Del caballo a la motocicleta

Allá por el año de 1905, un jinete fustiga su corcel para llegar al galope a un paraje cercano a Santa Feliciana, al sur de la laguna de Tiscapa.  Rodeada de un maizal está una choza hasta donde llega el jinete y sin descender del caballo grita: ¡¡¡Cándida!!!.  Al rato, sale una muchacha cargando un motete, le da la mano al jinete quien de un tirón la sube a la grupa del equino; el jinete al sentir las manos aferrándose temblorosas a su cintura, emprende de nuevo el galope.  A través de veredas atraviesan los costados de Managua y toman rumbo hacia el llamado Camino de Bolas y después de un trecho llegan a una casita ubicada entre unos naranjos.  Ambos descienden y entran a una rústica casa que desde ese momento será el hogar de ambos y donde ella asumirá su nuevo papel, el de la mujer de la casa, en donde sus funciones han estado bien delimitadas por la costumbre y la tradición desde hace mucho tiempo: cocinarle al hombre, lavar la ropa, limpiar la casa, saciar los apetitos de su señor y en su momento, cuidar a los hijos que le mande el Altísimo.

Es el año dos mil diez, ciento cinco años después y la ciudad capital ha cambiado mucho.  En donde había veredas en medio de una espesa vegetación, ahora atraviesan varias arterias viales que en vano tratan de desahogar el denso tráfico que en las horas pico provocan serios embotellamientos de vehículos en los puntos críticos.  Son las siete y quince de la mañana y por el by pass que desemboca en la Rotonda Rubén Darío, una mujer que podría ser la tataranieta de la muchacha que se fue de “juida” hace tantos años, corre contra el tiempo.  No obstante las cosas han cambiado mucho, Cándida, como coincidentemente se llama la mujer,  se desplaza sentada a horcajadas en la parte posterior de una motocicleta.  La agilidad de este vehículo le permite desplazarse  rápidamente entre el tráfico.  Tanto el conductor de la motocicleta como ella llevan un casco protector, tal como manda la ley, sin embargo, mientras ella viste un uniforme compuesto de pantalón y blazer azul marino, con zapatos de tacón, el conductor de la motocicleta viste de manera informal.  Al igual que la muchacha aquella, atraviesan la ciudad de este a oeste hasta llegar al Centro Cívico en donde la mujer desciende de la motocicleta, se despide del conductor y se dirige a una de las oficinas estatales ubicadas en ese complejo.

Cándida se desempeña como asistente de una Dirección General y es prácticamente el sustento de su hogar, pues su esposo trabaja de vigilante en el turno de la noche con un salario reducido, sin embargo, ella con su sueldo sufraga la mayoría de los gastos de la casa, así como la educación de sus dos hijos.   Cándida completó tres años de administración de empresas, y al tener sus hijos tuvo que abandonar la carrera, no obstante, su capacidad y dedicación en el trabajo le han permitido ocupar un puesto de confianza dentro de la estructura del ente estatal.

Así como en el caso de Cándida, la ciudad capital se mira diariamente atravesada por centenares de mujeres que a bordo de una motocicleta se dirigen a sus trabajos.  Muchas de ellas se desempeñan en puestos intermedios y generan ingresos importantes en sus familias y ante la disyuntiva de arriesgarse a los asaltos y desmanes que ocurren en el transporte colectivo y el oneroso gasto en taxis, que además se han vuelto inseguros, han optado por adquirir una motocicleta, que en la gran mayoría de los casos son conducidas por sus esposos o compañeros, asegurándose un transporte relativamente seguro y a bajo costo.

Las particularidades que se observan son muchas.  Generalmente las motos se desplazan ágilmente pero sin caer en excesos de velocidad, pues pareciera que existe una clara conciencia de parte de los conductores de la importancia de la seguridad de su valiosa pasajera, no obstante en lo relativo al uso del casco hay muchas divergencias, pues en algunos casos como el de Cándida ambos lo utilizan, conscientes de la protección que ofrecen, no obstante hay casos en el que el hombre le cede su casco a la mujer, como un acto de sacrificio por todo lo que ella representa.  Otros, en una falsa actitud solidaria o igualitaria lo llevan amarrado a un lado, así ninguno de los dos goza de la protección.   Muchos piensan de manera inocente que el que lleva el mayor riesgo es el conductor y es este quien lleva el casco y los más optimistas obvian esta protección pues es muy difícil que un accidente les ocurra a ellos.

En lo que respecta a los conductores también hay un variopinto de situaciones.  Si va vestido formalmente quiere decir que después de dejar a su mujer, se dirigirá a su trabajo.  En cambio, si viaja en bermudas, camisola y chinelas de gancho, es posible que esté desempleado o como en el caso del compañero de Cándida, tenga un turno nocturno.  En algunos se observa la consideración que guardan para con su compañera y el cariño con que se despiden, otros en cambio no pueden abandonar sus actitudes machistas y se empeñan en que los compañeros de trabajo de la mujer lo observen en una posición de pocos amigos, apostándose luego desde temprano a la hora de salida, en actitud vigilante, por aquello de que a la esclerótica del propietario adquiere adiposidades el equino.

Algunas de estas mujeres trabajan lo que se conoce como la doble jornada, pues al finalizar sus ocupaciones tienen que realizar labores domésticas, jamás reconocidas como trabajo y mucho menos remuneradas.  No obstante, en la mayoría de los casos se trata de familias extendidas y siempre sobra alguna madre, suegra, hermana, sobrina, tía, abuela que vive en la casa y realizan estos trabajos como un aporte a la economía del hogar.  En algunos casos muy reducidos, es el hombre quien no tiene otra opción más que realizar estas labores, algunos con resignación, otros a regañadientes y otros escondidos.

Así pues, Managua y podría decirse que el resto de Nicaragua ha cambiado mucho en este último siglo y a pesar de tantos problemas, puede verse el paso del progreso.  Sin embargo, un cambio fundamental es que a diferencia de aquella primera Cándida, cuyo papel en su hogar era cercano al de un objeto, la Cándida de ahora tiene un papel relevante en su familia, pues puede decirse que es la jefe de su hogar, su trabajo es considerado relevante y ha logrado desarrollarse como persona y su papel es reconocido ampliamente por la sociedad.  Mientras antes, en los formularios del censo o similares tenía que poner en el rubro “oficio”, “su hogar” “ama de casa” o peor aún el indignante “labores propias de su sexo”, ahora con mucho orgullo puede consignar “administradora” “asistente ejecutiva” “contadora” y cualquier oficio antes designado exclusivamente a hombres.

Es alentador conocer que las mujeres actualmente participan activa y efectivamente a la generación de cerca del 43% del Producto Interno Bruto y hasta hoy por la mañana, como se atrevería a expresar El Firuliche, las féminas representaban el 44.76 por ciento de la Población Económicamente Activa, lo que se traduce en que a nivel nacional, la tercera parte de los hogares nicaragüenses tienen a una mujer como jefe de familia.  Es posible que si se contara con estadísticas confiables de la economía informal, la proporción de la participación femenina en la economía nacional fuera mucho mayor.

Aún así, todavía falta mucho trecho por recorrer.  El trabajo femenino tiene una remuneración más baja que la del hombre, en condiciones iguales y el acoso que sufren las mujeres en el trabajo, todavía es una constante.  Lo bueno es que ahora, existe mayor información y organización para que las mujeres en un futuro no muy lejano, ocupen el lugar que por derecho les corresponde dentro de una sociedad civilizada e igualitaria.

Hoy dos de octubre se cumplen tres años del nacimiento de este Blog, con la publicación de El Pájaro de Acero.  Agradezco a todos los lectores por la fineza de seguir mis artículos y de manera especial a quienes me envían sus comentarios.  A los que callan también, pues lo tomo como que otorgan.

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4 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

4 Respuestas a “Del caballo a la motocicleta


  1. Historias de “juida” como esa de 1905 las conocí a mediados del siglo. En mis tierras del norte, los padres iban inmediatamente al cuartel de la GN a poner un exorto, atrapaban al hombre al que se le exigía casarse, requisito para obtener la libertad. En algunos casos los padres se resignaban, pero lo más común era lo otro.

    FELICITACIONES POR LOS TRES AÑOS.

    UN SALUD♥

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  2. A.L. Matus

    Yo creo que todavía hace falta mucho por recorrer en el camino hacia la igualdad y equidad de género. Estas señoras de las motos son afortunadas que han logrado contar con un puesto bien remunerado, no así una enorme cantidad de sus congéneres que no encuentran oportunidades de empleo. También habría que agregar lo relativo a la violencia de género. Si viera la cantidad de estas ejecutivas que asisten a sus trabajos con un ojo morado por el maltrato de sus esposos o vivianes que las acompañan y todavía los defienden diciendo que se cayeron de la moto.

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  3. Eduardo Ortega

    Mis parabienes por esos tres años y mi agradecimeinto por brindarnos el agasajo de una excelente lectura. ” Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer” después está la esposa. Es de reconocer como la mujer ha ido reinvindicándose:presidentes, directoras de empresa, dirigentes y hasta el hogar donde historicamente habían sido relegadas, ya toma otro concepto, incluso la maternidad ha marcado otra línea. Falta que en estos tiempos se detenga un vehículo frente a una casa, grite un nombre de varón y el hombre salga con sus trapitos, timorato ante la idea de irse de juida.

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  4. Marco Antonio

    Mis felicitaciones por estos tres años de estar educando, orientando y entreteniendo a los miles que vicitamos este sitio…. Que Dios le de vida, fuerzas e inteligancia para seguir contando con este sitio web tan guastado.

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