que adquirió después de todas sus películas, Isabel Sarli admite que en toda su vida sólo tuvo un amor: Armando Bó.

En lo particular, debo de reconocer que al final de cuentas la película en cuestión no me ayudó en mi investigación, sin embargo, por mucho tiempo acudía a mí aquella sensación de profunda tristeza y desazón que me provocaba el recuerdo de aquellas escenas de la densa selva de donde parecía que en cualquier momento iba a brotar un trueno, mientras que el arpa gemía: Mi dicha lejana.

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6 comentarios

Archivado bajo cine, cultura, Mùsica, Nicaragüense

6 Respuestas a “El trueno entre las hojas

  1. ♥Excelente artíulo, como es tu costumbre. Vine a Managua en 1967 pero fue hasta mucho después del terremoto que iba al cine 😀

    Saludos

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  2. Mi muy respetado y querido Poeta, excelente tu relato de nuevo, pero tengo mis dudas cuando dices:
    “Debo aclarar que mi presencia en esa película era con fines exclusivamente investigativos…”
    Como decimos por esos lados “Esta dijo Mena”
    Yo recuerdo haber visto esa película, pero mis motivos fueron otros, un fuerta abrazo Poeta, te luces como siempre. STQ.

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  3. Orlando Morales

    La verdad Orlando el sentimiento de desengaño por los escasas escenas eróticas dela película se manifiesta claramente en el relato, de manera tal que coincido con el primazo Mauricio acerca de los fines de tu presencia en el Cine Ruiz. Por lo demás me parece excelente el artículo-relato.

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  4. Eduardo Ortega

    En esa película solo faltó Charito Granados cantando Amarga Calle. En realidad la “bomba sexi de América” como la anunciaban en los carteles y la sección de cine de La Prensa, fue por mucho tiempo la reina de los que estudíabamos la secundaria, no hubo quien no le dedicara una fantasía o algún sueño erótico . Una de las escenas más cautivantes fue el baño en la ventana de la cinta Extasis Tropical. Ahora viéndola en la foto que hace acompañar tu maravillosa reseña , se me antoja cantarle aquel tango que decía: “Mano a mano hemos quedado”. Saludos mi bro.

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  5. Quiero dar mis más profundas disculpas a Orlando Ortega REYES, recibí su correo electrónico, donde realmente me confirma que sus motivos fueron realmente de ivestigación.
    Mis motivos fueron quizás no de investigación, más bien, como repercute las pechugas en la alimentación del ser humano. Todo mi cariño Poeta. STQ.

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  6. A. L. Matus

    Una deliciosa narrativa digna tal vez del propio Augusto Roa. Pareciera que después de todo, la investigación rindió sus frutos, tal vez no desde el punto de vista económico en lo relativo a la elasticidad de la demanda, tema peligroso en ese caso, pero sí, en lo que corresponde a la teoría de las expectativas. Así como lo de la explotación del hombre por el hombre, propio del capitalismo, pues en el socialismo es al revés. Lo del cine contestatario está muy bueno. Felicidades.

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