Stayin´alive…

Corría el año 1978 y la ciudad de Managua parecía surgir entre las cenizas.  Poco a poco el proceso de reconstrucción de la ciudad iba dándole un aspecto de vitalidad, moderna aunque desordenada y sus habitantes iban abandonado aquel miedo que se anidó en sus almas y que frecuentemente los hacía dormir en la calle, ante la eventualidad de un nuevo sismo.  Las luces mortecinas poco a poco fueron dando lugar al regreso del neón y la vida nocturna volvió por sus fueros.

El Centro Comercial Camino de Oriente inaugurado cuatro años atrás vino a convertirse en el nuevo centro de atracción de la ciudad, albergando un variopinto de negocios entre los que se destacaban dos salas gemelas de cine.  Aquella noche, en el Cinema 1 se agolpaba una nutrida concurrencia que poco a poco fue llenando la sala.  Con una ocupación del 70 por ciento se consideraba, para los estándares de la Managua de esa época, que el cine estaba de bote en bote.  Las luces del recinto se apagaron suavemente y la película anunciada empezó a proyectarse de inmediato.  En aquellos tiempos, no era de rigor como ahora, los diez o quince minutos de anuncios y trailers.    Un vagón del metro de Nueva York surgió en la pantalla y los créditos en rojo anunciaron la participación estelar de un actor, para la mayoría de la audiencia desconocido: John Travolta (casi nadie recordaba su aparición en “Carrie”) y de manera simultánea, la música de los Bee Gees, un tanto fuera de su tradicional estilo, pero con la inconfundible voz de Barry Gibb, inundó el cine.  El público empezó a moverse en sus asientos, mientras se anunciaba el título de la película “Saturday Night Fever” y la cámara seguía en una toma baja, casi al nivel del suelo, los zapatos de tacón color vino de Travolta contoneándose por las calles de Brooklyn, con un galón de pintura en la mano.  A medida que avanzaba el tema introductorio de la película, Stayin´alive, el público iba sintiendo cada vez más aquella atracción del nuevo estilo de los Bee Gees, grupo que para muchos ya había fenecido artísticamente.

Al final de la proyección el público abandonó la sala completamente satisfecho y se desparramó por el Centro Comercial buscando un sitio para comentar la película.  Algunos fueron al Topkapi, en donde servían una cerveza bien fría acompañadas de unas pequeñas enchiladas.  Los más elegantes se fueron a la Sala de Té Marçois que ofrecía el té helado en unos vasos altos y los acompañaban con sofisticados pasteles y quienes salieron con la comezón del baile se fueron a las dos discotecas del Centro, el Lobo Jack y El Infinito.

La película de John Badham definitivamente los había estremecido, al igual que sucedió en todo el mundo.  No obstante, los aspectos que mayor peso tuvieron en el gusto de los nicaragüenses fueron la sensacional intervención coreográfica de John Travolta y la inigualable música de los Bee Gees.  Esta simbiótica relación había logrado el éxito de la película y había fortalecido la cultura “disco”, si así podía llamarse.

En lo que tal vez no logró reparar a cabalidad el público nicaragüense fueron ciertos aspectos de fondo.  En primer lugar la película se había basado en un artículo del crítico inglés de rock Nik Cohn  publicado en el New York Times en 1976 llamado “Ritos tribales del sábado por la noche”, en donde describe la cultura disco de Nueva York a mediados de los años setenta y que muchos consideraban “underground”.  Por muchos años se creyó que el artículo era un reportaje basado en hechos reales, sin embargo, treinta años después el autor confesó que todo fue ficción, pues ajeno a la cultura neoyorkina se sacó el artículo de la manga.  La película sin embargo, logró describir con bastante realidad, la vida intranscendente de muchos jóvenes neoyorkinos y que en el baile de los sábados por la noche en las discotecas del rumbo, trataban de encontrar un escape, compitiendo por ser los mejores bailarines.

Por otra parte, la película fue la primera que utilizó el crudo lenguaje de la calle, con todas las procacidades posibles, lo que le valió la clasificación “R”, lo cual prácticamente se perdió en los subtítulos en español que seguían manejando una hipocresía manifiesta en la traducción.

Habría que admitir que la película tuvo un impacto tal que logró provocar grandes cambios en todos los ámbitos de la cultura.  Por una parte, vino a echarle la última palada de tierra al fallecido movimiento hippie, con todas sus manifestaciones, principalmente la moda.  Aquel estilo informal, tirándole a descuidado dio paso al regreso de la elegancia, especialmente en la indumentaria del varón, aunque esta vez con un tinte “chivesco” que resaltaba las camisas de seda apretadas al cuerpo y los trajes de poliéster, con pantalones ajustados arriba y ligeramente acampanados abajo, completados con zapatos con mínima plataforma y tacones.  El famoso traje blanco de John Travolta es un ejemplo clásico de lo anterior.

El cambio de una actitud contemplativa del hippismo hacia una nueva, un tanto agresiva, se reflejó en el baile, en donde aparecen figuras coreográficas con mayor grado de complejidad que aquel místico estilo del “Peace and love”.

En la música los Bee Gees lograron consolidar la nueva corriente musical que años antes iniciaron músicos como Leo Sayer, los Rolling Stones y otros.  Después de haber caído en un impase del cual muchos creyeron no iban a salir, el trío de los hermanos Gibb logró acaparar los primeros lugares de los hit parade de todo el mundo y de la misma forma, el álbum doble con el soundtrack de la película se ubicó en los top ten de todos los tiempos, incluyendo además los temas de David Shire, Yvonne Elliman, Kool & the Gang, The Trammps, K.C. and the Sunshine Band y Walter Murphy.

De cualquier manera, la película provocó que el mundo entero volteara su mirada hacia una juventud en constante evolución y en donde la rebeldía, con causa o sin ella, seguía siendo un motor importante.  El cine continuaría centrando su temática en la juventud, la música seguiría la senda marcada por los Bee Gees, dándole entrada a las dos divas de la música disco, Donna Summer y Gloria Gaynor.  Los jóvenes empezaron a vestir al estilo de Travolta, muchos de ellos imitando el contoneo de su paseo por Brooklyn.

En Nicaragua, sin embargo, esa chispa encendería una mecha con un destino completamente diferente.  El país vivía ese año el comienzo de una verdadera convulsión.  En enero de 1978 con el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro explotaría una protesta generalizada en contra del Gobierno de Somoza, sospechoso de dicho asesinato y culpable mientras no se probara lo contrario.  Así pues, la fiebre por la música disco duraría muy poco.  Después de la presentación de Saturday Night Fever se multiplico la afluencia hacia Lobo Jack, El Infinito y una mini discoteca llamada Galería que quedaba en un pequeño centro comercial frente a Plaza España, en donde los Wong tuvieron un supermercado.  No obstante en lo efímero de este movimiento, los asistentes que querían ser émulos de John Travolta asistían con cierto miedo o cargo de conciencia, pues mientras ellos trataban de divertirse un tanto al estilo avestruz, en muchas partes del país se libraban duras batallas para sacudir la dictadura de Somoza.

De esta manera, todavía flotaba en el ambiente la gran nube levantada por Saturday Night Fever, la música de los Bee Gees, Donna Summer, Gloria Gaynor, la figura de John Travolta, haciendo el paso del reloj por la pista multicolores de la discoteca Odisea 2001, cuando los vientos del cambio soplaron tan fuerte que la borraron completamente de la noche a la mañana.

Quizá de cierta forma, muy en el inconsciente, quedó el espíritu de la película, aquel sueño de los jóvenes de Brooklyn de algún día poder cruzar el puente, es decir pasar de su barrio hacia Manhattan.  Lo interesante es que acá cada quien buscó su propio puente y su propio destino, algunos hacia el poder, otros hacia el dinero, otros hacia la libertad, donde quiera que estuvieran, no importa si lo que había después era un espejismo.

Pocos años después, se generó un movimiento mundial orientado a desmantelar la cultura disco, logrando desterrarla de la mente de sus seguidores.  Pero es interesante saber que después de treinta años, pareciera volver a renacer, al igual que muchas cosas, un poco lo que decía Blood sweat and tears: Spinning Wheel got to go round.

Por mi parte, desde hace algunos años cada vez que despierto y me veo frente al espejo, se me viene a la mente aquel estribillo de la canción introductoria de la película:  Stayin´alive, ah, ah, ah, ah, stayin´alive… Por lo menos por este día.

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7 comentarios

Archivado bajo cine, cultura, Mùsica, Nicaragüense

7 Respuestas a “Stayin´alive…


  1. Siempre es un placer recorrer tus acuciosas líneas. Nunca olvido mi propia expresión de asombro viendo bailar a Travolta, preguntándome si era posible algún truco 😀 ¡!

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  2. A.L. Matus

    Parece mentira que al momento de estrenarse esa película en los Estados Unidos, la crítica la destrozó y no mucho tiempo después, esos críticos debieron tragarse sus comentarios, pues John Travolta fue nominado al Oscar por su actuación y al final de cuentas Saturday Night Fever se convirtió en una película de culto. Me gustó la forma en que abordó el período previo a julio de 1979 a través de la película y la forma cómo remató el artículo.

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  3. Orlando Morales

    Realmente que me hicistes vivir nuevamente el momento en que yo hice una tremenda cola, precisamente en uno de los cines del camino de oriente, para ver la película. Acción por la cual recibí la mortificante crítica de mis compañeros de lucha “maoistas” por semejante desviación “pequeñoburguesa”. Tiempos aquellos.

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  4. Oswaldo Ortega Reyes

    Me ha gustado mucho este enfoque sobre un fenomeno cultural que como bien apuntaste en tu escrito no trascendio en Nicaragua como en otros paises donde desplazo un modelo cultural propio para enraizar el estilo importado de Travolta. Hay un film del chileno Pablo Larrain titulado TONY MANERO ambientado en el tiempo de la dictadura de Pinochet y trata de un personaje de edad madura, asesino en serie obsesionado con Tony Manero y su acto coreografico. Asimilando la critica contenida en este film es comprensible la reaccion de los companeros maoistas de nuestro amigo Orlando Morales quien afortunadamente resulto “stayin’ alive” despues de semejante desviacion ideologica.
    No se si te toco presenciar a unos contemporaneos nuestros entrar al Lobo Jack vistiendo chaleco y saco en las noches que Managua registraba mas de 35 grados una semana despues que se estreno la famosa pelicula .

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    • ortegareyes

      Gracias a todos pos sus comentarios. Sobre lo que apunta Oswaldo respecto a la trascendencia del fenómeno disco en muchos países, me tocó observar en México que durante todo 1980 y parte del 81, proliferaban en la televisión los concursos de música disco, no se diga lo abarrotadas que se ponían las discotecas. En cuanto a los visitantes del Lobo Jack y de El Infinito, vistiendo las galas de Travolta, que vendían a buen precio en la tienda Aby del Centro Comercial Nejapa, aunque se andaban asando con el calor imperante en la capital. Esos mismos, meses después tiraron en un excusado el uniforme de Travolta y se pusieron un uniforme verde olivo, eso sí, made in USA,

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  5. nitro

    la mejor pelicula un hecho rela que se refleja ………………Travolta Idolo !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  6. Turquesa Pigott

    Interesante nota.
    Debo decir que cuando Saturday Night Fever irrumpió de forma estruendosa
    en mi país(Uruguay)
    La música de BEE GEES me sorprendió…y esa voz,
    de perfecto falsete en que Los Hermanos GIBB
    armonizaban los temas disco.
    Corroboró aún más, de que no estaba equivocada en seguir eligiéndolos..
    Estaban destinados a ser genios.
    Además la versatilidad compositiva de tres hombres, que marcaron el rumbo
    de los 70´s.
    Me dieron la certeza que iban a ser inmortales.
    Pues mi corazón Todavía hoy, sigue bailando.
    You Should Be Dancing Yeah!
    Gracias por la oportunidad.

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