Como sardinas en lata

No siempre a la sardina se la come el tiburón.  Es más, alguna de ellas se preguntará cómo pudo suceder que de repente, nadando en un cardumen mar adentro en el Golfo de Vizcaya, en el mar Cantábrico, España, cayera en las redes de un barco cerquero y terminara congelada, luego escabechada y posteriormente enlatada, para que tiempo después se la comiera un borracho en el las costas de La Boquita en el Pacífico nicaragüense.  A pesar de que lo anterior, podría servir de marco para adentrarme en un concienzudo estudio del karma, más bien trataré de analizar el significado de las sardinas en lata en la vida de los nicaragüenses.

Fue a inicios del siglo XX cuando después de la fiebre del oro en el oeste norteamericano, surgió, aunque en menor medida, la fiebre por el procesamiento de salmón, sardinas y otras especies marinas en la localidad de Monterey, un poco al sur de San Francisco en California.  El gran novelista norteamericano John Steinbeck inmortalizó esta fiebre en una novela llamada Cannery Row (La calle de la sardina).   Una de las empresas que surgió en este lugar fue la llamadaLa Sirena (en español) y que mediante la labor de un agente vendedor muy eficiente, empezó a exportar parte de su producción a Centroamérica en 1918.

El éxito que tuvo la introducción de las sardinas enlatadas en Nicaragua se debió en primera instancia a la cuaresma y en particular a la Semana Santa, en donde las costumbres impuestas al pueblo prohibían encender fuego para cocinar durante toda la semana mayor, además de la llamada “vigilia” consistente en no comer carne en ese período, a excepción del pescado.   La innovación de contar con un pescado, a pesar de su minúsculo tamaño, en comparación con las especies a las cuales estaban acostumbrados nuestros antepasados, estuviera listo para su consumo sin mediar ningún proceso de cocción, era algo práctico.  Otro punto más a favor de este producto era el precio, el cual estaba al alcance de la mayoría de la población pues una lata de 425 gramos, es decir casi una libra, costaba menos de 50 centavos dólar.

Muy pronto la población nicaragüense logró familiarizarse con el sabor de las sardinas enlatadas, especialmente porque La Sirena venía en dos presentaciones, una que mantenía las sardinas en aceite de oliva y la otra en una salsa entomatada que traía una especialidad llamada Pica Pica que tenía un toque picante.  Así que había para todos los gustos.  La batalla que se libraba era la apertura de la lata, pues la misma venía herméticamente sellada con soldadura y traía una pestaña en la cual se colocaba una llave con una ranura en donde entraba la pestaña y empezaba a enrollarse la tapa al darle vuelta a la llave.  Sin embargo, muchas veces esto se convertía en una misión imposible, ya fuera porque se rompía la llave o porque no quería seguir enrollándose la tapa, debiendo el propietario finalizar la operación con un cuchillo filoso y no pocas veces el operador salía con una lesión en los dedos ya fuera por el cuchillo o por la afilada tapa.

Cuentan que el General de Hombres Libres en medio de su creatividad dentro de la guerra de guerrillas, inventó unas bombas a las cuales agregaba pedazos de latas de sardinas a manera de shrapnel, causando tremendos daños en el ejército invasor.

No le tomó mucho tiempo a  la sardina en lata colarse en la gastronomía nicaragüense, en especial en la de cuaresma y Semana Santa, alternando con la sopa de queso o de rosquillas, los tamales pisques, los quesos y cuajadas, el arroz con gaspar, pinol de iguana, rosquillas, el curbasá, los almíbares, entre otros y que en su conjunto hacen la delicia de los paladares de tantos conciudadanos y el terror de quienes asisten a los oficios celebrados en locales cerrados, en especial a finales de la semana santa.

Con el tiempo, ingresaron al país otras marcas de sardinas, en particular una marca denominada Indio Azteca, que si mal no recuerdo se importaba de Francia.   Las presentaciones variaban y la más popular era una lata ovalada de 425 gramos a la cual se conocía en muchos ambientes como “sardina de picado”, aunque la más demandada era la de 175 gramos que venía en latas rectangulares con los bordes redondeado y que era un tanto más fácil de abrir.

Cuando se masificó el uso del abrelatas, los fabricantes de conservas de productos del mar se desentendieron del problema y diseñaron el borde de sus latas para el uso con este adminículo.  Esto vino a facilitar la apertura de las latas y a hacer del abrelatas un enser de primera necesidad en cada hogar.   Entonces apareció la lata redonda de sardinas con el peso de 175 gramos.

A finales de los años cincuenta, la casa Vigil y Caligaris que tenían unos laboratorios que vendían vinagre, vainilla y otras especias, decidieron importar sardinas del Atlántico y consiguieron que se las enlataran bajo su propia marca, habiendo escogido la marca Indio Moctezuma, para pedirle “raid” a la Indio Azteca que ya tenía un mercado cautivo en el país.  Estas sardinas eran producidas en el Cantábrico español y enlatadas especialmente para Vigil y Caligaris y consiguieron una buena aceptación de parte de los consumidores nacionales.

Para los años ochenta, en que hubo un hermanamiento con los países tras la “cortina de hierro”, llegaron a suelo nicaragüense los productos alimenticios más inverosímiles y que fueron rechazados en su mayoría por los paladares locales, sin embargo, uno que tuvo la preferencia de los consumidores nacionales fue la sardina enlatada en la extinta Unión Soviética.   Muchos conocedores de este producto, comentaban que se trataba de una sardina más exquisita que cualquier otra que hubiese llegado al país, sin embargo, todavía se mantiene el misterio respecto al origen del aceite en el cual eran escabechadas, apostando la mayoría a que no era vegetal, surgiendo entonces las más descabelladas teorías, desde algunos que aseguraban que era aceite de motores, otros que era alguna grasa animal y otros con una imaginación más fértil juraban que se trataba de un ingrediente secreto traído del Archipiélago Gulag.

En la actualidad, la sardina enlatada sigue teniendo una marcada preferencia de parte de los consumidores nacionales, aunque tiene que convivir con otros productos que debido a su calidad y precio llegan a competir muy estrechamente como es el caso del atún enlatado.  Otros con paladares más refinados e ingresos superiores, prefieren el salmón, las anchoas, los calamares y otras exquisiteces que se encuentran ocasionalmente en el mercado nacional.  La gran ventaja que tienen ahora todos estos productos es que cuentan con un sistema de sellado que permite una fácil apertura, tan sólo tirando de una argolla que traen incorporada a la tapa.

En lo referente a la sardina, este producto tiene la gran ventaja de que las investigaciones recientes han señalado la importancia de los ácidos grasos contenidos en los pescados llamados “azules”, entre los cuales se encuentra la sardina y que por lo tanto son ricos en Omega 3, tan importante para disminuir los lípidos del cuerpo humano, en especial el colesterol, bajando el riesgo de enfermedades coronarias.

La marca con mayor tradición en el país sigue siendo La Sirena, que lleva casi 100 años en el gusto de los nicaragüenses, en especial la enlatada en salsa Pica Pica.  Se encuentra en presentaciones desde 93 gramos a un precio de cerca de US$1.10, hasta la tradicional ovalada “de picado” a un precio de cerca de US$2.00.  El logo de La Sirena sigue siendo el mismo, nada más que la sirena ha sido remozada. La Indio Moctezuma de la casa, ahora, Hermoso y Vigil, se ha situado en un estrato superior, con una presentación de 120 gramos pero a un costo de US$2.85.  También se encuentran sardinas españolas de la marca Goya o Calva de 120 gramosa un precio de US$2.90.  Los productos ticos Sardimar, a pesar de ofrecer sardinas enlatadas, su incursión en el mercado nacional es preferentemente de atún enlatado en una gran variedad de presentaciones.

En esta Semana Santa, ya sea con la suave brisa de una playa nicaragüense de fondo o debajo de un palo de mango en el patio de la casa, puede usted abrir una lata de sardinas, en cualquiera de sus presentaciones, tomar una estas exquisiteces y ponerla encima de una galleta de soda, echarse un guapirulazo del licor de su preferencia y saborear una deliciosa boca.  Para potenciar el efecto, puede poner en su equipo de sonido a Carlos Argentino con la Sonora Matancera interpretando:  En el mar, la vida es más sabrosa y evocar los cantos de sirena que parecían emanar de las profundidades del Pacífico y si siente un vuelco en su corazón, no se preocupe, es el Omega 3 que está actuando.

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5 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

5 Respuestas a “Como sardinas en lata


  1. Las sardinas eran un tesoro en el pueblito de mi niñez. Allá sólo conocí las sardinas de río, muy pequeñas, el pescado fresco lo conocí aquí en Managua. Para la Semana Santa una sopa de pescado seco -mientras se podía cocinar sin quemar al Señor- y las sardinas enlatadas eran de rigor, amén de lo demás productos señalados por vos en tu estupendo artículo. Como siempre, te lucís.

    Que pasés junto a tu familia una estupenda semana.

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  2. A.L. Matus

    Un bocado indispensable en el verano en Nicaragua. Me comentaba mi papá que las sardinas Indio Azteca eran las de mejor calidad en su tiempo. Ahora no se sabe en realidad de donde vienen, pues pueden decir que el origen es español y en realidad son de Marruecos. Saludos profesor.

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  3. Chepeleon Arguello U

    Cada vez que veo una lata de sardinas, los recuerdos de la Semana Santa, el olor salado del mar y más tarde, el sabor de la Santa Cecilia, quemando la garganta, se vienen a mi… He tenido la suerte de visitar más de una vez por ser lugar preferido de mi esposa, la ciudad de Monterrey en California, en la calle que lleva el nombre de; Cannery Row, esta un pequeño centro comercial, con el nombre de Steinbeck, y casi frente está un restaurante de cadena mexicana: El torito, y desde allí, podes disfrutar la bahía de Monterrey, acompañado de una Margarita y recordar a la abuela exigiendo respeto, silencio y oración en esos días, para terminar como vos lo decís, comiendo sardinas con galletas de soda, tamales pisques con queso seco chontaleño ahumado… Gracias por hacerme recordar. Un buen escrito

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  4. una muchacha fue a un colmado, y pregunto hay pica pica y le respondieron, no solo bendemos sardinasss

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  5. heidy

    Solo quiero decirle q soy un consumidor de su producto pero el día de hoy destape una lata de la sirena pica pica y cuando estaba comiendo un pedazo de pescado me salio un tornillo pequeño. Solo les recomiendo q tengan más precaución cuando elaboren sus productos. Grasias

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