Aló, aquí yo, ¿allá quién?

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A comienzo de los años noventa, los nicaragüenses recibieron un regalo como pocos en su historia: la telefonía celular.El don de la inmediatez y la omnipresencia sería posible gracias a un pequeño aparato que sólo la ciencia ficción había imaginado, tal como el recordado zapato-teléfono de Maxwell Smart, héroe de la serie de la televisión de los años 60, El super agente 86.

El entusiasmo no se dio de inmediato, pues los costos de los aparatos y de los servicios iniciaron por las nubes y sólo los ejecutivos de las grandes empresas y funcionarios públicos podían darse el lujo de portar esa maravilla de la tecnología.

Como un premio de consolación llegó el beeper que era un localizador de una sola vía y que permitía cubrir un mínimo de las funciones que podía desempeñar un teléfono celular.De esta forma, quienes no tenían los recursos para contratar una línea de celular, se conformaban con el “beeper” que les permitía estar siempre a la mano y presumir ante su prójimo que eran importantes.También empezaron a salir los celulares de juguete, muy parecidos a los originales y que permitía a los “dadores a creer” poder mostrarle a sus conciudadanos que podían mantener uno de esos mágicos aparatos.

A finales de los años noventa, los aparatos celulares bajaron considerablemente de tamaño y de precio y empezaron a crearse planes económicos para las líneas, dentro de los cuales resaltó la modalidad de pre pago, a través de tarjetas que podían adquirirse en cualquier tienda.Esto provocó un considerable incremento en el número de los usuarios, ayudando también a este auge la disposición que regulaba el pago de las llamadas y el que llamaba pagaba. Poco a poco los profesionales y técnicos encontraron en el celular un medio eficiente para su trabajo, pues les permitía estar siempre localizables y de esta forma ampliar sus mercados.Las empresas encontraron en el celular un instrumento que podría ayudar a hacer eficiente la comunicación con sus empleados clave.Esto dio fin a la efímera existencia de los beepers.

El siglo XXI trajo consigo la desaparición del monopolio de la telefonía celular en Nicaragua, al consolidarse otra compañía que ofrecía el servicio y que ligada al consorcio que administraba la telefonía fija en el país, provocó una mayor amplitud en la oferta a través de una mayor cobertura y una reducción en los precios de los aparatos y los servicios.La demanda empezó a crecer vertiginosamente y de pronto el país entero se vio inundado de toda suerte de aparatos y el particular timbre o ringtone del celular comenzó a escucharse de frontera a frontera. Como un gran hito en la historia del país, el número de usuarios de teléfonos celulares alcanzó en el año 2000 un poco más de los 100,000, es decir un más del 2% de la población total de Nicaragua, cuando la totalidad de los teléfonos convencionales cubrían a un 5% de esa población.

A medida que avanzaba el nuevo siglo, la demanda de los servicios de telefonía celular se incrementaba a un ritmo espectacular.Ya el pasearse por un centro comercial hablando por un celular no era motivo de admiración y a medida que fue masificándose su uso, se fueron marcando diferentes estatus de conformidad con el manejo de este aparato.Una parte que resintió el compartir una tecnología que creyó exclusiva para ellos, se refugió en la búsqueda de alternativas para destacar comprando los más caros y complicados aparatos, frente a otro segmento que se conformaba con la sencillez de los mismos como un simple medio de comunicación.Por otra parte estaban quienes entendieron que el uso del celular debía someterse a reglas de urbanidad en consideración a sus conciudadanos por lo tanto debía conocerse cuando y donde debía de utilizarse este aparato.Otros, sin embargo, no concebían el uso del celular si no era gritando sus conversaciones y dejando que sus timbrazos irrumpieran hasta en los recintos de mayor recogimiento.

Para unos era motivo de demostración, no obstante había algunos para quienes el celular era la magia que podía romper todas las barreras de la distancia y acercarlos a sus seres queridos.Estos ciudadanos pudieron establecer un puente de comunicación con sus familias ya fuera en el exterior o en los lugares más alejados del país, que de otra manera podía ser algo imposible.

En los últimos años, la competencia entre las dos empresas de telefonía celular se recrudeció y la cobertura siguió creciendo de manera inimaginable, pues a finales del año 2007 se estimaba que existían 2.6 millones de teléfonos celulares, lo que significa que cerca de la mitad de la población total cuenta con uno de estos aparatos.Como undato curioso es importante resaltar que el 92.87% de todos ellos, como detallaría El Firuliche, tienen su cuenta bajo la modalidad de Prepago, es decir que en cualquier momento se quedan sin habla pues se le agotó su saldo, por lo que es muy común escuchar: -no pude hablarte pues me quedé sin minutos.

En estos días está de moda la tecnología 3G, que permite la navegación en internet desde un teléfono celular, así como televisión digital y el uso de los afamados i-Phone o Blackberry, sin embargo, su costo está sólo al alcance de algunos privilegiados que pueden costear un aparato que ronda los US$600.00 y cuentas mensuales que están fuera del alcance del salario mínimo.También ha surgido una nueva clase que combina el uso de un celular con un reproductor de MP3 o MP4.Hay una nueva categoría de usuarios compuesta por los Bluetooth y ahí vemos a personas que parecen que están hablando solas o en el peor de los casos uno cree que nos están dirigiendo la palabra y es que sin un aparato visible y un adminículo que descansa sobre su oreja, hablan bajo la modalidad de manos libres.Arte diabólica es, como diría el portugués del poema.

Sin embargo, lo que ha crecido vertiginosamente es el chateo a través de estos teléfonos, muy popular entre la población joven que no dispone de suficientes recursos para la telefonía.El enorme costo de esta afición es el asesinato infame del idioma español.Se han creado espacios tanto en las radiodifusoras como en las televisoras en donde se realizan los más extravagantes requerimientos y se cometen los más grandes horrores ortográficos.

En fin, el celular ha venido a cambiar radicalmente la vida de los nicaragüenses y ojala que todo hubiera sido para bien, pues aunque es cierto de que ha mejorado la comunicación, ha acercado a las personas, ha permitido mejorar sensiblemente su capacidadde respuesta ante las emergencias; por otra parte, este aparato se muestra como un arma de doble filo, pues se estima que en un 60% de los delitos que se cometen en nuestro país, está presente como parte activa o pasiva un teléfono celular.

La gran paradoja es que ahora existe que una enorme capacidad de comunicación a través de una infinidad de canales, el entendimiento entre los nicaragüenses pareciera que se va reduciendo al mínimo.


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1 comentario

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

Una respuesta a “Aló, aquí yo, ¿allá quién?

  1. .
    O sea que entre más comunicación hay, existe menos entendimiento, o algo así.

    No sé qué nos pasa a los nicas…En este caso lo digo porque varias personas que por muchos años fueron mis vecinas y hoy viven por otro lado, antes no me hablaban ni me determinaban y ahora cuando de casualidad me las encuentro tal pareciera que soy su pariente de tantos abrazo y besos. De veras que no logro entenderlo…

    Un poco salido del tema…, se me ocurrió por lo de la comunicación.

    Salud♥s

    .

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