La imprescindible

La imprescindible

Los hogares modernos tienen ciertos estándares en donde algunos elementos llegan a considerarse como imprescindibles, aunque como decían en los sesentas, imprescindible sólo el Talco Rayo.  En estos días no puede concebirse una casa que no cuente con un televisor a colores en cada estancia, si es de pantalla plana y de plasma mejor, con acceso al servicio de cable, incluyendo un reproductor de DVD, preferiblemente con tecnología HD.  También se hace menester contar con una cocina integral con desayunador, refrigerador de puertas dobles con fábrica de hielo integrada y un horno de microondas aunque sólo se ocupe para preparar palomitas de maíz.  Es ideal contar con un lavavajillas y por otra parte con lavadora y secadora de ropa.  Es importante tener un estudio que tenga un computador con una velocidad medida en Gigas, impresora a color y acceso a Internet de banda ancha.  Para completar el esparcimiento, se hace necesario la presencia de un mini componente con miles de watts de potencia y con entrada USB y la posibilidad de adaptarle un i pod.  Una eficiente comunicación sólo se logra a través de dos líneas telefónicas fijas, con varias extensiones con teléfonos inalámbricos, así como teléfonos celulares de última generación, i phone o blackberry, para cada miembro de la familia.    Cabe decir que en el garaje debe al menos haber dos vehículos, uno de ellos de doble tracción.

Muchos nicaragüenses consideran que bajarse del estándar anterior, es caer dentro de la línea de pobreza.  Los detalles y demás minucias de este estilo de vida pueden observarse en las mesas de regalos de los jóvenes a contraer nupcias, que seleccionan un almacén de prestigio para los presentes de boda y en donde se puede observar desde vajillas Noritake hasta cristalería de Bohemia.  Obviamente habría que apartar de este análisis a los matrimonios de gente muy madura que están poniendo de moda formar su mesa de regalos en una surtida farmacia, con la dotación adecuada de medicamentos pertinentes para cada caso en particular y conforme a la prescripción de sus respectivos galenos.

Sin embargo, hace algunas décadas las familias, incluso las de mayores recursos económicos, manejaban estándares más modestos, en donde lo imprescindible en cada hogar era la actitud necesaria para encontrar la felicidad en las cosas simples.  Pero si acaso debiéramos buscar algún elemento que pudiera considerarse como imprescindible en aquellos dorados tiempos, podríamos escoger, sin temor a equivocarnos a la máquina de coser.

A mitad del siglo XIX ocurrió un largo diferendo entre dos inventores que se disputaban la patente de la máquina de coser y después de una reñida batalla legal, Singer derrotó a Howe y se quedó con la fama y los beneficios generados por este maravilloso invento.

En Nicaragua, la primera máquina de coser llegó desde San Francisco allá por el año 1874 y fue un acaudalado comerciante quien se la regaló a su esposa como la octava maravilla del mundo.  A partir de esa época, la máquina de coser fue llegando un tanto a cuentagotas a los hogares nicaragüenses,  sin embargo, fue a inicios del siglo XX, con los primeros indicios del crecimiento del sector agroexportador nicaragüense que se inició la comercialización de manera extensiva en el país.

Este notable invento debió de vencer cierta resistencia de parte de las señoras nicas, pues no creían que una máquina pudiera sustituir la delicada labor de las manos femeninas, sin embargo, después de algunos años, se descubrió todos los beneficios que traía la utilización de este invento, al darle la oportunidad a las amas de casa de confeccionar rápidamente la ropa de su familia, reparar y ajustar e incluso bordar, todo en la tranquilidad de sus hogares.

El corte y confección se convirtió en objeto de estudio y muchas jovencitas fueron alentadas a incluir en su formación básica prenupcial, además de las artes culinarias, el manejo de la máquina de coser.

Las máquinas de coser guardaban un precio que a pesar de no ser accesible para la totalidad de la población, a través de las facilidades de crédito que se manejaron en su comercialización, permitieron que muchos hogares las incluyeran como elementos indispensables.  El costo de una de estas máquinas era de unos 25 a 30 dólares.

En términos generales, la mujer nicaragüense logró manejar a la perfección la máquina de coser.  Los índices de eficiencia en costura que llegaron a alcanzar las operarias nacionales fueron  en la época de los setenta uno de los más elevados en América Latina, de acuerdo a estudios realizados por firmas consultoras en el ramo; lo que permitió que Nicaragua fuera seleccionada para establecer empresas maquiladoras en el ramo textil.

Algunos cronistas relatan la historia de un finquero que vivió en el valle que se extiende desde Ticuantepe hasta las faldas de la sierra que comienza en La Concepción de Masaya y que tenía su centro en el poblado de San Juan.  Resulta que Don Chico, tenía un corazón con la extensión de un potrero, así que ponía sus ojos en cuanta muchacha bonita vivía en el valle y un tanto como dice el corrido de Juan Charrasqueado, de aquellos campos no quedaba ni una flor. La particularidad en el caso de don Chico radicaba en que era un hombre muy responsable y a diferencia de los otros finqueros que manejaban sus dominios con carácter feudal, él se hacía cargo, en cierto modo, de la manutención de la muchacha y sus hijos.  Sin embargo, lo hacía bajo un esquema que hoy se conoce como auto sostenibilidad y que él, muy visionario, desarrolló con éxito  en el siglo pasado.  Resulta que cuando Don Chico “formalizaba” una relación con la muchacha, le compraba una máquina de coser, de tal forma que ella fuera el sujeto activo de su propio desarrollo y pudiera construir un proyecto de vida autosostenible.   Obviamente, Don Chico se convirtió en el mejor cliente de la distribuidora de las máquinas de coser e incluso llegó a cultivar una buena amistad con Don Salomón Ibarra Mayorga, el mismísimo autor de la letra del Himno Nacional, que por un buen tiempo el digno laurel de su trabajo fue la gerencia de la empresa distribuidora de las máquinas Singer en Centroamérica.  De esta manera, sin proponérselo, Don Chico llegó a convertirse en el gestor de la especialización de ese valle en el ramo de la confección y que constituiría con el tiempo, una importante fuente de la fuerza laboral de la maquila textil en Nicaragua.

Con el tiempo, ocurrieron una serie de acontecimientos en la sociedad nicaragüense que vinieron a arrebatarle el carácter imprescindible a la máquina de coser.  Por una parte, las jovencitas comenzaron a inclinarse por los estudios formales para egresar de bachilleres, normalistas o universitarias.  Así mismo, se fue ampliando y fortaleciendo la oferta de parte de sastres y costureras que se hacían cargo de ajustes, corte, confección y remiendo.  En los hogares, el radio empezó a convertirse en lo imprescindible y posteriormente la televisión.  De esta forma, a ciertas amas de casa se les hacía más fácil mandar los trabajos de costura a la costurera o sastre del barrio.  No obstante, todavía algunos hogares consideraban necesario el uso de la máquina de coser, pues las familias con prole numerosa requerían de los ajustes necesarios para que los mayores “heredaran” sus prendas a los menores, además el remiendo era cuestión de todos los días.

Para los años sesenta y setenta, recuerdo que la distribución de las máquinas Singer la tenía la Casa Mejía, propiedad del famoso “Chino” Mejía que era uno de los dirigentes del movimiento de los cursillos de cristiandad en Managua.  Sin embargo, tenía la fuerte competencia de las máquinas Regina, importadas y comercializadas a precios y condiciones atractivos por la naciente Curacao.

En los días actuales, la cultura de la “paca” vino a desconfigurar aún más todo el ramo del corte y confección, pues con lo que cobra solo por “hechura” una costurera, una persona puede comprarse dos prendas de “paca”; de la misma forma, no es rentable remendarlas, pues cuesta más el “rumbo” que reponerla con otra prenda.

De esta forma, lo que antes era un preciado regalo y que provocaba el profundo agradecimiento de la receptora, en estos tiempos, si a alguien se le ocurre regalarle a una damita una máquina de coser, lo más seguro es que provocará su ira, al sentir que se le está ubicando en el ramo de la maquila, a menos que se trate de un modelo antiguo y la damita en cuestión sea una coleccionista incurable.

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3 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

3 Respuestas a “La imprescindible

  1. oswaldo ortega

    Me parece muy interesante como han cambiado las cosas a traves de los años .¿Te imaginas en estos tiempos querer hacer frente a una demanda de pensión alimenticia con una máquina Singer? Una pretención descabellada y suicida.

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  2. Hola, Orlando.

    Muy interesante anécdota.

    Mis estándares son modestos. Tengo dos máquinas(viejas) que me fueron regaladas por amigas, una Regina y una Elna. Ésta, según un especialista, tiene un poco más de cincuenta años.

    En 1991 al fin pude comprar mi máquina Singer pensando en la de mi madre que conocí desde muy pequeña y aún sirve. Alegre yo creyendo que adquiría una máquina duradera. Resulta que no me duró ni tres años porque falló y al verla el técnico encontró que tres piezas eran de plástico que se habían recalentado y dañado. Un tornero debía hacer las piezas o yo debía ir al ‘mercado negro’ a ver si allí las encontraba. El tornero que se había comprometido a hacer las piezas nunca las hizo, perdí la paciencia de buscarlo y, finalmente, encolerizada tiré la máquina a la basura. Singer ensamblada en México.

    Salud♥s

    .

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  3. Maravilloso vistazo al pasado. Lo comparable sería en nuestros días una refrigeradora. No la laptop, creo que estamos como sociedad lejos de poder hacer algo útil con ella. Anita, una chavala que trabaja en Granada le regaló a su hermana madre soltera de dos muñecos un refriusada. Esta se defiende en Hoja Chigue, ahí por Masatepe, vendiendo la sensación de la Comarca, ni mas ni menos que Chocobanano. Un invento de Banano congelado cruzado con un palito y cubierto de una pasta de cocoa. Con sus 150 pesos libres de pico y pala está más alegre que los importadores de Volvo en Nicaragua.

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