¡Oye, Managua!

La Hormiga de Oro

  

Es muy posible que Alejandro González Iñarritu hubiera podido filmar su película Babel en Managua, sin necesidad de viajar por las antípodas.  Poco a poco, la novia del Xolotlán se ha ido convirtiendo en la mítica torre del Génesis en donde una diversidad de idiomas se escucha por doquier y el español adquiere más acentos que los que pueden oírse en Washington.    

En la calle se puede escuchar a alguien y es muy difícil adivinar su procedencia.  Puede ser un cubano que tiene cierto tiempo de vivir en Nicaragua, un Chinandegano que estudió en Cuba o un Boaqueño que vivió en algún sector cubano de Miami.  Puede también escucharse a una señora que es fanática de TV Azteca que habla con el acento de Paty Chapoy, o un tipo que podría pasar por chileno pero que es granadino y  lo que sucede es que lleva quince años de ver a Don Francisco en Sábados Gigantes.  En el espectro radial pueden encontrarse locutores de radio que imitan a Laura de América o al Gordo y la Flaca.  La Asamblea Nacional no se queda atrás, pues hay un diputado que habla el español con un dejecito Tex Mex.  

En un restaurante del Mirador de Catarína se puede escuchar pedir una soda, una gaseosa o un refresco o bien un pedazo de queque, pastel o torta.  Puede ser que en un supermercado empiece a escuchar a su alrededor puro coreano o en Metrocentro observar a un extra de Apocalipto que le habla en inglés a sus hijos.  

Había una época cuando la identidad del capitalino, especialmente al hablar, estaba tan arraigada que se reconocía a la legua.  Para nosotros los pueblerinos, cuando de repente aparecía un foráneo por la calle, tan sólo por la forma de caminar, su estilo de vestir y ese aire de superioridad eran motivos suficientes para sospechar: -ese es Managua.  Pero cuando se acercaba y te decía: -Vení ve man, se disipaba cualquier duda: -Ah pues sí, Managua.    

Cuando el capitalino hablaba lo hacía con ciertas ínfulas, como si viniera del propio París.  Su vocabulario estaba salpicado de dichos autóctonos de la capital. El tratamiento más usual de los Managua era: Man, aunque algunos habían heredado el clásico tratamiento leonés de: hermano, mientras que en los pueblos era el apócope de hombre, “hom”.  Cuando entre dos Managua querían hacer referencia a un tercero decían –aquí mi mel, o bien –mi mel queen, en referencia al famoso jugador de béisbol, Mel Queen.  Al citar lo dicho por un tercero, lo hacían más que imitándolo, siseando exageradamente las palabras supuestamente dichas por el tercero.  

Los Managua eran muy aficionados a utilizar el Malespín, código creado en el siglo XIX por el General Malespín de origen Salvadoreño y que consiste en intercambiar algunas vocales y consonantes entres sí, de manera que resultaba un código difícil de entender para un lego.  El ejemplo clásico es “amigo”, que al transponer las vocales y consonantes resulta epofi y que con el tiempo llegó a ser pofi, convirtiéndose en parte del vocabulario estándar del Managua.  Sin embargo, el término preferido y más utilizado por los Managua era “tuani” que significa “bueno”.   

Había otros dichos que los Managua se sacaban de la manga y que ponían de moda en todo el territorio, muchos de ellos ahora en desuso.  Cuando alguien se quedaba burlado, esperando a alguien infructuosamente, así como la novia de Tola, decían se quedó Poñoñó, o simplemente Poño.  Si alguien rompía algo, echaba a perder algo o en términos generales cometía un error que le costaría caro, decían: –Se guiñó la güirila. Cuando alguien se creía mucha pieza decían: -Se las pica, o bien, -se las pica de arroz con pollo y no llega ni a gallo pinto.  

Algunos pueblerinos conocedores y estudiosos de la identidad del Managua, no sólo podían reconocer a los capitalinos al primer vistazo, sino que hasta se podían dar el lujo de identificar el sector de donde provenían.  Cuando el capitalino vestía impecablemente, su camisa a la última moda haciendo juego con el pantalón en una combinación armónica incluso hasta con los zapatos y calcetines; su vocabulario no contenía demasiados términos en Malespín, pero en su lugar repetía incansablemente: -no jodás!! y cuando caminaba parecía hacerlo al ritmo de Elvis Presley, Dion, Neil Sedaka o Paul Anka, el susodicho era del sector central, es decir, de San Sebastián, Santo Domingo, San Antonio, Candelaria, Sajonia o Bolonia.  Cuando el lenguaje era una mezcla de Malespín con escaliche, la combinación de la ropa era más acentuada, con calcetines blancos y al caminar con un aire del Dr. Chivago parecían moverse al ritmo de la Sonora Matanecera, entonces eran de arriba, del Trébol, el Oriental, la Cervecería, el Ruiz, el Abanico.  En el caso cuando el sujeto traía un atuendo con una combinación un tanto más folklórica, usando dichos y dicharachos en su lenguaje, más que Malespín o escaliche y moviéndose más al ritmo de Julio Jaramillo u Olimpo Cárdenas, entonces era de abajo, Altagracia, Monseñor Lezcano o Santa Ana.  

Pero independientemente de su procedencia, cuando un Managua se encontraba con un paisano en la provincia, demostraba una inusitada alegría exclamando a todo pulmón: Oye Managua!!!! e iniciaban sus eternas pláticas sobre lo tuani que era el Tropical, o lo tuani de la comida de la Chumila o lo tuani de los raspados de la Riviera.  

La década de los setentas vino a transformar radicalmente el habla de los Managua, pues las oleadas del movimiento hippie llegaron con nuevos dichos, nuevos códigos.  Se empezó a escuchar “loco” o “loquito” “chiva” “brother”, “toda la bicicleta” “la jurumba”.  Los fenómenos migratorios internos desde el terremoto hasta la guerra de fines de los setenta impactaron seriamente la estructura social de la capital y de las ciudades circunvecinas, muchas de ellas ahora casi conurbadas.  Luego el flujo migratorio hacia el exterior en ambas vías, vino a trastocar cualquier indicio de aquella identidad tan propia del Managua.  

En estos dorados tiempos, encontrar a un Managua puro es como buscar una aguja en un pajar.  Puede usted ir al corazón de Altagracia y en una casa típica de la Managua vieja, preguntar a su habitante y se encontrará a una señora natural de Ucrania, divorciada de un ex becario de la extinta URSS y que ahora se defiende vendiendo nacatamales, sábados y domingos y repostería el resto de la semana.  Tal vez podrá pensar que yendo a la bajada de Santo Domingo podrá identificar a un autóctono Managua, sin embargo al acercarse al que baila una vaca enfrente de las cámaras de televisión, identificará a un político granadino que acomodándose sus lentes Prada gritará:  Que viva Santo Dominguito.   Buscará tal vez entre uno de los promesantes que bailan cerca del santo y al acercarse escuchará gritarle a su amigo: –Oye bato, dame para atrás mi botella.

   

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s