El mundanal ruido

Ruido como sables,
ruido enloquecido,
ruido intolerable,
ruido incomprendido.

Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido.

 Joaquín Sabina

Según un libro apócrifo del Exodo, Moisés descendió del Monte Sinaí con tres tablas que contenían los mandamientos que Jehová había dictado a su pueblo, sin embargo, al momento de encontrar que los escogidos del Señor vivían una interminable orgía, con adoración de ídolos y demás actos impíos, fue tanta su furia que rompió una de las tablas.  No obstante, en ese momento escuchó un fuerte trueno y desistió en su propósito de seguir rompiendo las otras dos tablas.  De esta manera, nunca se supo, de haber sido cierta esta versión, cuáles mandamientos quedaron sin entrar en vigencia debido al arranque de cólera de Moisés.    En los años sesenta, unos arqueólogos belgas encontraron en las inmediaciones de Jebel Musa, enla Penínsuladel Sinaí, en Egipto, cerca de la frontera con Israel, ciertos fragmentos de piedra con inscripciones en hebreo antiguo que después de años de estudio se llegó a la conclusión que dicen: “No perturbarás la tranquilidad de tu prójimo”.  Para algunos investigadores, este podría ser uno de los mandamientos que se perdieron en la tabla que Moisés rompió.  Muchos pondrán en tela de duda lo anterior, pues se aferran a la inflexibilidad de los escritos canónicos, sin embargo, tiene un peso de veracidad mayor que el famoso decimoprimer mandamiento: “No estorbarás” que muchos creen a pie juntillas, aunque no lo cumplen. Bueno, no cumplen ninguno.

Si analizamos este mandamiento a la luz de la realidad actual, pareciera que el mismo tiene una pertinencia tal, que sobrepasa por mucho a varios de los mandamientos contenidos en el decálogo original respecto a la sabia agrupación que realizó Jesús: ”Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  Si sopesamos por un lado la cantidad de asesinatos cometidos en un período de tiempo respecto a la cantidad de personas que ven afectada su tranquilidad por la inconsciencia de otros, vemos que esta última infracción es muchas veces mayor que la primera.  Incluso, el robo, a pesar de su extensión y sus diversas variantes, incluida la corrupción, no se compara con los constantes atentados contra la integridad de las personas que no pueden encontrar la tranquilidad que merecen.  Incluso una cantidad impresionante de personas preferirían que alguien deseara a su pareja, antes que le provocaran la pérdida del sueño.

La verdad es que vivimos en un mundo que en su carrera por la modernidad, ha traído el stress a nuestras vidas como una constante, de tal forma que en algún momento nuestra única aspiración es la tranquilidad que logre, aunque momentáneamente, alejarnos de todas las fuentes de tensión que nos rodean.  Sin embargo, cuando un ciudadano después de una agotadora jornada laboral, llena de presiones y sinsabores, llega a su hogar tratando de encontrar un poco de paz, simplemente sentándose a reposar, mientras lee un libro y escucha un álbum de Armando Manzanero.  No ha terminado de sentarse cuando de repente se sobresalta al escuchar un ruido ensordecedor que proviene de un amplificador de al menos 1,500 wattios de potencia que trae una voz que empieza a gritar alabanzas al Señor y que un coro de su rebaño empieza a vitorear.  Al igual que muchos nicaragüenses, esta persona ha tenido la mala suerte que en su vecindario se ha instalado una “iglesia de garaje” que bajo alguna denominación rebuscada, ha empezado a aglutinar a ciertos fieles cuyo único propósito pareciera que es perturbar la paz del vecindario.  Cuando no son los “servicios” sabatinos o dominicales, son impredecibles “vigilias” que los “ministros” programan a voluntad.  Estas “iglesias” tienen la particularidad de funcionar en inmuebles que pareciera han sido adaptados para que los “fieles” tengan la ventilación adecuada, pero que a la larga lo que provocan es que el ruido que producen se escape y sea diseminado hacia las casas ubicadas a diez cuadras a la redonda.  Todas estas “iglesias” tienen como común denominador a un Señor que pareciera que perdió sus facultades auditivas, pues tienen que emitir soberanos gritos amplificados hasta alcanzar los 130 decibeles, para que éste, si acaso, los llegue a escuchar.  No tienen la menor consideración a los vecinos que no tienen la culpa de sus pecados, mucho menos de su arrepentimiento y llegan hasta altas horas de la noche dándole vueltas a lo mismo, intercalándolo con sus “himnos” que de manera irónica hablan del amor al prójimo.

El pobre ciudadano que se resignó a no leer ni a escuchar su música preferida, no tiene otra alternativa que acostarse para ver si dentro del cansancio logra conciliar el sueño, entre sobresalto y sobresalto, hasta que a las quinientas, cae rendido.  No ha empezado a disfrutar del silencio de la madrugada que ahora reina en su vecindario, cuando de nuevo es despertado por un silbato que siente casi en sus oídos.  Se trata de un vigilante, que por una cuota de parte de cada casa dizque vigila el vecindario a bordo de una bicicleta y sin ninguna arma más que un silbato que a la larga no ahuyentará a ningún amigo de lo ajeno, más bien lo alertará y lo único que logra es que a la vez que deja constancia de su presencia en el barrio, le quita el poco tiempo de sueño que le queda al pobre ciudadano.

El sufrido ciudadano ya se ha resignado y lo único que anhela es un poco más de tiempo para el sueño que al fin pueda conciliar antes de tener que levantarse para ir al trabajo.  Ha decidido que aprovechará al máximo el poco tiempo que le queda, se hará un baño de zanate y tomará un taxi para ir a la oficina.  Ya está disfrutando de esas maravillosos últimos momentos de sueño cuando de pronto una “barata” con el volumen al máximo anuncia la venta de leche agria y otros lácteos acompañado de una canción ranchera que se escuchaba a finales de los años cincuenta: “Llegó el lechero, llegó gritando, llegó el lechero, me halló cantando…”  Después de exclamar una maldición el pobre ciudadano no tiene otra alternativa que meterse al baño y el chorro frío de la regadera le sube la presión arterial a 150/100 y mientras se seca el cuerpo siente que la frecuencia cardiaca anda arriba de los 130.

Cuando está por llegar a su oficina, para lo cual tiene que pasar por una tienda de pinturas, una disco móvil alquilada por el negocio inicia, casi a toda potencia, un reggaetón que termina por provocarle una perceptible taquicardia.  Y es que pareciera que los brillantes expertos en mercadotecnia nicaragüenses han descubierto que las ventas de un negocio se incrementan en proporción al ruido que sus establecimientos puedan generar y de esta forma desde un supermercado de postín hasta una vulgar venta de patio, no pueden promover sus ventas de otra forma que no sea a través de una disco móvil que a todo volumen emite los más infames reggaetones.

El pobre ciudadano, obviamente mostrará un rendimiento deficiente en su trabajo lo cual traerá mayor stress en su vida cotidiana y hará que llegue a rastras a su casa al final de la jornada, pidiéndole, eso sí en voz baja, a toda la corte celestial que esa noche no haya “culto” en la “iglesia”, que a algún vecino no se le ocurra tener un reventón y que el vigilante del silbato se intoxique con E. coli.

Así como en esta historia, existen en Nicaragua decenas de miles en donde el ruido en sus diferentes manifestaciones es el elemento común que provoca serios trastornos a la población, afectando sus vidas a tal punto que el stress llega en ciertos momentos a derivar en otras enfermedades como hipertensión, diabetes, colitis y varias más.  Lo peor del caso es que en el nuevo Código Penal existe un apartado dentro de las perturbaciones del sosiego público dedicado a las perturbaciones por ruido, así como en la Ley 559 sobre delitos contra el medio ambiente y los recursos naturales, en donde se establecen sanciones y multas para aquellos que causen daño a la salud o perturben la tranquilidad y descanso diurno y nocturno de los ciudadanos.  Lo interesante es que por algún motivo los señores diputados en medio de su minusvalía intelectual exceptuaron de estas sanciones a las campañas evangelísticas masivas y las actividades de las congregaciones dentro de sus “templos”.  Así pues, es misión imposible tratar de frenar tanto abuso por la perturbación producida por el ruido excesivo e innecesario.  Así mismo, existe una ley para regular las actividades de las “baratas” o altoparlantes, pero también es imposible ponerla en práctica.  Existen documentadas algunas denuncias en contra de algunos de estos “ministros” y que al final fueron encontrados culpables por la autoridad judicial, imponiendo multas de cien córdobas que me imagino provocaron una hilarante reacción de parte de estas “iglesias”.

Sería fantástico, como dice Serrat, que en un día como hoy, que se celebra el Día Mundial del Ambiente, se juntaran los máximos pastores de todas las iglesias y emitieran una bula o algo parecido, dejando sentado que el Señor no sufre de hipoacusia, que es la Sabiduría personificada, por lo tanto no necesita que los fieles griten, repitan y amplifiquen sus plegarias y podrían tomar como base la parábola del fariseo y el publicano, en donde este último se escondía en un rincón del templo para musitar su humilde plegaria.  De la misma forma, un foro de gurús de la mercadotecnia podrían reunirse para sacar un comunicado en donde declaren que después de serios análisis e investigaciones se ha llegado a la conclusión de que el ruido no ayuda a vender más.  En el caso de nuestros diputados, ahí sí que es misión imposible, pero quien quita y en medio de los aparentes efectos de una lobotomía generalizada, encuentren un hilo de luz, cordura y sentido común y puedan entender que ruido es ruido, provenga de donde provenga.  Tal vez así el ciudadano común que no pueda construirse una mansión a prueba del mundanal ruido, tenga el sosiego que se merece y no aspire al sueño de los justos para gozar de un merecido descanso.

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9 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

9 Respuestas a “El mundanal ruido


  1. Excelente articulo. Lástima que no sólo el dios de estos fieles es sordo, porque ellos también lo son y les vale un comino saber QUE MOLESTAN EN GRANDE, a todo dar.

    Alguien me dijo que ellos lo que quieren es salvar a los demás que están en pecado y no quieren atender a Dios, para que oyendo se arrepientan y se conviertan 😦

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  2. Enfrente de los Zepedas en San Marcos, existe una de esas Iglesias que tu nombras, tendrían que prohibirlas ya que tal como vos decís, te perturbán el sueño, la vida y la tranquilidad. Exelente Poeta, te luces como siempre. Un fuerte abrazo mi hermano.

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  3. Oswaldo Ortega Reyes

    Cuando Serrat declaro: Seria fantastico que se instalara en el barrio el paraiso terrenal , estoy seguro que no se referia a esas escandalosas iglesias con guitarras electricas,baterias y una consola para amplificar 15 microfonos.
    Es un contrasentido escuchar la reiterada predica alegando que estan cada vez mas cerca de Dios faltando razon para justificar tanta alharaca y desmedido griterio.
    Se te olvido mencionar a los patanes que lavan el carro los fines de semana con musica cantinera a todo volumen .

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  4. Eduardo Ortega

    Aquí en una localidad vecina un alcalde se atrevió a prohibir el uso de amplificadores y bocinas que perturbaran la tranquilidad de los ciudadanos, más tardó en sacar el bando que en llegar una orden de “arriba” para levantar la restricción. Aquí en el pueblo se celebran todos los santos habidos y en proceso, con el visto bueno del párroco se gastan hasta cien mil pesos en pólvora, unas cargas cerradas que ya han dejado sin audio a varias persona.Pero son tradiciones, es el fervor religioso.Excelente mi bro. Saludos

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  5. A. L. Matus

    El ruido nos está ahogando, en pocos años habrá una cantidad enorme de personas con problemas de audición, con presión arterial incontrolable y con una serie de enfermedades que harán de nosotros un pueblo enfermo. Con el INSS en quiebra no habrá forma de que podamos sobrellevar estas enfermedades, así que el futuro se mira oscuro. Lo peor es que nadie parece hacer caso a este problema. Muy buena denuncia.

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  6. Conny Narváez de Obando

    Excelente escrito Don Orlando, esa es una epidemia que sufrimos todos; no importa que vivas en Barrio o Urbanizadora igual te clavan ese ruido que estoy 100% segura que hasta al mismísimo Dios perturba. Oh misericordioso Dios! acaba con ese mundanal ruido.

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  7. Héctor Octavio Arguello M

    Orlando, muy bueno tu comentario sobre ese mandamiento, pero siempre sigo pensando Moisés cargaba dos tablas, a lo mejor eran tres, tablas de piedra o tabletas de que? ¿Cuánto pesaban par venirlas cargando, si la piedra descubierta con relación a ese nuevo mandamiento, no eran dos palabras era por lo menos una oración escrita ¿tablas o tabletas? de piedra muy pesadas.

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    • ortegareyes

      Mi estimado Octavio, a mi me parece que hay mucho de alegoría en el Exodo. Si los lectores de ese libro hubiesen sido Milenials, seguro que se trataba de tabletas. Lo importante es el mandamiento.

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