Aquel indiscreto olor

No me canso de insistir que el nicaragüense puede tener muchos defectos, pero no puede decirse nada en contra de su pulcritud.  A veces hasta exagera en su higiene personal, aunque las excepciones vienen a confirmar esta regla.  Cuando abordé este tema en mi post Ese vicio de bañarse a diario, me centré exclusivamente en el uso de agua y jabón, sin embargo, considero que hay un elemento extra en la higiene personal que no puede pasarse por alto y es el control de los olores que emanan de su cuerpo, en particular de sus axilas.

En un clima como el de Nicaragua, las glándulas sudoríparas, en especial las epocrinas, generan copioso sudor que con la acción de las bacterias provocan malos olores que llegan a ser desagradables en extremo.  Aunque dicen que en gustos se rompen sacos, pues Napoleón cuando iba a llegar a su casa, avisaba con antelación para que su esposa no se bañara por lo menos desde tres días antes de su llegada, para así disfrutar de sus efluvios.

En general, provoca consternación la presencia de alguien que ha descuidado su higiene personal y más aún su ingreso en algún local cerrado, seguido del característico olor de las bacterias haciendo de las suyas en las axilas.  Lo primero que genera es un auto cuestionamiento entre los presentes quienes se preguntarán como Pedro:  -¿Seré yo, Maestro?, sin embargo, muy pronto se detecta al culpable y la subsiguiente reacción es apretar los brazos para proteger el área de las axilas, pues existe la firme creencia de que ese olor se contagia, como si fuera la bacteria del cólera.  Luego invade a la concurrencia un sentimiento de vergüenza ajena que los limita a la proliferación de indirectas, a veces un tanto directas.  -Qué hombre más fuerte, dirá alguien, -de los sobacos, agregará al instante.  -Clase de saíno, dirá otro, en una clara alusión al pequeño mamífero paquidermo (pecari tajacu) que tiene una glándula en el lomo que despide un fétido olor.  -Consíganle un mecate, susurrará otro, -para amarrar al chancho, y qué pues, rematará.  En desuso están las exclamaciones: -Al bate Trucutrú, o Popy, popy, popy, tomados ambos de comerciales de los sesenta. Eso sí, muy difícilmente alguien se atreverá a espetarle en la cara su situación.

Es por eso que el desodorante constituye un artículo de primera necesidad y elemento indispensable en la higiene diaria del nicaragüense.  Es muy difícil tratar de precisar cuándo inició el uso de sustancias desodorantes en Nicaragua, pues hay que considerar que uno de los elementos que permiten la proliferación del mal olor de las axilas es el pelo que cubre esa área y por otra parte, nuestros antepasados indígenas eran lampiños por naturaleza, por lo tanto el problema relacionado con el sudor de las axilas era menor que en el caso de los europeos.  De cualquier forma, en la época del mestizaje se observa la utilización de agentes naturales para evitar el mal olor de dicha sudoración, al igual que lo hicieron los egipcios miles de años antes.  Uno de estos agentes fue el llamado alumbre, piedra alumbre o alunita, que es una sal mineral (sulfato doble de aluminio y potasio) encontrada en la naturaleza que regula la sudoración y elimina las bacterias, teniendo además cualidades cicatrizantes y astringentes.  Esta última cualidad le dio una gran utilización en partes por demás inverosímiles.  También fue muy utilizado el limón, así como la hierbabuena, otros combinaban el limón con bicarbonato de soda y otros le atribuían a la leche de magnesia propiedades efectivas en contra del mal olor del sudor.

El desodorante como tal, apareció en Nicaragua a mediados de la década de los treinta y su nombre comercial era Mum.  Se vendía únicamente en farmacias y al inicio se consideraba como un artículo suntuario.  Mum es un vocablo que en inglés significa silencio y se utiliza como una orden para callar o no decir algo, término muy apropiado considerando que el tema de los olores corporales era considerado tabú.  Este desodorante cuya primera presentación era en crema y se aplicaba con la yema de los dedos, había sido inventado en Philadelphia a finales del siglo XIX; en 1931 la empresa Bristol-Myers adquirió la patente y parece ser que borró todos los vestigios respecto a su inventor original, que al final quedó en el olvido.  El desodorante contenía como ingrediente activo el zinc.  Ante el éxito logrado por el desodorante Mum, pronto encontró competencia y fue la marca Odorono quien libró una feroz batalla para arrancarle el mercado a Mum, presentándose como antiperspirante.  La publicidad fue clave para el dominio del mercado, aunque en aquella época la discreción era requerida en todos los comerciales y cualquier atrevimiento era causa suficiente para la censura.

A finales de los años cuarenta, llegó a Nicaragua el desodorante Mennen para hombres, que como gran adelanto se ofrecía en spray.  Cabe la aclaración que no era en aerosol, sino que un envase de hule, con un pequeño orificio en la tapa, rociaba en minúsculas gotas el desodorante mediante presión en el frasco.

El siguiente invento que conocimos a comienzo de los sesenta, cuando ya presumíamos de adolescentes y por lo tanto requeríamos el uso de desodorante, fue la barra.  La primera marca que llegó fue Lander y el producto venía en unos frascos de vidrio con tapa de rosca metálica que traían adentro un tubo plástico en donde estaba el desodorante en barra cilíndrica, la cual era empujada hacia arriba con un tapón en el fondo del cilindro.  El mayor ingrediente parecía ser el alcohol y si se echaba uno más de dos pasadas, le irritaba las axilas de tal forma que pasaba todo el día como Charles Atlas.  Luego en este mismo formato llegó el de la marca Breck, un poco menos irritante y también otro de la marca Palm Beach, que la gente pronunciaba Pal Bich y que dio origen a la anécdota de alguien que llegó a una farmacia y preguntó que si había desodorante Pal Bich y la dependienta le respondió que sólo para los sobacos.

El siguiente gran invento en materia de desodorante fue el roll-on.  A Nicaragua llegó a finales de los años sesenta, aunque en los Estados Unidos había sido desarrollado por un investigador de Mum a finales de los años cuarenta, basándose en el principio del lapicero o bolígrafo.  Este lapicero llegó a Nicaragua a inicios de los cincuenta y asombró a todo el mundo por su mecanismo basado en una pequeña esfera en donde antes estaba una plumilla y tenía el nombre de Pluma Atómica.  El desodorante en roll-on llegó a revolucionar la industria del desodorante y hasta la fecha es una de las presentaciones más socorridas.  Aquí se vale mantener el nombre en inglés de roll-on y no hay que tratar de traducirlo, pues si se pide desodorante de bola, se lo pueden vacilar.  Mum sacó este desodorante bajo el nombre de Ban y tuvo un enorme éxito a nivel mundial.  Para esa época se ofreció también el desodorante en aerosol, con ventas menores debido a su precio más alto y con grandes críticas pues uno de sus componentes afectaba la capa de ozono.

En la actualidad la oferta de desodorantes está en manos de los grandes consorcios internacionales que poco a poco fueron devorando a las empresas tradicionales de productos de belleza.  La Colgate Palmolive quien compró a Mennen, ofrece la línea de Speed Stick y Lady Speed Stick; Procter and Gamble que engulló a Bristol-Myers, Shultton y Gillette ofrece Mum (en algunos países), Old Spice y Gillette;  Unilever que adquirió a Rexona ofrece Axe, Rexona y Dove.

Ante una demanda en franca expansión, estas marcas se disputan la mayor proporción del mercado a través de agresivas y originales campaña publicitarias, como es el caso de Axe, que pregona que no hay mujer que se resista ante el hombre que lo usa o el de las aventuras de Bárbara Blade, heroína de los anuncios de Lady Speed Stick que puede rasurarse las axilas con un puñal al estilo Gary Cooper, pero que no suda por ahí gracias a la poderosa y delicada acción de ese desodorante.  No obstante, hay un creciente movimiento en contra de los desodorantes comerciales, por una parte por los naturistas que abogan por regresar al uso de elementos naturales como el alumbre y otros más radicales que simplemente han eliminado el uso de cualquier tipo de desodorante, como es el reciente caso de la actriz Julia Roberts, que a favor del medio ambiente ha dejado de usarlo.

Lo cierto es que nuestro clima no permite hacer a un lado el uso del desodorante, además que en nuestra cultura el indiscreto olor de las axilas motiva al rechazo.  Un claro ejemplo de lo anterior lo constituyó la animadversión que obtuvieron los miles de cooperantes, brigadistas y voluntarios llamados internacionalistas que al venir de países de clima frío y no acostumbrados a utilizar desodorante y a veces ni al baño diario, provocaban afectación a las narices nacionales mayor que los beneficios de su voluntariado.

Así que apreciables lectores, sin caer en los cantos de sirena de los comerciales de desodorante, adquieran la marca y presentación que mejor se adapte a sus bolsillos y le ofrezca una protección efectiva de al menos 12 horas.  Así podrá levantar sus brazos con toda confianza, para saludar, reclamar, bailar, sin temor a causar una conmoción entre sus semejantes.

 

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8 comentarios

Archivado bajo cortesía, cultura, farmacias, Nicaragüense, urbanidad

8 Respuestas a “Aquel indiscreto olor

  1. Eduardo Ortega

    A propósito de la piedra alumbre , me vino a la memoria Catalina Carmona “la virgen de alumbre” que de seguro muchos jovenes managuas de antes del terremoto recordaran con mucha devoción. Un remedio poderoso era una mezcla de calomel con alcohol, alcanfor y una pizca de borax, adios al chancho y bienvenidas las golondrinas. Ahora existen hasta presentaciones en “lágrimas” cuando antes eran las que te escurrían ante la presencia de un sobaco 30-30. Interesante y divertido mi hermano.

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    • ortegareyes

      Gracias hermano por tu comentario. En realidad el alumbre era utilizado en una mayor proporción para que muchachas como Catalina, recobraran artificiosamente su doncellez. Es importante aclarar que el calomel fue retirado de la farmacopea debido a su toxicidad, pues se trata de un derivado del mercurio y se cree que Napoleón fue envenenado con esa substancia. Así que no sólo mata al saíno, sino al cristiano que se expone demasiado a este producto.

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  2. Junta Vecinal Valle Santa Rosa

    Maestrissimo:

    Una vez mas, usted saca su estirpe de narrativa agil y divertida. Recuerdo la frase “al bate trucutú” de las transmisiones deportivas, pero no sabía a que se refería. Asi pues, cuando ahora veo un comercial de Speed Stick donde aparecen dos agentes de azul, la versión chapiolla es que los agentes aparecen con sendas varas para ir arreando chanchos. Saludos y gracias por regalarnos siempre momentos de nostalgia y de sacarnos sonrisas por sus ocurrencias. Ya saqué el boletin informativo de Valle Santa Rosa y ahi va el primer blog de hace 3 años, Las Delicias de Nombre, a ver que tal le resulta a la gente. Saludos

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  3. 😀 Para mí es fiesta cada nueva entrada tuya.

    En esta me he informado y me he divertido 🙂

    Lo mío es el antiperspirante. Antes que una amiga me abriera los ojos al respecto empecé a sufrir cuando los desodorantes en crema iban desapareeciendo del mercado (no sé si ún se pueda encontrar algunos por ahí) Me sometía al suplicio del embadurnamiento con los desodorantes en crema tan molestos porque la ropa se engrasaba…O sea que a mí no hay desodorante que me socorra, benditos antiperspirantes…

    Como siempre, es un gran placer leerte. Un salud♥

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  4. JAJAJA…Poeta no te compones, no te imaginas como me he muerto de la risa, totalmente de acuerdo con vos. Clase de sajíno se dice en Nic. y no saíno.
    Un fuerte abrazo.

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  5. Oswaldo Ortega Reyes

    Habia una canción de Ray Barretto que decía : Trucutu que sabe trucos/Asi le dijo a su tía/Se me acaba la energía/Para levantar el matruco
    Pero creo que el Trucutú del comercial se refiere al personaje de una tira cómica de los años cuarenta que retrataba a un cavernícola.
    En los 80’s llegaron muchos internacionalistas europeos que como bien apuntás en esta reseña no acostumbraban el uso de un Mata 7. Una de esas mañanas veraniegas dos belgas abordaron una unidad de transporte público de Managua a Leon y un poco desorientados por gritos del “perico” anunciando la llegada a Mateare, Nagarote y La Paz Centro preguntaron a una marchanta : ¿Nos falta mucho para llegar a León? – Idiay- fue la respuesta ágil y despiadada de la interpelada- pues yo diría que solo la cola porque la melena y el tufo ya lo traen.

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  6. A.L. Matus

    Bastante completo el artículo. Creo que permanece en la memoria de todos, especialmente la olfativa, la ingrata presencia de los internacionalistas a quienes les decíamos “pacusos” por las siglas de los lugares de donde emanaba tal hediondez.

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  7. M. Calero

    Estoy disfrutando de sus escritos en este blog…felicidades y gracias por ayudarnos a mantener los recuerdos a los más mayorcitos, a trasladar memoria histórica a los más jóvenes y por supuesto, a ayudarnos a sentirnos en casa a los que estamos lejos de nuestra Nicaragua!

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