EL POLIFACETICO ISTVAN HIDVEGI

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(1) El Teacher

Conocí a Istvan Hidvegi a inicios de 1969.  Desde finales del año anterior, mi entonces profesor de Sociología en la Facultad de Economía, el Dr. Julio Miranda Cortés y mi condiscípulo Adán Hodgson, decatlonista, me animaron para que practicara atletismo; pues según ellos, con mis 6´3´´ y 200 libras de peso tenía condiciones para alguna disciplina de campo.  Por mi parte, yo sólo había practicado el beisbol callejero y al comienzo no me entusiasmaba la idea; sin embargo, después del esfuerzo que había realizado para perder 80 libras y situarme en aquel peso, decidí aceptar la invitación.

Una mañana de febrero de aquel año, Adán me llevó al Estadio Nacional en donde entrenaba el único equipo de atletismo de Nicaragua y de donde prácticamente salía la selección nacional de esta disciplina.  Cerca de la tercera base del campo de béisbol, se aglomeraba un grupo de jóvenes que realizaban toda clase de ejercicios, mientras otros corrían alrededor de una improvisada pista de 400 metros que cubría todo el campo.  En la meta se encontraba un individuo joven, pasaría apenas los treinta años, alto, tal vez rayando los seis pies, rubio, tenía una estructura atlética, sin embargo empezaba a desarrollar una panza que disimulaba con el corte de sus camisas; se protegía los ojos del inclemente sol con unos lentes oscuros.  Era Istvan Hidvegi, el Teacher como lo conocían todos los atletas y era el entrenador del equipo de atletismo.  Después de una breve presentación, me preguntó algunos datos personales, los anotó en su cuaderno y me dijo que me presentara al día siguiente a primera hora, con short, camiseta y zapatos tenis.

Al día siguiente, con mi atuendo deportivo me presenté al estadio para iniciar una de las más grandes aventuras que he emprendido en mi vida.  Por espacio de cuatro años estuve entrenando el lanzamiento de martillo bajo la tutela de Istvan Hidvegi, un entrenador exigente, concienzudo y que llegaba a conocer las fortalezas y debilidades de cada miembro de su equipo y mediante planes de entrenamiento cuidadosamente preparados, sacaba el mayor provecho a sus potencialidades.

El teacher era un idealista, sin embargo, siempre mantenía los pies en el suelo.  Sabía perfectamente que tenía serias limitaciones en todos los aspectos.  En el estadio se trabajaba con las uñas, en una pista patroleada que no prestaba las condiciones óptimas para los eventos de velocidad o fondo y para los lanzamientos había que vigilar la zona de impacto para no matar a algún cristiano, pues en ese mismo campo practicaban además beisboleros, boxeadores y corredores aficionados.  Los implementos deportivos eran escasos y muchas veces deteriorados por el uso.  Incluso los atletas no constituían la materia prima ideal, pues había sprinters y lanzadores de 5 pies y medio, fondistas con reducida capacidad pulmonar, asmáticos, enfermizos y demás.  No había posibilidad para una dedicación exclusiva, pues quienes no trabajaban, tenían que lidiar con un horario errático en las secundarias y universidades.  Lo único que había era voluntad.

No obstante, con todas esas limitaciones Hidvegi fabricaba campeones.  En los sesentas y setentas Nicaragua era respetada en atletismo a nivel centroamericano, tanto en pista como en campo y con México en algunas disciplinas a veces se ponía al tú por tú.

Mientras muchos equipos todavía mostraban estilos que sólo se miraban en las películas del Baron de Coubertin, los atletas nicaragüenses mostraban un estilo depurado tanto en la pista como en el campo.  Los nicas lanzaban la bala al estilo de Randy Matson, el disco al mejor estilo de Al Oerter y el martillo como el gran Gyula Zsivotzky.  El teacher recibía las mejores revistas de atletismo del mundo y estaba actualizado de las últimas técnicas internacionales.

El teacher era inflexible respecto al cumplimiento de los planes que diseñaba para cada atleta y aunque fuera echando el bofe, todos debían terminar las actividades programadas.  Lo que no podía controlar, a pesar de su insistencia en la práctica diaria, eran las continuas faltas de parte de algunos atletas por diversas razones, desde motivos de trabajo, estudios, enfermedad, hasta prolongadas papalinas.

Otro aspecto que cuidaba mucho el Teacher era el vocabulario de los atletas, pues bajo ningún motivo toleraba el trato soez de parte de ellos y lo hacía dando el ejemplo, aunque cuando montaba en cólera soltaba una retahíla en húngaro que nadie sabía lo que significaba.  Siempre trataba de mantener su buen humor, sin embargo en ocasiones era en extremo mordaz.  También cuidaba mucho el espíritu de equipo, tratando de evitar al máximo las confrontaciones entre los atletas, que pertenecían a un grupo heterogéneo en todos los aspectos.

En esos cuatro años, llegué a conocer a todos los miembros de aquel equipo que con el tiempo llegaron a ser una leyenda en el atletismo, entre los que se encontraba Donald Vélez “El Chompipe” que para mí ha sido el mejor atleta en la historia del atletismo.  Era como dicen los gringos un natural, tenía todas las condiciones físicas para ser un campeón y si hubiera tenido una férrea disciplina y dedicación, hubiera llegado a ser un plusmarquista a nivel panamericano. También entrenaban en ese tiempo Russel Carrero, Hugo Pérez, Abraham Espinales, Armando Mejía, Sergio Rubí, Francisco Menocal, los hermanos Gómez, Onell Pérez, Mary Streber, Iván Turcios, Lourdes Rodríguez, Juan Argüello, Francisco “Pancho Maroma” Argüello, Roberto Silva, las hermanas Porras, Randall Clerk, Gustavo “Bullshit” Morales, Luciano “El Perico” Obando, Carlos “El Chivo” Vanegas,  Carlos “Marabunta” Meneses, Marvin Peralta, los hermanos Larios, Aleyda Flores, Enrique “Tarzán” Montiel, Murillo, Torrentes, David Silva.  Algunos de ellos están en el Salon de la Fama, pero como dicen en los manicomios, ni son todos los que están, ni están todos los que son.

En mi caso, siempre estuve plenamente consciente que nunca llegaría a ser plusmarquista, pues no tenía la estructura o como lo llaman algunos expertos, la arquitectura muscular para lograrlo, a pesar de mi estatura y peso.  Yo nunca había levantado pesas y el Teacher no era afecto a sobrecargar el programa con pesas y se limitaba a ejercicios básicos con poco peso y ponía de ejemplo a Gustavo Morales, que sin ejercitarse con pesas y a pesar de su modesta estatura para un lanzador había fijado un record nacional de un poco más de 50 metros que todavía está vigente.  Sin embargo, no mencionaba que Gustavo era mecánico de aviación y su oficio le desarrollaba una fuerza descomunal pues a veces tenía que colocar inmensos motores en los aviones.  Sin embargo, llegué a mejorar cada día mi marca personal, alcanzando en esa época cerca de los 47 metros.

Me gustaba mucho entrenar, sentía que la disciplina del atletismo iba formando mi carácter y el lanzamiento de martillo me desarrollaba un inmenso sentido del equilibrio, además me llenaba mucho el sentido de pertenencia a un equipo.  En esos cuatro años llegué a cultivar una gran amistad con el Teacher y en muchas ocasiones llegué a fungir como su asistente.  Me confiaba algunas gestiones de parte de la Federación de Atletismo y ocasionalmente me daba las llaves de su Volkswagen para realizarlas.

Para 1972 las cosas empezaron a dificultarse para el equipo de atletismo, pues la Federación de Beisbol estaba empeñada en sacarnos del estadio, al pretender tenerlo para su uso exclusivo, de tal forma que casi a fines de año logró su cometido y con el pretexto del Campeonato Mundial de Beisbol que se celebraría en ese estadio, nos pusieron de patitas en la calle.  El equipo no se desanimó y aunque disperso reanudó sus prácticas.  Marabunta y yo practicábamos el martillo en la Explanada de Tiscapa, en donde temprano por la mañana nadie nos determinaba y no tuvimos problemas.  Todavía el 22 de diciembre fuimos a realizar unos lanzamientos, sin sospechar que serían los últimos antes de que Managua sucumbiera ante el devastador terremoto.

Después del terremoto abandoné temporalmente el atletismo al trasladarme a San Marcos y luego ingresar a trabajar al Banco Nacional.  Miraba ocasionalmente al Teacher en Loma Verde.  Luego en 1978, Roberto Silva compañero y amigo del equipo de lanzamiento de martillo regresó de Brasil en donde había estudiado educación física y me propuso entrenarme para volver a lanzar el martillo.  Acepté, pues ya vivía nuevamente en Managua y retomé la disciplina con mayor entusiasmo.  A pesar de la carga de trabajo en mi empleo, reunía fuerzas para entrenar unas tres horas diarias, incluyendo una hora de pesas en un gimnasio.

En esa época hubo una escisión en la Federación de Atletismo y por cuestiones del destino quedé en la acera diferente de donde se encontraba el Teacher.  Sin entrar en antagonismos cada grupo continuó su trayectoria y tranquilamente llegaron a coexistir las dos facciones.  Así participé en los Juegos Centroamericanos de El Salvador en 1977 en donde obtuve la medalla de bronce y posteriormente en los Centroamericanos y del Caribe en Medellín, Colombia en 1978 en donde obtuve el quinto lugar.  Para 1979 estaba entrenando duro, con casi cuatro horas diarias de entrenamiento y había logrado romper la barrera de los 50 metros, logrando la marca mínima para participar en los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico.  Sin embargo, como decía Emmanuel, todo se derrumbó y debí abandonar el país y mi carrera como atleta.

No volví a ver al Teacher.  Estando de regreso en Nicaragua en los noventa me enteré que vivía en Miami y tiempo después supe de su muerte.  Sentí mucho no haberlo vuelto a ver, pues a pesar de todo, compartimos grandes momentos.  Muchas veces, cuando la vida parece tumbarme al suelo, recuerdo cuando practicaba el martillo.  Uno de los momentos más dramáticos para un lanzador de martillo es cuando se revienta el cable que lo sostiene del asa; ese instante que dura milisegundos, pareciera una muerte súbita y de repente, se recobra la conciencia en el suelo, tumbado, con los pulmones sin aire y preguntándose qué pasó.  Era cuando el Teacher se acercaba, me daba la mano para ayudarme a levantarme y me decía con su acento esdrújulo:  Arriba, que todavía te falta mucho.

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5 comentarios

Archivado bajo Nicaragüense

5 Respuestas a “EL POLIFACETICO ISTVAN HIDVEGI

  1. .
    ¡Arriba, que todavía te falta mucho!

    Entrañable historia.

    Salud♥s

    .

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  2. Oswaldo Ortega

    Cuando se habla de deporte nacional los medios rinden tributo a reconocidos cronistas la mayoria centrados únicamente en aquellas disciplinas que son invariablemente seguidas por una gran afición y respaldadas por patrocinadores de peso. Para la opinión pública son ellos los únicos y verdaderos promotores y cultores del deporte ignorando que sin dinero de por medio no escribirían un párrafo o destacarían la hazaña de un atleta anónimo que en otros países sería saludado con ditirambos de héroe. Honor a quien honor merece y este post rinde debido homenaje al espíritu entusiasta e infatigable del Teacher. Excelente!!!

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  3. Roberto E Silva

    Recordado Orlando,
    Unos de mis primos, Rudy me mando este web site, me ha causado mucha alegria el revivir las experiencias que tuvimos en el atletismo nicaraguense. Lo mismo me paso a mi, yo sabia que iba a ser muy dificil destacar internacionalmente en la seleccion de Nicaragua, pero gracias a Dios en 1972, en los primeros Juegos Universitarios de Centroamerica y del Caribe, efectuados en San Juan, Puerto Rico, gane la unica medalla para Nicaragua, Bronce, en el lanzamiento del Martillo y fui finalista en Bala y Disco. Mi otra gran experiencia fue cuando gane la medalla de plata, en 1975 en los XXV Jogos Universitarios Brasileiros en la ciudad de Maceio, estado de Alagoas, Brasil.
    La vida nos depara destinos que nosotros nunca nos imaginamos; lo unico de ese pasado feliz es de que continuo trabajando como entrenador de atletismo a nivel de colegio aqui en los Estados Unidos. De vez en cuando entro en el web site de la Prensa, buscando por noticias de atletismo, y lo que veo me entristece porque muchos de los resultados son de inferior calidad de la que teniamos en los anos setenta. Recuerdo que antes de ir a los campeonatos centroamericanos, teniamos que decidir los primeros tres lugares en lanzamientos en Nicaragua, ya que si mal no recuerdo, cualquiera de los primeros cinco lanzadores en esas disciplinas podrian ganar el primer lugar.
    Orlando, continua escribiendo.
    Roberto

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  4. cronicas del atletismo

    se conoce mucho o casi nada de como surgio en Nicaragua el atletismo, porque no hablamos de esto.

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  5. Estimado Orlando,

    Tuve la bendición de conocer al teacher y ser uno de sus nadadores en el equipo La Salle que practicaba en el Pedagógico de Managua. Más de 30 años más tarde él continua siendo uno de los entrenadores por quien siento más respeto y lealtad.

    El título de polifacético es muy apto en su caso. Además de Polo Acuático y natación, que creo que fueron sus deportes olímpicos, tenía gran maestría en atletismo y otros deportes. Pero sus facetas no terminaban en los deportes. El era también un filósofo profundo y competitivo. Recuerdo que me contó acerca de unos debates académicos que trató de formar con Juan Bautista Arrien, quien entonces era uno de los Jesuitas en la UCA.

    Al rededor del año 2003 o un poco más tarde, tuvo el gusto de saludarlo en Belmont Shore Olympic Pool en Long Beach, CA. Fue la última vez que lo vi en persona. Siempre era bien fino y amable. El es, en mi opinión, uno de los hijos adoptivos nicaragüenses más destacados que me puedo imaginar.

    Un abrazo fuerte desde California,

    Manolo

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