Al compás del flip-flop

Con la llegada de la década de los sesenta aparecieron dos productos que prácticamente vinieron a revolucionar la vida de los nicaragüenses: el radio de transistores y las chinelas de gancho.  A finales de los años cincuenta la fábrica de calzado Rolter había iniciado operaciones con la elaboración de zapatos con un importante contenido de hule, lo que facilitó la posterior diversificación de dicha fábrica con la introducción de una línea de producción de chinelas de hule.

Durante el período de la post guerra, en los Estados Unidos se fue ampliando el uso de sandalias al estilo de las orientales, que no tenían sujetador en la parte del talón y empezaron a elaborarse con hule, hasta encontrar la mezcla adecuada entre el diseño y la calidad del hule de tal forma que no produjeran ampollas a quienes las usaban.  En la costa oeste de los EE. UU. encontraron una gran demanda pues armonizaban con el estilo de vida desenfadado de California y la ebullición de sus playas con la naciente fiebre del surfing.  Estas sandalias se empezaron a conocer como flip-flop, debido al sonido onomatopéyico que producían las chinelas, con el talón completamente descubierto, contra la planta del pie.

En Nicaragua tuvieron una gran acogida, en primer lugar por el precio, pues un par de estas chinelas empezó costando alrededor de US$1.15; en segundo lugar por ser ideales para el uso en el interior de las casas, en especial en el baño, pues los otros materiales de las chinelas clásicas, cuero sobre todo, se arruinaban con la humedad.  Muy pronto, las chinelas de gancho se convirtieron en un elemento de rigor en el ajuar de muchos hogares nicaragüenses. No obstante su resistencia y durabilidad, era menester aprender a manejarlas, pues ciertos movimientos que producían tracción en la prenda provocaban que la guarnición que cubría el arco del pie se reventara, dejándola inútil.  De la misma forma había que tomar nota que en ciertos terrenos era muy fácil que se produjera esa fuerte tracción que rompía la chinela.    Cada quien fue adoptando un estilo particular de manejarlas, ya fuera que le gustara o no, hacer el ruido característico cuando la superficie plana de la chinela golpeteaba la planta de los pies.

En un inicio, las normas de etiqueta en el vestir manejaron el uso de las chinelas de gancho exclusivamente para el uso al interior de las casas, quedando proscrita su utilización en la calle.  Sin embargo, cuando el factor económico llevó esta prenda al uso de las clases de menores ingresos, poco a poco, de manera tímida al inicio, la chinela de gancho salió a la calle y fue en primera instancia el sector de las empleadas domésticas que la lució con donaire.  De la misma manera, la comunidad gay encontró en esta prenda un objeto emblemático, además de práctico y se dio a la tarea de dominar su porte con maestría y garbo.  Era todo un espectáculo observar a uno de estos individuos caminar manteniendo un marcado contoneo mientras se regodeaban al escuchar el rítmico sonido que producía el golpeteo de sus chinelas, dándose el lujo de cambiar a voluntad el ritmo, llegando algunos a acompañar uno que otro pasodoble, imitando a las castañuelas con aquel repiqueteo.

Las amas de casa encontraron en esta prenda un instrumento muy útil, además de hacer cómodo el tránsito en el hogar mientras realizaban sus menesteres, servía para matar toda suerte de animales nocivos y en una época en donde no estaba ni mal visto ni penalizado el disciplinar a los niños, era un elemento útil para propinar una buena tunda.  Algunas de ellas llegaron a manejar con maestría la chinela, realizando movimientos parecidos al kung fu a fin de catapultarla hacia el aire, en donde la señora la atrapaba y quedaba en guardia para lanzarla.

Cuando llegó la temporada de mar, la demanda de chinelas de gancho se disparó hacia las nubes, pues anteriormente, los veraneantes que no deseaban echar a perder sus calzados regulares, se quedaban descalzos en la ardiente arena, provocando serias quemaduras en sus humanidades y en cambio con el uso de las chinelas las caminatas por la playa se convirtieron en un verdadero placer.  Ahí también se inició la aventura del baile con chinelas de gancho, pues uno de los mayores esparcimientos en las playas del país era el baile en las enramadas, en donde era de rigor la presencia de una roconola; sin embargo, los zapatos de cuero en la arena dificultaban cualquier coreografía, amén de no rimar con la calzoneta o el vestido de baño y por otra parte, al dejarlos a un lado se corría el riesgo de que desaparecieran.   Sin embargo, esta empresa era un tanto difícil, pues las chinelas no se prestaban para realizar cualquier paso, lo cual obligó a los bailarines a realizar análisis concienzudos sobre la resistencia a la tracción del atuendo y sobre la ergonomía resultante en la combinación de los músculos flexores, reductores y lumbricales del pie, de tal suerte que se tuviera un dominio de la posición de la chinela ya fuera adosada a la planta o despegada en diversos ángulos de la misma, de tal forma que se redujera sensiblemente la tracción sobre la guarnición y permitiera algún paso específico del baile, aumentando el grado de dificultad de conformidad con el ritmo seleccionado, en especial la cumbia en la cual existen muchos pasos en que se sostiene el cuerpo en la parte media de la planta del pie, lo que obligó a establecer nuevas formas de bailar estos ritmos.

A finales de los sesenta, el uso de las chinelas de gancho estaba generalizado en el territorio nacional, en especial en las zonas urbanas, pues en el caso de los terrenos agrestes del área rural, su uso no se hacía práctico.  En esa época entró como competencia el calzado Sandak de México, con una amplia línea de zapatos de plástico, así como también algunas líneas de calzado de la ADOC salvadoreña.  No obstante, el producto de la fábrica Rolter tenía mejor precio y su uso estaba bastante arraigado en el país.  Cabe aclarar que en ese tiempo en que se adoptaron los estilos de vida de los hippies, se empezó a generar un sentimiento de rechazo hacia estas chinelas de hule, que no armonizaban con el resto del atuendo, prefiriéndose las sandalias de cuero o los caites que eran más folklóricos.  No fue sino hasta que John Lennon declaró que él no usaría prendas de vestir con elementos animales, que se reivindicó el uso de las chinelas de hule.

Para los años ochenta, en que el amanecer dejó de ser una tentación, los reflejos condicionados involucrados en el baño diario hicieron que un grueso de la población se calzara las chinelas de gancho, lo cual fue conceptualizado inmediatamente como un gesto de solidaridad más que de necesidad, adueñándose esta vez la prenda en cuestión de la calle, en contra de los protocolos vigentes, pues no solo estaba dura, sino hirviente.

Para los años noventa, con el regreso del capitalismo salvaje, se observó una sensible mejoría en los ingresos de la población, en especial como efecto del impacto de las remesas familiares y entonces la tradicional chinela empezó a convivir con nuevos modelos y marcas que se repartieron un mercado en crecimiento.  Coincide lo anterior con un relajamiento a nivel mundial sobre los cánones del vestir y la informalidad que fue tomando cada vez una mayor fuerza, a tal punto que este tipo de chinelas se empiezan a utilizar en ambientes en donde antes era imposible siquiera pensarlo como es el caso dela CasaBlanca o la alfombra roja de Cannes.  Altas personalidades y estrellas del espectáculo comienzan a utilizarlas lo que provoca un incentivo para la ampliación en su producción, desde diseñadores como Jean-Paul Gaultier a fabricantes de calzado deportivo como Adidas, Nike,  o los tradicionales productores como Havaianas, Pecheblu, Timberland, Jambu, entre otros.

Hoy en día, la chinela de gancho subsiste entre una infinidad de modelos, marcas y precios, de conformidad con las posibilidades de cada ciudadano y no es remoto verlas en los lugares más insospechados como el Teatro Nacional Rubén Darío.   Hay ciudades en donde su uso ha venido universalizándose, como es el caso de Nagarote, en donde una sorprendente alta proporción de la población la utiliza.

Por otra parte, esta prenda ha adquirido un sinfín de connotaciones, siendo una de ellas la de la inmediata correlación de esta prenda con la prisión.  Al constituir el short y las chinelas de gancho el uniforme estándar en las prisiones del país, es muy común la utilización de este binomio como advertencia ante las actuaciones delictivas u oscuras.  Se escucha frecuentemente decir: – A este piche pronto lo veremos en short y chinelas de hule, como vaticinando su inminente condena a un tiempo en prisión.

En fin, es innegable que la chinela de gancho ha sido un elemento omnipresente en la vida de los nicaragüenses en los últimos cincuenta años y su influencia en la vida de muchos conciudadanos es mayor de lo que se piensa.   Tal vez muchos negarán haberlas utilizado, sin embargo en todos ellos, aún pervive en su inconsciente la posición de los músculos del pie para dominar esta prenda y no es remoto que cada mañana lo primero que hagan, aún sin pensarlo, sea abrir el gancho.

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4 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

4 Respuestas a “Al compás del flip-flop


  1. Me dejás muda, 😀 , ‘te rindo el sombrero’. EXCELENTE ARTÍCULO. Me he acordado que Eneas Pallavicini me dijo que él había conocido a Salomón de la Selva, quizá, mejor dicho, oído. Decía que de la Selva era capaz de disertar por mucho tiempo sobre el tema más simple, como ejemplo decía que podía hablar hasta dos horas sobre un poste de teléfonos….

    Salud♥s

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  2. Estoy de acuerdo con Melba, tienes mucha imaginación Poeta y escribes sobre cualquier tema, te luces como siempre lo contrario sería un absurdo. Me gusto cuando te refieres a los años 80tas. y pones tu ironía disfrazada. Un fuerte abrazo Orlando, muy ameno leer tus artículos..

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  3. A. L. Matus

    Le faltaron tal vez los tipos con cara de patibularios y que sin camisa, alguna bermuda y chinelas de gancho, rondan las viviendas en bicicleta. Para muchos amigos de lo ajeno, este atuendo es ideal para la comisión de sus fechorías. Gracias por la ilustrativa historia.

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  4. Buen post, hasta ahora lo leo. Fijate que la empleada de mi casa solo chinelas Rolter usaba. recuerdo que se las quitó cuando nos acompañó, a mi hemano y a mi, cuando fuimos a ver al cine La guerras de las Galaxias (1978), imaginate? Caminó sacrificada, añorando sus chinelitas. 🙂

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