El legendario Town Club

Para el año 1957, San Marcos, Carazo parecía estar despertando a la modernidad.  La ciudad había sido seleccionada para albergar a la nueva Escuela Normal de Señoritas que con el nombre de Salvadora Somoza funcionaba hasta ese entonces en la ciudad de Jinotepe.  El ambicioso proyecto contemplaba la construcción de un complejo educativo con todas las especificaciones que una nueva escuela normal demandaba, además que gracias a un convenio con la UNESCO, un grupo de chilenos especialistas en pedagogía vendría a Nicaragua a brindar asistencia técnica en el nuevo modelo educativo.

De esta manera, un enorme terreno contiguo a la finca El Convoy, fue preparado para la construcción del moderno campus que sería la más moderna escuela normal de toda Nicaragua y tal vez de Centroamérica.  El diseño era impresionante, pues contaba con aulas, auditorio, comedor, cocina, dormitorios, biblioteca, instalaciones deportivas.  Cuando la escuela estuvo finalizada todos los sanmarqueños pasaban orgullosos admirando aquella obra que además comprendió la construcción de la escuela primaria de niñas, que quedó anexa a la Normal.  Una especial satisfacción mostraba el alcalde de San Marcos, don José Antonio Serrano Robleto que miraba que durante su gestión el pueblo progresaba a pasos agigantados, pues además nuevas residencias empezaron a construirse y la economía local reforzada por el auge en el cultivo del café, le imprimían un aire optimista a su desarrollo. En el edificio del Cabildo Municipal, se instaló la primera biblioteca infantil que fue bautizada con el nombre de Club de Letras y contiguo a este edificio se localizó la primera sede o “cueva” del recién fundado Club de Leones.

Animado por este auge, don Ramiro Campos, hermano de doña Amada Campos viuda de Somoza, quien residía en los Estados Unidos, decidió invertir en un restaurante bar que atendiera la demanda de una población en pleno crecimiento.  A esa fecha, San Marcos contaba sólo con los restaurantes de Chugén y de Santiago José y respecto a salones de baile el único local que cubría la demanda de todo el pueblo era el Cabildo Municipal.   Así fue que nació el restaurante bar que se construyó en el costado sur occidental del parque municipal, bautizado con el nombre de Town Club y que se convirtió en un icono regional durante los siguientes veinte años.

El local tenía un área techada que comprendía un salón con mesas, así como la cocina y en el extremo norte, una fila de “reservados” para encuentros especiales.  Había una roconola que animaba el ambiente.  En el extremo oriental del local, estaba la pista de baile, al aire libre, la cual era ovalada y tenía una extensión considerable en donde fácilmente cabían cincuenta parejas.  En el borde de la pista, había un pretil curvo que servía de límite y protección de la misma y en su parte interior había luces de colores que la convertían en un lugar de ensueño para bailar.  En el extremo sur de la pista, había un reducto en alto para ubicar a la orquesta, pues no podía concebirse un baile en ese local que no fuera con música en vivo.

A pesar de que el Town Club no mostraba un abarrotamiento en su afluencia diaria, siempre había una regular asistencia durante todo el día, pues lo mismo podía verse muy temprano a Don Frank Irschitz desayunando, que a funcionarios del Ministerio de Educación almorzando o bien en la noche parejas de enamorados que acompañados por una Coca Cola se hacían falsos juramentos de amor en los “reservados”.  No obstante, lo que ponía de bote en bote al Town Club eran las fiestas.  Generalmente programadas para la época de verano y en especial para las fiestas de abril, pues durante la época lluviosa era imposible la utilización de la pista de baile. En esos eventos, se cubría de mesas toda el área exterior junto a la pista para dar cabida a la muchedumbre ansiosa de demostrar sus mejores cualidades coreográficas, al compás de la música de los más afamados grupos del país.

Por el Town Club desfilaron las más importantes agrupaciones musicales del país y fue una lástima que para su inauguración ya agonizaba la legendaria Jazz Carazo.  No obstante las mejores orquestas y grupos musicales pasaron por el Town.  Tal vez no me daría la memoria para nombrar a los distinguidos músicos que desfilaron por ahí, sin embargo recuerdo muy vívidamente la ocasión en que llegó como cantante estrella la exótica Sadia Silú quien nos deleitó con su éxito Corn Island y aquel sensual bolero llamado Tenías que ser tú y que ella en su portoñol cantaba como Habías de ser tú.

Es indudable que los grupos que más sensación causaron en el Town Club fueron los locales.  Los Panzer vinieron a revolucionar la música romántica, realizando versiones modernas de los boleros clásicos y a pesar que se dice que el grupo era originario de Diriamba, la preponderancia de los hermanos Jerez, sanmarqueños puros, los hacía hijos dilectos del pueblo.  Posteriormente aparecieron en escena los S.M. 70, grupo fundado por la familia Hurtado, que llegó terremoteada al pueblo y se convirtieron en sanmarqueños por adopción y siguieron una línea parecida a la de los Panzer.  Para gustos más refinados surgió el grupo Barrunto Persuasión,  integrado por sanmarqueños y uno que otro caraceño, aunque ensayaban en Las Esquinas.  Este grupo logró un estilo más cercano al rock, con muy buenas versiones de los éxitos de Santana, Three Dog Night, Bread, Nielsen, Stevie Wonder, Eagles, Grand Funk, Stealy Dan, War, Cream, Rolling Stones, The Beatles, entre otros, así como un extenso repertorio de música tropical, incluyendo la salsa que empezaba a causar sensación.  Cuando tocaba cualquiera de estos grupos el Town Club se ponía de bote en bote.

La pista del Town también vio pasar a los mejores bailarines de la época.  Ahí mostraba toda su capacidad el recordado Manuel Ulises “Meluco” Urbina, quien ganó varios campeonatos de baile, al igual que María Amalia Robleto, ambos con una agilidad que sobrepasaba su voluminosa figura.  También era todo un espectáculo observar a Don Roberto Pérez bailar un tango o un pasodoble con su prima Mina Herrera.

Otra característica del famoso club, era su muro exterior, pues el mismo estaba construido con bloques que dejaban orificios en donde otra multitud se agolpaba para mirar a los felices parroquianos, en especial observaban afanosamente las preocupadas madres de algunas jovencitas que se manejaban a mecate corto, así como muchachos que por su edad todavía no asistían a esos eventos.

Cabe anotar que después del terremoto de 1972, el pueblo mostró un dinamismo inusual y se convirtió en una ciudad que casi no dormía, pues quienes regresaban de la capital en reconstrucción lo hacían hasta altas horas de la noche y otros que tenían que llegar allá muy temprano, se levantaban muy de madrugada.  Ese movimiento dio lugar a que un par de inversionistas, creo que de Diriamba, alquilaran el Town Club para convertirlo en The Red Fox, antro que seguía la línea de la Tortuga Morada, la discoteca más famosa en la Managua pre terremoto.  No obstante, después de poco más de un año, el Town Club regresó a su modalidad original.

En los años ochenta, cuando el amanecer dejó de ser una tentación, lo mismo ocurrió con las fiestas, así que después de algunos desaguisados que incluían el lanzamiento de una granada en dicho local que afortunadamente no explotó, el legendario Town Club cerró sus puertas para siempre.

En la actualidad en el lugar que ocupó el famoso club se encuentra el proyecto de la Casa de la Cultura que comprende un edificio de dos plantas.  Hace un par de años, en el local de procesamiento de café de la familia Briceño, mejor conocido como El Banco, se inauguró el Nuevo Town Club, en donde frecuentemente se realizan fiestas y tertulias.

Estoy seguro que todos los sanmarqueños de esa época, así como muchos jinotepinos, diriambinos, masatepinos y capitalinos guardan recuerdos especiales de alguna noche en el Town Club.  Las historias y anécdotas seguramente abundarán.  Muchos coincidirán que ese mítico lugar era algo único. Yo en lo particular tengo recuerdos especiales del Town.  La primera fue en enero de 1967 cuando después del examen público del bachillerato en el Instituto Juan José Rodríguez de Jinotepe, los egresados del Instituto Pedagógico de Diriamba fuimos a celebrar al Town Club.  Recuerdo que al llegar a San Marcos fui corriendo a avisar a mis padres y luego a unirme al grupo en ese local.  Fue la última vez que muchos de nosotros departíamos juntos, después de muchos años de compañerismo.  La otra ocasión fue en abril de 1976, en el baile oficial de las fiestas de abril, cuando Barrunto Persuasión se lució tocando incansablemente hasta la madrugada y a las cinco de la mañana fuimos caminando hasta la Alcaldía, en donde nos unimos a los chicheros que iniciaban la diana por todo el pueblo.  Otro recuerdo, un tanto desafortunado fue cuando en una ocasión, no recuerdo la fecha, el Town estaba completamente abarrotado, de tal forma que algunas personas optaron por sentarse en el pretil de la pista.  De pronto la orquesta tocó un mambo y ahí voy yo a tratar de lucirme, con tan mala suerte que al momento en que le estaba echando swing a un paso, a una persona que estaba sentada en el pretil se le ocurrió estirar la pierna y de esta forma mi pie, con doscientas y pico de libras detrás cayeron sobre un zapato, escuchando inmediatamente un grito que parecía que de repente había entrado un mariachi al local.  Me asusté y no me quedó más remedio que ejecutar el paso del moonwalk y perderme con mi pareja en la muchedumbre.  Estoy consciente que lo correcto era haber ido a presentar mis disculpas, pero en la madrugada, con un nivel promedio de alcohol en la concurrencia de 1.7 Gr./L (léase hasta el hígado) y considerando que tal vez no serían machos, pero sí muchos, probablemente fue lo más prudente. Así que ahora, más de treinta años después, si usted, estimado (a) lector (a), fue el infortunado que de manera involuntaria recibió el machucón, sinceramente le pido perdón, alegando a mi favor únicamente, que en esas ocasiones lo correcto es meter la pata, no sacarla.

Es posible que el Nuevo Town Club ofrezca el cielo y la tierra, pero aquellas noches en donde la alegría parecía no terminar, cuando teníamos a la mano tantos amigos, cuando aquella querida esquina nos ofrecía la oportunidad de convivir con todos ellos, como decía Gustavo Adolfo Bécquer:  Esas no volverán.

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10 comentarios

Archivado bajo cultura, Mùsica, Nicaragüense

10 Respuestas a “El legendario Town Club


  1. Ja, ja, afortunadamente no fui la víctima 😀

    Gratos recuerdos los tuyos, bonitas historias que no volverán pero que su recuerdo llena el alma.

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  2. A.L. Matus

    Interesante y ameno reportaje sobre ese afamado local. Tengo entendido que el Nuevo Town Club ubicado en la salida de la carretera San Marcos Masatepe, fue cerrado por la policía el año pasado y desde entonces se está librando una batalla entre los propietarios de apellido Ramos y las autoridades policiales.

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  3. Oswaldo Ortega

    Muy buenos recuerdos especialmente para los sanmarqueños de corazón. En los 60’s el Town Club estaba en su apogeo y una comitiva de jinotepinos encabezada por Duilio Ambrogui (come-elefante) y el Toro Briceño devotamente asistía a sus memorables fiestas. Los sanmarquenos de aquella generación como Tiburon Robleto y Chico Lecheburra se encargaban que lo aquellos visitantes no se fueran sin llevarse un “souvenir” tanto mejor si era en el ojo. Si bien es cierto aquellas relaciones entre sanmarqueños y jinotepinos fueron tan agrias como de serbios y croatas , las relaciones con los masatepinos semejaban trifulcas ancestrales entre tribus judías y árabes.
    Por cierto, el de la granada de mano era nuestro amigo Próspero Eloy López (qpd) que pese a esos alardes de temeridad no era una mala persona. Quizás su caracter pretencioso o su adoptado acento cubano lo hacian blanco de tirrias gratuitas que tenía que solventar al estilo de las novelas de Marcial Lafuente que devoraba compulsivamente.

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  4. Chepeleon Arguello U

    Mi estimado Orlando, siempre que escribís sobre mi pueblo, me emociono y me da por recordar, adjunto algunos datos para confirmar: a mediados de los años sesenta, los Panzer, si la memoria no me falla, practicaban su música, de la esquina de la Anexa a la Normal, media cuadra rumbo al Juan XXIII, (cuando quedaba cerca de la Escuela René Shick), en una casita pequeña a mano derecha, frente a una vente, no recuerdo el nombre de los dueños de la venta, cosas del destino siguiendo la misma calle años más tarde, al final de la cuadra, los SM-70, harían sus prácticas musicales, mucho antes del terremoto en una casa esquinera, más adelante se fueron a vivir casi frente a la casa de la abuelita de Mario Vargas es decir cuadra y media del la entrada del cementerio, otra cosa, tengo la idea, que un hermano mayor de Yoyo Sánchez, Erwin creo que se llamaba, -antes del terremoto- tocaba con ellos las congas y fue de allí que nuestro querido amigo Yoyo, aprendió ese arte… Quizás esto lo confirme mi hermana Cecilia, ya que, Larry, fue enamorado o el primer novio de mi hermana y cantaba o tocaba con los SM-70…
    De la Normal, tengo gratos recuerdos; mis primera novia –por carta- estaba internada; Anabella Cerda Uriarte, y le hacíamos la visita desde la calle que da al Convoy o en el portón de la entrada, , una veces Elvin Zelaya, me acompañaba, otras mi hermano Mario, más de una vez, me encontré haciendo visita con el Bigote Ulises Urbina, Chevon y Tito Zelaya, ellos, haciendo de las suyas… desde el tercer piso las muchachas nos escribían mensajes: “Dice, que le gusta” “Que quiere ser tu novia” o simplemente “Dice que sí…” otras la Marielos, quiere que le compres cigarrillos o las más atrevidas le decían a sus novios; nos vemos en la cancha de basquetbol… ¿se acuerdan de los resultados…? Un poco antes del terremoto, la Normal, practico sus primeros intentos de ser mixta, (hombre y mujeres)…
    Una vez, llegaron los hermanos Cortés y tocaron en la Anexa a la Normal, fue la primera vez que me cole sin pagar, lo aprendí de Tito Zelaya y el Bigote Urbina, esa vez, creo que nos acompaño, Eric culebrón, su familia, administraban el Town Club…

    Para las fiestas Patronales del 1972, rondaba los 13 años, Eric Culebron, era en ese entonces, novio de una hermana de Yoyo, y ella, amiga de mi hermana, el Cabo Luís Urbina, Chebon. Ulises y yo, fuimos invitados, por la puerta de atrás, sin pagar… años más tarde, no estoy seguro si fue el 75 o el 76, ya no vivía en San Marcos, pero regrese y me quede a dormir en casa de Tito Zelaya, y me fui a celebrar otro fiesta Patronales, en el Town Club, acababa de regresar de los Estados Unidos la Inmaculada Reyes, amiga muy querida de mi niñez. Fue la última vez, que visite el Town Club…
    Qué lindo es recordar hermano… quizás hay material para otro libro.
    Cuídese
    Abrazos

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  5. M J Arguello

    Que lindos recuerdos. Nunca pude entrar a dicho club por ser menor de edad. Mas sin embargo no me perdia de presenciar la accion desde arriba de sus muros. Estos bailes con sus beldades concurrentes fueron la lena que alimentaron mis quimeras y suenos de chaval. Siempre que regreso a San Marcos despues de mis eternas ausencias me veo recorriendo sus calles, me siento en los muros de su parque y al volver la mirada busco y percibo lo que antano fue El Town Club. Recordar es vivir!! Saludos

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  6. Formidable Poeta, y ahora escribes algo genuinamente sanmarqueño, no te imaginas cuantos recuerdos olvidaddos se vinieron a mi mente, estaban allí, pero solapados, escondidos en la sombra.
    Quiero aprovechar y saludar a tu hermano Oswaldo, si mal no recuerdo somos más o menos de la misma edad. En sus comentarios nombra a Tiburó Robleto, en otras palabras a mi hermano Jorge Robleto Abaunza. y tal como el dice, mi hermano era, con el perdon de las palabra: “Arrecho a los turcasos”, gracías a el yo me evitaba muchos problemas ya que me decían Tiburóncito, ya que siempre fuí y sigo siendo flaco, nunca he superado las 130 libras y mido 183 cm. Bueno mi táctica se parecía mucho a la tuya, con una exepción, yo utilizaba la famosa: El que pega primero pega dos veces y si eso no funcionaba, la de patitas para que te quiero.
    No sé si vos recordas, cuando mi hermana Inmaculada fue coronada como Reina de San Marcos en Ton Club (Twon), me imagino que vos estubistes en esas fiestas yo la ví de afuera, no me dejaron entrar.
    En sus pistas de bailes di mis primeros pasos con Lupe Zepeda,Betty Soto, las hermanas Aviles, Yoconda Perez y otras más que las tengo en el recuerdo, pero se me olvido la músiquita.
    Un fuerte abrazo, sigue escribiendo de San Marcos un pueblo inolvidable.

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  7. Como dice Mauricio. Otro gran relato poeta Ortega. Yo me acuerdo mucho del town club porque siempre me colaba con mi papa y mama a las fiestas del club de leones. Y ahi baila al ritmo de barrunto, los sm70, lo galos etc. Tambien fueron varions 25 de abriles. El mas memorable fue cuando Carlos Guevara paso en mi casa y la de chema. Creo que fue cuando chep chu fue mayordomo. Que fue una fiesta memorable. Tambien me acuerdo cuando iba con el barrunto y el temible payito a oir musica de abraxas a la roconola — que ariel molina la conectab directo para nosotros. En esos entonces la rojita era mi novia. Tambine me acuerdo de los famosos “torneos de box” que no podian faltar en la fiestas patronales. Creo que en uno de esos participo mi Tio Mario (el torito) una y otra vez. Recuerdos inolvidables!

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  8. Indiana

    cuántos recuerdos mi buen orlando.. especialmente del conjunto donde tocaban tus hermanos… de los cuales tengo tan buenos recuerdos, especialmente cuando necesitaba de la atención médica de mi médico de niñez tu recordado papá.. te felicito pues tienes una gran memoria sobre mi querido San Marcos.. creo que aunque hayan muchos nuevos Town Club, jamás se comparará al viejo town donde cuántos jóvenes gozaron de él especialmente las fiestas de Hüipil durante las fiestas patronales…
    Gracias por hacernos volver a vivir esos momentos de bellos recuerdos…

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  9. Mark Armendariz

    Escribo de Chicago, IL (EEUU). Tengo muchos recuerdos del Town Club…la musica, la conversacion, tiempo con mis primos Tito y Elvin. Mi tia era Amada Campos viuda de Somoza y mi tio era Ramiro Campos. Cuando tenia como 14 anos mi primo, Tito Zelaya, y yo fuimos al club (en como ano 1976). Este fue el lugar donde tome mi primer bebida alcolico. Cuando regrese a la casa de mi Tia Amada, todas las mujeres de mi familia (Tia Amada, mi prima Chabalita, mi abuela Maria Teresa Zelaya de Armendariz, y mi visabuela Ernestina Campos de Zelaya) casi me mataron. Ah la juventud!

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  10. Cómo estás Orlando? Creo que sos Tito? no,
    Bueno, gracias por tus comentarios, solo para aclarar que no somos terremoteados, somos inmigrantes en nuetra propia tierra, llegamos en el año 64 o 65 de Teustepe, Boaco, de donde somos originarios.
    Gracias de nuevo.

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