Al pan, pan y al vino, vino

Al pan, pan y al vino, vino

 

 

Hay un adagio español, muy sabio por cierto, que dice: Al pan, pan y al vino, vino, que nos enseña que a las cosas hay que llamarlas por su nombre.  En Nicaragua, como en muchas partes, existe la tendencia a denominar las cosas de tal manera que no sean fuertes, ofensivas o malsonantes y por esa razón se recurre exageradamente a los eufemismos.  Esta forma de capear el bulto, como se dice popularmente, ha sido tradicional en el habla nicaragüense, con la particularidad de que en algunos casos su uso es discriminatorio y se aplica de acuerdo a las circunstancias, de tal manera que el nica pasa fácilmente del eufemismo al disfemismo, pues al fin y al cabo Darío nos legó la gracia de la metáfora. 

En el siglo pasado, cuando alguien tenía encima unas libras de más; si se trataba de cualquier hijo de vecino era un gordo a secas y si el sobrepeso era considerable era gordiflón o bien, chancho de hule.  Sin embargo, si se trataba de un pariente o amigo, se le decía elegantemente que estaba hermoso y si el sobrepeso llegaba a niveles de luchador sumo, era hermosote. Si se necesitaba disimular el asunto entonces era gordito.  En los tiempos actuales se sigue manejando gordo, gordiflón y gordito, sin embargo, es más frecuente utilizar obeso o simplemente una persona con sobrepeso.  Pero en los casos en que exista cierta afinidad se recurre al eufemismo y entonces la persona tiene un problema endocrino, una alta propensión a acumular grasa, se trata de un luchador incansable contra la báscula, un vencedor de la anorexia o persona de grandes dimensiones. 

En un tiempo las personas que alcanzaban los 50 años pasaban a ser viejos o de una manera más elegante, ancianos.  Con el aumento de la esperanza de vida, el límite se elevó a los 60 años (aquí se hace una jaculatoria) y ahora es políticamente correcto decir personas de la tercera edad o adultos mayores.  Sin embargo si se trata de un ciudadano común y silvestre puede hacerse acreedor del apelativo de roco, rocailo, viejuco, vetarro o veterano. 

Cuando una mujer se veía obligada a comercializar su cuerpo era humillada con los más execrables apelativos: puta, zorra, playo, perra, meretriz, mujer mala, etc.  Con un poco de consideración se llegaba al término prostituta o con cierta dosis de caridad, mujer de la vida alegre o fácil, aunque de alegre o fácil no tiene nada.  Algún refinado se refería a ellas como practicantes de la profesión más antigua del mundo.  Con la aparición de las ONG y el vocabulario políticamente correcto se transformaron en sexoservidoras, aunque si se trata de una pariente o amiga, se recurre al eufemismo de trabajadora social, técnica en masajes eróticos o diplomada en escort services. 

La muerte es inevitable y democrática pues a todos nos alcanzará por igual, sin embargo cuando alguien llega a ese punto, lo más lógico es decir: se murió.  En Nicaragua, si se trata de un pobre diablo se dice guindó los tenis, pateó el balde, se petateó, estiró la pata, se fue al otro barrio, etc.  Sin embargo, si se trata de un acaudalado se dice falleció, pasó a mejor vida, entregó su alma al creador, en paz descansa, mora en la casa del Señor, se encuentra en su eterna morada, duerme el sueño de los Justos, de Dios goza, o bien, se nos adelantó.  El pobre por su parte tiene entierro, mientras que el ejecutivo tiene funeral, el obispo exequias y el político honras fúnebres, el primero va al cementerio y los demás al camposanto. 

Cuando una persona tenía alterada sus facultades mentales se le denominaba genéricamente loco.  De acuerdo a las circunstancias o particularidades existían diversas variantes como orate, lorenzo, chiflado, craque, patineta, tocadiscos, tarailas, descachimbado mental. Pero si era del círculo de parientes o amistades se decía padece de los nervios. De acuerdo a lo políticamente correcto, estas personas son enfermos mentales, pero si se quiere complicar la cosa puede llamarse bipolar, maniaco depresivo, paranoico o cualquiera de las variantes, sin embargo se puede suavizar el término recurriendo al término persona con inestabilidad emocional o propensa a la depresión. 

En los casos en que una mujer albergaba un óvulo fecundado en su vientre, se dice de manera natural que está embarazada o sonando un poco menos delicado, que está preñada.  Ahora bien, si la muchacha no es de un círculo social cercano a la interlocutora pues está panzona, pipona o barrigona y si tiene la desgracia de no contar con un vínculo sagrado o por lo menos un papelito firmado, o al menos una carta de intención, se convierte en un sujeto pasivo: la panzonearon, la piponearon o le pusieron una barriga.  Si la muchacha es la hija de doña Maruca de Fulandriaquez-Menganiquez, entonces se encuentra en estado de buena esperanza, esperando a la cigüeña, preparando un viaje a París, o menos delicadamente en estado de gravidez.  Meses después se escucha que la primera ha parido un zipote y Letizia Fulandriaquez-Menganiquez ha dado a luz a un robusto y lindo bebé 

Si una familia tiene muchos hijos se utilizaba el eufemismo: tiene prole numerosa, pero dependiendo de su condición pueden tener una marimba, una conejera o bien ser unos calenturientos irreflexivos e irresponsables.  Pero si se trata de los Fulandriaquez, se dice que el Señor los ha bendecido con una familia extensa o que es una familia cristiana que acepta con devoción los hijos que el Señor le quiere mandar. 

Cuando a una persona le gustaba ingerir licor en demasía, lo generalmente aceptable era denominarlo borracho.  Dependiendo de la afinidad podría pasar por picado, picadito, borrachín, bazuquero, bolo, guarusa, tarro, etc.  Actualmente es políticamente correcto hablar de alcohólico, sin embargo, algunas personas que tratan de justificar al compadre, lo disfrazan como amigo del dios Baco o de Dionisio, dipsómano, afecto al buen beber, propenso a la intoxicación etílica o persona con problemas con su estilo de beber. 

Las personas que abusan de la comida, especialmente cuando son invitados se conocen como hartones, marabuntas, arturitos, buenos al diente.  Aunque ahora lo políticamente correcto es nombrarlos como comedores compulsivos, siempre se busca la manera de dorar la píldora y son aficionados a la buena mesa, hedonistas o sibaritas. 

Ciertos oficios también han experimentado cambios relevantes en su denominación.  Los despachadores de gasolina que en un tiempo se llamaban bomberos, ahora se llaman Técnicos de Pista.  Los vigilantes nocturnos que conocíamos como celadores ahora se denominan Cuerpos de Seguridad Personal (CPF) y que cuando los capitalinos convirtieron cariñosamente en Zepol, comenzaron a promoverse como técnicos en seguridad residencial e industrial.  Los pericos que auxiliaban a los conductores de autobuses ahora reclaman el nombre de asistentes de transporte colectivo.  Los buñuelos que realizaban el cambio de aceite a los automóviles ahora se han convertido en técnicos en mantenimiento menor de automotores.  Los recolectores de basura que antes conocíamos como los basquetbolistas del Distrito, ahora son Técnicos en Recolección de Desechos Sólidos no Industriales y los barrenderos son ahora peritos en preservación ecológica.  Las domésticas que respondían al apelativo de sirvientas, mucamas, fámulas, de adentro, chinas, ahora son, deben ser llamadas, de acuerdo a la OIT, asistentes del hogar o al menos, asistentes domiciliares, ecónomas, puericultoras, nanas o institutrices.  Los socorristas de la Cruz Roja ahora son paramédicos.  En las oficinas ya no hay secretarias y en su lugar encontramos asistentes y los indispensables cachimber boy ahora son gestores u oficiales de trámites.  Hasta las personas que vivían de la caridad pública que llevaban el nombre de limosneros, ahora son especialistas en fund rising a pequeña escala.  No encontramos meseras sino hostess o anfitrionas. 

En fin, podría consumir los megabytes de capacidad para el Blog enumerando toda la terminología que el ciudadano debe de dominar para no caer en lo políticamente incorrecto y llegar a lesionar la dignidad de nuestros sensibles semejantes.

6 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

6 Respuestas a “Al pan, pan y al vino, vino

  1. Salvatore

    Ja, ja, ja definitivamente el lenguaje cambia, usted no es un blogger sino un “cronista de escritos reflectivos de la idiosincrasia local”. Mis saludos maestro. Salvatore

  2. César Campos A.

    Orlando estás actualizado,hay controversias en el área del servicio público,recuerdas que la UNAN egresaba profesionistas con el grado de Trabajadoras Social, ahora contrasta con la definición que tiempos modernos quieren dar a la profesión mas antigua del mundo, como diría nuestro poeta R.Darío:Muy antiguo y muy moderno……
    saludos.

  3. Muy interesante e ilustrador escrito.🙂

    Saludos

  4. Milton Briceno Lovo

    Excelente, el chacho de hule que te referis, es el que vive en el barrio de La Cruz o Chancha blanca en reparto Belgica. Un abrazo

  5. Edgard E. Murillo

    Excelente maestrooo!!! Saludos!!!!

  6. Oscar Martinez

    Bárbaro este blog. Si se pudiera calificar le daría 5 Estrellas. Gracias una vez mas Orlando!

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