La pulpería de la esquina

Pulperá Vaya con Dios

Todo nicaragüense lleva en algún recoveco de su memoria un lugar especial conectado directamente a su corazón.  Más allá de la casa en donde dio sus primeros pasos, de la escuela en donde descubrió la magia de la lectura o de la iglesia en donde escondió sus primeros miedos, está un pequeño lugar lleno de aromas entremezclados, de filas policromáticas de etiquetas, de pesas y medidas y tintineo de monedas.  Se trata de la pulpería del barrio.  Destino ineludible del diario acontecer del nica.  Lugar en donde se exponen las necesidades básicas de la familia, las tristezas y alegrías del barrio, las noticias propias y ajenas.  Recinto de encuentros informales, el club social de la cuadra, el muro de los lamentos.  Eterna romería buscando la más inverosímil variedad de artículos: arroz, trabas, chicles, leche, cigarros, bolis, gaseosas, candelas, helados, golosinas, manteca, curitas, jaleas, jabón, pasta de dientes, tortillas, frutas, analgésicos, pan dulce, galletas, frijoles cocidos, aceite, frutas, queso, toallas sanitarias, desinfectante, margarina, lápices, especias, afeitadoras, dulce, pan francés, eskimos, café, peines, azúcar, fósforos, papel higiénico, bolsitas de shampoo, jugos, cuajadas, cordones, kerosene, sal, cloro, baterías y tantas cosas más.            

 

En el lenguaje familiar este local asume el apelativo referencial de “la venta” a secas, sobre entendiéndose que se trata del pequeño comercio más cercano y que formalmente adquiere el nombre de “pulpería” y que es acusado por un rótulo patrocinado por algún proveedor.  Este nombre tiene su lugar de nacimiento en Sudamérica, específicamente en Argentina y Uruguay, allá por el mil seiscientos y algo y se asume que llegó a nuestro país a finales del siglo XIX, tal vez por la asidua lectura de Martín Fierro, cuyos relatos giran en muchos casos en torno a este local.  A medida que la economía nacional fue fortaleciéndose a inicios del siglo XX, los grandes almacenes y los comisariatos en las fincas agropecuarias dejaron de tener el monopolio del comercio, dando lugar a pequeños expendios de productos básicos que empezaron a proliferar en todo el territorio nacional, tanto a nivel rural como urbano.

 

Debido a que por tanto tiempo la pulpería ha estado presente en la vida de los nicaragüenses, el origen de este nombre no produce una extrema curiosidad.  Lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta cuál es el origen de este vocablo.  Algunos explican que puede derivarse del hecho de que en ese local se vendían frutas y su pulpa, a manera de conservas.  Otros lo relacionan con el hecho de que el propietario necesitaba muchas manos, como un pulpo, para atender a sus clientes.  Otros, un tanto despistados, lo derivan de pulquería, el expendio mexicano en donde se vende el casi extinto pulque. 

 

En América del Sur hace rato que la pulpería quedó casi en el olvido, subsistiendo tal vez a manera de restaurantes que ofrecen comida típica regional, sin embargo, en Nicaragua todo el territorio nacional está sembrado de pulperías.  A pesar de que en algún momento allá por los años sesenta, el vocablo se empezó a mirar con cierta aprensión y algunos pequeños comerciantes empezaron a utilizar el término “miscelánea” para sustituir a la tradicional pulpería, creyendo que podrían darle una mayor categoría y modernidad, lo cierto es que el siglo XXI nos ha sorprendido con el resurgimiento de la pulpería, como símbolo del esfuerzo de los sectores de menores ingresos para subsistir a través del pequeño comercio.

 

La pulpería tiene en su haber una inmensa colección de nombres, predominando aquellos que corresponden al apelativo de la propietaria, pues en un 83.32%, como detallaría el Firuliche, son mujeres quienes emprenden estos negocios, debido tal vez a que son un complemento al trabajo del jefe de la familia y que si corren con suerte logran superar sus ingresos, trastrocando la correlación de fuerzas en el hogar.  Habría que señalar aquellas pulperías que por algún capricho de los propietarios no tienen nombre, como es el caso de la pulpería de la niña Reneé Matus en San Marcos, que nunca permitió ningún rótulo de parte de los proveedores para identificar su negocio.

En términos generales, los pulperos no tienen la chispa de originalidad que tenían los dueños de cantinas para bautizar su negocio, o el ingenio que tenían algunos pocos pulperos, como el caso de la Pulpería “El Infierno” por el rumbo del Gancho Camino de la vieja Managua; ahora los pocos negocios que no tienen el nombre del propietario o del santo correspondiente, recurren a la simpleza de “El buen precio”, “La favorita”, “El progreso”, “El baratillo”.  Llama la atención el nombre la pulpería “Vaya con Dios” ubicada en la 35 Avenida Sur Oeste, pues esa expresión es típica de los emigrantes mexicanos en los Estados Unidos y que dio origen a una famosa canción norteamericana compuesta en 1953 por Larry Russell.  Sin embargo, la que realmente causa gracia es una pulpería en Granada, elevada al rango de miscelánea, que lleva el sobre nombre del propietario: “Chico Tripa” y que según lo que comentaba una dependienta, el dueño siempre lo ha tomado por el lado amable.

 

Como en todo negocio, algunas pulperías fracasan con el tiempo, otras, sin embargo, consiguen consolidarse, desarrollarse y ser una fuente de bienestar para sus propietarios.  Los elementos que influyen en el éxito o fracaso de estos pequeños comercios están concentrados básicamente en el carácter del propietario.  Antes que nada debe de ser un emprendedor nato, no alguien que le cayó el negocio del cielo y tiene que jinetear el macho.  Esa vocación para el negocio también se manifiesta en la capacidad para distinguir entre el costo de venta, el precio y el margen de ganancia, a la par de una extrema habilidad para las operaciones matemáticas básicas.  Debe de contar también con una enorme paciencia que le permita movilizarse aun para despechar el artículo con el menor precio.  Tiene que contar con un liderazgo que convierta su negocio en el centro social del barrio y genere la confianza para que sus clientes confíen en su persona y con el tiempo pueda convertirse en confidente o confesor de sus clientes.  Es imprescindible que sepan sonreír de manera constante y con naturalidad, sin embargo, detrás de una actitud bondadosa deben de tener la firmeza necesaria para administrar el crédito, otorgándolo a quienes puedan asegurar una eficiente recuperación y si es posible puedan resarcirle el costo del capital en dicho período.  Seguramente todo pequeño comercio próspero tiene a una persona con estas cualidades al frente.

 

En la actualidad una gran mayoría de pulperías conviven con una minoría de misceláneas, otras que han prosperado y crecido lo suficiente se transforman en “distribuidoras” “abastecedoras” o “mini super”, si acaso el vecindario permite este último tipo de negocio tan arriesgado para zonas non sanctas.  En Managua, por ejemplo, puede contarse en promedio una pulpería por cada tres manzanas, aunque los estudiosos revelan que en todo el territorio nacional existen casi 100,000 establecimientos de esta naturaleza y su aporte a la economía es significativo, sin contar con el beneficio a sus numerosos clientes al acercarles a sus hogares los productos básicos de subsistencia y ofrecerles el crédito que necesitan sin el papeleo, trabas y condiciones leoninas de las tarjetas de crédito.

 

Muchas personas, especialmente en la capital, prefieren realizar la mayoría de sus compras en los supermercados, tal vez por la facilidad de encontrar un mayor surtido, escoger directamente el producto que se busca o quizá por el placer subliminal de empujar una carretilla al ritmo de una música de fondo, no obstante, siempre estará una pulpería a mano para lo inmediato.

 

Sin importar donde compre, a cada nicaragüense de vez en cuando le asalta el recuerdo de algún detalle de la pulpería de su barrio, como por ejemplo en ocasiones me viene a la mente las bolitas de triquitraca de doña Veva Herrera, los rosquetes y los trompos masaya de doña Chon Bonilla, los bananos pasados de la niña Esmeraldita Silva, los chocolates Auxiliadora de doña Berta Gutiérrez, los insuperables helados de leche con su toquecito de guaro y el dulce néctar casi frozen de la cebada de la tía Leticia o bien los chicles Cadillac y los colorines de donde doña Consuelo.

 

Cuando el destino nos pone de nuevo en el umbral de una pulpería, nos ocurre lo que expresaba César Isella en su “Canción de las simples cosas”: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida, y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas”.

 

 

 

5 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

5 Respuestas a “La pulpería de la esquina

  1. Me invade la nostalgia al mirar la fotografia de La Pulperia “Vaya con Dios” ahora que estoy tan lejos recuerdo cuantas veces me detuve a saborear un helado conocido como “Eskimo”. Gracias Sr. Ortega sus anecdotas son muy originales.

  2. oswaldo ortega

    No exportaron una denominación tan poco convencional en Estados Unidos pero el espíritu de la pulpería se hace presente en el sitio más insospechado frente al mismo mostrador donde se congrega mas de algún paisano para indagar por el precio de las rosquillas, la sopa Maggie, la Supertiamina 300 o la más reciente edición de La Prensa. A falta de noticias alentadoras sobre la recuperación del país, el dueño, quién no se identifica como pulpero sino como miembro honorable de la Cámara de Comercio de Nicaragua en el exilio, nos sugiere una Milca Roja para matar la sed y revivir las nostalgias. Como entidad preocupada por perpetuar las tradiciones nicas no puede faltar el ofrecimiento de una libra de cuajada de vaca chontaleña con cruce de toro boaqueño debidamente certificado a un precio que excede en un 53.32% (como diría Firuliche) al asignado a una libra de Guyére Surchoix de la más refinada Delicatessen en Palm Spring . Aqui las cosas queridas no estan ausentes, brother, pero cuestan un ojo de la cara.

  3. Gabriel Vargas

    En Managua, por ejemplo, puede contarse en promedio una pulpería por cada tres manzanas, aunque los estudiosos revelan que en todo el territorio nacional existen casi 100,000 establecimientos de esta naturaleza y su aporte a la economía es significativo”

    Me gustaria saber de donde provino esta informacion. Estoy haciendo un trabajo para mi universidad y debo citar una institucion o un experto. Necesito saber cuantas pulperias hay en Managua

  4. manuel ruiz castro

    no soy amante de los blogs ni escribir mucho pero me he vuelto adicto a los hijos de Sep.. y me trae lindos recuerdos de mi nines gracias

  5. Salvatore

    Ja, ja, ja, definitivamente las pulperias son parte de nuestra niñez, de nuestra vida y de nuestra idiosincrasia (debo agregar de nuestra economia tambien). Siempre pregunte con doble sentido: ¿Aqui venden pulpos? – No – Entonces ¿cómo se hacen llamar pulperia? Lindos recuerdos. Gracias maestro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s