Paraaaaada

La ciudad de Managua tiene uno de los sistemas de transporte colectivo urbano más caóticos de todo el mundo.  En esta ciudad, los habitantes no utilizan el servicio de transporte, lo sobreviven. Del millón ciento treinta y cinco mil habitantes que tiene la urbe, cerca del 45.57%, tal como lo juraría El Firuliche, utiliza regularmente este servicio.  Es decir, cerca de medio millón de habitantes viajan un promedio diario de 1.67 veces, como referiría el citado piche.

El usuario típico de este transporte ha llegado a desarrollar ciertas capacidades que dejarían regados a los participantes del reality Survivor o similares, pues llegan a alcanzar habilidades multidisciplinarias que no es jugando.  Estos usuarios tienen el perfil de un surfista, logrando mantener el equilibrio ante movimientos de alto grado de dificultad que provocan los cafres al volante, así mismo tienen el entrenamiento  equivalente al de un paracaidista, de tal suerte que pueden saltar de un bus en movimiento y caer como diputado, siempre parado.  Tienen que alcanzar un grado de cinta negra quinto dan para defenderse de los asaltantes y carteristas que pululan en la ruta y los pulmones de un buzo de Laguna de Perlas para aguantar la respiración cuando un improsulto levanta el “ala” durante todo el trayecto.  Deben saber elementos básicos de ruso para interpretar las instrucciones en caso de accidente que llevan los nuevos autobuses y deben de tener integrado un GPS para orientarse sin poder ver hacia el exterior del vehículo.  También deben tener la sangre fría de un corredor de San Fermín, para desplazarse en medio del tráfico para tomar una destartalada unidad.  Por otra parte, deben conocer de manera previa, el trayecto que cubre cada ruta y su respectiva denominación, pues a pesar de que existen sólo 35 rutas que comprenden un total de 1,319 unidades, la numeración va dando saltos hasta llegar casi a la número 300.

A veces, aunque no quisiéramos caer en lo mismo, debemos exclamar como un día lo hiciera Cicerón: O tempora o mores (Oh tiempos, oh costumbres) o utilizar la socorrida muletilla de los cuentos: Había una vez…. En la vieja Managua indudablemente las cosas eran diferentes.  Es cierto que la población a duras penas andaba entre los 150 y los 200 mil habitantes, sin embargo, el sistema de transporte colectivo mucho más reducido entonces, permitía a los usuarios viajar con cierto grado de confort y seguridad.

En los años sesenta, había a lo sumo un total de doce rutas, sin embargo, eran suficientes para atender la demanda de los capitalinos.  Estas rutas cruzaban la capital de norte a sur y de este a oeste y viceversa, utilizando las principales arterias de la ciudad como las calles 15 de septiembre, la calle Colón, la calle El Triunfo, la Avenida Centenario, la Carretera Norte, la Carretera Sur, la Carretera a Masaya, etc.

Existían varios concesionarios como Galeano, que según cuenta fue el primer empresario del transporte urbano de Managua y que logró amasar un buen capital, así como M. Martínez M., el empresario del calzado Carlos Pérez, los Transportes Medal, Dora T. de Obregón, entre otros.  Es importante recordar que muchas de estas concesiones estaban otorgadas a militares o allegados al régimen, con sus excepciones desde luego.   Al frente de cada unidad resaltaba más que el número de la ruta, el destino de cada una de ellas: Campo Bruce/Río Sol, Aviación/Portezuelo, El Triunfo, Las Piedrecitas, Colonia Centroamérica.

Cuando llegué a Managua para ingresar a la universidad, tenía poco tiempo de haberse inaugurado la ruta concesionada a una empresa llamada Transportes Unidos de Nicaragua (TUN) y que cubría el trayecto hacia el suroeste, llegando inicialmente hasta Las Piedrecitas y ampliándose luego hasta el Kilocho.  Esta empresa inició su operación con unidades nuevas y se les miraba subir con toda precaución la cuesta de Las Piedrecitas.

Recién desempacado en la ciudad capital decidí no utilizar el servicio de transporte colectivo para llegar a la Facultad de Economía con el propósito de hacer ejercicio, caminando las 25 cuadras que me separaban del Alma Mater, además que ahorrando el costo del transporte podía ir casi a diario a la gayola de un cine.  Sin embargo, allá por 1968 se concesionó una nueva ruta a una empresa llamada Transportes Modernos y que cubría el trayecto entre las policlínicas del INSS, la Oriental situada junto a donde fue el antiguo Aeropuerto Xolotlán, antes de llegar al barrio San Luis y la Occidental situada en las inmediaciones del Cementerio Central.  Esa ruta comenzó a operar también con unidades nuevas Bluebird de las ñatas y al inicio, como nadie conocía esa nueva ruta, circulaban bastante vacías.  Así que en las tardes cuando el termómetro amenazaba con sobrepasar los cuarenta grados y el asfalto en las bocacalles se sentía derretirse bajo la suela de los zapatos, me daba el lujo de tomar la ruta 11 y viajar en un solo asiento, más cómodo que si fuera en un taxi.

En 1969 se inauguró el Recinto Universitario Rubén Darío de la UNAN que concentró a todas las facultades universitarias que se encontraban en Managua y todos los estudiantes nos vimos obligados a cambiar nuestras rutinas y buscar alternativas para desplazarnos hacia Jocote Dulce que en aquellos tiempos era un área semi rural de la capital.  Afortunadamente el espíritu emprendedor de los nicaragüenses siempre va dos pasos adelante y antes de iniciar operaciones del nuevo recinto, ya se había concesionado una nueva ruta que llevaría el número 12 y que sería la primera en el país que trabajaría en bajo el sistema de transfer y con dos ramificaciones diferentes.  Seguramente se trataba de algún allegado al régimen, pues también empezó a operar con unidades completamente nuevas, pintadas en un color anaranjado para diferenciarlas del resto.  El transfer se ubicó frente a la Universidad Centroamericana en un kiosko llamado El King, famoso por sus hamburguesas y de ahí salía un recorrido hacia el oriente y otro al occidente, que transferían a las unidades que llevaban hacia el nuevo recinto universitario.

La ruta que tomaba hacia el occidente cruzaba todo Bolonia y seguía hacia el Estadio Nacional en donde yo la tomaba, pues quedaba a unas seis cuadras de mi casa en el Callejón de Alí Babá.  El transfer que luego llevaba al recinto utilizó originalmente una ruta desde la UCA pasando por Lomas de Guadalupe y tomando luego la calle donde actualmente está la zona Hippos en Los Robles, hasta llegar a La Salle donde tomaba a la derecha hasta encontrar el cauce de Jocote Dulce en lo que hoy es la Rotonda Universitaria virando luego hacia el sur hasta llegar al campestre recinto.  Cabe señalar que el trayecto entre la Rotonda Universitaria y los semáforos de ENEL era un cauce intransitable y cuando mediante unas buenas patroleadas lo dejaron un poco hábil para el paso de vehículos, la ruta 12 tomaba por ahí, en lugar de la ruta de Los Robles.

El año de 1969 fue una experiencia única para los estudiantes de la UNAN Managua, pues el nuevo recinto permitió la interacción de las diferentes facultades y los círculos de amistades que se limitaban a cada escuela se ampliaron hacia toda la universidad y en general se vivía un ambiente de camaradería.  La convivencia en el trayecto hacia y desde el recinto se convirtió en una experiencia única en donde en medio del relajo se tomaban fuerzas para llegar al recinto o regresar a la casa, especialmente en el caso de los que teníamos clases nocturnas.  Había cierta familiaridad pues nos empezamos a conocer incluso con los conductores de los buses, particularmente recuerdo a dos de ellos.  Uno era un tipo que por su contextura y la forma de su cabeza le decían “toro muco” y tenía un mal carácter pues cuando le decían su apodo montaba en cólera y llegó el caso en que detenía la unidad y buscaba al autor del grito, más no contaba con la astucia del grupo que con voz atiplada hacía llegar el apodo en diferentes lugares del bus.  El otro conductor era un hombre alto, canoso y con un bigote que lo asemejaba al Lee Van Cleef, por lo que le decían “El Coronel”, con la diferencia que sólo sonría cuando le llamaban así.  De la misma forma con los propios estudiantes, había algunos que eran el blanco de las bromas, en especial aquellos que viajaban con sus novias, lo mismo ocurría con los alumnos que viajaban a Masaya y que en la ruta de Los Robles se bajaban en grupo en la esquina de la casa de Chema Castillo y algunos empezaban a gritar que se les quedaban los canastos.  Muchos exponentes de la tercera edad o muy cerca de ella recordarán sus propias experiencias a bordo de esa inolvidable ruta, algunos de ellos ahora en las altas esferas del gobierno, o bien son prominentes empresarios o respetables profesionales que no se subirían en estos días en una ruta ni con una pistola en la cabeza.

Pero como dicen por ahí, añorar el pasado es correr tras el viento y la necesidad tiene cara de perro, así que aún con todas las deficiencias del sistema de transporte colectivo, este sigue siendo un servicio básico prioritario para los managua y aunque antes de subirse a una unidad tenga que bajar a la corte celestial, casi la mitad de los ciudadanos de esta urbe seguirá viviendo esta cotidiana aventura.  De esta forma, hay una exclamación que persiste desde hace más de sesenta años como parte de la cotidianidad de la capital:  ¡Paraaaaada!

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6 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

6 Respuestas a “Paraaaaada


  1. Excelente artículo. Te felicito, está muy bueno.

    Salud♥s

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  2. Indiana logo

    Gracias Orlandito por esos recuerdos que nos hacen vivir ese pasado tan especial que nos tocó vivir a todos los que de una u otra manera tuvimos el privilegio de hacer uso de este medio de transporte. Excelente tu artículo…. felicitaciones….

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  3. Edwing Salvatore

    Ja, ja, ja me he pasado carcajeando. Todavia recuerdo que hace unos 10 años andaba el ultimo bus anaranjado del “transfer” en menesteres politicos (triste final de dicha unidad). Le falto decir que debemos tener oídos taponeados para poder aguantar los reggeatones, rancheras, etc. a todo volumen que manejan los cafres estos, incluyendo la competencia de las un mil y unas calcomanias. Fue todo un gusto haberlo conocido en persona en el BAC de Linda Vista. Saludos

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  4. A.L. Matus

    Muy bueno su reportaje. Todavía recuerdo la Ruta 8 que si no me equivoco era la que llegaba a la Colonia Centroamérica y pasando lo que es ahora Metrocentro, era una quietud inigualable y se convertía en un paseo llegar hasta allá. Ahora es preferible tomar un taxi o irse a pie que tomar una de esas temerarias unidades.

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  5. Marco Antonio

    Es caotico el transporte urbano colectivo, no solo en Managua si no en Nicaragua entera, a esto hay que sumarle el otro desastre del transporte selectivo o taixs el mas problematico de Centroamerica diria yo.
    Hasta cuando cambiara el transporte en nuestro desdichado pais?

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  6. Cece Bracamonte

    Buenisimo, yo me acuerdo cuando viviamos en Las Brisas, por ahi pasaba la ruta 4, mi hermano Izel siempre trataba de irse gratis en esa ruta (el dinero que le daba mi mama para pagar al bus, simpre iba a para a su bolsillo, siempre escaso de dinero), varias veces llego a la casa raspado de rodillas y codos, porque segun El tenia que hacer una parada de “emergencia” oblidada por el cuidador del busero, segun El, era experto en pegar el brinco con el bus en movimiento. Mi pobre mama gracias a Dios nunca se dio cuenta de todo esto hasta ya mayores , en reuniones familiares empezaron a contar cada historia, nos quedamos asombradas, ya que mis dos hermanos mayores ya eran conocidad por toda clases de vagancias, pero con el “Chirozo” eso fue algo nuevo. Saludos, Ceci

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