La fiesta de los fieles difuntos

Cementeri General Managua

Cuando se acercan los últimos días de octubre y se van adivinando en el ambiente, aquella leve frescura que nos alivia del casi perenne calor, en estas latitudes en donde el otoño pasa de puntillas, los cementerios de Nicaragua que todo el año permanecen solitarios, empiezan a mostrar un singular movimiento.   De pronto, se mira pulular por los camposantos una variedad de especimenes que van desde trabajadores a destajo a vendedores de flores, adornos y demás.  Todo en preparación al dos de noviembre que se celebra, como en muchas partes del mundo, el día de los fieles difuntos.

Para estas fechas vienen a mi memoria aquellos días de difuntos de mi infancia y el morboso placer de recorrer el cementerio de San Marcos.  En pequeñas pandillas de muchachos explorábamos todos sus recovecos y senderos, curioseábamos las tumbas y sus letreros y jugábamos al escondido en los parajes más intrincados.  Con cierto temor nos asomábamos al interior de la cripta de los Somoza en busca de algún vestigio del fantasma de Julio Somoza, que según algunos vecinos del pueblo ciertas noches de luna salía en su caballo, cabalgando por los alrededores del cementerio, evitando desde luego pasar por donde doña Amadita, su viuda.  En fin, los niños representábamos el único papel que nuestra edad nos asignaba estas celebraciones.  Aún recuerdo el aire saturado del olor de la pintura Sapolín en los tétricos colores negro y plateado; los deudos responsables vigilando la limpieza y ornamentación de las tumbas de sus difuntos.  Luego el propio día dos de noviembre la peregrinación de todo el pueblo, incluyendo a los que habían emigrado a otras ciudades, de luto riguroso las señoras, sentándose a realizar la visita a sus difuntos, aprovechando la ocasión para la plática amena  mientras esperaban el responso que a diestra y siniestra repartía el cura párroco, además de los rezos privados y las misas en las capillas de las familias pudientes.  Ya para el ocaso, comenzaba el éxodo de los visitantes y de esta forma el cementerio volvía a recuperar su quietud.

El panorama en todos los cementerios de Nicaragua es parecido, pues la tradición se limita a la limpieza de las tumbas, el ornamento especial de flores para el día dos de noviembre, la visita obligada en ese día, los responsos y alrededor de esto, toda la actividad comercial que se genera para el cumplimiento de la tradición.  A pesar de que en el mestizaje hay implícito un fuerte arraigo de la celebración del día de difuntos y las manifestaciones en cada cultura reflejan un extremado colorido, en especial de parte de los antepasados indígenas, la tradición en Nicaragua se antoja un tanto huérfana.

En Europa, la celebración del día de muertos parece haberse originado en el pueblo Celta, que tenía la festividad de Samain, dios de la muerte y que representaba el tiempo en que el mundo de los muertos se encontraba con el mundo de los vivos.  Entre los celtas se encontraban los druidas, sacerdotes que creían en la inmortalidad del alma, la cual según ellos, cuando abandonaba un cuerpo se introducía en otro cuerpo, pero el 31 de octubre de cada año regresaba a su antigua morada, solicitando comida a sus ocupantes, quienes debían de tener listas las provisiones para atenderlos.   Cuando los celtas se convirtieron al cristianismo, lo hicieron de manera parcial, pues no renunciaron a sus antiguas creencias paganas y de esta forma la celebración de la festividad del Samain se mantuvo.

En el año 835, la iglesia católica cambió la fecha de celebración de Todos los Santos del 13 de mayo al primero de noviembre y en 998, San Odilón, Abad del Monasterio de Cluny, Francia, quien cobró celebridad, no por fundar una microfinanciera,  sino por iniciar la celebración del día de difuntos el 2 de noviembre entre la Orden Benedictina.  No fue sino hasta el siglo XIV que el Vaticano reconoció oficialmente esta fiesta y la extendió por toda la iglesia católica.  En Inglaterra el Samain se convirtió en el Hallowtide, que comprendía el período desde la vigilia de Todos los Santos hasta el Día de los Difuntos y luego se convirtió en el ya famoso Halloween del 31 de octubre.  No obstante, en Irlanda, hasta hace poco todavía se escuchaba sobre la celebración del Samain.

En España, la tradición de la celebración del día de difuntos es muy importante dentro de todo el calendario litúrgico, sin embargo, por lo general es una fiesta religiosa y de carácter familiar.  La visita a los difuntos se realiza más bien el primero de noviembre y en ciertos casos, debido a lo frío del clima en esa época, se encendían fogatas la noche del primero y se acostumbraba tomar vino y comer ciertos dulces propios de esa época del año y según cada región, como los buñuelos de viento, confeccionados con aceite de oliva y harina y rellenos de crema; los huesos de santo elaborados con mazapán y rellenos con chocolate, crema, yema de huevo;  postre de gachas, calabacete, arrope, rosquillas de anís, borrachillos, rosaris, talladetes y varios más.

En la América Precolombina, en especial en México, el culto a la muerte era algo muy especial, pues ese enfrentamiento entre la vida y la muerte no era absoluto, pues había la creencia que la vida se prolongaba en la muerte y viceversa.  Así pues la muerte era tan sólo una fase dentro de un ciclo sin final, es decir el despertar hacia otra dimensión y de esa forma, de acuerdo a las circunstancias de la muerte, se llegaba a determinado lugar en el otro mundo.   Los que fallecían  de muerte natural accedían al Mictlan o sea al lugar de los muertos, sin embargo, los que morían ahogados o por causa del agua llegaban al Tlalocan, las mujeres que fallecían durante el parto iban al Cihuatlampa, los niños al Tamoachen y los guerreros al Tonatiuhichan.  Bajo esta concepción del mundo, la vida y la muerte, los aztecas realizaban ofrendas a sus difuntos consistentes en ropa, abrigos, frutas y alimentos diversos en las diversas festividades dedicadas a la muerte.

Al llegar los conquistadores a la Nueva España, impusieron su religión a sangre y a fuego, ocurriendo un fenómeno parecido al que sucedió con los Celtas, pues se llegaron a fusionar las creencias cristianas con las paganas de tal forma que dieron lugar a una de las festividades más coloridas del mundo y que incluso la UNESCO en el año 2003 la ha declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

Aunque con denuedo los evangelizadores trataron de arrancar del espíritu de los indígenas el culto a la muerte, no tuvo un éxito completo pues la festividad de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, logró reunir los remanentes de ese culto y de esta forma se dedicó el día primero para celebrar a los niños difuntos y el dos de noviembre a los muertos adultos.  En esta celebración el icono relevante es la calavera o calaca, en especial la parte correspondiente al cráneo, que adorna toda la festividad y que se traduce en figuras de papel y dulces con esa forma y que constituyen un regalo tradicional.  Para esa temporada se prepara el Pan de Muerto, del cual existen varias versiones que varían en forma e ingredientes dependiendo de la región.  Por otro lado están las ofrendas a los difuntos que generalmente se colocan en un altar que se arma en la casa del difunto y en donde alrededor de una fotografía del mismo se colocan sus alimentos y bebidas preferidos, todo con un sentido de respeto y cariño al finado.  Las flores que se utilizan durante todas las festividades son el cempasúchil y el crisantemo, principalmente.  Las visitas a los cementerios también son parte de las celebraciones y las mismas se realizan con el colorido de los arreglos florales, la música de mariachis y grupos vernáculos, veladoras e incienso y copal.

La transculturización que se ha acentuado en los últimos años a causa de la globalización ha traído a los pueblos latinoamericanos la invasión de parte del Halloween, distorsionado por la cultura norteamericana, que se ha prestado a la hollywoodización de esta celebración.  A pesar de las raíces de esta fiesta obedecen al culto hacia la muerte, la manipulación de parte de la cultura norteamericana ha transformado esa relación de respeto y admiración para los semejantes que pasaron a otro mundo por una relación de terror hacia muertos representados como monstruos.  Un ejemplo muy ilustrativo de esta concepción está en el video clásico Thriller de Michael Jackson, quien irónicamente en estas fechas está interpretándolo en “vivo”.

Así encontramos cierta competencia entre las celebraciones tradicionales de la fiesta de difuntos de los pueblos latinoamericanos con la celebración del Halloween norteamericano, introducido por las grandes corporaciones comerciales y por algunos centros de estudios con espíritu esnobista.

En Nicaragua encontramos pues que la religión impuesta por los conquistadores logró arrancar con mayor éxito el culto a la muerte de los antepasados indígenas, dejando en la tradición escasas manifestaciones que se centran en la limpieza y ornato de las tumbas, el enfloramiento y visita en el día de los difuntos y los responsos repartidos al por mayor en el camposanto.  En cuanto a la gastronomía, salvo tal vez los buñuelos de León o la sopa borracha en otras localidades, no existen otras manifestaciones al respecto.  La competencia del Halloween promovida por los centros comerciales y almacenes como una forma de incrementar sus ventas no ha tenido el éxito alcanzado en otros países y localmente no pasa del ornato de negro y naranja, calabazas, monstruos y brujas, aunque estas últimas siempre han existido y seguirá habiéndolas.

Los medios de comunicación por su parte harán énfasis en el precio de las flores y del balde de agua, en la afluencia a los cementerios, en el sentimiento de frustración de los que arreglan tumbas porque los deudos prefieren hacerlo ellos mismos antes de pagar los costos incrementados y tal vez en las profanaciones que parecen aumentar ante la tolerancia de las administraciones de los panteones municipales al permitir que los vándalos hagan de las suyas en estos recintos.

Lo importante sin duda alguna es que recordemos, ya sea en esta fecha o en cualquier otro momento, a todos aquellos que nos precedieron y que fieles o no, dedicaron su vida a mejorar el futuro de sus generaciones venideras y quienes nos entregaron su amor sin esperar nunca nada.  Son ellos quienes deben de llenar nuestra memoria, sacando a todos aquellos que no merecen permanecer en nuestros recuerdos, salvo tal vez en aquella estrofa del poema del peruano Ricardo Palma, tan pertinente en estos días:

No son muertos los que en dulce calma

la paz disfrutan de su tumba fría

muertos son los que tienen muerta el alma

y viven todavía

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6 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

6 Respuestas a “La fiesta de los fieles difuntos


  1. Como siempre, un estupendo artículo, cerrado esta vez con el broche de oro de Palma.

    Salud♥s

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  2. A.L. Matus

    Hubiera sido interesante conocer las festividades en otros países latinoamericanos con fuerte arraigo indígena, aunque la verdad, la fiesta del día de muertos en México es representativa del atol con el dedo que le dieron los nativos a sus conquistadores, quienes creyeron que fácilmente ganarían esas almas para su religión. En cuanto al Halloween, creo que debería haber una campaña para erradicarlo de nuestras culturas, aunque algunas personas ni disfraz necesitan.

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  3. Cecilia Bracamonte

    No se olviden de las dalias esa flor que se da en esta temporada del dia de los muertos, hacen arreglos muy creativos uno de ellos en forma de corazon , si mal no recuerdo se vendian en la entrada del cementerio, aqui en los EEUU cada vez que veo una dalia me trae recuerdo de mi San Marcos .

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  4. Heberto José Linarte Cardoza

    En los lugares relativamente altos se cultiva la Hortensia o Mil flores. Nunca me gustó porque siempre la relaciono con los muertos, pero a la gente le encanta. Ahora tuve que ponerlas en la tumba de mi padre. Otro aspecto que es relevante de los “panteones” (Casa de los dioses), es que, al menos en los pueblos pequeños crecen tan desordenados como loa pueblos mismos. pocas alcaldías en el país se preocupan por que al menos la “morada eterna” sea ordenada y a menudo para visitar una tumba hay que pasar “encima de los cadáveres”. En las ciudades grandes hay toda una urbanización de cementerios.

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  5. René Solorio

    En la población de Pátzcuaro en el Edo. de Michoacán en México, los indigenas de todas las poblaciones de la de la zona lacustre del lago de Janitzio, conformado por seis pequeñas islas; Celebran el dia de muertos como en ningún lugar del mundo; Ellos pernoctan durante esos dias (1,2 de Nov.)con sus difuntos,llevandoles comida como ofrenda,les llevan lo que en vida le gusto al difunto,como comida,bebida etc. ¡¡ Imaginense!! Todo el cementerio lleno de flores y velas,junto a las tumbas llenas de comida,y durmiendo y en vigilia junto a tus seres queridos ya fallecidos. Deberian darse una vuelta por ese lugar cuando visiten méxico; ¡ Les va a encantar!

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  6. Orlando, hace poco falleció un gran amigo en Concepción, Chile. Y le dedique el Poema que publicas al final de tu artículo “La fiesta de los difuntos”
    Saludos Mauricio.

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