El rey ha muerto, viva el rey

Crecí dentro de una generación que creyó firmemente que el beisbol era el deporte rey y lo sería para siempre.  Para esa época, este deporte tenía más de sesenta años de haber sido traído al país por parte de muchachos que se habían ido a estudiar a los Estados Unidos.  Aprendimos a hablar un idioma salpicado de anglicismos aportados por este deporte, nuestra vida en general estaba rayada cual un campo de beisbol y sabíamos que en el momento indicado debíamos hacerle “swing” a las cosas o bien, comprendíamos el valor del “sacrificio” o la conveniencia de “virarse” constantemente hacia primera y con toda la parsimonia del mundo, podíamos salirnos de la caja de bateo, nada más porque sí.  No había pito alguno que nos detuviera, ni reloj que nos precisara.

Vivimos la era dorada de la Liga de Beisbol Profesional de Nicaragua y seguíamos religiosamente cada uno de los partidos y con suerte podíamos ver en el propio Estadio Nacional uno que otro juego.  Los sueños de los niños giraban generalmente en torno a una manopla Mc. Gregor o aunque fuera una de donde Pantoja.  Se practicaban varios deportes en el país, pero ninguno tenía la preponderancia del beisbol.  En el Instituto Pedagógico de Diriamba en donde estudié, a pesar de la predilección de los ínclitos hijos de La Salle por el futbol, había la apertura para la práctica de otros deportes como el basquetbol, el softbol, el beisbol, el voleibol y posteriormente construyeron un campo de minigolf en donde por cinco córdobas se podía uno sentir como Tiger Woods, sin las mujeres desde luego.

Debo de admitir que el futbol nunca fue jocote que me diera dentera.  Si para aprender los rudimentos del beisbol tuve que sufrir golpes, rajaduras de cabeza, raspaduras y demás, en el colegio esperaba que las reglas y técnicas de ese deporte, nuevo para muchos,  se enseñasen teóricamente en las aulas, pero nada de eso hubo.  En las oportunidades que tuve de participar en juegos de futbol con mis condiscípulos sabía solamente que había que correr pateando una pelota hacia la portería contraria.  No entendía los conceptos de “corner” “off-side”, “penalty” y creía que “foul” era cuando la pelota salía del campo de juego.  De nada sirvió que mi padre, gran aficionado del futbol, además del beisbol, me comprara una pelota de futbol infantil, pues la llevé un par de veces al colegio y luego quedó arrinconada en la casa de los abuelos.

Creo que eran pocos los que no sentían esa pasión por el beisbol y me preocupé cuando en los últimos años de secundaria, la afición por el futbol fue incrementándose.  Algunos de mis compañeros de estudios y paisanos, empezaron a organizar equipos en el pueblo, declinando yo todas las invitaciones a participar.  No obstante, los acompañaba a ver a los equipos diriambinos, el Diriangén y el Santa Cecilia practicar en los campos del Pedagógico.  Ahí aprendí un poco más de ese deporte y conocía a todos las grandes figuras del futbol nacional pues esos equipos eran punteros en la liga nacional.  Entrenaban en esa ocasión Salvador Dubois, Chocorrón Buitrago, Bazooka Huete, Catarrito Cuadra, Peché Jirón, Camarón Gutiérrez y varios más.  Luego en enero de 1966 acompañé a mi padre a ver el histórico juego entre la selección nacional y el equipo Estudiantes de la Plata, en un estadio en donde había más de diez mil personas y contagiado por la euforia, además que conocía a la mayoría de los seleccionados que jugaban en los equipos diriambinos, grité en cada uno de los dos goles que anotó la selección para doblegar al legendario club argentino.

En los años setenta me sumergí completamente en el atletismo y el beisbol dejó de tener aquel gran atractivo para mí.  Sin embargo, fui observando cómo el futbol cada vez iba ganando terreno.  Me imagino que la mayor incidencia de la televisión y la trasmisión de partidos internacionales contribuyó a que la afición por este deporte fuera incrementándose, además de la facilidad que representa este juego, en el que sólo se necesita una pelota y al menos dos personas que quieran jugarlo.

Siempre acompañé a mi padre a ver los grandes partidos por televisión y guardo un grato recuerdo de la vez que compartimos aquella emocionante experiencia de ver a la selección argentina ganar el Mundial de 1978, cuando en tiempo extra le arrancó el título a la Naranja Mecánica 3 a 1, ante un mar albiceleste que abarrotó el Estadio Monumental de Buenos Aires.

En las postrimerías del siglo XX, las transnacionales se encargaron de globalizar aún más al futbol, a través de millonarias campañas mediáticas en donde los ídolos de este deporte se elevaban a los altares para publicitar zapatos, refrescos u otros implementos deportivos.  El beisbol por su parte, se iba desgastando en medio de escándalos en torno al uso de esteroides o bien por huelgas que llegaron a dar al traste con alguna serie mundial.  En los Estados Unidos, origen y bastión del beisbol también observó cómo poco a poco el soccer fue invadiendo todo su territorio.

De esta forma, el siglo XXI ha arrancado con el futbol convertido en el deporte rey a nivel mundial, sin duda alguna.  Los elementos de aquella generación nos quedamos “fuera de lugar” y todas aquellas expresiones tan pintorescas como “Out por regla”, “Squezze play”, “Pisa y corre”, “en tres y dos”, “bola recia”, “bola pasada”  y tantas más, parecieran ser sólo un código secreto de una cofradía en peligro de extinción.

Ahora no sólo cada campeonato mundial levanta más expectativas que el paso del Cometa Haley, sino que son innumerables los conciudadanos que siguen muy de cerca las ligas de España, Inglaterra y toda copa que se organice a nivel continental o internacional, conocen a todas las estrellas y los equipos en donde militan.

La FIFA por su parte, se ha convertido en un organismo todopoderoso, más aún que la ONU o el FMI y mueve anualmente billones de dólares, de los cuales no le rinde cuentas absolutamente a nadie.  Este organismo se ha aliado con importantes transnacionales que han acaparado el deporte como la Coca Cola, Adidas, Puma, Nike, Gillete, Toshiba, Budwiser, entre otras.

El actual campeonato mundial de Sudáfrica ha sido un acontecimiento mediático sin precedentes.  Durante un mes pareciera que el globo terráqueo se detuviera y todos sus problemas pasaran a segundo plano, así los griegos se han olvidado de la quiebra de su país y se marcharon a Sudáfrica, los ingleses se hicieron de la vista gorda con el problema de British Petroleum en el Golfo de México y se fueron al mundial, España aún con el desempleo y la fragilidad de su economía se largó a disputar la copa, Honduras no termina de ver reconocido a su actual gobierno y ya busca un reconocimiento en el mundial.  Es más, presidentes de muchos países han mandado todo al cuerno para asistir aunque sea a un partido de de este magno evento.

Aquí en Nicaragua, desde meses antes que iniciara el torneo, literalmente respiramos futbol, mañana, tarde y noche.  Algunos paisanos se han ido a Sudáfrica a presenciar algunos partidos de este campeonato, rompiendo sus alcancías o bien empeñando su alma a una tarjeta de crédito.  Las campañas publicitarias para el evento en sí, así como para los productos relacionados acapararon todos los espacios de comunicación y en fin, todo empezó a girar en torno al futbol.  Para los niños, un diario local sacó un álbum con todos los equipos participantes y sus jugadores, además hay suplementos diarios en los periódicos nacionales, segmentos especiales en los programas televisivos, en fin, por cualquier lado aparece el futbol.  Con enorme sorpresa me di cuenta que La Prensa Literaria del sábado pasado estuvo dedicada al futbol, resaltando a los grandes escritores y poetas como Galeano, Miguel Hernández, Neruda, Benedetti, que han sido “hinchas” del ahora deporte rey.

Así pues, ante un acontecimiento de tal envergadura, es imposible mantenerse al margen, cuando todo alrededor es futbol.  Es como estar en un estadio y que empiecen a hacer la “ola” y uno sentado.  Sin llegar a los extremos de pintarme la cara con los colores de algún equipo, ni tampoco expresar mi “apoyo” por ninguno, pues considero que las bolsas que hay de por medio son suficiente apoyo, he seguido por televisión algunos partidos, simplemente disfrutando algunas buenas jugadas de uno u otro equipo, así como las sorprendente chiripas, pues aunque muchos no lo admitan, el futbol es de muchas chiripas.  He tenido que repasar un tanto la geografía pues no terminaba de ubicar en mi GPS interno a Serbia y Eslovenia, pues todavía tengo presente a Yugoslavia.  He pedido prestado a un niño un álbum para medio conocer a los jugadores pues yo creía que Elano era moreno y Kaka pelirrojo.  No he jugado a la bola de cristal con una predicción sobre quién ganará este mundial, simplemente me limito a parafrasear a Joan Manuel Serrat diciendo:  “Sería todo un detalle, todo un síntoma de urbanidad, que no ganasen siempre los mismos”.

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5 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

5 Respuestas a “El rey ha muerto, viva el rey

  1. Eduardo Ortega

    Los que vivimos en México sabemos lo que es respirar futbol mientras te caen con reformas fiscales, aumentos en el combustible , devaluaciones y demás. Aquí la fiebre ha llegado con toda la intención de desplazar al otrora deporte rey. Por supuesto que no se puede comparar este repentino fanatismo con aficiones de tradición como la mexicana , la Argentina, ya ni se diga los Brasileños que en cada aficionado tienen un director técnico. Como ejemplo en el partido Eslovaquia contra Nueva Zelanda los cronistas del canal diez se pasaron todo el juego narrandolo al revés, no se si por lo temprano de la hora o por la poca preparación que en materia futbolística han demostrado.
    Hoy cuando en México den la una de la tarde bien podés jugar un beisbol callejero en pleno periférico o Reforma con toda la tranquilidad del mundo. Saludos

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  2. Pues yo, mientras viva y hasta mi último aliento amaré el beisbol. Quizá otros como yo se han desencantado del beisbol nacional y nos refugiemos en las Grandes Ligas…No obstante mis desencantos cuando la Selección Nacional nos representa en algún lugar no me pierdo los juegos y cuando por la radio o por la televisión encuentro un partido no dejo de verlo, sobre todo si es un equipo norteño o el Boer. Y cuando voy a Ocotal me encanta que la TV local presenta los jeugos cuando hay.

    Estos Mundiales de Futbol son fiebres de 42 cada cuatro años y la propaganda comercial se ha apropiado de estos eventos como lo ha hecho con el Dia del Amor y con el Día de la Madre, entre otros.

    Hasta yo me entusiasmo para los cuartos de final.

    Salud♥s y gracias por Los hijos de septiembre.
    .

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  3. A. L. Matus

    El fútbol dejó de ser un deporte noble y que se jugaba con el corazón para convertirse en un simple negocio en donde la FIFA, tiene razón usted, es un organismo medio gangsteril que sólo piensa en captar dinero. No puede ser un deporte rey aquel en el que una selección nacional contrata a mil actores chinos para que se pongan la bandera de otro país y le haga barra a ese equipo. Hemos llegado a los colmos.

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  4. Definitivamente de acuerdo, el Footbol se ha convertido en negocio de mucha envergadura, no me sorprendería que la mafia este invulcrada.
    Eso sí, es muy espectacular ver los partidos.

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  5. Rafa Sánchez

    Buenas Don Orlando, gusto saludarlo!

    recientemente le envie un correo a su cuenta de @latinmail.com . Dezconozco si mantiene el mismo correo o si ha cambiado de cuenta. Me gustaria ponerme en contacto con usted, es en referencia una colaboracion de sus trabajos, de la cual platicamos hace algun tiempo…

    Quedo a sus ordenes, mi correo es rafa.sanchez@nicablogger.com

    Feliz Dia!

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