Cariño verdad

El 30 de mayo de cada año, los nicaragüenses celebramos el día de la madre.  En esa fecha, desde tempranas horas de la madrugada se escuchan las tradicionales “Mañanitas”, ya sea con la música en vivo de un mariachi, un trío o bien un equipo de sonido; despertando en el corazón de cada ciudadano la necesidad de mostrar su gratitud al ser que le dio la vida.

A pesar de que tradicionalmente ha existido la exaltación de la figura materna en la sociedad nicaragüense, de manera oficial fue en el año 1940, a través de un Decreto Legislativo, que se estableció el 30 de mayo de cada año como día de la madre.  La oficialización del día de las madres nació en los Estados Unidos en donde Ana Jarvis, después que su madre muriera en forma prematura, inició una incansable lucha para que se decretara un día en honor a las madres, formalizándose en ese país, el segundo domingo de mayo para dicha celebración.

Permanece en el más grande misterio, el motivo por el cual se seleccionó el 30 de mayo para celebrar el día de las madres en Nicaragua.  Por muchos años se manejó que esta celebración surgió de la vil politiquería, viejo vicio tan enraizado en este país, al escogerse como día de la madre la fecha del natalicio de doña Casimira Sacasa de Debayle, madre de la entonces primera dama doña Salvadora Debayle de Somoza, esposa de Anastasio Somoza García.  Sin embargo, investigaciones serias llegaron a determinar que doña Casimira Sacasa de Debayle, nació un 18 de enero, no un 30 de mayo por lo tanto, aquella versión no era correcta.

Poco a poco, la celebración del 30 de mayo fue introduciéndose en la vida de los nicaragüenses y para los años cincuenta ya era una tradición. Recuerdo las celebraciones familiares en la casa de mi abuela paterna, la algarabía de todos los primos, el almuerzo pantagruélico y los regalos a las homenajeadas.  En una de esas celebraciones, en el año 1958, llegó como un regalo para la abuela la primera cocina de gas butano del pueblo.  Coincidía en ese tiempo la época de oro de los Churumbeles de España y cayó como anillo al dedo su éxito “Cariño verdad” en la incomparable voz de Juan Legido y que por muchos años se quedó en el país como el himno del día de las madres.

En esa época surgió también la costumbre de portar un clavel, rojo quienes tenían la dicha de tener viva a su madre o blanco, si su madre había fallecido.  En los colegios todavía no estaba instaurada, como ahora, la tradición de prepararse actos para celebrar ese día; recuerdo que el Pedagógico de Diriamba se limitaba a dar el día de asueto, sin la menor alusión a la figura de la madre, tal vez porque los Hermanos Cristianos no tenían, presumo yo, la costumbre de esa celebración en sus países de origen. Algunas emisoras dedicaban enteramente su programación a esa celebración, presentando una y otra vez Cariño Verdad, incluyendo además los valses de José de la Cruz Mena, pues para los radiodifusores todas las madrecitas eran viejecitas; luego remataban con el poema El brindis del bohemio, del poeta mexicano Guillermo Aguirre y Fierro, en la voz de Manuel Bernal, que le arrancaba las lágrimas al más desalmado.

Durante los años sesenta el sector comercio comenzó a apropiarse de esta fecha, lanzando sus ofertas y promociones y quitándole poco a poco el verdadero sentido a la festividad.  En nuestra casa siempre mantuvimos la tradición de celebrar ese día y al desaparecer la abuela, la fiesta se centró exclusivamente en nuestra madre.  Poco a poco, la canción de Los Churumbeles se fue desgastando, pues las campañas publicitarias de la temporada la utilizaban hasta la saciedad.   En esos años, sonaba mucho en las emisoras con programación para el campo, un tema del cantautor César Castro, llamado “Cariño de madre”, que conmovía a la población rural del país, pero que no le llegó al refinado gusto de los sectores urbanos.

El terremoto de 1972, además de sacudir y destruir la capital del país, cimbró el alma de los nicaragüenses; fue entonces en donde la figura materna, como el más acogedor refugio, constituyó uno de los pilares que soportaron el espíritu que permitió a los capitalinos reconstruir su ciudad.  A partir de esa fecha, las celebraciones del día de la madre recobraron un tanto el significado original del mismo, aglutinando a todas las familias, incluso aquellas dispersas por varias ciudades. 

Cuando en esos tiempos nuestra familia descubrió a Serrat, encontramos en su “Soneto a mamá” una voz premonitoria, ante una etapa de nuestras vidas que estaba a punto de romperse, llevándose a otra galaxia aquella niñez tan impregnada de la sabiduría materna, que nos decía que “que lo sencillo no es lo necio, que no hay que confundir valor y precio”, “que no es igual quien anda y quien camina” o “que nunca vuelve aquello que se pierde” y que al final nos ha dejado abrillantando aquellos recuerdos en torno a la figura de nuestra madre en su imperecedero afán de inculcarnos sus valores, mientras nos repartía amor a manos llenas.

Para finales de 1976, algún iluminado del régimen de Somoza Debayle, promovió el decreto que reformaría la celebración del día de la madre, trasladándola para el último domingo del mes de mayo, intentando ponernos un tanto más a tono con la celebración en los Estados Unidos y otros países desarrollados, en donde se aseguran que esa fiesta ocurrirá invariablemente en un día de asueto.  Cabe la aclaración que tradicionalmente este día no es feriado nacional y el Ministerio del Trabajo deja a criterio de cada empresa otorgar a sus empleados el día o la mitad de éste a cuenta de vacaciones, aunque el sector gubernamental, tan magnánimo en este sentido, otorga ese día como de asueto con goce de sueldo a sus empleados.  Por otra parte es notorio que el 8 de diciembre, que es la fiesta religiosa de la Inmaculada Concepción de María, es feriado nacional y en esa fecha los nicaragüenses gastan, como precisaría El Firuliche, 97.25 veces más pólvora que en el día de la madre.

El cambio de fecha antes mencionado trajo un descontento total en la población, que en muchos casos continuó celebrando el 30 de mayo, sin muchas consecuencias debido a la cercanía entre las dos fechas.  Fue tanto el descontento que a inicios del año 1980, el régimen sandinista, considerando el fuerte reclamo nacional y tomando en cuenta que no había la certeza sobre el origen de la escogencia del día de la madre, decretó el cambio de la celebración nuevamente para el 30 de mayo, fecha que se mantiene hasta ahora.

A partir de los años ochenta, el éxodo masivo vino a fragmentar considerablemente a las familias nicaragüenses y la celebración del día de la madre cobró un cariz de ausencia y melancolía.  Ya en esa época los Churumbeles de España habían caído casi en el olvido y las festividades tenían como fondo “Madrecita” de José José o “Señora, señora” de la brasileña Denisse de Kalafe.

En la actualidad, la celebración de esta fecha está inmersa en un mundo globalizado y obedece a estrategias muy precisas de mercadotecnia que provocan un ambiente propicio para el consumo masivo.  Estas refinadas técnicas aprovechan el sentimiento de algunos estratos por destacar sus manifestaciones de cariño por encima del resto de la población y orientan su consumo hacia bienes y servicios de mayor categoría y mucho más costosos.  Una importante masa monetaria fluye para financiar en cómodas mensualidades millones de córdobas en regalos para la madre, mientras los sectores económicos siguen clamando por créditos para la producción.

En las escuelas es obligado el acto de celebración a las madres y en las instituciones se canalizan importantes recursos para festejar a las empleadas que acusan descendencia, sin embargo, se escucha una grita, cada vez más generalizada, reclamando el respeto por la integridad de las mujeres nicaragüenses y tratando de sustituir los festejos de ese día por un firme propósito de erradicar la violencia intrafamiliar y la discriminación en contra de las mujeres.

De cualquier forma, el 30 de mayo es un día en donde se otorga licencia para dar rienda suelta a la emotividad, incluso caer en la cursilería sin mayores consecuencias.  Se vale desde comprar un queque blanco y rojo con forma de corazón hasta contratar un mariachi y pedirle unas “cortapulso”.  Como dice Serrat; “…cada uno es como es, cada quien es cada cual…”

Yo en lo particular, en este día debo de inclinarme anta la figura materna, en primer lugar porque he tenido la inmensa fortuna de tener una madre que ha cumplido su misión con amor, devoción, entrega y especialmente con exceso y por otra parte, cuando mis hijos se han encontrado en los más intrincados laberintos de la adversidad, su madre ha sido capaz de mirar a la muerte a los ojos y a dentelladas y zarpazos hacerla retroceder.  Ante esto, no hay hombría que valga.

Felicidades a todas

 

 

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3 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

3 Respuestas a “Cariño verdad

  1. Felicitaciones por la madre que has tenido y por contar con ella.

    Es admirable encontrar hombres que cumplen funciones maternas en los momentos duros de muchos hijos. Qué bonito.

    Recuerdo a Los Churumbeles y me siguen gustando.

    Gracias por los bonit♥s recuerd♥s.

    Salud♥s

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  2. Apesar de mis 36 años siento envidia por los que han tenido la dicha de tener una Madre, no tube esa dicha de crecer junto a mi Madre esta fallecio en el Terremoto de Managua en 1972 y contaba con apenas 8 meses de edad, en cambio si un padre que me adopto y fue la felicidad de mi vida a el debo mi profecion y todo lo que soy.

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  3. Salvatore

    Bello escrito. Desde hace unos ocho meses le descubri y me he convertido en fanatico suyo. Felicidades a todas las mujeres que descubrieron que ser mama va mas alla de parir un chavalo y de educarlo a punta de valores. Gracias maestro por sus escritos lindos.

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