La máscara de plata

Santo El Enmascarado de Plata

Las cenizas de mi padre están depositadas en el Mausoleo del Ángel, un cementerio ubicado al sur de la Ciudad de México. Pareciera extraño que un nicaragüense de San Marcos, hubiera muerto en Los Angeles, California y descanse en el Distrito Federal, sin embargo, así pasa cuando sucede y lo que logra darle cierto sentido al caso es que él quiso a México como su segunda patria.  Este cementerio es un lugar extremadamente sobrio, en donde el cemento y el mármol se encargan de crear un ambiente más de congoja que de resignación.  El día del funeral, no tuve tiempo de fijarme en el cementerio, pues después de un oficio poco solemne en la capilla, pasamos directamente a depositar la urna en una cripta que fue sellada sin mayor ceremonia.

Tiempo después, fui a visitar la cripta de mi padre.  Al salir hacia el estacionamiento, caminando por uno los lóbregos pasillos en donde los pasos parecen retumbar en todo el edificio, me llamó la atención una cripta que tenía una pequeña máscara en relieve; me acerqué y para mi sorpresa se trataba de: Rodolfo Guzmán Huerta, SANTO, EL ENMASCARDO DE PLATA.  No podía dar crédito a lo que estaba mirando, pues me parecía que Santo era de los superhéroes que no descansaban en una cripta; simplemente desaparecían o eran arrebatados hacia el Olimpo.  Sin embargo, ahí estaba, la placa lo atestiguaba consignando que había nacido el 23 de septiembre de 1917 y fallecido el 5 de febrero de 1984.  Por otra parte, me pareció irónico que al final de cuentas mi padre y el Enmascarado de Plata compartieran el mismo lugar de reposo, pues para mi padre este último nunca fue santo de su devoción, pues para él, Santo sólo Simon Templar, el legendario héroe nacido de la pluma de Leslie Charteris.

Conocí a Santo el Enmascarado de Plata en la barbería de Gonzalo “Chalo” Vásquez en San Marcos, quien además de ofrecer el mejor servicio en toda la región, mantenía el más extenso surtido de paquines y revistas de todo el pueblo. Tenía incluso ejemplares nuevos y exclusivos para los clientes VIP.  Entre el material de lectura más solicitado estaba, sin duda, las aventuras del célebre luchador mexicano, llevado al rango de super héroe por el dibujante y editor mexicano José G. Cruz, a través de sus comics realizados en el formato tipo fotonovela y en color sepia, en donde Santo participaba en las más diversas aventuras, sin necesidad de volar o cualquier otro poder extraordinario, simplemente con su fuerza y su agudeza mental, utilizando una motocicleta o en el mejor de los casos un deportivo convertible.  Así fue que donde “Chalo” empecé a ejercitar mi paciencia, pues no me importaba que estuvieran esperando cuatro o cinco clientes, pues eso me daba tiempo para leer una novela completa de Santo.  Todo el pueblo comentaba las aventuras del enmascarado y muchos se animaban para mandar sus dibujos del luchador para tratar de obtener el premio de la máscara que ofrecía la editorial a los mejores dibujos.  Decían que Oscar Quant, había enviado un dibujo tan bien realizado que había ganado el premio, sin embargo, nunca nadie miró la famosa máscara.

Cuando a inicios de los sesenta tuvimos acceso a la televisión, el Canal 6 empezó a trasmitir unos videos de la lucha libre de México.  Estas grabaciones aparentemente eran de los años cincuenta, cuando este luchador tenía varios años de participar como El Enmascarado de Plata, pues a pesar de haberse iniciado en la lucha libre desde 1934, había debutado con ese nombre y su particular atuendo hasta en 1942.  En esos videos además de Santo, participaban grandes figuras de esa época como el Rayo Pampero, Chico Casasola, el Cavernario Galindo, el Perro Aguayo, Blue Demon.  Ahí conocimos la mecánica de la lucha libre, desde aquel famoso grito de: Pelearán a tres caídas, sin límite de tiempo, hasta las llaves y castigos más utilizados.  No nos perdíamos por nada del mundo ese espacio en donde atónitos observábamos que Santo, a pesar de todo era vulnerable.  Había que reconocer que el Enmascarado de Plata, con un estilo medio técnico y medio rudo, ganaba la mayoría de las peleas, sin embargo, de vez en cuando, nos llegaban a doler los cascarazos que le propinaban los otros luchadores.  Lo que nunca alcanzamos a ver fue que le quitaran la máscara en un combate, incluso comenzó a correr el rumor de que el propio Santo había declarado que el día que le quitaran la máscara ese día iba a morir.

Poco tiempo después, fuimos testigosde la aparición de Santo en el cine.  Con mucho tino los productores cinematográficos mexicanos supieron explotar la imagen de este héroe y lanzaron una serie de películas en donde el luchador se enfrentaba a los más diversos antagonistas, gangsters, momias, vampiros, alienígenas, contrabandistas, estranguladores, brujas, cazadores de cabezas, monstruos diversos, zombies, karatekas.  Se rodeó de una diversidad de coprotagonistas como las sensuales Lorena Velázquez, Elizabeth Campbell, Amadée Chabot, Eva Norvind, Maura Monti, Meche Carreño, así como de otros luchadores como Blue Demond, Mil Máscaras e incluso cómicos como Capulina.   Durante dos décadas observamos el desarrollo de la imagen del enmascarado de plata, de un cine en blanco y negro, gótico como lo califican algunos conocedores del séptimo arte, hasta las versiones en color, en donde el invencible héroe, que tan sólo era derrotado por la báscula, debía cambiar su desnudez y su capa por sacos sport acompañados por camisetas cuello de tortuga y era ayudado por toda una parafernalia de macro computadores que parecían subestaciones eléctricas y demás artilugios de comunicación que causaban la envidia del Súper Agente 86. 

Fue impresionante el éxito que las películas de Santo alcanzaron no sólo en los países de habla hispana, sino en los lugares más sorprendentes del planeta.  Con el propósito de penetrar más fácilmente en los mercados extranjeros, los productores mexicanos realizaron versiones alternas de las películas de Santo en formato XXX que cautivaron al público de Europa y los Estados Unidos.  Sin embargo, lo más notorio fue el éxito que alcanzaron las películas estándar de Santo en los países bálticos y del norte de África, en donde el público llegó a creer que se trataba de un héroe árabe e incluso turco, cosa nada extraña, pues con su máscara tenía cara de ser de esos lados.

A comienzos de 1968, Santo El Enmascarado de Plata estuvo en Nicaragua para una fugaz presentación.  El diario La Prensa registra una visita del luchador a ese rotativo, sin embargo, el cronista no supo aprovechar la presencia de la leyenda para una entrevista interesante y lo único rescatable de la misma fue que ante la pregunta que si no hubiese sido luchador, qué le hubiera gustado ser, él sin pensarlo mucho respondió: ¡luchador!.

A finales de los setentas vimos como empezó a declinar la fama del Santo, pues el cine mexicano entró en una vorágine de temas de albañiles, ficheras, mecánicos, encueratrices y demás, así que el gran héroe tuvo que resignarse a actuar en espectáculos de escapismo, una versión gótica del gran Houdini. 

A mediados de los ochenta, en un programa de televisión conducido por el ícono de la televisión mexicana, el periodista Jacobo Zabludosky, de manera inexplicable, Santo se quitó la máscara.  Toda su afición se quedó anonadada.  Días después, El Enmascarado de Plata presentaba un show de escapismo en el Teatro Blanquita, la catedral del arte popular en el Distrito Federal, frente a la propia Plaza Garibaldi y al finalizar su presentación, ya en su camerino se sintió mal.  Un fulminante infarto al miocardio lo lanzó a la lona, le aplicó el toque de espaldas y la parca, ni corta ni perezosa, le contó hasta tres.  Era la última caída.  Así, de forma increíble, Santo abandonó este mundo. 

Pero, como dicen por ahí, hay muertos que nunca mueren.  Además de la carrera en la lucha libre de parte de su hijo, las películas de Santo en diversos formatos, además de su constante presentación en la televisión mantienen viva la leyenda.

Cuando estoy en México y tengo la oportunidad de visitar la cripta de mi padre, aprovecho para pasar viendo la de Santo, nada más para verificar, a ver si no salió en busca de nuevos antihéroes, narcotraficantes, terroristas y magistrados, pero para tranquilidad de ellos, sigue ahí.  Nosotros, sin embargo, seguimos aquí, en esta lucha que llamamos vida, que no se acaba hasta que se acaba, no importa cuántas veces nos cuenten hasta tres, no importan cuántas caídas hayamos perdido, mientras mantengamos la máscara, ahí la llevamos.

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5 comentarios

Archivado bajo cine, cultura

5 Respuestas a “La máscara de plata


  1. Devoré muchas novelas de Santo, el Enmascarado de Plata, de vez en cuando salía su amada Kyra y de vez en cuando visitaba los infiernos.

    No he visto ninguna de sus sesenta películas.

    http://es.wikipedia.org/wiki/El_Santo

    No debió sorprenderme encontrarlo en Wikipedia.

    ♥♥

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  2. Oswaldo Ortega

    He visto muchas películas de El Santo y quizás me queden muchas por ver pero no he encontrado en ninguna de ellas la espectacularidad que el héroe mostraba en el ring. Por alguna razón los combates en las películas se limitaron a unos cuantos coscorrones que no resolvían gran cosa máxime cuando los contrincantes eran aletargados zombies o trasnochadas vampiras. Excelente historia !

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  3. Iclea

    Muchos recuerdos me trae este escrito,especialmente de la barberia de mi padre y de la infancia vivida en nuestro querido
    San Marcos, Excelente.

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  4. A.L. Matus

    Tuve la oportunidad de ver en televisión al Santo realizando actos de escapismo con un mago de segunda. Lastimoso final para el gran héroe de todos los tiempos, pues me imagino que tanto José G. Cruz como los estudios que hicieron las películas debieron haberle pagado mucho dinero en concepto de regalías. Lo que sería interesante es obtener una de esas películas XXX de El Santo, en donde no era tan santo al aplicarle la quebradora a Lorena Velázquez o hacerle el Toque de Espaldas a Meche Carreño. Buen artículo. Felicitaciones.

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  5. Recuerdos de mi niñez,cuando leía las aventuras del Enmascarado de Plata. Excelente artículo que he disfrutado releer. Feliz fin de semana.

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