La casa de Bazán

Foto de FlickrCC

Había en San Marcos un sujeto que era amigo de lo ajeno.  En un pueblo tan pequeño era fácil identificar a quienes aprovechándose de la oscuridad de la noche o de la soledad de algún hogar en el día, se agenciaban lo que velozmente podían sustraer de esas casas.  El tipo en cuestión se llamaba o le decían Bazán y era famoso no tanto por sus habilidades para sustraer lo ajeno, sino por su cinismo, pues no tenía empacho en mantener abiertas las puertas de su casa, desde donde se lograba observar un sinfín de objetos que claramente mostraban su dudosa procedencia.  Ahí se podía ver un tomo solitario de una enciclopedia, piezas aisladas de un juego de cubiertos, una taza sin escudilla, cuatro piezas de ajedrez, una retratera sin foto, zapatos nones, un love seat, un flash sin cámara, tres pastores y un rey mago sin camello.  

Ahora, en pleno siglo XXI, muchos comercios de Nicaragua me recuerdan la casa de Bazán.  No es que dude de la acrisolada honradez de sus propietarios, sino que el surtido de sus almacenes pareciera que estuviera a cargo de este personaje, pues da la impresión que obedece al azar o a la oportunidad y no a una política eficiente de administración de inventarios. 

Si por ejemplo, usted va a un supermercado, cualquiera que sea, al cabo sólo hay dos o tres cadenas, es muy probable que observe que muchos productos aparecen como resultado de un bingo o de una rifa, de tal manera que a como los puede encontrar, puede que no, pero lo más seguro es que quién sabe.  Un producto de primera necesidad como es la leche, de repente la busca en envase tetrapack y no hay ni uno en el estante, aunque la semana anterior hubiera un modesto surtido o bien no encuentra leche fresca y los estantes están abarrotados de leche de soya.  La lechuga que encontró el miércoles, el viernes desapareció por completo del mostrador y pueden pasar quince días sin que la encuentre.  Las diferentes marcas de soda parecen turnarse para aparecer y desaparecer de los anaqueles. También están los productos que llegan como invitados de ocasión, que los ofrecen una sola vez y nunca más los vuelve a encontrar, como si fueran muestras que obsequiara el fabricante.  

En una ferretería que vende artículos para el hogar en donde adquirió la cerámica para el piso o el baño de su casa,  dos semanas después, cuando se enteró que le hacían falta algunos metros cuadrados del producto, regresa al establecimiento y se encuentra que la misma se agotó y no existe la posibilidad de que reciban el diseño que usted compró.  Si usted necesita en estos momentos baterías para el control remoto de la alarma de su automóvil, más vale que las encargue a los EE. UU., pues desde hace algunos meses no hay en toda Nicaragua. 

Hay una famosa expresión que dice: “de todo como en botica”, sin embargo, en el ramo farmacéutico a pesar de sus amplios márgenes comerciales, de igual manera de repente como por arte de magia un medicamento desaparece y hay que llamar al médico para que recete un sustituto.  Por ejemplo, si busca Bonadoxina, más vale que se acostumbre al mareo o utilice un similar o si busca el antiácido TUMS, alcanzará la dispepsia antes de tener la gran suerte de encontrarlo. 

En las zapaterías no se llega al extremo de ofrecer zapatos nones, sin embargo, no encontrará un mismo modelo en todos los números, sino que pareciera que cada uno tiene su propio surtido, mismo que se va haciendo más pequeño en los números extremos.  Lo mismo sucede en las tiendas de ropa, necesita una alta dosis de suerte para encontrar lo que anda buscando y en su talla. 

No creo que exista una escasez regional de productos o que el sector comercio atraviese una crisis tal que no cuente con capital de trabajo para mantener sus inventarios.  Más bien creo que este sector, con el afán de maximizar sus ganancias, compra lotes de ocasión y de esa manera va surtiendo sus inventarios conforme consigue ofertas de determinado producto.  Si no consigue un precio atractivo para algún bien, simplemente no lo compra y que el consumidor se aguante, al fin y al cabo el nica está acostumbrado al comercio de ropa por paca, en donde se compra lo que trae el lote, hasta que se acaba. 

Dicen que Bazán emigró a los Estados Unidos en donde enderezó su vida y trabaja de security en un super mercado.  El tiene la suerte de encontrar todos los productos que busca y ahora su departamento está modesta, pero completamente arreglado y sólo guarda celosamente el tomo 3, ya de un rojo descolorido, de la Enciclopedia BARSA.

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Archivado bajo cultura, Nicaragüense

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