El amor, triste y azul

Para 1968 estábamos sumergidos en la música rock.  Los Beatles estaban en su pleno apogeo y ese año habían lanzado Revolution y Hey Jude.  El movimiento hippie se había masificado en los Estados Unidos y el resto del mundo imitaba alguna de sus características, entre ellas la vestimenta, así como la música, que desembocó en el legendario concierto de Woodstock el siguiente año.   Grupos como The Doors, Steppenwolf, The Who, The Box Tops, Tommy James & The Shondells, The Monkees, Sly & The Family Stone, The Lemon Pipers, The Temptations, The Rolling Stones, Erick Burdon & The Animals, Cream, The Beach Boys, The Cowsills y varios más dominaban la escena de la música popular en inglés, aunque de vez en cuando aparecían éxitos que se apartaban de la corriente musical dominante.

 

A finales de ese año, nos llegó un tema, proveniente de los Estados Unidos en donde había ocupado el primer lugar de los hit parades por varias semanas y que realmente llegó al corazón de la audiencia nicaragüense.  Se trataba de Love is blue, interpretado por el pianista, arreglista y director francés Paul Mauriat y su gran orquesta.  En español la canción fue bautizada como El amor es triste y a pesar de que la versión de Mauriat era instrumental, la profundidad de la melodía conducía invariablemente hacia esa esencia del amor que produce una sensación de tristeza.  Hay que recordar que íbamos rumbo a los veinte años y nuestros corazones, por no decir toda nuestra producción de hormonas, eran como la planta nuclear de Fukushima. El tema estaba impecablemente interpretado y mantenía un estilo bastante depurado con un aire clásico.  En los Estados Unidos había sido clasificado dentro del rubro “Easy Listening” y en ese momento logró, momentáneamente, hacer a un lado a Ray Conniff, dueño y señor en ese entonces de esa categoría.

 

La canción, sin embargo, era un cover de un tema que tenía su historia.  La original había sido compuesta por el músico y director francés, André Popp, con letra de Pierre Cour para el Festival de Eurovisión de 1967, bajo el título L´amour est bleu.  La canción representó a Luxemburgo y fue interpretada en francés por la cantante Vicky Leandros, de origen griego y radicada en Alemania.   La canción no triunfó en el festival, el cual fue ganado por el tema inglés Marionetas en la cuerda.

 

El sello Philips le solicitó a Paul Mauriat realizar una versión instrumental de esa canción y a pesar de que Mauriat no estaba entusiasmado con la idea, al final aceptó grabarla.  El tema obtuvo un modesto éxito en Francia y fue gracias a un disc jockey de Minneapolis en los Estados Unidos quien descubrió la versión de Mauriat y empezó a radiarla que al poco tiempo la audiencia empezó a pedirla insistentemente, alcanzando el primer lugar de los charts por varias semanas consecutivas.  Era algo inusual para un tema instrumental, pues no se miraba algo igual desde el éxito de Telstar con The Tornados en 1962, éxito del cual posteriormente The Ventures sacaron un cover, para mi gusto mejor que el original y que muchos recordarán como el tema de “El programa de la juventud” de Radio Católica a mediados de los sesenta.

 

Para nosotros Paul Mauriat era completamente desconocido, a pesar de que en Francia tenía una larga carrera musical, pues desde pequeño estuvo dedicado a la música y había trabajado con artistas de la talla de Maurice Chevalier y Charles Aznavour.  De vez en cuando componía y grababa temas bajo cualquier seudónimo y uno de esos temas grabado originalmente con el título de Chariots, luego se convirtió luego en I will follow him, interpretado por Petula Clark y posteriormente por Little Peggy March quien la lanzó a un éxito arrollador en los Estados Unidos.  Dicho tema se conoció en español como Yo la seguiré, mismo que fue interpretado por varios artistas del momento como Emily Cranz y Enrique Guzmán; Angélica María sacó una versión muy buena bajo el título de Chariot.  A inicios de los noventa, una película de Whoopi Goldberg, “Una monja de cuidado” (Sister Act) volvió a resucitar el tema, con buen suceso.

 

En cuanto a El amor es triste, cabe decir que ninguna de las versiones del tema pudo superar a la interpretación de Paul Mauriat, aun considerando que las versiones cantadas, en francés e inglés jugaban con los colores asociados a las distintas facetas del amor, agregando que en inglés también tiene la acepción de triste o melancólico, de ahí que el título en español fuera El amor es triste, un tanto más apegado a la característica del tema.  Las versiones vocales fueron muchas, desde Frank Sinatra hasta Raphael quien la canta en su película El golfo.

 

Cabe agregar que Paul Mauriat no volvió a alcanzar el éxito que obtuvo con El amor es triste, salvo tal vez por el tema El amor en cada habitación, que también tuvo una buena aceptación pero nunca como el primero.  Lo curioso es que la música de Paul Mauriat obtuvo un éxito inusual en Japón, en donde el director ofreció cerca de mil conciertos a lo largo de toda su carrera, así mismo, cuando finalizó su contrato con el sello Philips, firmó con el sello japonés Pony Canyon.    Cuando sintió que era tiempo de retirarse, Mauriat seleccionó a la ciudad de Osaka, Japón, como el lugar para ofrecer su último concierto en 1998, ocho años antes de fallecer en su natal Francia.

 

Después de que El amor es triste inundó las ondas hertzianas de Nicaragua por un buen rato, en 1969 poco a poco se fue difuminando para dar paso a los nuevos éxitos.  Los Beatles lanzaron Get back, que fue el preludio de su separación y el rock en general volvió a adueñarse de las preferencias nacionales.

 

Los “jóvenes” que ya han rebasado la barrera del medio siglo, sin duda alguna recordarán El amor es triste y seguramente estará asociada al recuerdo de algún amor posible o imposible.  Se trata de un tema que a diferencia de muchos de los éxitos de esa época, no se escucha en los programas nostálgicos de la radiodifusión nacional.

 

Así que ahora, que el gris autumnal se cierne sobre nuestras cabezas, en alguna pálida tarde, tal vez podríamos recordar con el fondo musical del maestro Mauriat a los extraordinarios versos de El Vate: “y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa…”

 

 

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4 comentarios

Archivado bajo cultura, Mùsica

4 Respuestas a “El amor, triste y azul


  1. En primera instancia, decirte que ya estaba extrañando tus escritos, dos semanas me estaban haciendo pensar que estabas de viaje, o enfermo, o muy ocupado.

    Aunque su recuerdo no slovinculo a amores o desamores, cómo no recordar a Paul Mauriat con su orquesta, con “El amor es triste” -prefiero decir que es azul- y también con “Aline”, que también me encanta.

    Gracias por los buenos recuerdos y por lo bien documentado de tu artículo.

    Saludos.

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  2. Orlando Morales

    Como siempre muy bueno su escrito, con la información pertinente referente a la época y el estilo entre serio y burlón que hace muy agradable su lectura. Me gustó mucho el cierre con ese par de versos del (al decir de un amigo mío) “inevitable” Darío.

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  3. A.L. Matus

    Recuerdo que fue un éxito completo El amor es triste de Paul Mauriat. En las emisoras no paraban de tocarla una y otra vez, en algunas ocasiones hasta rayar el disco. Yo creía que era de su autoría, hasta ahora que leo su artículo con la información completa. Hay que reconocer que su canción I will follow him también está muy buena, especialmente en el arreglo que le hicieron al coro de monjas en Sister Act. Gracias Profesor.

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  4. 😀 He vuelto para oir la música desde tus enlaces. GRACIAS ♥

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