El sueño de las carpas

circo-tihany

La última vez que había ido al circo fue hace 45 años.  A simple vista podría parecer una eternidad, pero cuando uno va envejeciendo, debe de interiorizar que Carlos Gardel tenía mucha razón cuando decía que es un soplo la vida y que veinte años no es nada.  Fue a mediados de los sesentas cuando un circo europeo llegó a Managua y mi padre nos llevó a verlo.  No me entusiasmó mucho la idea de ir al circo, pues sentía que a mis 14 años ya no estaba para circo, sin embargo, en esa época me gustaba tanto acompañar a mi padre a donde quiera que iba y por esa razón me uní al grupo.

Recuerdo que el circo, cuyo nombre no logra acudir a mi memoria, se ubicó en el Estadio Nacional y de los números que presentaron, sólo recuerdo el acto de un acróbata vestido de marinero, que simulando estar borracho, subía a un mástil flexible de unos 10 o 15 metros de altura, desde donde se columpiaba y realizaba acrobacias que ponía en vilo el alma de los presentes.

Después de eso, nunca más me había animado a asistir al circo pues me parecía que el asombro que me había provocado en mi niñez el circo de Firuliche, era difícil que pudiera volver con cualquier espectáculo.  Debo decir que en la televisión he tenido la oportunidad de ver algunos números de famosos circos internacionales como el gran Cirque du Soleil y a pesar de que sus actos son realmente impresionantes, mis cavilaciones van encaminadas siempre a los aspectos gerenciales que deben darse en empresas de esa naturaleza.

Cuando este pasado septiembre estuve en El Salvador, observé que se estaba promocionando al Circo Tihany como una verdadera maravilla, sin embargo, no tuve la mínima curiosidad por él.  Sin embargo, hace un par de semanas se anunció aquí en Nicaragua y mi hijo me insistió que lo acompañara a una función.  Después de cierta resistencia, al fin accedí, invitamos a Noelito, un ex alumno de mi esposa que de facto es un miembro más de la familia y nos fuimos a la función de las cuatro de la tarde de este sábado pasado.

Mi primera desilusión fue que no había pista y para mi, en lo particular, para que exista circo, debe haber pista.  No necesariamente tres pistas, pero al menos una.  En su lugar había un escenario y en vez de las famosas tablas de madera del circo de Firuliche, había una estructura sólida con bancas de vinil y las localidades más caras tenían butacas de velour. Otra cosa que noté es que no había orquesta en vivo y todo circo debe de tener una orquesta propia, aunque sea un saxofón, un trombón, un clarinete y los tambores.  El Tihany en su lugar tiene un equipo de sonido de la más alta tecnología, acompañado con luces y demás artilugios, pero definitivamente no le da vida al espectáculo como una orquesta real.

También noté con desilusión la ausencia de un Jefe de Pista, que es el presentador oficial de un circo y en su lugar pasaron un video con un mensaje del dueño fundador, el húngaro Franz Czeisler.  No se sabe si en esta gira acompaña a su troupe, pero lo más probable es que se encuentre en su residencia de Las Vegas, pues quien realmente dirige el circo es el mago Richard Massone, cuyo número constituye el elemento central de la presentación del circo y que al momento de su actuación, la combinó un poco con la labor de Jefe de Pista.  En realidad es un buen mago, su presentación cuenta con los elementos indispensables para un buen espectáculo de magia, aunque sin exagerados logros.

El show musical que es el otro eje sobre el cual gira el espectáculo del Tihany, para mi gusto, ajeno tal vez a los pormenores del arte de la danza, deja mucho que desear.  La coreografía no parece contener ninguna propuesta y se basa en una mezcolanza de estilos, los cuales no se ejecutan con el rigor que demanda un espectáculo de esta naturaleza.

El circo tampoco tiene animales y cuando digo animales me refiero a los animales clásicos del circo como elefantes, leones y demás, pues en este caso, un tigre blanco tan sólo aparece fugazmente en uno de los actos de magia de Massone.  En estos días muchos que se inclinan por la desaparición de los espectáculos de animales en los circos modernos, como un apoyo para la protección de las especies maltratadas secularmente.  El único número que incluye animales es el de una guapa entrenadora que hace convivir a palomas con gatos y perros, quienes compiten por realizar toda suerte de acrobacias.

Debo de admitir que los payasos sí estuvieron a la altura.  Un grupo de cuatro clowns hicieron las delicias de grandes y pequeños con una presentación digna de cualquier circo de prestigio.

Los acróbatas estuvieron bien, sin lograr hazañas increíbles.  Los malabaristas, sin embargo, parecían principiantes.

En resumidas cuentas, para un público, como el nicaragüense, sin mucho acceso a una amplia diversidad de oportunidades para su esparcimiento, a un precio elevado, el circo Tihany ha sido una alternativa de diversión, aunque me atrevería a decir que pareciera que en Nicaragua manejaron parte del equipo de repuesto.

Existe un aspecto que es importante señalar y que observé en la función a la que asistí.  Generalmente un circo es un espectáculo que arranca de la audiencia las más grandes manifestaciones emotivas, desde el asombro, la risa, el miedo, etc.   En la función observé, sin embargo, un público y a lo mejor en muchos casos tendría que sumarme al conjunto, a quien el circo no lograba provocar sus más escondidas emociones y después de mucho analizar el asunto me parece que todo lo que ha tenido que atravesar el pueblo nicaragüense ha venido a desconfigurar sus reacciones.

Al momento de iniciar el espectáculo, un numeroso conjunto de payasos invaden el escenario, supongo que incluía a bailarines, acróbatas y demás, para insertar al público al ambiente clásico del circo y que en cualquier parte del mundo arranca los más calurosos aplausos, gritos y demás manifestaciones de alegría, aquí en Nicaragua, fue un aplauso tímido y la alegría un tanto contenida del público infantil, como que si una turba de payasos fuera algo de todos los días.  O a lo mejor sí.

Con la entrenadora de mascotas, tampoco se sintió el estupor del público cuando un gato amenazaba comerse a una paloma o cuando un enorme perro policía se hacía el dormido cuando pasaban encima de él gatos y otros canes.  En general no se ovacionó en lo que merecía el espectáculo de una mujer, que con sólo un leve gesto daba órdenes que sus animales obedecían sin chistar.

Me imagino que quien sintió un poco de frustración fue el mago Massone, pues sus impresionantes números no arrancaron los gritos de asombro de los asistentes, ni siquiera cuando hizo aparecer en medio escenario un helicóptero.  Tal vez la audiencia miró esto como poca cosa, después de que el Gordo Rivas hizo aparecer un avión completo (y no de utilería), ante la mirada atónita de todo el pueblo nicaragüense.  Y si se trató de desaparecer a una bailarina y sustituirla con un tigre blanco, el público lo minimizó pues el Gordo Rivas hizo desaparecer centenares de miles de votos de ciudadanos que hicieron fila por varias horas tratando de expresar su voluntad y él, sin tener siquiera una varita mágica, los hizo aparecer luego en un basurero.

Pero volviendo al sábado pasado, así como el show debe seguir, así también tiene que terminar y con un sabor en la boca como a mermelada de naranja chocoya, salimos del circo que no es circo.  Ya era noche y por ahí, en el autoestereo de un vehículo estacionado, me pareció escuchar el final de una canción de Andrés Calamaro:

…no me digas la verdad, no me mientas

ya me di cuenta que no es lo que era

de eso se dá cuenta cualquiera

antes o después de las rosas

ves a través de las cosas

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8 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

8 Respuestas a “El sueño de las carpas

  1. ja ja ja ja

    amigo, francamente, el circo al que usted fue no era circo, era solo un espectáculo más de las vegas

    algo que sí quiero indicar es que, más que a los escándalos electoreros, la apatía del público se debe al bombardeo de violencia al que se ven sometidos desde cipotes por todos los medios posibles. desde hace décadas estamos creando ápatas (en lugar de autómatas)

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  2. Oswaldo Ortega

    Una reflexión muy acertada, yo también creo que hemos saturado nuestra capacidad de asombro que no responde a estímulo alguno. La vida era otra cuando asistiamos a los circos de pueblo que transmitian emoción desde que estabamos bajo la carpa y era la locura cuando se escuchaba el sax mezclado con el aquel ritmo de bombo,cimbal y cencerro preámbulo obligado del espectáculo a iniciar. Voy a forzar la memoria para traer el nombre de aquel circo europeo que nos dejó perplejo con aquel derroche de temeridad , audacia y colorido . Que buenos tiempos y que hermosos recuerdos! Un gran abrazo.

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  3. ” Aunque hay muchos que se inclinan por la desaparición de los espectáculos de animales en los circos modernos, como un apoyo para la protección de las especies maltratadas secularmente”.

    Quizá nací con una capacidad de asombro muy limitada. En mi niñez los “números de circo” no me deslumbraban tanto como veía que a los demás niños sí. Desde mi adolescencia pienso a en la vida triste de los animales y de las personas físicamente anormales que ‘trabajan’ en ellos.En relación a los payasos pienso en Garrik, el payaso del poema de Juan de Dios Peza aunque no dejo de disfrutar una buena ocurrencia.

    Por lo que cuentas no me dará pesar de ir a ver al Tihany – no tengo el dinero – pero ese ‘circo’ estuvo por aquí hace unos quince años (no recuerdo en qué año) y fui con mi niña a verlo dos veces. Y precisamente me atraía el manejo reducido de animales-entonces incluía un tigre. En esa oportunidad el Tihany me encantó.

    Me parece que cuando éramos niños era válido el uso de animales porque era la única oportunidad que teníamos de verlos, pero ahora con esos documentales tan maravillosos en donde podemos ver extremados detalles de la vida de los mismos más el peligro de extinción de ciertas especies bueno sería que se les dejase en su hábitat.

    Gracias por los recuerd♥s.

    ¡Ah!, también vi a Firuliche. 😀

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  4. Marlon

    Soberbio post. Cuando empezó a anunciarse este circo en Managua, leí todas las crónicas sobre el mismo y parecía que todos los periódicos habían publicado lo que los dueños del circo querían que publicaran. Veo que es un análisis crítico muy acertado. Todavía está mejor la parodia que hace de la vida política nacional y como se asemeja con un circo. Lo que está fuera de serie es el remate con el tema de Calamaro, que si no me equivoco se llama Circo y Clorazepán.

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  5. Eso es realmente un Cabaret, no un circo. Yo fui con mi hijo también el día de las elecciones, tiene un año y disfrutó viendo lo que se reflejaba en la carpa, las sombras que se hacían con cualquier movimiento lo volvieron loco. De esta forma logré ver poco de lo que ocurría por apoyar el asombro de mi pequeño Román.

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  6. Estoy de acuerdo con Oswaldo. Creo que el Pochipochi y mister Tetoco. Nos hacian reir hasta llorar. Y no digamos a la bailarina Susie que era la razon que todos los viejos de San Marcos iban (Mi Abuelo Fernando, Don Manuel Urbina, Don Enrique Vivas). Y los famosos hermanos handal. Tiempos inolvidables. Creo que ahora hay sun super en San Marcos donde la carpa del circo la instalaban.

    Saludos,

    Guayo

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  7. Dr. Jerjes Ruiz

    Quiero felicitar sinceramente al autor de este interesante artículo “El sueño de las carpas”. A la vez, me gustaría sugerirle escribir una breve historia de los circos en Nicaragua, mejor aún si la ilustra con fotos. Sería un aporte a la cultura nacional.

    En particular los circos que me dieron momentos de felicidad en mi niñez y adolescencia fueron Firuliche, y el Circo Victoria de los Hnos. Handal. Valdría la pena que se incluyan en la breve historia solicitada.

    Muchas gracias.

    Dr. Jerjes Ruiz

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  8. Elizabeth Pasquier

    Sr. Ortega: Hasta ahora puedo leer sus ensayos, y los estoy disfrutando en grande, como me hacen reír ! Maneja usted bien en sus escritos, el sarcasmo y la ironía, dos cosas muy difíciles a la hora de escribir. Lo felicito!
    En relación de que no se acuerda como se llamaba el circo famoso que llegó a Nic., y que se instaló en el Estadio Gral. Somoza, era el circo Dumbar; porque yo también fuí con mi padre ya que nos quedaba cerca el estadio y de paso la gran atracción eran los animales enjaulados que estaban en los predios de lo que después fue el Estadio de Football Cranshaw.
    Saludos!

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