Ínclita raza optimista

Motociclista

En años recientes se ha puesto muy de moda la realización de estudios para determinar aspectos tan subjetivos como lo es el relativo a la felicidad y así, varios esfuerzos han desembocado en listas de los países más felices del mundo.  Uno de estos análisis, realizado por un psicólogo analítico de la Universidad de Leicester, Inglaterra, concluye que los daneses son los más felices de la tierra, seguidos por los suizos y los austriacos, y entre los más infelices están algunos países africanos.  Otro estudio realizado por la Universidad Erasmus de Rótterdam de Holanda, concluye que Colombia es el país en donde la gente se siente más feliz.  Por otra parte, el Índice de Planeta Feliz, desarrollado por la ONG llamada NEF, en conjunto con Friends of the Earth revela que la isla Vanuatu, en Oceanía, es el lugar más feliz de la tierra.  Una encuesta realizada por World Values Survey arrojó como resultado que los venezolanos son los más felices del mundo. 

Indudablemente estos resultados han provocado las más diversas reacciones, puesto que se trata de apreciaciones que no dejan de tener un alto contenido de subjetividad, aunque se empleen indicadores serios relacionados con el bienestar, la autoestima, la relación con el ambiente y otros.  Así que es lógico que pueda prevalecer cierta incredulidad ante dichos resultados, pues aún en el caso de clasificaciones basadas en estadísticas de aspectos objetivos, siempre habrá alguien que no esté muy convencido de las conclusiones de los mismos. 

Nicaragua no se encuentra, obviamente, entre los más felices de la tierra en ninguno de los estudios y si nos sirve de consuelo, tampoco se encuentra entre los menos felices.  Esto nos indica que, según estos análisis, no somos ni felices ni infelices, sino todo lo contrario. 

No obstante, sería posible afirmar, sin temor a equivocarnos, que los nicaragüenses son los más optimistas del mundo.  Lo anterior no parte de un estudio profundo, ni utiliza complicadas regresiones econométricas o indicadores demasiado elaborados, sino de una apreciación que se basa en la simple observación y en un sencillo análisis comparativo y que al final de cuentas podrá provocar las mismas reacciones que los estudios citados anteriormente y tendría tal vez, la misma validez en cuanto a credibilidad que pueda despertar en la sociedad. 

Basta con observar la vida cotidiana del nicaragüense para poder coincidir con esta aseveración.  Por ejemplo, en ningún país del mundo, el ciudadano tiene el optimismo suficiente para creer que la probabilidad de verse involucrado en un accidente y en especial automovilístico, es cercana a cero.  Esto se puede corroborar tan sólo saliendo a la calle en donde es posible encontrar diversas manifestaciones de esta actitud.  Vehículos transitando contra la vía, pues la posibilidad de encontrarse de frente con otro es mínima, así como la de que sea pescado por la policía.  Una gran proporción de motociclistas que conduce sin casco protector, muchas veces lo traen de adorno a un lado o en un arranque de extremo positivismo van acompañados además por su esposa y dos hijos, ninguno con la mínima protección.  No es menor la cantidad de automovilistas que viajan sin utilizar el cinturón de seguridad o bien quienes no cuentan con un seguro de accidentes. 

Al realizar un amplio recorrido por los bares y demás antros, especialmente de la ciudad capital, puede observarse que la asistencia a los mismos, no importa el día de la semana, es asombrosamente nutrida, lo cual revela la enorme capacidad del nicaragüense para distinguir entre lo que puede cambiar y lo que no puede, lo que le permite relajarse y ahorrar energías para enfrentar los problemas de manera positiva, con la mejor actitud.  Este optimismo frente a las adversidades, que le permite eliminar el estrés mediante la relajación, repercute también en una mejor manera de sobrellevar las enfermedades crónicas. 

De la misma manera puede apreciarse la gran afluencia a los casinos que han florecido en el país, con la buena esperanza de cambiar de un solo golpe su vida. También es impresionante el optimismo de muchos nicaragüenses que piensan que casi la totalidad de sus conciudadanos padece de amnesia.  Esta firme convicción los lleva, entre otras cosas, a evadir el pago de sus deudas y a los políticos a convencerse de que sus antecedentes y en particular lo malo que hicieron en el pasado es asunto olvidado.  

Esta perspectiva de la vida le hace pensar al nica que sus problemas siempre tendrán una solución y que en la mayoría de los casos va a venir del exterior.  De esta forma, existe la plena certeza de que el flujo de remesas que sostiene a la economía, se mantendrá siempre y es posible que se incremente en el futuro, pues no existe la menor posibilidad que los que envíen las remesas envejezcan y si eso llegara a ocurrir, sus hijos, como promesa ante el Señor del Rescate, mantendrán viva la tradición, además todos ellos son inmunes a las recesiones que puedan ocurrir en los Estados Unidos.   Así mismo, la ayuda internacional seguirá financiando por siempre los principales programas de inversión nacional y no existe la probabilidad de que sus prioridades o políticas puedan cambiar en el futuro cercano. 

En cuanto a la naturaleza humana, no puede haber el mundo un optimismo mayor respecto a su evolución hacia un estadio de perfección.  El nica cree a pie juntillas que los políticos van reformándose y que el tiempo se encarga de hacerlos verdaderos líderes y caudillos de su pueblo.  En los recién casados también puede observarse esta actitud, pues los esposos creen que su pareja será cada día más guapa, más comprensiva, más tolerante; mientras que las esposas tienen la fuerte creencia de que su marido va a cambiar, especialmente cuando durante el noviazgo mostró su carácter de jugador, borracho y/o mujeriego. 

Cuando se habla del calentamiento global, el nicaragüense mantiene una actitud positiva, pues aquí ya es demasiado caliente como para calentarse más, de tal forma que las consecuencias de este fenómeno serán para los países fríos y que además son los causantes del fenómeno, por lo tanto, será más fácil emigrar a Canadá y trabajar en un clima no tan adverso. 

Es tan grande el optimismo del nica, que una declaración de un funcionario o político basta para dar por sentado que los problemas nacionales se solucionarán de inmediato, así las promesas e incluso los eslóganes caen en el fértil terreno de la credulidad. 

El desempleo agobia al nica pero su espíritu se mantiene incólume y envía su Currículum Vitae a cuanto anuncio de requerimiento de personal aparece en los medios de comunicación, no importa que no llene los requisitos, hay que mantener una actitud de “a la por si pega”; tampoco tiene relevancia la certeza de que muchas instituciones realizan las convocatorias para “taparle el ojo al macho”, pues en la mayoría de los casos el cargo ya está “amarrado”. 

Ante estos resultados, una famosa universidad italiana se encuentra muy interesada en profundizar en estas cualidades del nicaragüense, con el fin de ampliar sus conocimientos en la incipiente rama de la ciencia llamada psicología positiva, que arrojará interesantes conocimientos sobre la actitud de nuestros conciudadanos y su efecto en la prevención de enfermedades, especialmente las mentales. 

De esta manera sobran elementos para concluir que ningún país en el orbe tiene habitantes tan optimistas como los tiene Nicaragua.  El lema tan enarbolado de “jodidos pero contentos” es una muestra del espíritu del nica, que no sólo ve un vaso medio lleno, sino que espera que en breve esté rebalsando, pues bien nos adelantó el Vate: “Abominad la boca que predice desgracias eternas, abominad los ojos que ven sólo zodíacos funestos”, pues al fin y al cabo, no hay mal que dure cien años… ni cuerpo que lo resista.               

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1 comentario

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

Una respuesta a “Ínclita raza optimista

  1. El optimismo del nica raya en la irresponsabilidad. Ojalá sepamos la conclusión de la universidad italiana. Como soy nica, considero que los resultados nos serán positivos.

    Salud♥s

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