My eyes adored you

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Este pasado domingo por la tarde, mientras practicaba un poco de zapping en el televisor, más como un ejercicio de libertad que de búsqueda, me encontré en el canal de la NBC un espectáculo que se miraba impresionante, pues profesionales del patinaje artístico realizaban complicadas y bien elaboradas piruetas, con un fondo musical que al instante reconocí como de Frankie Valli y los Four Seasons. Mi sorpresa fue enorme cuando miré que se trataba en efecto del legendario vocalista, sobreviviente del famoso grupo, que cantaba en vivo acompañado por un coro compuesto por jóvenes cantantes y una orquesta bien ensamblada.

A medida que transcurría el programa me di cuenta que se trataba de un programa especial en tributo a Frankie Valli y los Four Seasons con la intervención de figuras internacionales del patinaje artístico, incluyendo campeones mundiales de esa disciplina, quienes hicieron una delicia de cada una de las interpretaciones, en especial la de Grease.

Cuando Frankie Valli inició la interpretación de su emblemático tema Big girls don´t cry me transporté inmediatamente a inicios de los sesenta, cuando ávidos de la música de la nueva ola, nos dejábamos transportar por la magia de las interpretaciones de los grupos del momento, entre ellos los Four Seasons. Una tarde de esas que se hacían largas como un maratón hacia la campanada de salida en el Instituto Pedagógico de Diriamba, llegó el titular del Segundo Año, el Hermano Silverio a quien nosotros llamábamos de cariño Silverio Pérez, en honor al lanzador del Cinco Estrellas, no al torero mexicano. Era un tipazo, de esos que siempre mantenía en su rostro una sonrisa, cosa rara en los ínclitos hijos de La Salle. Se mostraba siempre jovial y comprensivo con el grupo, no montaba en cólera ante el menor pretexto como la mayoría de sus colegas y acompañaba sus consejos con altas dosis de explicaciones. Esa tarde traía un ejemplar de LIFE, si mal no recuerdo y de esa revista nos mostró las fotos de los conjuntos musicales del momento, entre ellos los Four Seasons, con una vestimenta extravagante, lo cual dio pie a los consejos del Hermano Silverio, que no podíamos tener como ídolos a personas que se vestían de esa manera, máxime que su líder cantaba como una fémina. Se refería desde luego, al famoso falsete de Frankie Valli que se convirtió en su inconfundible estilo y que sorprendentemente, aún ahora logra mantener, cosa que Robin Gibb parecía no lograr en sus últimas apariciones.

A pesar de que en el momento, parecimos darle la razón al Hermano Silverio, muy pronto, al escuchar los éxitos del grupo, nos olvidamos de sus argumentos y disfrutamos cada una de sus interpretaciones: Sherry, Big girls don´t cry, Walk like a man, Rag Doll, Peanuts, Working my way back to you y tantas más.

Estaba ya en la universidad cuando lanzaron el éxito I´ve got you under my skin de Cole Porter, en una versión que seguramente hubiera deleitado al propio Porter y que algunos herejes consideraron mejor que la versión de Frank Sinatra. Después de eso, pareció que el grupo cayó en un prolongado letargo.

En 1975 era yo un individuo formal, casado y trabajando. Como gran aficionado a la música decidí comprarme un equipo de sonido, que era lo último en reproducción musical, pues ya la época de las consolas había pasado a la historia y si alguien se atrevía a comprarlas, rápidamente le endosaban un arco y sus respectivas flechas. En un negocio de electrodomésticos del Centro Comercial, Mendieta creo que se llamaba, saqué al fiado un equipo de cuya marca no quiero acordarme y que me vendieron con la afirmación de que además del tocadiscos comprendía el invento más revolucionario en reproducción de sonido de los últimos tiempos, el 8 tracks. Así que ya con mi equipo fui formando mi modesta colección de discos. Un sábado por la tarde, me encontré en la casa Andino en el mismo centro comercial, un disco de Frankie Valli como solista, me intrigó y después de vacilar un rato, lo compré. No sabía en ese momento que ese disco habría de ser uno de los que más disfrutaría en los años venideros.

En noviembre de ese mismo año, nació mi hija Cecilia María, la primogénita y conocerla fue una de las alegrías más grandes de mi vida. Era una bebé preciosa y yo no cabía de gozo al saber que había contribuido a traer al mundo a semejante belleza y cada vez que la miraba, venía a mi mente el tema de Frankie Valli en ese álbum: My eyes adored you, porque en realidad mis ojos la habían adorado desde la primera vez que la miré. Así fue que por mucho tiempo continué escuchando ese álbum y en especial ese tema, a medida que mi linda niña iba creciendo y mostrando cada día su chispeante personalidad.

Luego, nuestra vida cayó en un constante torbellino, pero en mi recurrente éxodo, logré llevar siempre conmigo algunas pertenencias que atesoraba, entre ellas, el álbum de Frankie Valli y cuando sentía que el mundo se me venía encima, escuchaba por enésima vez “My eyes adored you” y las cosas empezaban a acomodarse, recordaba aquellos días en que embelesado miraba incesantemente a mi hija y ella y la vida me sonreían y de esa manera tomaba fuerzas para blandir la espada y como el Rey Escorpión salir a la lucha sin cuartel contra el mundo.

Después poco a poco las aguas se fueron calmando y por su parte la vida siguió su inexorable curso, a mi hija el alma le fue cambiando de niña a mujer y después de contemplar a la bella criatura, empecé a admirar a la linda joven con chispa, ingenio e inteligencia inigualables. Cuando finalizó su carrera de Derecho, me hizo sentir el hombre más orgulloso al haber obtenido la distinción de ser la mejor alumna de toda la Universidad, teniendo como ipegüe el título que su madre obtuvo con la distinción de ser la mejor alumna de la Facultad de Pedagogía, todo en un mismo día.

Luego, Cecilia María se casó y se trasladó a El Salvador en donde reside. La extraño mucho, pero nos vemos más de seis veces en el año y hablamos por teléfono casi a diario.

Todavía conservo mi disco de Frankie Valli, cada día se escuchaba más deteriorado por las innumerables veces que lo había puesto, por lo que me resigné a dejar de escucharlo, hasta que conseguí los principales temas en archivos MP3 y de vez en cuando los disfruto, recordando gloriosos tiempos pasados.

Creo que fue más que una casualidad que a través de un simple zapping, logré ver parte del Tributo a Frankie Valli y los Four Seasons, lo que me llevó de la mano a tantos momentos en donde el hombre del falsete me acompañó con sus canciones y parece mentira que todavía pueda cantar tan bien a sus setenta y un años. Es sorprendente cómo pasa el tiempo, yo por mi parte ya voy raudo hacia los sesenta y aquella mi bebita, la niña de mis ojos, hoy cumple treinta y tres años y mis ojos siempre la adoran, al igual que mi corazón.

cecilia-maria

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5 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

5 Respuestas a “My eyes adored you

  1. Oswaldo Ortega

    ¿Quién que la conociera no iba a adorarla desde el primer momento? La casa paterna rebosaba de alegría los fines de semana con aquella frágil,
    encantadora y siempre dulce presencia. Feliz Cumpleaños!

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  2. En primer lugar, MUCHAS FELICIDADES para la feliz cumpleañera.

    En segunda instancia, Aleyda – mi hija- te diría que no existen las casualidades sino sincronicidades(sintonía del Universo, a su juicio). Y yo te digo, gracias por los recuerdos y la información tan amplia que brindas.

    También a vos te felicito por tus tesoros. Los hijos son el mejor y más bello regalo de la vida.

    Salud♥s

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  3. Cecilia

    Hola Papa.

    Gracias por dedicarme tu mas reciente post y regalarme palabras tan bellas…..y por ser el mejor padre del mundo.

    Yo tambien te adoro

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  4. Denis

    Me pareció magistral la forma en que se entrelazaron dos temas que aparentemente no tienen nada que ver entre sí. Lo del Rey Escorpión estuvo muy bueno.

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  5. Muy bonito este post tuyo. Yo que tengo dos hijas (a las que veo bellas con mis ojos de papá zorro) creo poder entenderte en este escrito. Yo las vi nacer a ambas y las imágenes de aquellos dos rostros arrugaditos de cuando las vi por vez primera son las más firmes imágenes de las pocas que guardo en mi mala memoria. Como decís, mis ojos las adoraron. Saludos. Ando por Nicaragua, a lo mejor nos vemos un día de estos.

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