Legítimo de Lanman & Kemp

Almanaque de Bristol

Cuando se acercaba diciembre, San Marcos, Carazo, despertaba de su letargo.  Como si un príncipe azul descendiera de su brioso corcel para besar a la bella durmiente, el olor de los cafetales de repente traía la vida al pueblo.  El aire frío que se colaba desde las quebradas era el preludio de un dinamismo inusitado.  La botica de mi abuelo entraba en ebullición, tanto por los pedidos que comenzaban a entrar para hacer frente al incremento de la demanda que se avecinaba, como por los arreglos para cubrir la atención de la época.   

El corte de café provocaba un movimiento singular y debido a que en esos tiempos -los años cincuenta- San Marcos era el eje comercial de la región que abarcaba ese municipio más el de La Concepción, el pueblo experimentaba un auge comercial sin igual.  A partir del momento de los primeros pagos a los cortadores comenzaba el peregrinar de familias enteras que buscaban como gastar su salario en víveres, ropa, medicinas y demás enseres.  

De todos los pedidos que llegaban a la botica: vaselina simple para fabricar brillantina, especias, aceites esenciales, extractos, espíritus, sales, tinturas, elíxires, tónicos, píldoras diminutas, fragancias y todo lo que uno se puede imaginar, nada levantaba tanta expectativa como la llegada de un paquete grande, envuelto en papel kraft y debidamente embalado.  Desde que los Transportes Reyes se estacionaban frente a la Botica La Capitalina y el encargado del camión bajaba a hacer formal entrega del paquete, comenzaba la expectación en todo el pueblo.  Era el equivalente al lanzamiento del i Phone o del último libro de Harry Potter.   Mi abuelo, como si practicara un rito milenario, con toda la paciencia del mundo, comenzaba la apertura del paquete y cuando completaba la tarea, tomaba un ejemplar de un cuadernillo color naranja encendido y como una muestra de consideración y deferencia, se lo llevaba a mi abuela.  Ella con gran emoción comenzaba a hojearlo y a disfrutar, no tanto el contenido, sino el hecho de ser la primera persona en el pueblo en tener el Pintoresco Almanaque de Bristol.  

Esa guía indispensable en cada hogar era editada por la famosa empresa norteamericana Lanman & Kemp, quien había comprado los derechos a los sucesores del no menos renombrado Dr. Bristol.  El consorcio aprovechaba el almanaque para promocionar sus productos entre los que se encontraban el Agua de Florida, el Jabón de Reuters, el Tricófero de Barry y el Aceite de Hígado de Bacalao, todos distribuidos por mi abuelo, quien mediante algún arreglo con los representantes de la empresa, lograba la impresión de sus datos en la contraportada del almanaque: Botica La Capitalina de Emilio Ortega M.  San Marcos, Carazo. Fundada en 1919. 

Después de la entrega del primer ejemplar, se iniciaba la distribución, a manera de regalo de navidad, de parte de la Botica a todos sus clientes, iniciando el proceso con los VIP, es decir compadres, vecinos y clientes distinguidos.  Luego a medida que llegaba el resto de clientes, se entregaban a solicitud, con el cuidado de no entregar más de uno por familia. 

El almanaque era la referencia obligada para consultar además de un calendario completo, las fases de la luna con el detalle de los eclipses a ocurrir, las fiestas movibles, el comienzo y fin de cada estación, la posición de los astros en el primer domingo de cada mes, predicción mensual de las mareas y del clima probable, un santoral completo para cada día del año, las fechas de cada signo del zodiaco, un horóscopo condensado, los mejores días para la pesca, datos curiosos que ni Riplay creería, lecturas variadas y un chiste blanco en ocho actos.  De esta manera, la gente podía, a la vez que recorría cada día del calendario, ilustrarse con los datos más completos de meteorología, astronomía, astrología y cultura en general. 

El almanaque contaba con una pequeña perforación en la parte superior izquierda, de manera que los usuarios pudieran amarrarle un cordelito y colgarlo en un lugar conveniente.  Cuando uno visitaba cualquier hogar era común encontrar detrás de la puerta principal, la mayor parte del tiempo abierta, una cruz hecha de palmas benditas del domingo de Ramos y el Almanaque de Bristol colgado a la par. 

Era admirable el significado que tenía este pequeño compendio enciclopédico para todo un pueblo, que lo esperaba como agua de mayo y lo utilizaba a diario, siendo en muchos casos la única lectura a su alcance.  Mi abuelo por su parte, se enorgullecía de poner en tantas manos una considerable dosis de cultura y a la vez, ver incrementadas sus ventas de los productos Lanman & Kemp, que llegaron a ser el non plus ultra y que mucho tiempo después era sinónimo de calidad.  La expresión: Legítimo de Lanman & Kemp llegó a ser utilizada popularmente para afirmar que algo era completamente cierto. 

De los productos que fabricaba esa empresa, el más famoso y demandado era el Agua de Florida, que además de ser utilizada como fragancia, era el remedio infaltable para socorrer a las personas desmayadas o “atacadas”, principalmente en los funerales.  Los recintos en donde se velaba un difunto emanaban el inconfundible aroma, mezcla de barniz de ataúd, llanto y Agua de Florida.  En menor proporción se demandaba el Tricófero de Barry, que tenía en la cubierta del envase un dibujo de una mujer con un cabello exuberante que le cubría casi todo su desnudo cuerpo.  Las mujeres que soñaban con tener un cabello hermoso lo usaban regularmente y secretamente uno que otro varón con incipiente alopecia, con la esperanza de mantener su escasa cabellera. 

Muchas de las personas de cuarenta y cinco años y más de esa región deben su nombre al amplio catálogo que ofrecía el santoral del Almanaque. 

En el presente 2007 el Almanaque de Bristol cumple 175 años de publicación continua, en un mundo en donde podemos ver por televisión la trayectoria de un huracán en tiempo real, en donde el INETER puede predecir (con cierta dosis de suerte) la duración de un inesperado temporal, donde la computadora nos ofrece de manera automática la fecha, así como en un sitio de internet encontramos un calendario perpetuo, mientras otro sitio nos ofrece el santoral del día, con la validación de parte de la Santa Sede.  Tiempos en los que los menores de cuarenta y cinco años deben su nombre a los personajes de la telenovela de moda o de la modelo que ocupa las principales pasarelas del mundo y donde las familias dolientes asisten al funeral con una Tafil de un gramo entre pecho y espalda; las mujeres utilizan tratamientos de Pantene o Sebastián para mantener una frondosa cabellera, los varones se hacen implantes de cabello y los niños toman vitaminas y minerales. 

Aún así, desafiando al Johnnie Walker, para la próxima época de Navidad, el lector podrá encontrar en un semáforo de Managua o en alguna pulpería en los departamentos, la edición de 2008 del Pintoresco Almanaque de Bristol.  A pesar de todo, compraré un ejemplar, tan sólo para recordar aquellos diciembres, especialmente la expresión de mi abuela y la fina estampa de mi abuelo.    

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7 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense, Uncategorized

7 Respuestas a “Legítimo de Lanman & Kemp

  1. Pedro Coronado

    Tremendo, que estilazo Profesor. Mi tía abuela se moría por estos almanaques y tiene razón, cuando falleció el Agua de Florida estuvo presente al por mayor. Felicidades

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  2. Cuando hice mi trabajo Social como medico en las Comarcas de El Sauce Dpto León.mire que en esas comunidades no falta aún ese Almanaque y todabia hay personas que lo utilisan para bautizar a sus niños con el santoral que trae este Almanaque. Saludos Sr. Ortega (de los buenos si…)

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  3. Virgilio J. Castillo

    Lo unico que quisiera es conseguir un ejemplar del Almanaque Bristol, aqui en miami se podra conseguir?
    Gracias

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  4. Con el correr de los años se perdio, ese dicho y fue sustituido por el JM:

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  5. marcela dueñas

    estoy interesada en saber quien fue el que invento los dibujos del almanaque brostol

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  6. El Almanaque de Bristol es inseparable en mis recuerdos de la niñez y la juventud. Y mi segundo nombre -Augusta-fue tomado de ahí (eliminado del santoral por allá en 1967 o algo así). El olor del jabón Reuter es una añoranza. Y como el cabello se me caía permanentemente no faltaba quien me aconsejara que usara el Tricófero. Lo usé varios años infructuosamente…aún se me cae en buenas cantidades pese a lo cual tengo una frondosa cabellera…sin el mágico líquido.

    Estoy segura de haberte leído antes pero me extraña no haber dejado comentario. “Nunca es tarde cuando la dicha es buena”, dicen.

    Y ya que digo esto me percato que no nas escrito un artículo sobre el uso (y hasta abuso) de refranes, dichos y expresiones por los nicas. Soy muy dada a ello pero en la época de Alemán que siempre salía con los suyos en la TV dejé de usarlos un tiempo. De los que él decía lo que más recuerdo -por las connotaciones personales de él que se derivan de su conducta-es:

    Sacristán que vende cera
    y no tiene colmenar
    o la saca de la oreja
    o la roba del altar.

    Bien, ya me extendí y me salí del tema.

    Un saludo.

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  7. Sin lugar a dudas, el Almanaque de Bristol es y ha sido parte de los recuerdos de mi niñez y creo sin lugar a dudas de muchas personas. Lo esperaba para ver la “Tragicomedia en 8 cuadros”, los eclipses, los santorales etc. Recuerdo tal como lo dice Don Orlando, la publicidad del jabón de Reuter y el famoso Tricofero de Barry para la caida del pelo y quien no recuerda el Agua de Florida, que le hacia competencia a las “hojas de naranjagrio” para las “atacadas” Hacíamos “chile” sobre el santoral que traía dicho almanaque en las fechas de cumpleaños de nuestros amigos. Que buenos recuerdos! Los recuerdos entran por los cinco sentidos y en este caso, por la vista, ya que esta portada del Almanaque se dice que no ha variado a través del tiempo. Igual efecto tengo con la revista Escuela para Todos. Espero comprar el ejemplar correspondiente a 2016. Gracias una vez mas Don Orlando!

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