El peso del coronel

Por ahí dicen que la lealtad es como una planta que necesita cultivarse.  Tal vez de este razonamiento salió la famosa ley de las tres P (plata para los amigos, plomo para los enemigos y palo para los indiferentes), que de manera tan eficiente aplicó la familia Somoza mientras estuvo en el poder.  En especial la primera, que se refería a premiar con dinero a todos aquellos amigos del régimen en los cuales la familia Somoza depositaba su confianza.

Entre el círculo de esa amistad, resaltaba desde luego la Guardia Nacional de Nicaragua, un cuerpo armado que fue diseñado a la medida de la dinastía y que hacía las veces de ejército nacional, de policía y de guardia pretoriana del régimen.  De esta forma, los altos cargos de la G.N. principalmente, eran premiados con licencias, para poder amasar una buena fortuna, con cargo básicamente, no del peculio de la familia gobernante, sino de la ciudadanía.

Dentro del Presupuesto Nacional de la República los cargos de la Guardia Nacional tenían sueldos más que modestos.  En 1976 por ejemplo, mientras el Jefe Director de la Guardia Nacional tenía un sueldo equivalente en ese entonces a US$ 1,140.00, el Jefe del Estado Mayor de la G.N. alcanzaba un equivalente a US$ 798.00 y un Coronel G.N. alcanzaba apenas los US$ 342.00.  Sin embargo, el tren de vida que llevaban estos oficiales, de Coronel hacia arriba, tenía un costo que superaba con facilidad los US$4,000.00 mensuales.

Algunos cargos proporcionaban un extremo poder para quienes los detentaban, por ejemplo el Jefe de la Oficina de la Seguridad Nacional, quien posteriormente era el candidato ideal para ocupar la cartera de Hacienda y Crédito Público, como si el oficio de extraer la verdad bajo cualquier método, estuviese íntimamente relacionado con la capacidad de manejar el erario nacional.  En este mismo orden estaba el Jefe de la Investigación Nacional, quien ostentaba un gran poder, gracias a la información que manejaba y la cual podía proporcionarle enormes oportunidades de negocios.

Con mayores oportunidades de obtener grandes ingresos adicionales estaba el Jefe de la Policía de Managua, que tenía a su cargo el control de todos los bares, cantinas, prostíbulos y centros de juego, que generaban una considerable cantidad de coimas.

Con una mayor tranquilidad, pero con ingresos nada despreciables estaba el cargo de Pagador General de la G.N., que si bien es cierto tenía un sueldo nominal de US$500.00, tenía la facilidad de realizar los pagos en cifras cerradas hacia abajo, de tal forma que se quedaba con los “picos” sobrantes.  Es decir que si a un efectivo le correspondía un sueldo de C$80.85 le pagaba los 80 cerrados y se quedaba con el resto, bajo el argumento de que ya no tenía cambio.

No obstante, uno de los cargos más apetecidos era el de Jefe del Tránsito Nacional.  El cargo era asignado por un año y el titular del mismo, tenía a su cargo todo el control vehicular en todo el territorio nacional y manejaba lo referente a placas, licencias de conducir, multas y revisado.  Este último era una verificación del estado del vehículo que se realizaba cada trimestre con un costo de US$0.50.  Habría que aclarar que en aquellos dorados tiempos, no se extendía recibo ni chiquito ni grande por ninguno de estos pagos, así que no había claridad sobre el destino de los pagos por todos esos servicios.  Existía en esa época lo que se conocía como el Tribunal de Cuentas, equivalente a la actual Contraloría General de la República, pero que en términos prácticos era igual a esta, pues se la pasaban cantando la canción de Shakira, ciego, sordomudo (con todo y contoneo), con mayor razón al tratarse de las cuentas que manejaba la Guardia Nacional.

Lo más folklórico alrededor de los ingresos del oficial que estaba designado como Jefe del Tránsito era lo que se conocía como “el peso del coronel”.   Recuerdo que cuando viajaba en bus de San Marcos a Managua, al llegar a Las Piedrecitas el conductor le pasaba un córdoba al “perico” quien bajaba corriendo hacia una caseta que se encontraba a la orilla de la carretera y en donde se encontraba un guardia.  En la parte de abajo de la ventanilla de la caseta había un cajón que tenía una ranura, a manera de alcancía.  El “perico” depositaba directamente el peso en la ranura y el guardia sólo lo observaba con el rabo del ojo.  No había ninguna disposición escrita ni siquiera verbal sobre la obligatoriedad de que cada vehículo de carga o pasajeros que ingresara a Managua, debía de enterar la cantidad de un córdoba.  Tampoco existía el concepto por el cual se cobraba ese dinero, mucho menos había control sobre el destino del mismo.  Lo más extraño era que nadie se negaba a pagarlo.

De una manera abierta se comenzó a conocer aquella “contribución” como “el peso del coronel” y con el tiempo se volvió algo común que todo el mundo sabía de qué se trataba y nadie organizó protesta alguna por dicha tasa.  Sería muy aventurado realizar el cálculo de cuánto dinero ingresaba al bolsillo del Jefe del Tránsito en concepto de ese cobro, tal vez El Firuliche podría, pero ahora anda ocupado haciendo temblar a la gente.  Esas casetas estaban colocadas en puntos estratégicos de las entradas de Managua, cubriendo el ingreso de los vehículos procedentes de los puntos cardinales.  Con un cálculo conservador podrían haber ingresado un total de 1,500 vehículos diarios, considerando que un mismo vehículo podía realizar varios viajes al día y cada vez que ingresaba debía realizar su “aporte”, mismo que ante la ausencia de alguna ordenanza, podía considerarse “voluntario”.  De esta forma en un mes, el Jefe de Tránsito podía alcanzar un ingreso de C$45.000, equivalentes a US$6,428.00, sueldo que no alcanzaba a redondear ni siquiera el Presidente del Banco Central.  En un año, el pobrecito llegaba a acumular sólo por este concepto, la bicoca de C$540,000, que en aquellos tiempos era un enorme capital.

Se cuenta que de la misma forma en que se allegaban de dinero, estos oficiales también lo despilfarraban, en algunas ocasiones en francachelas y juegos.   Se dice de uno de ellos que en un juego de naipes apostó su casa de habitación y la perdió.

Cuando los fieles servidores de la ley y el orden se convirtieron en genocidas y de la noche a la mañana tuvieron que salir huyendo del país, muchos de ellos no tuvieron la oportunidad de llevarse nada de sus haberes y cuentan que algunos de ellos tuvieron que trabajar de security en algún supermercado de Miami. Sic transit gloria mundi.

Ahora las cosas han cambiado mucho.  En primer lugar las funciones del ejército y de la policía nacional se encuentran divididas en dos organizaciones independientes y profesionales.  Por otra parte, los sistemas de control del presupuesto nacional están muy avanzados y todo pago en concepto de licencias de conducir, placas, tarjeta de circulación y demás, está centralizado en el Ministerio de Hacienda y se pagan en un banco comercial, emitiéndose el respectivo recibo.  Ya no se observan las famosas alcancías del peso del coronel en las entradas de Managua.

No obstante, parece ser que últimamente han florecido muchas lealtades y la pregunta del millón es: ¿Cómo las han regado?

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7 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

7 Respuestas a “El peso del coronel

  1. Chepeleon Arguello U

    Orlando hermano, como siempre tus artículos son entretenidos, apuntan a la verdad y lo hace a uno, recordar frases, situaciones ya amanecidas en el olvido. Lo del perico, me trajo una sonrisa de oreja a oreja, la había engavetado en algún archivo referente a mi Nicaragua, también me acuerdo de la contribución voluntaria de “un peso”, a penas y disminuían la velocidad al llegar a la caseta, haciendo alarde de su agilidad física, el perico saltaba del autobús en movimiento, corría a depositar la coima y de esa manera regresaba a su posición en el vehículo, agarrado de la puerta… Por espeto a la “autoridad”, no se comentaba por temor a los orejas, que estaban por todos lados. La corrupción en Nicaragua, se ha manejado como un situación de la normalidad, y era aceptada a regañadientes por el pueblo, hasta que se le ocurrió a esta corrupción y los implicados meterse en los negocios de viejo capital, llámese burguesía… y hasta allí, dejo de ser producto de la normalidad y el apoyo de esta burguesía, lo pudimos ver en lo político, o monetario a las arcas del FSLN, desencadeno lo que ya es historia.
    Ahora, volviendo a esta nueva realidad, la corrupción aun sigue dentro de las filas de la policía y el ejército, ya no existe la cajita para el peso, pero manipulando las leyes, te sacan más que un peso, esta vez, no va hacia las arcas del Coronel, se quedan con ella. Además, no olvidemos, los negocios turbios de tierras en Tola, y otras localidades, donde los glorioso mandos del ejército, se quedaron con las mejores tierras en las costas del pacifico, de esa área, los negocios de las medicinas con dinero de los asegurados, hasta tal punto de acumular un capital, para construir un complejo turístico en San Juan del Sur, y con esta basta para todo el año dijo la Tula cuecho. Tomando en consideración, que hay miles de lisiados víctimas de la guerra, o los miles del EPS, que fueron cesados, sin más paga que el último cheque que devengaron, mientras que el ex jefe del EPS, es dueño de cadenas de supermercado, negocios en Costa Rica, radio estación etc, etc, los hijos de estos dos hermanos, se pueden dar el lujo, uno de cantante de ópera y debutar en Teatro Rubén Darío, y la hija de el otro, modelo, mientras los hijos de los miles de combatientes, se mueren de hambre… Sigue siendo tragicomedia, el andar de mi pueblo ante tanta corrupción… ahora estos piches, y su nomenclatura o circulo de hierro, son el nuevo capital, (neosomicistas) tienen los mismos vicios y gustos, superan en manipular y cambiar las leyes y la Carta Magna, a la medidas de sus gustos y aspiraciones.

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  2. A.L. Matus

    En aquellos días, se jugaba con bola pasada y era posible verla, así como su trayectoria. Ahora, se juega con bola recia y ni el humito vemos, así que queda en el más grande misterio la forma cómo se manejan las cosas. La única verdad es que nunca, una contraloría o como se llame, se atreverá a realizar una auditoría a ninguna institución castrense.

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  3. Tu magnífico artículo me ha traído a la memoria -por relacionarse con la GN- una anécdota. En mi niñez conocí en un pueblito de Madriz a un cabo (era el único guardia en el lugar) que andaba en una moto y con un mono sobre el hombro. La mayoría del tiempo la pasaba en un prostíbulo y, muchas veces, la gente que necesitara solventar algún problema tenía que buscarlo en ese lugar. En todo caso, por la moto parqueada, se sabía si estaba en el uno o en el otro sitio.

    Excelente artículo.

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  4. Orlando Morales

    Interesante comentario sobre todo por la manera tan especial y llena de veracidad que refleja, con esa manera tan simpática que tiene de escribir el maestro Ortega, esa realidad pasada y que es parte de nuestra historia. Una reflexión al respecto: la Guardia con todos esos vicios que le imputa Orlando y que son veraces, era muy efectiva en el control de la delincuencia y además con un costo bastante bajo para los contribuyentes. Creo que antes de la crisis política de Somoza de Debayle los efectivos de la guardia no superaban los 5000 (un ejercito bastante pequeño) y con esos efectivos cumplía de manera eficiente su papel de policía y los otros asignados (como ejército y guardia pretoriana). Recuerdo que nuestra ciudad luz habían un sargento (raramente había un teniente de jefe del comando) y unos tres o cuatro guardias, algunos eran hasta del mismo pueblo y ellos mantenían el orden eficientemente, aun en los períodos de corte de café donde llegaban al pueblo miles de cortadores provenientes de otros territorios. Para el período de corte de café el pueblo se volvía una zona comercial importante, y a la par de los cortadores nos visitaban decenas de comerciantes que exhibían sus productos en “tijeras” de dormir. Asimismo la “zona roja” de nuestro pueblo (que siempre la tuvo en aquella época y que los hombres que crecimos en aquel entonces algún dia la visitamos) vivía sus mejores momentos ya que se llenaba de clientes y algarabía. Lo interesante del caso es que todo eso era controlado eficientemente por tres guardias razos, un cabo y un sargento.

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  5. Muy ameno tu relato Poeta, lo contrario sería una contradicción. Me gusto mucho hablar con vos y espero que tu próximo relato de la Ciudad Luz, se los dediques a los Bravos del volante Sanmarqueños. Estoy muy de acuerdo con las opiniones de mi Primazo Orlando Morales Ortega Robleto. SLQ.

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  6. Ligia

    El sábado 2 de abril, la Policía Nacional demostró que es una guardia pretoriana al servicio del régimen. No hay ya diferencia alguna con la Guardia Nacional de los Somoza. Las múltiples violaciones a los derechos humanos que se dieron en la manifestación de la sociedad civil y que están documentados en varios videos, no dan lugar a dudas que el “profesionalismo” de este cuerpo es puro cuento, pues al final de cuenta se le cuadran al aspirante a dictador.

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  7. Marco Antonio

    Puede que usted tenga razón “ya no se observan las alcancias con el peso del coronel” pero en cambio hay más corrupción que ayer, la esperanza pasa largo, nuestro pais es un mundo sin mañana…

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